LA IDEA ROMANA de FAS o LEY DIVINA / por Antonio MEDRANO

 

LA  IDEA  ROMANA     de  FAS  o  LEY  DIVINA

Entre los muchos conceptos, valores e ideas que nos han llegado de la antigua tradición romana, la cual constituye uno de los grandes pilares de la civilización occidental, hay un elemento básico del ideario romano de la que no suele hablarse casi nunca, pero que resulta especialmente interesante y sugestivo por el contenido espiritual que encierra y por la honda sabiduría que nos trasmite. Es el concepto de Fas.

Palabra ésta cargada de tan altas como vibrantes resonancias, aunque de difícil, si no imposible, traducción. Una voz bella y sonora como pocas, un vocablo de hondo y alto calado que, con sus múltiples derivaciones y nexos lingüísticos, ha dejado su huella en la lengua española, como iremos viendo. Una huella importante, de alto valor semántico, aunque no nos hayamos dado cuenta de ello, y sin duda nos sorprenderá el comprobarlo.

Es tal la importancia de dicho concepto, hoy prácticamente desconocido o condenado a un total olvido, y es tal su riqueza de matices, con las diversas derivaciones lingüísticas a las que hemos aludido, que merece la pena detenerse en su estudio. Vamos, pues, a analizarlo tratando de descifrar su significación más profunda y desentrañar las implicaciones que conlleva. Nos ocuparemos también de mostrar la amplia gama de términos y conceptos que de él han surgido o con él están estrechamente vinculados, brotando todos ellos con fuerza elocuente de un mismo seno ideal, conceptual y normativo. Lo cual nos llevará a considerar una serie de ideas y enseñanzas insospechadas que son de la mayor relevancia a la hora de orientar, construir y desarrollar nuestra vida.

1.-  La doble faz de la Justicia: Ius y Fas

No cabe duda de que una de las grandes aportaciones de la civilización romana a la cultura europea ha sido el Derecho, con los numerosos elementos que los romanos contribuyeron a formular y perfilar en este campo a lo largo de los siglos. Sin olvidar, por

supuesto, otros legados no menos importantes como la lengua, el latín, tan vinculada al acerbo jurídico y cuya herencia viva se refleja en la mayoría de los idiomas europeos (varios de ellos surgidos del tronco latino). A lo que hay que añadir numerosos valores, normas de vida, mitos, símbolos, ideales e instituciones que serian recogidos y revitalizados en la Edad Media, poniendo su sello en la vida política, social, cultural y religiosa de Europa, y teniendo incluso continuidad en épocas posteriores de la Historia europea. Para empezar, y sin ir más lejos, el símbolo y el mito de Roma, que fascinará a los pueblos europeos a lo largo de los siglos.

Siendo el pueblo romano un pueblo que destaca en la Historia, entre otras cualidades, por su vocación política y jurídica, por su interés en el Derecho, por su inclinación a idear y elaborar leyes que den orden a la existencia humana, no podía dejar de comprender la necesidad de asentar el Derecho y las leyes en algo que les dé fundamento y legitimidad. Los romanos intuyeron con fina y sabia inteligencia, aceptándolo y asumiéndolo con voluntad firme, la existencia de un orden, realidad o principio superior que, por eso mismo, por su naturaleza trascendente, por actuar como fundamentación legitimadora de las leyes humanas, está por encima de ellas, es algo previo y anterior a dichas leyes, las trasciende e inspira desde lo alto. Partiendo de tal premisa, la doctrina romana establece, desde los primeros tiempos, una distinción clave que será la piedra angular de todo su edificio legal y jurídico.

La concepción jurídica de la antigua Roma distingue claramente entre el Fas, el Derecho divino, la Ley trascendente, el Mandato de los dioses, la Norma emanada de la Voluntad divina, y el ius (o jus), que es la ley humana, la inteligencia y la voluntad de los hombres plasmadas en las leyes. Y huelga decir que el primero, el Fas, constituye la base y fundamento del segundo, del ius, que no es sino una derivación, consecuencia, desarrollo o aplicación de aquél. De acuerdo a la concepción romana, para ser legítimo, el ius o derecho humano tiene que atenerse al Fas o Derecho divino, teniéndolo siempre muy en cuenta en todos los pasos que pueda dar y observando escrupulosamente sus prescripciones o indicaciones, para ajustar a la norma del Fas sus actos, normas y disposiciones.

Así nos lo hace ver Biondo Biondi, quien, en su estudio sobre las instituciones jurídicas de Roma, explica que el antiguo Derecho romano “no está diferenciado de la religión (fas)”: está inspirado en “una concepción espontanea que refleja la realidad de la vida, la cual no distingue entre aquellas entidades que llamamos derecho, religión y moral”. Para los romanos de los primeros tiempos, añade Biondi, “la vida discurre a la sombra de la Divinidad”, y por eso la interpretación del Derecho es un monopolio pontifical (o sea,

sacerdotal, sacro o hierático), pues consiste sobre todo en interpretar los preceptos y las orientaciones contenidos en los mores maiorum, los “usos y costumbres de los antepasados”, es decir, “aquellos principios que se formaron en época prehistórica, trasmitidos y observados como algo ineluctable”. Por eso, los más antiguos intérpretes de la Ley fueron los pontífices, los sacerdotes “custodios e intérpretes de los mores” (y especialmente determinadas categorías de la casta sacerdotal); pues la interpretatio se orientaba a conocer la Voluntad divina, “la mayor autoridad para los hombres”, y, en definitiva, a “entender la voluntad del Pater, o sea, de Júpiter”.

Ocioso es decir que esos mores maiorum (o, lo que es lo mismo, las normas consuetudinarias del pueblo romano, que vienen a ser un derecho no escrito), cuyo origen se remonta a  los tiempos primordiales, están articulados en torno al concepto sagrado del Fas, en el cual se expresa la voluntad de Júpiter, el Padre y Rey de los dioses. Aclaremos que de la voz latina mores, que se corresponde con el francés mœurs, deriva la palabra “moral”, la cual hace referencia a aquellos principios que deben guiar la vida, generalmente de carácter consuetudinario, o lo que suele designarse como “las buenas costumbres” (lo que los romanos llamaban boni mores). La expresión francesa un homme de bonnes mœurs, significa “un hombre de buenas costumbres”, o sea, un hombre de sana, recia y sólida moralidad. No cabe duda, pues, de la relación existente entre la noción del Fas, que no es sino expresión de la voluntad de Júpiter, el Dios supremo, y la cosmovisión sagrada propia de la cultura romana.

Cometen un craso error quienes ven en el Derecho romano una creación puramente profana, humana y política, sin vinculación alguna con lo sagrado, carente por completo de un entronque o enraizamiento en la Trascendencia. Así, por ejemplo, no resulta muy acertada la tesis sostenida por el romanista alemán Herbert Kummer, contenida en el libro “Res Romanae” (obra colectiva dirigida por Heinrich Krefeld, en la que se nos ofrece una visión global y panorámica de la cultura romana), cuando afirma: “el Derecho romano surgió y permaneció siempre en el terreno de lo práctico-terrenal (im irdisch-praktischen Bereich)”. El mismo autor  –que, por cierto, no menciona para nada al Fas en su texto–  añade a continuación que no hay ningún pensador o autor romano que “deduzca la esencia del ius (das Wesen des Ius) partiendo de un principio o lema ético superior (aus einem obersten ethischen Grundsatz)”. Es necesario aclarar que Kummer no usa la voz alemana Prinzip, que hace referencia a un auténtico principio, un principio espiritual en sentido estricto, sino Grundsatz, de rango menor, que puede traducirse por “lema”, “máxima” o “axioma” (Grund = fundamento, Satz = frase,

proposición o teorema). Puede que Kummer tenga razón en lo del “principio ético” (formulación en la que se trasluce la moderna mentalidad moralista occidental). Pero es que la antigua visión romana va mucho más allá: lo que constituía la base del Derecho romano se sitúa en un nivel más elevado y profundo de lo que suele concebir la mente profana moderna con su superficial moralismo.

Sabido es que los romanos eran un pueblo profundamente religioso, sobre todo en sus orígenes y en los mejores momentos de su Historia, mientras se conservó intacta la herencia de sus antepasados. El mismo Cicerón pone de relieve este rasgo de la forma de ser romana cuando proclama con orgullo la religiosidad de sus compatriotas, elogiando su fe en los dioses y el exquisito cuidado con que observan su culto. A este acendrado espíritu religioso se debe, según el historiador Franz Altheim, el éxito histórico de Roma, coronado finalmente en el Imperio y su dominio sobre todo el Occidente y gran parte del próximo Oriente. Dicha pujanza política venía a ser, y así lo veían los mismos romanos, como una recompensa otorgada por los dioses a su fidelidad y devoción. El “concepto central del sentimiento romano”, afirma Altheim, era la religio, que “significa prestar oído a todo aquello que los dioses exigen de los mortales”. El historiador alemán recuerda, a este respecto, lo proclamado en la última de las odas de Horacio, el gran poeta latino: “Si te sometes a los dioses, reinarás”. “El culto escrupuloso e incesante de los dioses  –escribe Altheim– constituía en el sentir romano la condición previa del ascenso y el dominio”. Y por eso mismo, se puede concluir con todo rigor que “en la religio se halla contenido el fundamento del Imperio”.

“En el principio era la religión”, escribe Juan Iglesias al analizar la concepción política y jurídica de Roma en su interesante libro Espíritu del Derecho romano. La religión es, en la antigua Roma, la fuente de la política y del derecho, “su meollo esencial”, “su marca, señal o signo”. El sistema de creencias del hombre romano descansa en algo vital e ineludible en él que le lleva a creer y a querer creer, asevera el citado autor. Los romanos que hicieron posible la construcción del Imperio poseen una sólida fe religiosa, son firmes creyentes en su religión ancestral, y más aún si se trata de normas no escritas. “Los viejos preceptos están penetrados de lo religioso”, remacha Iglesias, lo que se manifiesta tanto en su contenido como en su forma, haciendo, por ejemplo, que las leyes sean carmen o canto poético sagrado (cármina en plural). Los antiguos romanos viven pendientes de “las voluntades de los númina, de los dioses”. Y a partir de esta conciencia de lo numinoso van fraguando las instituciones políticas y jurídicas. Para el romano, todo lo que sucede es expresión del

poder y la voluntad de un dios. De ahí que los hombres tengan que interpretar continuamente los signos o señales a través de los cuales se manifiestan los dioses.

Esta religiosidad romana, con su visión sagrada de la realidad y de la vida, se concreta en el concepto de Numen, que es uno de los más fundamentales para la cosmovisión de la antigua Roma. En la espiritualidad y la cultura romanas todo gira en torno a los Númina, los poderes de lo alto, las fuerzas o potencias divinas. Y uno de estos númina, y de los más importantes, es justamente el Fas, fuente divina del Derecho, la Ley y la Justicia.

Los tratadistas suelen conceptuar al Fas como “la norma religiosa” y al iIs como “la norma jurídica”. Así lo hace, por ejemplo, el catedrático de Derecho romano J. Arias Ramos, quien hace notar cómo ambos aspectos o niveles del orden jurídico se hallaban indisolublemente unidos en la Roma de los orígenes: “el grado de indiferenciación de fas y ius, norma religiosa y norma jurídica, se acentúa cuando nos remontamos a épocas arcaicas del Derecho romano”. Es decir, cuando la impronta de lo sagrado se hace sentir de forma natural, viva y palpitante sobre todos los aspectos de la vida, al estar la encontrarse la espiritualidad romana en su momento álgido. Pero hay que puntualizar, a este respecto, que más que de “norma religiosa”, habría que hablar tal vez de “norma sagrada”.

Refiriéndose a la distinción entre el ius y el fas, José Guillén, en su obra Urbs Roma, señala que mientras el ius se guía por “el ideal de las relaciones humanas”, no interviniendo en él los dioses más que como árbitros o garantes, el Fas regula todo aquello que está relacionado con el mundo de los dioses. Según Guillén, el Fas es el “derecho divino que los dioses han tenido buen cuidado de infundir en la misma naturaleza humana”. Muy certera es esta última aseveración del autor español, pero la naturaleza del Fas no es tan simple como él la plantea, como tampoco puede dar una idea plena y cabal del significado y contenido del Fas la visión recogida en la cita antes citada, tan generalizada entre los estudiosos del Derecho romano. Se trata de una cuestión que requiere un mayor detenimiento en la exposición y el análisis, pues la noción romana del Fas presenta aspectos y matices mucho más complejos, ricos, hondos y pluridimensionales, no fáciles de percibir y comprender por la mente moderna, con su enfoque materialista, empirista, positivista, racionalista o irracionalista.

En su Dictionnaire de la civilisation romaine, Jean-Claude Fredouille nos ofrece una visión más ajustada de este importante concepto de la cosmovisio romana. Tras hacer notar que el término Fas encierra una “noción religiosa y jurídica compleja”, afirma que dicha palabra significa etimológicamente “permiso, orden, aprobación de los dioses”, y expresa sencillamente “lo que está autorizado de acuerdo a las leyes divinas y naturales”. Recibiendo también el nombre de jus divinum (derecho divino), en contraposición al jus humanum (derecho humano), el Fas evoca “la aprobación que otorgan los dioses a los actos conformes al orden del universo, la consagración divina dada a lo que es ‹‹normal››”. Como jus divinum, derecho o conjunto de leyes que concierne a las cosas divinas, el Fas comprende las normas ligadas a la religión y el culto, que en la antigua cultura romana tenían una enorme importancia: el derecho pontifical (jus pontificale), el derecho augural (jus augurale), etc. El Fas tiene, por tanto, una evidente proyección hacia el obrar humano, el cual ha de ajustarse en todo instante a la normativa que del Fas emana.

De la importancia que tal concepto tuvo en la Antigüedad da idea el hecho sumamente significativo de que autores de épocas posteriores al hundimiento del Imperio romano sigan poniendo especial interés en explicarlo y comentarlo. Tal es el caso, por ejemplo, de San Isidoro, la gran figura intelectual de la España visigoda. En sus “Etimologías”, que José Ferrater Mora califica de “la gran enciclopedia de la Edad Media”, el ilustre Obispo de Sevilla explica la diferencia entre ambos conceptos básicos de la cultura latina, el Fas y el Ius, diciendo que “todas las leyes son o bien divinales, o bien humanales”. Las primeras quedan englobadas en el concepto de Fas, mientras que las segundas pertenecen al campo del Ius. El Fas, que significa “licencia” o “libertad”  –acota San Isidoro–, es “ley divinal”, presentándose como “licencia divinal de Dios”. El Ius, en cambio, es simple “ley humanal”. El Fas, concluye el sabio obispo godo, no es, por tanto, “derecho humanal de hombres”.

Conviene recordar que los pueblos germánicos, que pusieron fin al decadente Imperio romano y dieron nacimiento, incluso el nombre, a muchas de las actuales naciones europeas (francos, godos, suevos, lombardos, anglos, sajones, borgoñones, alamanes), eran en realidad fervientes admiradores de la cultura romana, la cual se esforzaron por absorber, asimilar y asumir en gran medida. Prueba de ello son estas reflexiones de San Isidoro. De dicha admiración hacia Roma, sus valores e ideales, así como de la decidida voluntad de continuar y revitalizar el legado romano por parte de los diversos pueblos de tronco germánico, surgiría la gran institución histórica

que fue el Sacro Romano Imperio Germánico, la más alta forma política que haya logrado la Europa cristiana a lo largo de la Historia y que fue precisamente la creación ideal que formó, configuró e hizo nacer a Europa como tal.

De todo lo hasta aquí apuntado se deduce que el Fas viene a ser un meta-ius o supra-ius, un Derecho de nivel superior y trascendente, primordial y originario, que está más allá de todo derecho positivo (es decir, el promulgado por las autoridades políticas y sociales que tienen poder para ello) y en el cual este último debe inspirarse siguiendo sus luminosas orientaciones y directrices. Se trata de una Ley o Supra-ley que da fundamento a todas las leyes, una Norma superna que constituye el núcleo mismo de toda normatividad, de toda legalidad y de todo lo legal. Un principio metajurídico que fundamenta toda juridicidad.

Una de las derivaciones más directas del tal meta-ius o supra-ius era, en las instituciones romanas, el Ius sacrum, “el Derecho sacro”, que abarcaba el conjunto de normas que regulaban las relaciones de los hombres con la Divinidad, determinando las reglas, las formalidades y los procedimientos que debían observarse en el culto, en los ritos, en los sacrificios y en las organizaciones sacerdotales. Hay que subrayar la extraordinaria importancia que en la religión romana tenía la realización exacta de los ritos, hasta en los mínimos detalles, no pudiendo descuidarse en ellos ningún elemento, ya fuera palabra, gesto o movimiento, por pequeño o insignificante que tal componente del rito pudiera parecer.

Lo que en el Fas se expresa es, por consiguiente, una Justicia trascendente y divina que hace posible toda forma de justicia humana, que sustenta la equidad, la probidad y la rectitud, y sin la cual los seres humanos y sus hechos caen irremisiblemente en la injusticia, en la tiranía, en la improbidad y la iniquidad. Se podría también decir, usando una fórmula complementaria de la anterior, que el Fas es un sublime pre-iusante-ius, una norma sagrada anterior a todo derecho y que, por eso mismo, ha de ser tenida muy en cuenta por una jurisprudencia que pretenda ser realmente tal, o sea, una actividad interpretativa y normativa que funcione como auténtica iuris prudentia, prudencia o sabiduría del Derecho, sapiencia acerca de lo que es justo e injusto, legítimo e ilegítimo, lícito e ilícito.

Recordemos que, según la clásica definición romana, la iuris prudentia era concebida como un saber o tener noticia de las cosas divinas y humanas: divinarum atque humanarum rerum notitia. Definición ésta, de Ulpiano, que va seguida por una segunda frase, no menos fundamental: iusti atque iniusti scientia (“ciencia de lo justo y lo injusto”). Dos definiciones que habría que recordar en nuestros

días a jueces, legisladores, juristas y profesionales del Derecho (o del inderecho). Resulta por tanto evidente la raíz sagrada de semejante concepción del Derecho y de la Justicia. Ni que decir tiene que en esa concepción de la notitia o scientia sobre lo justo y lo injusto, sobre lo divino y lo humano, va implícita la idea del Fas, el cual jugó desde los orígenes un papel de primer orden, actuando como principio fundador y fundamental de todo el edificio social, cultural, moral y jurídico de Roma.

Como pone de relieve el antes citado Juan Iglesias, en la cosmovisión romana el origen de la autoridad y de la ley está en lo Alto. Sólo partiendo de esta premisa básica puede entenderse el concepto de Fas, que se nos presenta, según Iglesias, como “el sello sagrado del Derecho”, “la leymandamiento”, “el vasto conjunto de principios revelados” en los que descansa la Ley. Esos “principios revelados” que forman el contenido del Fas y en los cuales se expresa un “orden superior” y una “suprema razón”, han de ser luego explicados, interpretados, comentados y elaborados por la jurisprudencia (iuris-prudentia), acomodándolos a las nuevas exigencias que van surgiendo en la vida política y social. En el Fas, comenta Iglesias, está “lo esencialmente cualitativo” del entero sistema jurídico romano, “las entrañas de todo un mundo preñado de altas y superiores razones”. En el Fas están contenidos los principia de los que se nutre el ius; los primordia o elementos primordiales de la Justicia; “la forma” de la Ley, su forma más sólida, fuerte y profunda (la forma en sentido aristotélico, en cuanto principio formador y configurador que hace una cosa sea lo que es); los cunábula iuris, la cuna o lugar de nacimiento del Ius; los comienzos, inicios u orígenes (die Anfänge), los “veneros o manantiales” del Derecho. Esos cunábula iuris, termina diciendo Iglesias, “tienen su sede en la interioridad del espíritu”, no siendo las instituciones jurídicas otra cosa que “la salida hacia afuera de esa interioridad”.

Recurriendo a la terminología del iusnaturalismo que tan en boga ha estado en la civilización occidental a lo largo de los siglos, con su doctrina sobre “el Derecho natural”, cabría decir que el Fas viene a ser un Derecho natural y sobrenatural a un tiempo: sobrenatural, por su origen divino y su naturaleza trascedente; natural, porque se inserta en el orden natural, cuyos elementos utiliza (la palabra, la luz, el aire, el fuego, los símbolos, los signos o señales de la Naturaleza, la sangre que corre por nuestras venas y en la cual late la herencia viva de los antepasados), y abarca en principio todas las esferas de la Creación, proyectándose al mantenimiento de dicho orden natural o, si se prefiere, del Orden cósmico (que comprende, no se olvide en ningún momento, la realidad espiritual, la dimensión

sagrada, las fuerzas que vienen de lo Alto). Podríamos afirmar que se trata de un Derecho naturalmente sobrenatural o sobrenaturalmente natural.

El Fas nos habla del Derecho y de la Justicia en sentido eminente, como algo muy anterior a cualquier formulación jurídica y que tiene incluso una proyección cósmica. Nos habla del Derecho como lo que es recto, lo que está derecho, lo que va derecho a su fin, lo que se hace a derechas, lo que se ajusta fielmente a la Norma sin desviarse de ella. Implica un actuar derechamente o en derechura, sin torcerse ni doblegarse, yendo en línea recta hacia el objetivo o fin buscado. Esa idea de rectitud y derechura la vemos plasmada en la voz utilizada para decir “Derecho” en los diversos idiomas: alemán Recht, inglés right (o también straight), rak y rätt en sueco, francés droit, italiano diritto, catalán dret. Es la línea recta que se atiene a lo que es, a la normativa de lo real, a la llamada imperativa del Ser.

El Fas nos habla también de la Justicia como virtud fundamental, como fuerza ordenadora de la vida. La virtud que reconoce y acepta la realidad, respondiendo a ella con lealtad y dándole lo que le corresponde. La virtud que da a cada cual lo suyo; no sólo a los seres humanos, sino a cada aspecto o parcela de la realidad. La virtud que pone cada cosa en su sitio, en el nivel o rango jerárquico que le corresponde, reconociendo y protegiendo sus derechos, su naturaleza o identidad, su propia función y forma de ser. La virtud que lleva a proceder con equidad, con ecuanimidad, con profundo respeto ante lo real. La virtud que propi9cia el ajustarse al orden del ser, que impulsa a vivir y actuar en todo momento con justeza, con rigor y exactitud, pero también con mesura, con medida y proporción. La virtud que hace que el individuo sea justo consigo mismo y con todo lo que le rodea, insertándose armónicamente en el Orden cósmico (lo cual vale también para la sociedad). La virtud que permite al ser humano estar centrado, equilibrado, asentado en su centro, no disperso y disociado sino concentrado en el núcleo áureo  y solar de su ser, allí justamente donde resuena la voz del Fas.

Hemos dicho que el Fas hace referencia a la virtud que consiste en ajustarse a la realidad (al “orden del ser” o a “lo que es”) y actuar con justeza. Ahora bien, se habrá observado que tanto el verbo “ajustarse” como el sustantivo “justeza” contienen la idea de “lo justo”. Al ajustarnos a una norma o a una realidad, reconocemos su justicia y nos sometemos a su poder justiciero, justificando así nuestra vida; hacemos que nuestra vida, nuestro pensamiento y nuestra acción se desarrollen con justeza, con justicia, de forma racional, sana y

sensata. Esto es lo que nos enseña la concepción romana: al aceptar la norma o directriz del Fas, el ser humano justifica su existencia, la encarrila por senderos de justicia, lo que es tanto como decir de potente energía, de paz y armonía.

Desde un punto de vista político y social, el mensaje que nos transmite la doctrina del Fas es que la Justicia no es posible fuera del marco de la sacralidad. Pretender conseguir un orden justo al margen del Orden sacro de la realidad es una quimera, una aberración y un grave error que acarreará funestas consecuencias. La idea del Fas nos hace ver que la Ley y el Derecho no pueden ser el resultado de la voluntad del pueblo o del poder político. El Derecho no puede ser creado, decretado o promulgado a capricho por los seres humanos siguiendo premisas ideológicas de uno u otro signo que se hayan impuesto en la sociedad en un determinado momento, sino que ha de estar inspirado y guiado por el criterio objetivo y suprahumano del Derecho divino, trascendente y supremo, al que los romanos designaban con el nombre de Fas.

La Justicia, el Orden y la Paz son realidades demasiado importantes, demasiado grandes (en ellos se expresa la verdadera grandeza humana y sobrehumana), son valores demasiado elevados y esenciales, para dejarlos en manos de mentes profanas, ignorantes, sumidas en las nieblas de la avidya (la  ignorancia  o ceguera espiritual), incapaces de ver ni el sentido ni el hondo, complejo y delicado significado del Orden sagrado del Universo (orden sagrado y sacrificial, cargado de simbolismo). Con su mentalidad agnóstica, rajásica o tamásica, desmitificadora, desconsagradora y des-sacralizadora, teñida de veleidades individualistas, racionalistas, materialistas, emotivistas, relativistas y nihilistas, lo único que pueden hacer es deformar y profanar esas realidades fundamentales para la vida humana.

Como antítesis del Fas se nos aparece el concepto de Nefas, esto es, el No-fas, el anti-Fas o contra-Fas. Concepto también importante para la mentalidad romana, como veremos. Palabra ésta, nefas, de la que derivan en español adjetivos tan expresivos, tan cargados de contenido peyorativo, como “nefasto”, “nefando” y “nefario”. Las dos voces latinas mencionadas, la principial y su antónimo, la positiva (Fas) y la negativa (Nefas), la excelsa y la abyecta, se han conservado con nitidez en la expresión española “por fas o por nefas”, que significa “con razón o sin ella”, “por las buenas o por las malas”, “de forma justa o injusta”. Analizaremos todo esto con detalle más adelante.

2.-  El Fas, un Principio sacro y supremo

El Fas no es sino la expresión o manifestación del Misterio divino, la descendente e imperativa revelación del Poder de lo Alto. Es lo Absoluto que irrumpe en la Historia humana, en el plano relativo de lo existencial, de lo impermanente y continuamente cambiante, para hacer que esté presente en dicho plano de relatividad existencial lo esencial, lo permanente y lo no-relativo (lo que tiene valor absoluto), lo que significa elevarlo de nivel, infundirle orden, armonía y sentido. Y lo hace de una manera vibrante, sonora y elocuente, a través de la palabra o de un mensaje, tal vez simbólico, que puede traducirse en palabras.

Todo esto nos viene indicado por la misma etimología de la voz Fas, que viene, según sostienen la mayoría de los autores, del verbo fari, “hablar” o “decir”, pues en el Fas se concreta la palabra de los dioses, lo que los dioses han dicho, o sea, el fatum, literalmente “lo dicho o decretado”. El Fas es lo que dice Dios, lo dicho o decretado por la Divinidad. Como indica Julius Évola, la voz latina Fas significa “el derecho como ley divina”. Es “la palabra revelada de la divinidad”, la voz reveladora de “las divinidades olímpicas que da a conocer la norma justa”.

Para la cosmovisión romana el Fas es, más concretamente, la voz y palabra de Júpiter, el Padre y Rey de los dioses, el Legislador supremo. Conviene recordar que Júpiter o Iúpiter, como parece sugerirlo su mismo nombre, con esa fuerte sonoridad y esa majestuosa resonancia que le son propias, se presenta como el Padre de la Justicia y del Derecho. Aunque esto no sea más que una digresión imaginativa, el nombre de Júpiter o Iúpiter (con la I en lugar de la J, tal y como se le solía escribir en la España renacentista, e incluso en siglos posteriores) viene a evocar la construcción idiomática  IusPater, o sea, “Derecho-Padre”, o sea, el Derecho en sentido eminente y originario, como si quisiera decir “Derecho-Fuente” o “Derecho-Origen”. Lo que vendría a ser equivalente a “Padre del Ius” (Pater Iuris). Esta imagen resultaría aún más visible si sustituyéramos la voz latina Pater por su equivalente sanscrito Pitar, con lo que tendríamos Ius-Pitar o Iu-Pitar, cuya coincidencia con el nombre “Iúpiter” resulta aún más llamativa.

En Júpiter, como Señor del Fas, se encuentra, por tanto, la fuente y origen de la Ley, el manantial último de todas las leyes y normas a las que hayan de atenerse los seres humanos: leyes políticas y leyes morales; leyes de la convivencia social y leyes de la vida personal.

En tal sentido, el Fas, como antes decíamos, puede ser considerado como la Norma de normas, el supremo criterio normativo. Por plasmarse en él la voluntad de Júpiter, se alza como el criterio máximo de todo impulso legislante, ordenador, pacificador y justiciero. El Fas es la Ley por excelencia, la Ley de leyes, la Ley principal, principial y principiante o principiadora, pues de ella, como voz y revelación del Principio supremo, dimanan los principios que hacen posible que las leyes y normas humanas estén principiadas, condición sine qua non para que sean verdaderamente justas, para que tengan racionalidad, legitimidad y justeza, para que no sean creaciones arbitrarias, irracionales, ilegítimas e injustas.

Algunos autores sostienen que Fas figuraba como una divinidad independiente en el antiguo panteón romano, personificando al Derecho, la Ley y la Justicia. Así lo hace el lingüista Roque Barcia, en su monumental Diccionario etimológico, quien nos da la siguiente definición de la palabra “Fas”, señalando que se trata de una voz femenina que pertenece al campo de la mitología: “Divinidad que era considerada como la más antigua de todas” (se sobreentiende, entre todas aquellas que integran el mundo religioso de la antigua Roma). Y añade: “Prima deum Fas. Es lo mismo que Temis o la Justicia”. Prima deum Fas significa “Fas es el primero de los dioses” (la palabra latina prima, neutro plural, tiene el significado de “el principio”, “lo primero” o “los principios de las cosas”). Barcia recoge a continuación el concepto que podemos encontrar en Cicerón, para quien fas significa “lo que es conveniente, lícito, arreglado a la razón y a la justicia”. El autor español no puede ocultar su admiración hacia los antiguos romanos por esta su alta concepción del Derecho y la Justicia: “Nótese la admirable filosofía de la lengua latina al atribuir todas las cualidades mencionadas al primero y más antiguo de sus dioses”. Y Barcia agrega, como colofón de sus explicaciones, que la palabra Fas “es una de las más grandes voces del gentilismo”. Ciertamente la voz “Fas” es una de las más nobles, altas, sacras y sublimes que nos haya ofrecido la tradición romana; una voz preñada de contenido espiritual como pocas (aunque el término “gentilismo” empleado por el erudito español para referirse a la religión y la espiritualidad precristianas, no resulte aceptable).

En la misma línea se expresa el ilustre jurista y escritor Federico Carlos Sainz de Robles, cuando en su Diccionario mitológico universal dedica un breve apartado a la figura del Fas, presentándola como un dios más de la mitología romana, encarnación de la Justicia.  Es, nos dice Sainz de Robles, la “personificación de lo que es lícito”, y a continuación cita expresamente a Ovidio, quien

considera “a este deidad como la más antigua de todas” (es la sentencia Prima deum Fas antes citada). En algún diccionario hispanoamericano de mitología universal he comprobado que se incluye también la palabra Fas como nombre de una importante divinidad de la religión romana, junto a otras figuras divinas más conocidas del  mundo latino, como Júpiter, Jano, Marte, Juno o Minerva.

En realidad, según todos los indicios, los autores antes citados se basan en un diccionario mitológico más antiguo, publicado en Barcelona en 1835 (“Diccionario universal de mitología o de la fábula”) y en el que figura como indicación del autor tan sólo las iniciales B.G.P.; diccionario este último basado, a su vez, en el francés dirigido por Noel Chapsal. Parece innegable tal fuente de inspiración, ya que lo que escribe Barcia reproduce literalmente lo que leemos sobre el Fas en tal enciclopedia sobre mitología publicada a principios del siglo XIX.

No he podido, sin embargo, comprobar la idea sostenida por todos estos autores y fuentes bibliográficas, pues en las enciclopedias especializadas y en los libros más documentados sobre mitología y religión romanas que he consultado   –como por ejemplo el clásico volumen de Georg Wissowa (en alemán), el diccionario francés de Pierre Grimal o el inglés dirigido por Simon Price y Emily Kearns (publicado por Oxford)–, no aparece el término “Fas” como entrada independiente, ni por lo tanto como nombre de una divinidad. Sí creo, no obstante, que lo que los autores antes citados dicen respecto al Fas como figura divina va muy bien encaminado dada la importancia que dicho concepto tuvo para la Roma primordial, la llamada “Roma prisca”, en cuanto principio sagrado.

Con todo, a la vista de la importancia que para la cosmovisión romana tiene el concepto del Fas, sorprende que en la mayoría de los estudios sobre la espiritualidad romana, así como en los diccionarios dedicados a la religión y la cultura de la antigua Roma, no se incluya una entrada específica correspondiente a este término y, en ocasiones, ni tan siquiera se mencione tal concepto, que a veces queda simplemente aludido de pasada al tratar otras cuestiones.

Por lo que se refiere a la cuestión léxica y ortográfica, hay quienes, guiados por un purismo excesivo, sostienen que la voz “Fas”, ya sea como nombre de una Divinidad o como expresión de un poder divino, debería escribirse sin artículo, tal y como hacían los romanos, considerando incorrecto decir o escribir “el Fas”. Tiene cierto fundamento tal postura, ya que en la lengua latina no existen los

artículos. Pero, el hecho de que tal fuera el uso en la cultura latina, al no existir el artículo determinado que se antepone al nombre, no quiere decir que al traducir los vocablos latinos a alguna lengua moderna, en la que sí es imprescindible el uso del artículo, no deba éste anteponerse a la palabra en cuestión. Otra cosa es que debiera utilizarse el artículo neutro “lo” en vez del masculino “el”, dado el género neutro de la voz “Fas”. .

Como hace notar el autor italiano A.J.M. Viola, en su excelente estudio sobre la religión romana titulado “Patria Religio”, Fas es un término neutro, no admitiendo ni el artículo masculino ni el femenino. Este género neutro del término Fas, según Viola, “indica su conexión al Ser; no tiene género, porque ello es debido a su naturaleza primigenia apolar y no-articulada”. De ahí que los antiguos romanos lo utilizaran sin artículo, de forma indeterminada, aunque de hecho esto también ocurría con otras voces, de alta valencia semántica, ya sean de género masculino o femenino.

Aun cuando no sea del todo correcto, consideramos más conveniente usar la voz “Fas” con el artículo masculino, al igual que ocurre con su contrapartida “el Ius”, como se ha venido haciendo habitualmente. De forma semejante, en la tradición hindú el término sánscrito Brahman, con el que se designa a lo Absoluto, aun siendo neutro, solemos utilizarlo en español anteponiéndole el artículo masculino, escribiendo “el Brahman” (en alemán se suele manejar, en cambio, Brahman, sin artículo, o con el artículo neutro: das Brahman; así por ejemplo, das einheitliche Brahman, “lo Brahman unitario”). Entre otras razones, juzgamos más conveniente usar la locución “el Fas”, en vez de “lo Fas”, ya que esta última fórmula induciría a confusión, al referirse también y propiamente a “lo que está en conformidad con el Fas”.

Aunque no defiende la idea de una personificación mitológica del Fas, Georges Dumézil, el gran especialista en la cultura y mitología indoeuropeas, resalta la gran importancia que esta idea, tanto el concepto como la palabra que lo designa, tenía para la primitiva cosmovisión romana, llegando a calificarla de “el cimiento o asiento místico” (l’assise mystique) sobre el que se asentaba el entero andamiaje de la vida y la cultura romanas. Para que se comprenda mejor el alcance de tal expresión, convendrá apuntar que el término español “asiento” (assise en francés), significa, en una de sus acepciones, “sitio en que está o estuvo fundado un pueblo o edificio”,

siendo equivalente a “fundamento”. El Fas sería así, por tanto, el asiento, fundamento o cimiento sobre el que asentaba su vida el pueblo de Roma.

Explicando la función decisiva que el concepto de Fas desempañaba en la religión romana, Dumezil, en su documentado y voluminoso estudio sobre la religión romana arcaica (La religion romaine archaïque), nos dice que en él hemos de ver “el fundamento místico, invisible, sin el cual el ius no es posible, que sostiene todas las conductas y relaciones visibles definidas por el ius”. A diferencia del ius, aclara el autor francés, el Fas no se presta al análisis ni a la casuística: “es o no es”. Se dirá simplemente fas est, si la acción o conducta en cuestión está bien, es justa y correcta, o, por el contrario, fas non est, en el caso de que el proceder analizado sea injusto, inadecuado o intolerable. Un tiempo y un lugar serán fasti o nefasti “según que den o no den a la acción humana no religiosa este cimiento místico que es su principal seguridad”. Pero el contenido del Fas no se agota en lo puramente jurídico, sino que comprende también el ámbito de lo moral y ético. Como insiste repetidamente Dumézil, la noción del Fas va esencialmente ligada a la idea de “fundamento” (fondement); es decir, nos remite a la cuestión de aquellos principios en que han de fundarse o fundamentarse la acción y el comportamiento humanos y que son los únicos que pueden fundar una vida en orden, digna, noble y feliz. Aunque no sabemos cómo los romanos decidían sobre “la presencia o la ausencia del fundamento”, lo que no cabe duda es del papel decisivo que el Fas juega en la determinación o configuración de dicho fundamento, aclara el autor francés. Una acción que no respete o no tenga en cuenta el Fas sería una acción infundada, carente del necesario fundamento y, por tanto, abocada al fracaso y acarreadora de múltiples desgracias.

Conviene añadir que para la concepción romana, Júpiter, el Rey de los dioses, de quien dimana y brota el Fas, viene a ser la personificación simbólica del Ser. Es la imagen misma del Ser que constituye el fundamento de todo lo que es y da vida a todos los seres. Es la representación del Ser supremo que rige y gobierna la Existencia universal. Por consiguiente, se puede afirmar que es la Voz del Ser, la Luz del Ser, la fuerza iluminadora y la potencia ordenadora del Ser, lo que resplandece y resuena en el aura misteriosa del Fas.

En el Fas habla, se muestra y se revela la Realidad fontanal y fundante, la Talidad o Tathata, la Totalidad que todo lo abarca y domina, el Sumo Bien, la Raíz última de la existencia, el Nous o Intelecto divino, la Razón superna que determina el armazón lógico y

supralógico del Universo, el Uno que inspira y anima toda forma de unidad, el Espíritu que todo lo anima y en el que todo alienta, el Sentido supremo que da sentido a todas las cosas, el Orenda o Manitú que es fuente de poder y potencia, el Sino y Seno profundo de lo real, el Dharmakaya, el Hondón o Fondo del Dharma (y del Karma), el Ho que paternalmente nos cuida y vigila, el Self o Sí-mismo omnipresente, el Tao o Brahman.

El Fas nos remite al mundo del Ser y del Supra-Ser, de la Trascendencia, del Misterio supremo, de lo Absoluto y Eterno. Conecta la existencia con el mundo de los Principios últimos que guían la vida y la acción humanas. Para la concepción romana, al menos la de los primeros tiempos, cuando la tradición sagrada de Roma está plenamente viva, resulta claro que no puede haber justicia si se prescinde del Fas, si no se tiene en cuenta lo que el Fas o Derecho divino indica, manda y estipula. Expresado en nuestro lenguaje actual, y según antes apuntábamos, diríamos que el Fas es el Derecho natural, o mejor Derecho sobrenatural, que ha de constituir el fundamento de un auténtico “estado de Derecho”; sin el Fas, o peor aún contra el Fas, no se podrá tener sino un “estado de inderecho o sinderecho”, de injusticia o sin-justicia. En suma una aberración jurídica, que llegará a ser incluso una extravío moral y existencial, algo antinatural y antidivino, y por tanto inhumano o antihumano.

El Fas viene a ser la antorcha (fax, facis), el hacha o hachón (fáscula), que desde las alturas celestes envía rayos de luz para guiar a los mortales, ayudándoles a tomar las decisiones correctas y realizar las acciones justas y rectas que son exigibles al hombre y la mujer nobles. Una antorcha en la que se concentra la Luz del cielo (Fax Caeli) y en la que llamea el fuego y la luz de la palabra (como se refleja en las locuciones ciceronianas: faces dicendi, “dicción fogosa”, y faces eloquentiae, “elocuencia brillante”). En esa sublime Antorcha del Fas, a la que podríamos calificar de aurea Fax, “Antorcha áurea”, resplandece el ardor llameante y tonante de la Voz de Júpiter, el Dios Padre.

Una fax reluciente, un hachón o antorcha ardiente y brillante, es en efecto el haz (fascis) de rayos que empuña Júpiter como cetro y emblema simbólico de su poder soberano, fulminante y justiciero. Haz de rayos que es muy semejante al haz de flechas, tan presente en la heráldica española, símbolo solar de unidad y poderío. El poeta latino Valerius Flaccus llama al rayo fax fulmínea (“antorcha

fulmínea”). Interesante es asimismo la fórmula poética rosea face (“antorcha rosada”), empleada por Lucrecio para referirse a la luz del Sol que llena de esplendor los cielos, lo que nos remite a la idea solar tan vinculada al concepto del Fas.

El Fas se alza como la Fax que anuncia, trae y hace florecer la Pax. Es decir, la Antorcha o Hachón reluciente que proclama e imponer la Paz. La Paz auténtica que constituye uno de los mayores bienes de los que pueda disfrutar la Humanidad y que, según la definición de San Agustín, consiste en “la tranquilidad del orden” (tranquilitas órdinis). La Pax augusta, Pax áurea y solar, Pax olímpica, Pax imperial, Pax integral y sacra. La Paz que significa concordia, prosperidad, plenitud, respeto y mutuo entendimiento, diálogo. Respeto a la realidad y a las leyes de la vida, respeto al Fas o Norma divina, y también diálogo abierto, respetuoso y sincero: diálogo, sobre todo y ante todo, con lo Alto, con la Trascendencia, con la Realidad, con la Divinidad.

La Fax o Antorcha del Fas abre el camino que conduce a la Pax romana, en la cual Virgilio, el gran poeta de la era de Augusto, fundador del Imperio romano, veía el advenimiento de una nueva “Edad de Oro”, el retorno y restauración de la “Era de Saturno”, la Era primordial, era del Ser (Sat) y de la Verdad (Satya) según la tradición hindú. Resulta significativo, por cierto, que las tres letras iniciales en el nombre de Saturno, el dios y rey de la “Edad de Oro” según la tradición romana, formen justamente la sílaba Sat (“Ser” en sánscrito), como si quisieran indicar que Saturno es la personificación mítica y simbólica del Ser, y casi como si el nombre en latín, de género masculino, viniera a aludir a su naturaleza y función de “urna del Ser” (Sat-urnus).

Por lo que se refiere a la idea de orientar, guiar, conducir, encauzar, aconsejar y mostrar la senda a seguir, que lleva consigo el símbolo de la antorcha o Fax, y que tan esencial resulta para la comprensión de la idea sagrada, metapolítica y metajurídica del Fas, cabe citar tres locuciones empleadas por eminentes autores latinos en las cuales la voz fax, “antorcha”, es usada como sinónimo de algo o alguien que guía y conduce: una de Ovidio, fax studii (“guía o maestro en los estudios”); otra de Cicerón, facem praeferre (“mostrar el camino”); y una última de Prudencio, incitator et fax ómnium (“incitador y guía de todos”). El Fas viene a ser como una antorcha olímpica (olympica fax)  –nunca mejor empleada esta expresión, pues en dicha antorcha brilla el esplendor del Olimpo, sede regia y celeste de Júpiter–. Antorcha olímpica que nos precede y guía en el camino atlético, duro y esforzado, combativo y heroico, pero también alegre y jovial, que lleva a la victoria espiritual.

Por cierto, con respecto al adjetivo “jovial” que acabamos de mencionar, es oportuno precisar que se nos presenta justamente como un atributo de Júpiter, pues deriva de Jove o Iovis, nombre antiguo de Júpiter. Con lo cual, la actitud jovial, alegre y risueña, se nos aparece vinculada a la vivencia auténtica y sincera del Fas, a la escucha de su áurea Voz, a la realización responsable y desinteresada de sus normas, mandatos y órdenes.

Podríamos decir, usando otra imagen simbólica paralela a la anterior, que el Fas se alza como el gran faro, foco, farol o fanal que ilumina la existencia. En este sentido, evoca la imagen de un faro, como alta torre en cuya parte superior brilla una luz que alumbra a los navegantes durante la noche y en los días de brumas y tormenta, ayudándoles a encontrar la ruta que lleva al puerto donde encontrarán cobijo seguro y sereno. Cual faro celeste, con su luz trascendente el Fas muestra a los seres humanos el rumbo a seguir en su navegación terrena, evitando así que naufraguen y se hundan en las procelosas, oscuras y agitadas aguas del devenir. Esa luz que brilla en lo alto de cualquier torre farera para alumbrar y orientar en medio de las tinieblas es todo un símbolo de la luz trascendente que constituye la entraña del Fas.

Habría que recordar que tanto la palabra “faro” como “fanal” vienen del griego phanós, que significa “lámpara” o “linterna”, o sea, un objeto que arroja luz y alumbra, derivado a su vez de phos o fos (φῶς = “luz”). Por cierto, no puede menos de llamar la atención la semejanza existente entre la voz griega fos y el latín fas. Bien se podría afirmar, a la luz de tal homofonía, que el Fas es el Fos de la vida, el Fos que la hace luminosa y fotogénica (engendradora de luz), el Fos o la Luz que ilumina, orienta y dirige a los hombres en su peregrinar terreno. El Fas es esencialmente luminoso (foteinós en griego): su iluminación o resplandor (fotobolía) da a la vida claridad, solidez, orientación y sentido; felicidad en una palabra. Es el Faro o Pháros, que con su luminosidad o fosforescencia divina, impide que los seres humanos se extravíen y les permite alcanzar su destino, cumplir su fatum, el camino que les ha trazado la Providencia divina.

Viene a la mente, ante estas reflexiones, el célebre Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo, grandiosa construcción llamada así por estar situada en la isla de Pháros, enclavada a la entrada del puerto de la ciudad mediterránea fundada por Alejandro Magno. Faro que, con su rectitud, su figura regia y enhiesta que se eleva hacia al cielo, proclamando la victoria del Orden y

la Paz sobre el caos de las turbulentas aguas marinas, viene a ser como un mensajero del Sol, el heraldo del Principio solar y uránico, el símbolo del Polo o Eje que rige, ilumina y orienta la vida. En la Antigüedad se vería desde lo lejos, con su imponente majestad, como una atalaya del Fos o del Logos.

Puesto que la voz “Fas” deriva del verbo latino fari, “hablar o decir”, y aun cuando no exista ningún nexo etimológico entre ambas, se podría ver una conexión simbólica, entre las voces “Faro” y “Fari” (o también del verbo latino for  —faris, fatus, fatur—  que tiene asimismo el significado de “hablar” y “decir”; del cual tal vez provenga el vocablo “Foro”, el lugar donde se habla, donde se administra justicia, donde resplandece la palabra). El Faro, ya sea el de Alejandría o el de cualquier otro puerto o promontorio del Imperio romano (como, por ejemplo, el Faro o Torre de Hércules, en el Finisterre de la Península ibérica, en Hispania), aparecería así como vertical y majestuoso emblema no sólo del Fos (la Luz) sino también del Fari, de la palabra y del habla, que constituye la esencia del Fas.

Convendría resaltar aquí la naturaleza luminosa de la palabra, punto éste que ya hemos tratado en otras muchas ocasiones. La palabra es luz, como magistralmente pusiera de relieve Max Picard, siendo su misión alumbrar e iluminar la existencia, darle claridad y desvelar su sentido y significación, hacer que los seres humanos se iluminen entre sí y se den luz unos a otros para convivir en paz y concordia. Y es Luz más aún la Palabra o Voz de Dios, el Logos divino, que es la Palabra originaria, la Fuente de donde brota la palabra humana. Palabra ésta, Verbo de Dios, Voz del Sol eterno, que es Lux Mundi, “la Luz del Mundo”.

No nos queda sino decir algunas palabras sobre la función cósmica o cosmizadora del Fas. La idea del Fas, en efecto, va inseparablemente unida a la noción de Cosmos, de Orden (Ordo en latín, palabra que adquirirá una enorme relevancia en la cultura medieval), de Mundus (“Mundo” en el más puro sentido etimológico de la palabra), de Armonía universal, de Ritmo cósmico, de Orbe recta y justamente regido. El Fas, fuerza metacósmica pero directamente proyectada hacia el Cosmos, es la Palabra (Ord en sueco y danés) que crea, mantiene y sostiene el Ordo.

El Fas hace que la vida humana esté en conformidad o en consonancia con el ritmo sacro del Cosmos. Escuchando y obedeciendo al Fas el hombre se inserta en el Orden cósmico, vive en armonía con las fuerzas y energías sagradas que mueven el Orden universal; su vida encuentra el justo orden, queda ordenada y armonizada, superando cualquier fisura, escisión o  desequilibrio. La guía del Fas, al

mostrarles el camino que deben seguir en sus acciones y su comportamiento, da unidad, nobleza, altura, forma y sentido a la vida de los seres humanos, tanto en su vida individual como social. Lo meramente fáctico deviene “fásico”, lleno de energía fas, y con ello cobra sentido, queda rebosante de fuerza creadora y realizadora. Se convierte en potencia configuradora de orden en todos los sentidos.

Como Faro del Ser es el Eje que hace posible el Orden. Además de su acción iluminadora, o precisamente por ello, ejerce una función axial, actuando como polo, eje o pivote en torno al cual gira el Todo universal, dándole así orden, equilibrio  y armonía. En el Fas se actualiza la corriente sátvica, ordenadora, armonizadora y pacificadora que circula por el Axis Mundi, el Eje que une Cielo y Tierra. El Fas es la Voz de lo Alto que, resonando a lo largo del Axis Mundi, (“el Eje del Mundo”), da la orden, o las órdenes pertinentes, para que surja, se afiance y se mantenga el Ordo. Ordo siempre delicado, frágil, muy expuesto, difícil de mantener, continuamente amenazado por infinidad de fuerzas hostiles, aquellas que son contrarias al Fas, al Ser y a la Luz: las fuerzas nefásicas, caóticas, profanadoras, disolventes y subversivas.

Siendo el Fas “el derecho como ley divina”, “la norma justa”, comenta certeramente Julius Évola, lleva consigo “la noción del mundo como cosmos y orden”, al igual que ocurre con el Rita de la antigua religión védica indo-aria. En los conceptos de Fas y de Fatum se expresa, según Évola, “la ley del desarrollo del mundo”, que no ha de ser concebida como algo ciego, irracional, azaroso o automático   –como una fuerza “fatal” en el sentido moderno–, sino como una realidad normativa “plena de sentido”, procedente de una voluntad inteligente, y en especial “la de las potencias olímpicas”. Como pueblo eminentemente activo, político y guerrero que era, a los romanos, puntualiza Évola, les interesaba menos tener un conocimiento teórico del Orden cósmico, como algo supratemporal y metafísico, que “conocerlo como fuerza en acto en la realidad, como querer divino ordenador de acontecimientos”. En definitiva, el concepto de Fas lleva implícita, pues, “la idea de una ley universal y de un querer divino”, la visión de “un ordenamiento inteligible del mundo”, así como “una relación del hombre con el orden general del mundo”, con lo que esto significa de actuación sobre tal ordenamiento del mundo y, por consiguiente, de resuelta acción en la Historia.

Puesto que el Fas  –escribe con fina intuición A.J.M. Viola en su bella y luminosa obra  “Patria Religio”–  es “la medida principial (la misura principiale), la esencia de toda cosa medida y formada, sólo aquello que ha sido hecho según Fas es Mundus, Ordo, ordenado y mondado (o mundado) y por tanto conforme a la medida olímpica que es el mismo Dios Padre”.

En el párrafo anterior el citado autor usa la expresión italiana “cosa misurata”, que puede traducirse como “cosa medida, mesurada o ajustada”, o también “valorada”, o sea, llena de valor y valía. Usa asimismo el adjetivo “mondato” (en la expresión ordinato e mondato), que viene a ser el participio del verbo mondare, equivalente al español “mondar”, el cual tiene el significado de “pulir, limpiar, adecentar, purificar, quitar de algo las impurezas o lo superfluo” (por ejemplo, “mondar una fruta” = pelarla, quitarle la cáscara o la corteza). Tanto el italiano mondare como el español mondar vienen del latín mundare, derivado precisamente de mundus, o sea, “mundo” en cuanto realidad ordenada, bien compuesta, buena y bella. Conviene señalar que en italiano “mundo” se dice mondo, voz que coincide con el adjetivo español “mondo”, cuyo significado es “limpio y libre de cosas superfluas, mezcladas, añadidas o adheridas” (de ahí que para indicar que algo está puro, limpio, como es debido, sin aditamentos que lo estropeen, adulteren o afeen, se diga que “es mondo y lirondo”). De la misma forma que “inmundo” (sucio, astroso, impuro, asqueroso, nauseabundo, repugnante) se dice en italiano immondo.

El Fas viene a ser, por tanto, la orden o el mandato de lo Alto que instaura o restaura el Orden. Es la fuerza normativa, de origen trascendente, que hace posible el orden en todas sus facetas y formas de expresión: tanto el orden político como el orden jurídico, tanto el orden económico como en el orden social, tanto en el orden cultural (intelectual, artístico, musical, deportivo) como en el orden moral y vital, tanto en el orden biológico y racial como en el orden ecológico. Órdenes todos ellos que se hallan estrechamente entrelazados, no pudiendo perturbarse alguno de ellos o atentarse contra él sin perturbar ni atentar contra el resto.

Y sobre todo, hay que tener en cuenta el orden que es más importante y básico, el cual se erige como la clave de bóveda de los demás órdenes: el orden interno, íntimo y personal que debe existir entre las tres partes que intervienen en la configuración del ser humano: cuerpo, alma y espíritu. Un orden que ha de respetar la justa y correcta jerarquía que regula la relación normal y normativa entre ellas. Orden éste que, como enseñara Platón, constituye la esencia de la Justicia, y en el cual radica el secreto de la salud (identificándose por tanto, según la doctrina platónica, justicia y salud). Todo esto es lo que permite y hace posible el respeto al Fas, su

aceptación, asunción y aplicación integrales. Sin el Fas, ignorando su voz silenciosa y sutil, no es posible el orden en ninguna de sus formas. Menos aún contra el Fas o despreciando lo que el Fas significa, transmite y lleva consigo.

El Fas no pretende otra cosa que mantener viva en los seres humanos la consciencia del fluido sagrado que recorre las venas y arterias del Cosmos. Y conseguir que conecten de forma efectiva y real, no meramente de forma mental, virtual o imaginaria, con ese fluido sagrado; es decir, que vivan de acuerdo con él y que lo actualicen o lo hagan realidad de manera plena en sus quehaceres, proyectos y empresas vitales. Dicho de otro modo: hacer que dicha energía o fuerza sagrada, fuente de salud, de vitalidad, de paz y de armonía, siga fluyendo con toda naturalidad, de forma eficiente y potente, sin obstáculos ni impedimentos que dificulten su fluir. Y por último, dar el apoyo y auxilio necesarios para que esa corriente sacra, semejante a una corriente eléctrica o magnética que no se ve, se afirme victoriosa sobre aquellas tendencias que traten de asfixiarla, menoscabarla, anularla o  apagarla.

El Fas nos recuerda el origen divino del Universo. Trae a nuestra memoria la Presencia de Dios en el Mundo, Presencia actuante, vigilante y providencial, que se traduce en cuidado continuo del Orden cósmico. La voz del Fas, que es Luz, provoca en el ser humano un despertar, una iluminación y una catarsis, una metanoia o cambio de mentalidad, una toma de conciencia de su puesto, función y misión dentro del Orden universal. Le llama a asumir una función co-creadora, cosmizadora; es decir, a colaborar activamente con Dios, con el Creador, en la magna tarea de defender y perfeccionar la Creación. Le convoca al gran combate contra las potencias del caos, de la injusticia, de la maldad, de la tiranía, del desorden y la barbarie.

NOTA: En próximos artículos analizaremos con más detalle el profundo significado de la voz Fas, centrando nuestra atención en aspectos tan importantes y sugestivos como: 1) las conexiones etimológicas y semánticas con otras voces latinas (e incluso con voces de otras lenguas), las cuales aluden a realidades que tienen una considerable incidencia en nuestras vidas; 2) el paralelismo con la idea semejante que encontramos

en otras culturas tradicionales de Oriente y Occidente. Y dirigiremos también la atención al concepto negativo y antitético del Nefas, que reviste una gran actualidad, pues no en vano vivimos en tiempos nefásicos.

antoniomedrano.net

 

 

 

 

 

FUENTE:

http://antoniomedrano.net/web/wp-content/uploads/2018/09/Fas-Antonio-Medrano.pdf

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La represión democrática

EL RÉGIMEN DEL 78

La represión democrática
Todo sistema, sea cual sea, debe tener sus medios para imponerse y mantenerse en el poder. Incluso aquellos que presumen de ser sistemas de libertad. La libertad total no es posible, sólo es posible el poder total porque es el poder lo único que es real. Hay sistemas que directamente no se cuestionan la libertad pero otros se conforman haciéndote pensar que eres libre: te engatusan como a un perro con un hueso. Durante el franquismo la represión era estatal: lo era desde los medios de prensa, radio y televisión hasta el policía local y el chivato de barrio porque todo era El Estado; es decir, todos los mecanismos de poder y de fuerza los detentaba el estado, el foco de represión era UNO y la opinión debía ser siempre una… pero como en todo, si no lo cuestionabas podías ser libre. En democracia la represión es social y está aupada por el estado y los medios de comunicación y aveces Estado y medios de comunicación luchan entre si; aunque esto tiene muchos matices: el caso de Donald Trump en EE.UU. es el más evidente, alguien que llega al poder con todo en contra y con todo en contra se mantiene en el poder: Trump es el mayor fracaso de la manipulación mediática. Pero en Europa los medios de comunicación tienen una agenda clara y manipulan tanto a la gente como a la clase política para llevarla a cabo: agenda de seres que están por encima de los medios, que mandan en los medios, que influyen en mucho… ¡y esto no es conspiranoia! Hoy para hacer política es esencial llevarse bien con la prensa, y esto es lo que hace que la política sea mediocre, ¡el poder lo interfieren unos juntaletras!
Lo que quiero decir es que el franquismo fue autoritario pero la democracia es totalitaria, pues éste no se conforma con dominar tu fuerza de trabajo o tu área de acción, sino tu propia conciencia y mente: la totalidad de tu ser. En democracia la represión es de esta manera brillante porque los focos de represión son varios y la sociedad colabora con ellos aún sin saberlo y pensando que es libre. Es increíble cómo la disidencia española casi no puede ejercer fuerza frente a este fenómeno de la represión democrática que simplemente muchos piensan que no existe.  Y os diréis que por qué el franquismo no era totalitario. Pues porque las mentes eran dominadas por el poder religioso, La Iglesia Católica: es decir, el otro elemento de dominación del ser durante el franquismo.
La represión democrática es palpable para mentes despiertas en los medios de comunicación, especialmente en la televisión. Aún hay sitios como Internet donde la disidencia puede hacerse notar, pero no sin riesgos: si no corriera riesgo real no sería disidencia. Si bien durante el franquismo existía una televisión del régimen, hoy existen varias cadenas televisivas del régimen. Existen muchos diarios, radios, etc. del régimen democrático del 78. En todos claramente hay un mensaje unísono, un mensaje mántrico que alcanza el dogma de la nueva religión, que podemos llamar el progresismo (mal entendido), el marxismo cultural (la estrategia marxista contra occidente que se le ha ido de las manos a toda la izquierda clásica, por decirlo de algún modo) o un nuevo cristianismo profano, totalmente invertido. Y digo que invertido pues los valores actuales no dejan de ser cristianos, pero sin Jesús. El pecado original cristiano se ha sustituido por la culpa del hombre blanco heterosexual. Si Nietzsche hubiera nacido hoy escribiría contra los nuevos sacerdotes y gurús, cuyas iglesias son sedes de partidos políticos, ONG´s o prebostes de la ONU. También digo que invertido porque el más allá se ha sustituido por un más acá. La sociedad actual se aleja cada vez más del mundo espiritual. El materialismo, propio del marxismo y del liberalismo, se imponen: el Demiurgo nos azota.
He empezado con los medios de comunicación porque pienso que son los más efectivos. La gente no los cuestiona y eso significa también que las personas por lo general no pueden o no saben ser libres; pero claro, ¡piensan que son libres! Se es libre en cuanto se resiste a la manipulación, en cuanto se es consciente de ella. No creo que la gente durante el franquismo fuera menos libre que hoy, si nos atenemos a lo dicho.
Los medios de comunicación son por lo tanto el pilar fundamental del régimen del 78, pues no sólo redirigen y manipulan a la sociedad, al servicio de los mensajes emitidos, sino que influye sobremanera en la clase política que adopta el mismo mantra, el mismo mensaje. Por eso podemos hablar de que no hay, que no existe auténtica oposición en nuestro panorama político. La disidencia está aplastada, es minúscula, y nadie cuestiona los temas fundamentales. Los políticos sólo discuten por buscar vías de solución políticamente correctas o como mucho hay una resistencia tácita (no hay dinero, no hay presupuesto, no hay acuerdo…), tímida, no patente por miedo a ser tildado de todo lo malo que hay en este mundo regimentado por los demócratas hijos del 78: el fascismo, Franco y Hitler.
Es imposible a día de hoy cuestionar sin temor al lobby LGTB o judío, las políticas migratorias de puertas abiertas o directamente el tráfico de personas: la importación de seres humanos, como hace el gobierno de Pedro Sánchez, del PSOE, excusándose en los derechos humanos, derechos éstos que no son más que un modo de injerencia en las decisiones de las naciones y la excusa de muchos para destruir las patrias donde parasitan, como los internacionalistas o universalistas de la izquierda y de la derecha. Asimismo la cultura, especialmente la tradicional, se ha visto muy mermada por la modernidad que representa este nuevo modelo totalitario de represión y de control mental, pervirtiendo a la juventud y a los no tan jóvenes, invitando a modas de escaso buen gusto, detrimento de la calidad musical, la sustitución en definitiva de la excelencia por lo mediocre.
En la pirámide represiva del Estado del 78 podemos por lo tanto poner a los medios de comunicación en la cima, por encima del propio estado y de los propios medio de represión clásicos. ¿Para que dar golpes de porra si puedo dominar las mentes, si domino la hipnosis mediática? Por debajo de los medios de comunicación estarían los lobbys, que reprimen mediante su fuerza monetaria o de influencia ideológica ya sea mediante chantaje emocional o amenazar con manifestaciones y movilizaciones. Luego viene el estado como medio represivo de este régimen ya sea mediante medios directos de opresión física o monetarios (hacienda) y finalmente la gente corriente, que se convierten en meros comisarios políticos de la vida cotidiana y los auténticos licitadores y valederos de todo lo anterior pues desgraciadamente la gente que no sabe ser libre, que no es responsable, que vive cegada, vota, pensando que con ello cambian algo.■
Si, no obstante, os dan libertad, son pícaros que dan más de lo que tienen. No os dan nada que sea propiamente suyo, sino mercancía robada, os dan vuestra propia libertad, la libertad que vosotros mismos deberíais haber tomado; y os la dan sólo para que vosotros no la toméis y pidáis cuenta a los ladrones y estafadores. En su astucia saben muy bien que la libertad dada (otorgada) en realidad no es ninguna libertad.(Max Stirner)
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«La guerra es característica y propia de la civilización» (Gustavo Bueno Martínez)

Gustavo Bueno
Filósofo, autor del libro «La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalización»

«La guerra es característica
y propia de la civilización»

«Dicen que los americanos fueron a Irak por el petróleo. Pero ¿les parece poco?, ¿poco importante? Dicen que es de los árabes, pero ¿por qué?, ¿les dio Alá el petróleo?»
«En idiomas de zonas donde no ha habido un Estado no existe la palabra guerra»
«La paz es la victoria, lo demás es metafísica»

Gustavo Bueno, el pasado lunes, en Oviedo, en la Fundación que lleva su nombre, fotografiado por Jesús FarpónOviedo, Javier Neira (Fotos: Jesús Farpón)
Gustavo Bueno sigue a dos o tres libros al año. Hoy mismo sale a las librerías un nuevo ensayo titulado «La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalización», 400 páginas sobre algunos de los componentes más decisivos de la actualidad que Bueno analiza desde una perspectiva filosófica ofreciendo un sistema de pensamiento, unas herramientas, para que después –como dice en esta entrevista– cada cual opine lo que quiera, pero conociendo las coordenadas y el sentido de esa opinión libre.

La caverna es siempre una referencia a Platón.

—Mi análisis parte del reino de las sombras, donde vivimos. El reino de las sombras es el que está formado por las ideologías, como las propias de los que iban a las manifestaciones por la paz del año pasado y las de los movimientos antiglobalización. Parto de esos movimientos, de las ideologías populares, por así decir, en contra de la guerra y en contra de la globalización.

Y sigue…

—Se trata de regresar desde esas ideologías al análisis de las ideas allí contenidas. Y, después, volver a la caverna. Así trato de reinterpretar las ideologías antiglobalización y contra la guerra.

¿Qué caracteriza a esas manifestaciones?

—La idea central es que quienes se manifestaban por la paz y contra la globalización lo hacían a un nivel filosófico. Todas las consignas por la paz y contra la globalización expresan una filosofía. No una doctrina científica. La gente no se manifestaba por razones técnicas de carácter político o militar, sino por la ideología de la paz. Por eso era filosofía. Mundana pero filosofía.

Pero los manifestantes no se ven a sí mismos como filósofos.

—Las ideas de guerra y de globalización estaban situadas entre ideas de Estado, de humanidad, de género humano, de paz… ideas abstractas que se dan por supuestas y ése es el error. Millones de personas luchan y se manifiestan por ideas completamente abstractas. Eso es lo curioso. En las manifestaciones por la paz no había ni siquiera voluntad de analizar. A mí me ha ocurrido. Yo no quiero que usted me analice nada de nada, yo quiero la paz y se acabó, me decían. Una actitud dogmática. Yo quiero la paz y punto, así que usted no me intente explicar nada porque me ofende.

¿Qué pensamiento, aunque fuese dogmático, se mostraba?

—La gente tiene una filosofía de la guerra de carácter etológico. Sin saberlo. Mantiene las posturas de los etólogos. O de los teólogos, que son bastante parecidos. La guerra es la vergüenza de la humanidad, dicen, es resultado del pecado. La guerra de Irak es producto del animal que llevamos dentro.

Se hacen valoraciones morales.

—Carbonell, uno de los antropólogos de Atapuerca, dijo, sobre la guerra de Irak, que no habíamos avanzado ni un paso desde el «Homo antecessor». Ésa es su filosofía. Estamos como en Atapuerca. Luego la guerra es una fase prehistórica de la humanidad. Por decirlo en frase de Marx, estamos aún en la prehistoria de la humanidad. San Agustín dice que la paz es la paz cristiana. Y fuera de la luz del cristianismo el hombre está sometido a la guerra.

Por su parte los antiglobalización…

—La globalización, lo mismo. Los economistas hacen filosofía y hablan de la globalización de los fenicios o de los romanos. La globalización es una constante de la historia humana dicen.

Volviendo a la guerra.

—La guerra es un tema filosófico de carácter práctico. Hay una posición, la gnóstica, la gnósticamente implantada, que no es ni pacifista ni belicista. Es el caso del escepticismo de Pirrón o Plotino. De la guerra no sé nada, dice Pirrón. El sabio no se pronuncia. La postura de Plotino es más fuerte. El sabio ante la guerra no debe inmutarse, ya que es una cuestión menor. Afecta sólo a los cuerpos, pero la sabiduría está por encima. El sabio se distancia. Como diría Levi-Straus, ve a los hombres como a hormigas. Por eso es pertinente la teoría de Wilson sobre las hormigas. Considera metafísico el punto de vista de Plotino, que es el punto de vista de Dios, y adopta el del extraterrestre. Wilson habla de batallones de hormigas, de las alambradas y defensas que ponen… Describe batallas que parecen de Aníbal.

¿Combates a muerte?

—El lobo ataca al cordero, pero a veces lo perdona. El ataque tiene efectos emocionales que lo pueden paralizar. Pero esa circunstancia desaparece con las armas a distancia, con las flechas y mucho más con los misiles. La relación etológica entre agresor y agredido desaparece y se convierte en una relación mecánica, industrial, donde se trata de matar a gente como sea. Ésa sería la esencia de la guerra, pero aun así es etológica, ya que está guiada por los instintos de agresión.

¿Qué teoría maneja sobre la guerra?

—Lo característico es el Estado. La guerra es política por naturaleza, es característica y propia de la civilización. Contraponer guerra y paz como si se contrapusiese lo salvaje y lo civilizado es un error. En el mundo salvaje no hay guerra.

Cuestión de Estado.

—En latín guerra es bellum. Pero el término actual es de origen germánico, war. Las legiones romanas infiltradas por los bárbaros decían war, que tenía un sentido eufemístico, humorístico. No era la guerra, sino la agarrada. La agarradiella, que se dice en Asturias. Una pelea de tribus. Vamos al jaleo, que se decía en la guerra civil. Anda jaleo. Así se desdramatizaba. Pero, claro, era un jaleo muy real. Por eso en idiomas de zonas donde no ha habido un Estado no existe la palabra guerra. En los bables de Asturias no existe la palabra guerra. En un idioma preestatal no puede haber la palabra guerra porque no había Estado, luego no había guerra. Había agarradiellas. La agarradiella de clas que dicen también.

¿Cómo eran esas luchas?

—Las luchas preestatales muchas veces eran sólo rituales. Si había masacres era a pesar del planteamiento. Y es que la guerra es muy distinta de la caza. En la guerra es imprescindible no masacrar al adversario. Eso sería caza. Se trata de mantenerlo vivo para esclavizarlo o para lo que sea. La guerra supone el Estado, supone una sociedad estratificada en la que hay una capa cortical formada por los guerreros. Incorporo totalmente la teoría de Clausewitz: la guerra es la continuación de la política. A mi juicio, Clausewitz dio en el clavo por una intuición certera al disociar la guerra de la psicología y de la crueldad. La ve como una operación técnica propia de los estados. La guerra es política por esencia.

Las consecuencias de ese planteamiento son muy fuertes.

—Claro, luego si no hay Estado no hay guerra. Es la tesis anarquista. Pero se trata del sofisma de la negación del consecuente. La cuestión es si las guerras son contingentes o necesarias, por ejemplo. Por eso para analizarlas es importante optar por alguna teoría concreta del Estado.

¿Qué teoría del Estado?

—El Estado es una sociedad con base territorial. Sin territorio no hay Estado. Es fundamental la apropiación del territorio.

La crítica a la apropiación es de tradición marxista.

—Marx ve la guerra como resultado de la lucha de clases. Una continuación de la lucha de clases. Yo planteé la vuelta del revés del marxismo hace ya mucho tiempo. Hay que ver la lucha de clases dialécticamente, a través de los estados. La propiedad privada viene del Estado. Eso se dice mucho antes de Engels. Y es lo contrario a Engels. Cuando hay Estado empieza el reparto de la propiedad territorial y el inicio de la propiedad privada. Antes, es la apropiación del territorio. Pero ¿con qué derecho? Con el derecho de la fuerza. No es derecho natural, no vale eso de ser el primer ocupante. ¿Por qué tiene más derecho el primer ocupante que el segundo?

En consecuencia, lo que cuenta es la fuerza.

—Dicen que los americanos fueron a Irak por el petróleo. Pero ¿les parece poco?, ¿les parece poco importante? Dicen que es de los árabes, pero ¿por qué?, ¿les dio Alá el petróleo como llegan a afirmar? Por favor, si no sabían ni lo que era ni dónde estaba. Lo descubrieron y lo sacaron con su tecnología los ingleses. Vitoria, creador del derecho de gentes, habla del derecho de los españoles a estar en las Indias. Los protestantes basaban ese derecho en la gracia, llegaban allí para darles a los indios la gracia de Dios. Vitoria dice que eso es secundario, que lo importante es el derecho de gentes, el derecho que tiene todo el mundo a ir donde quiera. Y que si está ocupado, los que están allí tienen obligación de dejarles pasar, de asentarse, de comerciar con ellos y de dejarles explotar los recursos. Es la tesis de la escolástica española, según la cual la Tierra es de todos.

Es puro igualitarismo.

—Es algo que los comunistas nunca han percibido. Por eso me criticaron tanto hace veinte años cuando propuse la vuelta del revés de Marx. El comunismo está negado ya por el Estado, porque para el Estado la tierra es de éste o de aquél, pero no de cualquiera. Si hay lucha de clases es a través del Estado, que asegura la propiedad privada de los ciudadanos. La guerra está fundada en las relaciones entre los estados. Es política. En la I Guerra Mundial Rosa Luxemburgo dice «abajo las armas, ¿por qué vamos a luchar los obreros unos contra otros?». Pero acaban luchando y a ella la acaban fusilando los socialdemócratas. Los conflictos que llevan a la guerra son objetivos, ya que afectan a la sostenibilidad de los estados. Si un Estado invade a otro por lo que sea, el invadido puede aceptar la invasión, y entonces no hay guerra, o resistirse mediante una guerra defensiva. ¿La guerra es justa o injusta? Es una distinción fuera de lugar, es como decir si un logaritmo es verde o rojo.

Pero cabe hablar de justicia.

—La justicia supone el derecho. Sin ordenamiento jurídico no hay justicia. Supone unas reglas históricas establecidas, racionales, pero fundadas sobre los principios del esclavismo: dar a cada uno lo suyo, al amo lo suyo y al esclavo lo suyo. La justicia supone un derecho. Es injusto, por ejemplo, que los esclavos asalten los latifundios, así que con toda justicia viene la legión de Pompeyo y los pasa por las armas. No hay Estado sin derecho. Todo Estado es de derecho.

¿Y el derecho sin Estado?

—Eso es derecho internacional, que no es nada. Es una invención de los catedráticos de Derecho Internacional. Y de los diplomáticos. Una invención completa. Una ficción jurídica. Supone el derecho natural, el ius naturalismo. Lo que está escrito en el corazón de los hombres honrados, que decía Rousseau. Nada.

¿Cómo juzga entonces la guerra?

—La guerra es prudente o imprudente en función de la eutaxia, de la sostenibilidad de los estados. Si un país es invadido y al reaccionar se pone en peligro el Estado, esa guerra es imprudente, aunque sea defensiva. Debe plegarse. Incluso recibir al invasor como a un liberador. Si de una guerra ofensiva se llega a la derrota, entonces es imprudente.

Bueno considera que la creencia en los extraterrestres legitima la existencia de la bomba atómica (fotografía de Jesús Farpón)

«El movimiento antiglobalización es anarquista
y causa pánico a EEUU»

«El PNV y la mitad de la sociedad vasca han llegado a establecer
una relación de complicidad con el terrorismo, eso es lo más peligroso»

Oviedo, J. N.

EEUU está cogido en una trampa.

—Es difícil hacer una guerra imperialista desde una democracia. Es el problema de EEUU. Una democracia que en principio no fue pensada para la guerra, que se fue transformando y que, claro, está ahora en una contradicción constitutiva.

Pero los objetivos los suscriben muchos ciudadanos.

—El fin de la guerra es la paz. Lo dicen Aristóteles y Cervantes. La paz es la paz de la victoria. La pax romana y la cristiana y la que se quiera. La paz supone la victoria, el orden establecido por la victoria. Y ese orden no está siempre vinculado al orden del vencido. Pero el vencido se pliega si su prudencia política le aconseja eso. La paz es la victoria, lo demás es metafísica.

El Islam.

—El término Islam siempre se tradujo por sumisión. Ahora los imanes dicen que significa paz. Pero es lo mismo. Desde el punto de vista del vencedor la paz es la victoria; desde el punto de vista del vencido la paz es la sumisión. Se somete al victorioso, sea al Dios victorioso o lo que sea. ¿Se puede erradicar la guerra? No me haga esa pregunta.

Se la hago.

—En mi análisis concluyo que las razones de una guerra no son subjetivas porque no hay ningún individuo responsable, ya que el individuo no existe, es una abstracción. Lo que hay es gente ligada a un grupo, a su vez en relación con otros grupos. La guerra siempre es política.

¿Y el terrorismo?

—Es una figura antropológica. Una sociedad se establece en la parte activa, la terrorista, y la pasiva, la aterrorizada. Sin esa relación, aunque haya mucha violencia, no hay terrorismo. Puede haber violencia sin terrorismo, como lo que sucedió con la secta del Templo del Sol en los años setenta en la Guayana. Masacraron a 800 personas, pero no es terrorismo, todos murieron. Hay cuatro características del terrorismo, dos de la parte activa y dos de la pasiva.

A ver.

—Desde el lado activo, el grupo terrorista debe dejar la marca o el mensaje. Si no, no hay diálogo del terror, no se moldea, no se educa al aterrorizado. Luego el llamado terrorismo de Estado no es tal. Del GAL se supo todo sólo por la incompetencia de los que lo hicieron. Lo que hicieron era asesinatos de Estado, pero no terrorismo. La agresión debe ser abierta, debe poder repetirse indefinidamente, ya que sólo así educa. Por eso los actos puntuales no son terroristas. Ni siquiera un asesino en serie es terrorista, pues la serie la establece la Policía, él no quiere que se sepa. Ni lo saben las víctimas. Desde el lado pasivo, es necesario que se produzca una sorpresa aleatoria, ésa es la fuente del terror. De ahí que la gente diga ¿por qué?, ¿por qué? Expresan así la sorpresa. No es terrorismo lo que hacía la Inquisición, pues era público, previsible y además de acuerdo a unas leyes. Por último, que es lo más importante, es necesaria la complicidad de la parte aterrorizada. A veces llega a ser tal que el terrorismo no es ya necesario. Los vikingos hacían tales razias que los lugareños les entregaban de entrada las cosas, era ya como un tributo. O como el empresario que paga a ETA sin decirlo a nadie. Al cabo de un tiempo, por su propia autojustificación, se acaba creyendo las razones de ETA y se hace en la práctica de ETA. El PNV y la mitad de la sociedad vasca han llegado a establecer una relación de complicidad con el terrorismo. Eso es lo más peligroso. En Irak el atentado que mató a varios soldados españoles a finales del año pasado no fue terrorista, pues el Ejército no se retiró. En cuanto al 11-M, el atentado fue realizado sincrónicamente por ETA y Al Qaeda. ETA dio el soplo y Al Qaeda lo realizó. Al Qaeda es de alguna manera un Estado, sea Afganistán o el que sea.

¿Y la globalización?

—En dos palabras, la bomba atómica globalizó a la humanidad. Y creer en los extraterrestres legitima la bomba, ya que contra los marcianos sólo vale la bomba atómica. En EEUU es donde más gente cree en los extraterrestres. Por eso buscan agua en Marte. La globalización actual empieza con la caída de la URSS. El comunismo era globalizador. Insistía en la idea de paz con aquel manifiesto firmado por 500 millones de personas en 1950 a favor de la paz. Lo que querían era quitarle la bomba a EEUU. La URSS heredó el proyecto globalizado de la Iglesia católica, la pax cristiana. El comunismo era la nueva Roma globalizada. EEUU y URSS tenían un enemigo común: el anarquismo. En realidad, eran aliados, como se vio en la lucha común contra el 68. Al caer la URSS, en EEUU se produjo un movimiento de terror, ya que cogía fuerza el anarquismo. El movimiento antiglobalización es anarquista y causa pánico a EEUU. La Iglesia, en sus orígenes, también fue anarquista. La ciudad de Dios contra el Estado: eso es anarquismo.

 


Fundación Gustavo Bueno
www.fgbueno.es

FUENTE:

La Nueva España, Oviedo 12 mayo 2004/ págs. 56 y 57

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Ante la exhumación de los restos de Franco 

Ante la exhumación de los restos de Franco 

 

Como afirma el más prestigioso historiador de las guerras modernas, el inglés Antony Beevor: “la Guerra Civil española es uno de los pocos conflictos mundiales cuya historia la han escrito con mayor eficacia y mendacidad los perdedores que los vencedores”.

 

 

7 de agosto de 2018

 

ROBERTO CENTENO

Como afirma el más prestigioso historiador de las guerras modernas, el inglés Antony Beevor: “la Guerra Civil española es uno de los pocos conflictos mundiales cuya historia la han escrito con mayor eficacia y mendacidad los perdedores que los vencedores. Las generaciones más jóvenes no pueden ni imaginar cómo era la vida en España desde febrero de 1936”. En esa fecha, un Frente Popular formado por totalitarios socialistas, comunistas y anarquistas, así como por separatistas golpistas, se hizo con el poder a través de unas elecciones fraudulentas, desatando de inmediato una ola de violencia, quema de iglesias y asesinatos de quienes no pensaban como ellos, al tiempo que se paralizaba la economía del país.

El Socialista, el periódico de mayor influencia, escribiría: “estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia, y en cuanto hayamos fortalecido nuestras posiciones debemos ir más allá”. “Ir más allá significaba que la eliminación de los rivales políticos tenía la máxima prioridad desde el principio”. El estalinista Largo Caballero era muy claro al respecto: “la revolución que queremos solo puede obtenerse por medio de la violencia”. Lógicamente, la media España que totalitarios y separatistas querían someter iba a resistirse a morir. A partir de marzo, un grupo de militares y civiles encabezados por el general Mola, comienza a preparar un “movimiento nacional que evite la ruina y la desmembración de la patria, movimiento que solo se desencadenará en caso de que la circunstancias lo hagan absolutamente necesario” (Salas Larrazábal).

El 12 de julio la policía republicana asesina al líder de la derecha José Calvo Sotelo, y el Gobierno, en lugar de arrestar a los responsables, detiene a la gente de derechas. Franco, que hasta ese momento se habría mostrado contrario al alzamiento, con gran irritación de los conjurados, decide unirse a él. “El gobierno de Madrid ha caído en manos de unos pistoleros”, clamaría don Miguel de Unamuno desde Salamanca,. […].

Estos hechos exhaustivamente investigados y estudiados durante más de 70 años, están hoy fuera de toda duda razonable, […].

Y para empezar, alguien a quien solo han apoyado el 15% de los españoles con derecho a voto, ha decidido exhumar los restos del general Franco, que consiguió contra todo pronóstico la victoria del alzamiento,  […].

Pero Franco hizo más, muchísimo más: sacó a España de su pobreza secular y creó una poderosa clase media, que la chusma política actual está destruyendo.

  • En 1975 había situado a España como la octava potencia económica mundial; hoy la oligarquía política la ha hundido al puesto 16
  • La renta per cápita relativa a los nueve países que constituían entonces la CEE llegó en 1975 a su máximo histórico: el 83% de la media de estos nueve países; hoy se ha hundido hasta el 71%.
  • La industria representaba el 36 % del PIB hasta que los socialistas la destruyeron en 1986 con la llamada “reconversión industrial”, y hoy es el 14% del PIB, pues la casta política ha convertido España en un país de enchufados públicos, especuladores y camareros.
  • Franco borró del mapa la palabra paroy hoy tenemos el segundo desempleo mayor de Europa.
  • La enseñanza pública era la tercera mejor de Europa; hoy es una de las últimas.
  • Los hijos vivían, no mejor, sino mucho mejor que sus padres; hoy por primera vez en siglos viven peor, y lo malo está por llegar.
  • La deuda pública era cero, y hoy es el 133% del PIB, lo que será la ruina de las generaciones futuras, etc.

Que el pueblo español permita, impasible, que unos indocumentados guerracivilistas exhumen los restos de Franco del sitio que le corresponde por mérito propio, significa que este pueblo está perdido. Nos van a aplastar a impuestos, nos van a inundar de inmigrantes musulmanes que quieren destruir nuestros valores y nuestra cultura, porque este cobarde de Sánchez, que acaba de hacer el ridículo más absoluto en Europa como el chico de los recados de Merkel y Macron –ese “chico nuevo”, le llamaría Juncker, presidente de la Comisión Europea– ha aceptado convertir nuestra patria en el gran campo de refugiados de Europa, ya que Alemania nos va a devolver los suyos. […].

 

 

©Moimunanblog.com

FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=6071

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BERLIN – May 14, 1945

https://youtu.be/KS_Vw5DMlEI

https://www.youtube.com/watch?v=KS_Vw5DMlEI

Berlin unter den Alliierten (1945 – 1949) – Ganzer Film in HD

 

 

Wochenschau Mai 1945

 

https://www.youtube.com/watch?v=Wx1i0ppravg

 

 

https://youtu.be/Wx1i0ppravg

https://www.youtube.com/watch?v=wP_PRwiRkmw

 

 

https://youtu.be/wP_PRwiRkmw

BERLIN – May 14, 1945 (HD)

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Vladímir Vladimirovich Putin…

ENTENDIENDO A PUTIN

Vladìmir Vladimirovich Putin:

 … su modus operandi y su pensamiento.

 Curzio Nitoglia

Prólogo

Los recientes hechos bélicos en Crimea y Ucrania (enero/septiembre de 2014) han comprobado lo que hasta ayer podía aparecer, a los ojos de muchos, solamente una probabilidad. El Nuevo Orden Mundial quiere destruir a Putin y a la Rusia putiniana, porque está desempeñando el papel del Katejón, es decir el “obstáculo que retiene” (San Pablo) la fuerza de la subversión mundialista y globalizadora (Israel, USA y Arabia Saudita wahabita). Si no hubiera estado Putin, Estados Unidos habría hecho sufrir la misma suerte a Siria como lo hicieron con Irak. El obstáculo que detuvo la invasión de Siria y después de Irán y finalmente de Rusia fue Putin. Este es un hecho y “contra los hechos no hay argumento”.

Ahora Putin se ha convertido para los medios de comunicación masivos financiados por la “contra-iglesia”, en el nuevo Hitler, el nuevo Saddam, el nuevo Gaddafi, el nuevo Assad a ser eliminado. Se inicia con la manipulación del pensamiento (Putin ya es tomado por loco) por la prensa, la televisión y la radio, para terminar con una condena capital pública y ejemplar (como sucedió con Saddam y Gaddafi), una especie de “Nuremberg 1946 permanente”, que no puede terminar, como sucedió con la shoah.

La Europa y la Italia del siglo XX, esclavas de los Estados Unidos a partir ya de la primera y sobre todo de la segunda guerra mundial, se han convertido en una mera base logística de aterrizaje y lanzamiento para los aviones de Estados Unidos e Israel (que también tiene, desde hace algunos años, parte de su flota aérea en Cerdeña). La Unión Europea del siglo XXI es geopolítica y financieramente un apéndice de  U.S.A, de hecho una apendicitis inflamada y ahora purulenta cercana a la peritonitis.

Además, la política de la UE hacia Rusia, como sucedió con Irán y Libia, es autodestructiva para la economía de la Vieja Europa. De hecho, el embargo decretado por los Estados Unidos y la UE contra Rusia tiene repercusiones muy graves en la economía europea, ya en semiquiebra proclamada a partir del 2010.

El aliado natural (físico, histórico, cultural y geográfico) de Europa, ¿no debería ser precisamente las naciones limítrofes del este europeo y del Mediterráneo: Rusia occidental o europea (no forzosamente la asiática), Siria y Libia?

¿No es el Atlántico un espacio demasiado vasto (respecto al Mediterráneo y Europa del Este) para poder ser atravesado fácilmente y abastecer, por ejemplo, a la Europa occidental de gas, que Rusia no nos dará más y que los yihadistas de ISIS (Daesh-ISIL) han, recientemente, quemado casi completamente en Libia después de la ejecución (decretada en USA por el Presidente Obama y seguido por la Francia del Presidente Sarkozy) de Gaddafi?

Sin embargo el UE se ha alineado, de manera suicida, contra sus vecinos de tierra y mar, con los que comerciaba (importando y exportando) y con los que ya no podrá hacer negocios justo en el momento de su mayor necesidad.

Los políticos europeos (marionetas en las manos de la Alta Finanza y de los Clubes Think-tank mundialistas israelamericanos) simulan que el rey está vestido (es decir que Europa e Italia gozan de plena “salud”, ver Matteo Renzi), siendo que al contrario, “el rey está desnudo” (ver Christian Andersen). En realidad es necesario despertar y unir nuestras fuerzas para detener el “tránsito ideológico/financiero inadvertido” hacia la plutocracia israelita-americana y ver si no nos conviene mejor estar con Putin antes que con Washington, Tel Aviv o “Bruselas”.

Para comprender mejor esta cuestión, es útil conocer la vida y el pensamiento de Vladimir Putin. Para esto, nos es útil un libro bien documentado, recién publicado por el editor Mondadori de Milán, titulado “Putin. Vida de un zar“, escrito por Gennaro Sangiuliano, subdirector de TG 1 y colaborador de Sole 24 ore. Me baso en él para darle al lector las características esenciales de la personalidad de Vladimir Putin.

Introducción panorámica

Vladimir Putin nació el 7 de octubre de 1952 en Leningrado (hoy, San Petersburgo), que fue la ciudad soviética que sufrió el asedio más masivo y sangriento en la guerra entre Alemania y la URSS, asedio que duró unos 3 años y en el cual murieron alrededor de un millón de ciudadanos.

Los padres de Putin, que vivían en Leningrado durante la segunda guerra mundial, escaparon a la muerte, pero la madre casi muere de hambre y el padre fue herido gravemente de una bala en su pierna en batalla, herida que lo dejará semi inválido por toda su vida.

El joven Vladimir era pequeño de estatura, grácil, pero muy fuerte de carácter, muy valiente, casi temerario; con una inteligencia viva y ágil que lo llevó a leer mucho, aunque su talante era de un joven “de calle” turbulento y, como él mismo lo ha dicho, “un sinvergüenza”.

A los 12 años Vladimir leyó “El escudo y la espada”, un best-seller que cuenta las aventuras de un 007 soviético, que se convirtió en un popular programa de televisión, una especie de James Bond soviético. De su amor por este personaje nació su vocación de entrar en el KGB, el servicio secreto soviético, después de haber obtenido un brillante título de abogado en una de las universidades más prestigiosas de la URSS, convirtiéndose después en coronel y luego Director de la KGB (así como Vicealcalde de Leningrado y Presidente de Rusia desde el 2000).

La mentalidad de Putin representa el intento de Rusia después del colapso de la URSS (1989) de resistir la americanización, la occidentalización y, por ende, la globalización del mundialismo. Él, además, ha evitado la restauración del comunismo en Rusia después de 1989, debido a la incompetencia de los “demócratas”, es decir, los partidarios de Boris Yeltsin.

Ciertamente Vladimir ha combatido con firmeza y despiadadamente la guerra contra Chechenia, que fue una “guerra sucia, como lo fue la de los americanos en Vietnam, pero con la diferencia que la primera era parte de Rusia, mientras que Indochina estaba a miles de kilómetros de Washington”. (G. Sangiuliano, Putin. Vida de un zar, Milano, Mondadori, 2015, p. 6).

Además, “la presencia masiva de guerrilleros chechenos en Siria, Irak, -al lado de los talibanes e ISIS, revela que, si Putin no hubiera masacrado a la Chechenia islámica, surgiría en Rusia un califato islámico que amenazaría la seguridad global” (ibíd.)

La Rusia de Putin no es una democracia, y esta es la objeción más frecuente contra el Presidente ruso, pero “Rusia no puede ser una democracia porque si lo fuera no existiría” (L. Caracciolo, la Repubblica, 7 marzo 2015).

Los politólogos hablan de “democracia controlada” para distinguir el régimen de Putin del totalitario soviético, del régimen zarista autoritario y al mismo tiempo de la “democracia libertaria y agnóstica” occidental, que olvida sus tradiciones culturales y religiosas, que por el contrario son la base común de la Rusia de Putin.

Por Putin el gobierno de Rusia no puede tenerse sin un apego profundo al sentido de la jerarquía y el mando, al pueblo entendido como comunidad arraigada en la misma tierra o Patria, que tiene una tradición religiosa bien específica (el Cristianismo) y una cultura, (especialmente literaria y musical, física, matemática y química) de primer orden.

En cambio los intelectuales occidentales han perdido el contacto con la realidad y el pueblo (que no son las masas) ha instalado una sociedad desarraigada, sin tierra, Patria, religión, tradición, jerarquía, orden, disciplina y sobre todo sin alma cultural y religiosa.

En términos generales, la cultura, la tradición, la religión, una cierta metafísica han tenido un papel fundamental. Según Putin, para poder mantener en pie un país.

La deficiencia de todo eso ha llevado, según Putin, al derrumbamiento de la URSS en 1989 y llevará al derrumbamiento de EE.UU. y el occidente atlántico, que ha cortado sus raíces europeas para instalarse, contra su naturaleza, en el desierto cultural, espiritual y tradicional de América del Norte, que puede relacionarse a lo sumo con el Iluminismo británico, que es la negación de la metafísica europea o sea grecoromana y cristiana.

Un personaje, que es un punto de referencia para la cultura metafísica y tradicional, ha desempeñado un papel de padre y maestro para Putin: Alexander Soljenitsin, el cual siempre le ha recordado a oriente como a occidente que la solución a los problemas creados por el comunismo soviético a Rusia, no podía ser el liberalismo anglosajón y especialmente el americano.

La adolescencia de Putin

Un episodio en la vida de Putin a los 13 años nos hace comprender su personalidad, su carácter y su modo de pensar y actuar (cfr. G. Sangiuliano, cit., cap. I).

Una mañana un niño amigo de Vladimir es golpeado, en el patio de su casa en un barrio popular y periférico, sin razón alguna, por un bribón grande y gordo de 18 años. Vladimir asiste impasible a la escena y no interviene porque el pillo está acompañado por una nutrida “banda”. Pero para él, la amistad es sagrada y, por lo tanto, decide vengar a su amigo. Se sienta en el medio del patio y espera que el acosador vuelva a casa por la noche. La lucha sería desigual, pero Vladìmir salta sobre el bribón y lo coge a puños, patadas, arañazos, mordidas. (G. Sangiuliano, cit., p. 13). El bribón es superado por la agresividad de Putin, la cual uno de los componentes de su carácter juvenil, la que fue domada después con el judo, la reflexión, los estudios y su deseo de entrar en la KGB. El no abandonar a un amigo, sobre todo si éste se encuentra en desgracia o en dificultades, forma parte de la personalidad de Putin, y esto no debe olvidarse ni siquiera a nivel internacional, político y bélico.

El padre de Vladimir se alistó como voluntario en un cuerpo de élite de la Armada Roja, perteneciente a la NKVD (la antigua KGB) y combatió en la batalla en las orillas del Neva donde los enfrentamientos fueron muy crueles e incluso feroces, y regresó a casa terminada la batalla de Leningrado, como inválido permanente de una pierna. Se inscribió desde joven en el Partido Comunista Soviético y era un comunista convencido y militante.

La madre estuvo a punto de morir de hambre en el largo asedio de Leningrado y ha padeció por ello toda su vida caminando a duras penas y siempre apoyándose a un bastón. Putin ha confesado haber sido bautizado en secreto por su madre, ferviente cristiana, contra el parecer del padre, convencido ateo bolchevique.

Acabada la guerra el padre de Vladimir encuentra un puesto como obrero especializado en una fábrica de material ferroviario.

La casa de la familia Putin mide 20 metros cuadrados, consta de una sola habitación en la que se duerme, se come, se estudia. Naturalmente la calle se convierte en el lugar preferido del joven Vladìmir, que admitirá haber sido un pequeño bribón callejero y de haberse conquistado un espacio vital en la dura vida de la periferia de Leningrado. La agresividad es una característica del carácter de Vladimir, que no soportaba ser insultado, y recurría inmediatamente a los puños de manera muy violenta y casi furiosa.

En la escuela, es vivaz, inteligente, indisciplinado, agresivo, pero capaz de tener éxito en los estudios. “A medida que crecía, Putin, a pesar de mantener un carácter vivaz, mejoró mucho en las relaciones con la escuela, comenzándose a distinguir por su inteligencia y empeño. Para los 13 años era uno de los elementos más brillantes, seguía con atención las lecciones, profundizaba y leía constantemente. […]La predisposición a los gestos de violencia permanece, pero Vladìmir trata de dirigirla en una actividad deportiva: prueba el boxeo, pero le fracturan el tabique nasal. Entonces elige una lucha típicamente rusa, que combina elementos de karate y judo con la añadidura de algunos movimientos de cuerpo a cuerpo populares rusos. […] La pasión por las artes marciales continuará en los años sucesivos y Vladimir se dedicará al judo, convirtiéndose en 1976 en el campeón de la ciudad de Leningrado, después de haberse convertido en cinturón negro del sexto dan” (G. Sangiuliano, cit., p. 22).

El amor por la KGB

La sede de la KGB de Leningrado infunde temor a todos, pero en 1968 un muchacho delgado de 16 años entra rápido en aquel edificio y pregunta a un agente de guardia informaciones para trabajaren la KGB. El agente responde con fastidio que no se elige al KGB, sino que se es elegido. Además se requiere un título en derecho (G. Sangiuliano, cit., p. 39). Vladimir finaliza sus estudios secundarios, aprende alemán e inglés bastante bien y rinde el examen para ser admitido en la Facultad de Jurisprudencia de Leningrado, cosa muy difícil en aquellos años en que la universidad estaba reservada para los hijos de los burócratas del Partido Comunista soviético. A pesar de esto, Vladimir supera el examen y entra en la facultad de leyes en 1970.

Pero también en sus años universitarios, Vladimir “mantiene su carácter introvertido y sospechoso de todos […] No bebe alcohol, no juega, es frío de carácter”. (G. Sangiuliano, cit., p. 42).

Otra pasión de Vladimir es la música clásica.

Además es ordenado y cauto también en las amistades femeninas. Durante los estudios conoce a una estudiante de medicina muy bonita, con quien emprende una relación importante […].

“Fue un amor muy importante, estábamos decididos a casarnos”, recuerda años después Vladimir, “pedimos una licencia matrimonial, todo estaba listo… anular la boda fue la decisión más difícil de mi vida. Fue verdaderamente tremendo, me sentí muy mal. Pero decidí que era mejor sufrir entonces a que ambos tuviéramos muchos problemas después”.

Se concedía el divorcio en la URSS, pero se veía mal en el Partido para los que se proponían hacer carrera. ¿Por qué el joven Putin rompió la promesa de matrimonio? Nunca lo aclaró, pero es probable que se debió a la carrera […] el KGB habría sugerido no casarse demasiado joven” (G. Santangelo, cit. p. 44-45).

En la facultad de jurisprudencia de Leningrado, Vladimir se cruza por primera vez a Anatolij Sobciack, un jurista valioso y erudito. Ahora, definir a Sobciack como un disidente, como Sacharov y Solgenitsin, es excesivo, pero pertenece al círculo de intelectuales que no están en sintonía con el régimen soviético. Él propugna, en sus lecciones universitarias, el paso de una economía socialista a una economía de mercado. El joven Putin queda fascinado.

La llamada de la KGB

Después de cuatro años de universidad, Putin recibe una llamada telefónica. Era un funcionario de la KGB que quería encontrar a Vladimir y quedó bien impresionado del carácter reservado, no particularmente efusivo, pero lleno de energía, de flexibilidad mental y de valor del joven Putin, quien además hablaba a la perfección el alemán y el inglés. Entonces fue reclutado en el KGB.

A los 23 años Putin se gradúa con una tesis de derecho internacional, lo que le abrirá las puertas más tarde para su trabajo de agente secreto en Alemania oriental. Estamos a mediados de los años setenta, la URSS está en la cúspide de su poder militar, tecnológico y político. En cambio, Estados Unidos está en dificultades: la guerra en Vietnam acaba de terminar con la derrota estadounidense (abril de 1975), y el escándalo Watergate obliga al presidente Richard Nixon a renunciar. El nuevo presidente Jimmy Carter no tiene experiencia ni una clara visión de política exterior. Esta debilidad de Estados Unidos terminará en 1981 con la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan y URSS intenta explotar la momentánea crisis de los Estados Unidos de América.

Después de 4 años de la renuncia de Nixon, los soviéticos estaban convencidos, gracias a los reportes de la KGB, que la caída de Nixon había sido determinada… por un complot urdido por los enemigos de la distensión. Los servicios secretos soviéticos indicaban expresamente a los sionistas o mejor, el lobby hebreo”. (G. Sangiuliano, cit., p. 50).

Sin embargo, la potencia de la URSS corresponde solo a la superficie de la sociedad civil soviética. La realidad es el fracaso social, económico y político. El socialismo real ha producido una miseria generalizada en toda la Unión Soviética. Lo único que lamentablemente no falta, es el vodka, que alimenta la plaga social de un alcoholismo muy extendido.

No obstante, la universidad soviética continúa formando una clase de físicos, matemáticos y químicos geniales, cuyos descubrimientos son, sin embargo, abrumados por la burocracia.

El comunismo soviético ha fracasado

La KGB ya desde los años Setenta fue bien consciente de esta situación real de deterioro interior y sustancial, que estaba opuesta diametralmente a la fachada de potencia, ya solamente exterior y accidental, de la URSS. Esta es otra paradoja soviética: el hecho de que el KGB, o la punta de diamante del socialismo real, esté perfectamente consciente del fracaso y la implosión del comunismo ruso, negado por la clase dominante y apenas advertido por la población.

Por un lado, la propaganda política del Partido Comunista exaltó la magnitud aparente de la URSS y, por otro, los servicios secretos soviéticos “estaban concientizados de que el sistema estaba podrido y no duraría mucho”. Pero en los años setenta, la implosión todavía está lejos, incluso si los gérmenes de la ruina son una constante”. (G. Sangiuliano, cit., p. 55).

También el nivel altamente especializado de la KGB comenzaba a crujir. Putin se da cuenta de inmediato.

En febrero de 1976 se le ordena sustentar un curso operativo en Ochta, uno de los centros más calificados de la inteligencia soviética y lo define: “una escuela absolutamente insignificante” (G. Sangiuliano, cit., p. 56).

En la década de 1970, estalló el caso de la disidencia de los grandes intelectuales rusos. Alexandr Solgenitsin escribe Archipiélago Gulag en 1972, que se traduce al inglés y se disemina en medio mundo en 1974.

El consenso es abrumador también en la URSS. Breznev pierde el control y lo califica como “una grosera caricatura antisoviética escrita por un matón”.

Solgenitsin repite sosegadamente y con argumentos sólidos: el comunismo querría durar para siempre, pero ha fracasado irremediablemente; la única vía de salvación por Rusia es abandonar el marxismo-leninismo para adherirse a una ideología política nacional y patriótica de base religiosa.

Putin está plenamente de acuerdo con Soljenitsin. Andropov, el entonces director de la KGB, está preocupado ya que entiende que la situación real es aquélla descrita por Soljenitsin.

Putin siempre ha afirmado, en varias entrevistas reportadas por Gennaro Sangiuliano en su libro, que nunca participó en las actividades represivas de los intelectuales disidentes ya que su misión era la de contraespionaje.

Por el contrario, algunos colegas de Putin declararon que Vladímir “había desarrollado los mismos puntos de vista que Sajarov y tenía un respeto especial por Solgenitsin”. (G. Sangiuliano, cit., p. 62).

“El agente Putin se convence progresivamente de que la URSS está podrida en el sistema, de que el estancamiento económico nunca se superará a menos que se tenga el valor de romper el molde del socialismo real y avanzar hacia una economía de mercado, porque la propiedad privada es un elemento natural de la esencia humana” (ibíd.).

El matrimonio

El 28 de julio de 1983 Vladímir se casó, después de 3 años y medio de noviazgo, con una joven llamada Ludmila. Ella también había sido bautizada secretamente a la edad de 5 años por su madre, cuya religiosidad nunca dormida sería decisiva para el despertar religioso de Putin unos años más tarde.

Un hecho que ocurrió entre Vladímir y Ludmila durante su noviazgo, del que informa Sangiuliano, nos hace comprender aún mejor la personalidad de Putin. Es muy celoso y no acepta comportamientos demasiado alegres u occidentales.

“Una vez, durante una velada en un club donde Ludmila se desató bailando con sus amigos, Vladìmir la lleva a un lado y le dice con un tono duro: “Nuestra historia no tiene futuro”. La chica estaba conmocionada…” (G. Sangiuliano, cit., p. 71).

En 1985 María, la primera hija, nació en Leningrado; la segunda, Katerina, nació en Dresde. La primera lleva el nombre de la madre de Putin y la segunda el de su madre, según la tradición.

En Alemania del Este

Putin llegó a Dresde en 1985, justo después de la muerte de Cernenko y de la llegada de Gorbachov al Kremlin.

“La crisis moral y material del comunismo, latente desde hace al menos veinte años, estalla e inicia el período de turbulencias que culminará con la disolución de la URSS”. (G. Sangiuliano, cit., p. 79).

En noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y la sede de la Stasi (la policía política de Alemania Oriental) fue sitiada; el 3 de diciembre le toca a la sede de la KGB de Dresde donde residía Vladimir, que seguía siendo un mayor de la KGB. Él decide no usar armas; la policía de Alemania Oriental  [DDR] está paralizada y no está ayudando a sus colegas de la KGB. Putin va a hablar a la multitud de manifestantes y sólo cuando llegó un destacamento militar soviético mucho más tarde se dispersó la multitud amenazante.

Hubo muchas amenazas verbales, pero no pasó nada violento. Los agentes de la KGB estaban armados, pero el joven mayor había recomendado moderación y calma. Por lo demás, todo estaba claro: “Tenía la impresión de que el país ya no era más. Estaba claro que la URSS estaba enferma de esa enfermedad mortal que se llama parálisis del poder“.(G. Sangiuliano, cit., p. 84).

El colapso del comunismo soviético y el regreso a Leningrado

La ciudad está en caos, el suministro de alimentos es escaso, la calefacción es un lujo, el caos y la anarquía reinan en la URSS.

Putin sintió una gran decepción por el colapso de todo. Decepcionado, se preguntó: “¿Cómo han podido equivocarse? ¿No escucharon nuestras palabras? ¿Nadie en Moscú leyó nuestros informes? Les advertimos lo que iba a suceder”. (G. Sangiuliano, cit., p. 87).

La perestroika de Gorbachov (reestructuración) y la glasnost (transparencia) no logran nada. Gorbachov es un líder comunista que piensa que puede resolver el problema soviético distinguiendo entre el verdadero y el buen comunismo contra el falso y el malo. No tiene intención de derrocar al Partido Comunista Soviético, quiere rejuvenecerlo y curarlo, pero dentro de la URSS no tiene tanto éxito como en el extranjero. La degradación económica va acompañada de un caos político y de la presencia constante de la delincuencia organizada. Además, el fin del comunismo trae consigo el despertar religioso cristiano y también el peligro del nacimiento de una especie de califato islámico en las antiguas repúblicas soviéticas de fe musulmana. En 1988 comenzaron los primeros conflictos en el Cáucaso entre Azerbaiyán musulmán y Armenia cristiana, y en 1992 se inició una guerra abierta.

Mientras tanto, el ingeniero Boris Yeltsin asciende, demostrando desde el principio que realmente quiere cambiar el status quo de la URSS y no sólo la fachada como Gorbachov.El 15 de marzo de 1989 Gorbachov fue elegido Presidente de la URSS, pero el 29 de marzo Yeltsin fue elegido Presidente del Congreso de la República rusa y no soviética.

Desde ese momento, Moscú tuvo dos parlamentos de facto, con dos presidentes: una estructura soviética y otra rusa. Esta situación no puede durar. Gorbachov está cada vez más aislado dentro de su país, parece un visionario que sueña con el restablecimiento del comunismo soviético de una forma menos radical como había ocurrido en el proceso de des-stalinización.

“El 17 de agosto de 1991 se produjo un golpe de estado comunista radical contra Gorbachov, que permaneció pasivo. Yeltsin se opone enérgicamente al golpe y Putin está con Yeltsin. La actitud decisiva de Yeltsin provocó el fracaso del golpe. Gorbachov es removido por Yeltsin, quien decretó el fin de la URSS y el Pcus” (G. Sangiuliano, cit., p. 101-103).

Putin está tentado de dejar la KGB y dedicarse a su carrera universitaria como ayudante de su antiguo profesor Sobcak, el más grande jurista ruso, que en 1990 se convirtió en alcalde de Leningrado con Putin como vicealcalde. Pero en 1993 se produjo un segundo golpe de los veteranos comunistas contra Yeltsin y Sobcak. En las horas más críticas, Sobcak se atrinchera en la dacha de Yeltsin cerca de Moscú y el arresto de Yeltsin fracasa dos veces (el comunismo soviético está realmente en crisis). Putin regresa urgentemente a Leningrado, ahora llamado San Petersburgo.

“Recoge hombres armados y los alinea en el aeropuerto” (G. Sangiuliano, cit., p. 114).

El golpe fracasó debido a la “reacción militar eficiente”. Yeltsin ordena el asalto a las fuerzas especiales del Grupo Alfa, entre los atacantes hay una unidad especial, el tradicional cuerpo de cabezas de cuero rusas, llegado de San Petersburgo. El ex Teniente Coronel Vladìmir Putin coordina la transferencia y se encarga de su logística” (G. Sangiuliano, cit., p. 137).

La conversión de Putin

En 1991 la dacha de la familia Putin se incendió. Dentro estaban María, la hija mayor, y la secretaria de Putin (quien era entonces vicealcalde de San Petersburgo).

Putin entró en la casa en llamas, tomó a su hija y la arrojó por el balcón hacia los brazos de algunas personas que acudieron y que la agarraron al vuelo, luego ayudó a la secretaria a bajar gracias a unas sábanas rasgadas y atadas. Pero cometió una imprudencia: regresó a la dacha, ahora llena de gases tóxicos, para recuperar una bolsa en la que tenía todos sus ahorros, pero fracasó y para encontrar la salida tuvo que envolverse en una manta que le había dado su madre, que la consideraba bendita. Luego salió un segundo antes de que todo colapsara.

“A este episodio se atribuye la conversión de Putin, aunque ya había sido bautizado en la religión cristiana ortodoxa”. (G. Sangiuliano, cit., p. 129).

Los oligarcas y la mafia rusa se apoderan de la familia Yeltsin.

Rusia, sin embargo, habiendo terminado su rigor soviético, entró en un estado todavía incierto e indefinido en el que Yeltsin, caído víctima del alcoholismo, la enfermedad y de la avaricia de sus hijas, acabó en los brazos de algunos especuladores (oligarcas) que habían empezado a comprar a los gigantes de la industria rusa por poco dinero. Además, la mafia había comenzado a aprovechar este estado de vacío de autoridad y había penetrado en los ganglios vitales del Estado y la economía.

Sobcak era un hombre de cultura pero no de gobierno y no podía remediarlo, parecía desconectado de la realidad. Gennaro Sangiuliano compara Rusia a principios de los años noventa con Palermo en los años setenta, sufriendo dos enfermedades graves: el capitalismo desenfrenado y desordenado y el crimen organizado que busca reemplazar al Estado.

El único político capaz de hacer frente a esta situación era Vladímir Putin.

“Yeltsin ha tenido indudables méritos históricos y al mismo tiempo innegables deméritos. Fue el hombre que defendió a Rusia de los restauradores del estalinismo, pero que permitió un auténtico Far West económico-social. […].Yeltsin creía que Rusia podía convertirse en una economía de mercado como la estadounidense y confió la dirección de la economía a los economistas llamados neo-Chicago boys de Leningrado, liderados por Egor Gajdar y Anatolij Cubais [el encarnizado enemigo de Putin porque no lo considera manipulable], que abogaban por una terapia de choque según las teorías ultraliberales”.(G. Sangiuliano, cit., p. 138).

En el 1996 la salud tambaleante de Yeltsin se hunde. En 1998, llegó a Rusia un apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 11.000 millones de dólares, un año después de que una investigación del Tribunal de Cuentas ruso demostrara que una gran parte de esos dólares, en lugar de ir a apoyar a la agonizante economía rusa, habían entrado en las arcas de 27 bancos comerciales, muchos de ellos no rusos… Por lo tanto, el apoyo a Rusia era sólo una ayuda a los bancos americanos y europeos y quizás a algún oligarca “ruso” de origen israelí. (G. Sangiuliano, cit., p. 147-148).

“El 25 de julio de 1998 Putin fue nombrado director de la nueva KGB (Fsb), pero la Fsb ya no tenía el poder del pasado, de hecho muchos de sus agentes estaban al servicio de los oligarcas o de la mafia rusa”. (G. Sangiuliano, cit., p. 151).

Durante este tiempo Sobcak había caído en el olvido, pero Putin no lo ha olvidado y lo hace regresar de Francia, donde había emigrado. Uno de los rasgos sobresalientes de su carácter es que no abandona a un amigo, especialmente si ha caído en desgracia.

El 9 de agosto de 1999 Yeltsin, que, a pesar de su dependencia del alcohol y de la mala familia que lo rodea, mantiene un rayo de sentido común y amor patrio, nombró a Putin primer viceministro. De hecho, entiende que ya ha terminado como hombre y como líder y entiende que sólo Putin tiene la fuerza, la inteligencia y el coraje para enfrentarse a los oligarcas “rusos” y a la mafia que ha invadido toda la sociedad rusa.

La guerra contra el islamismo checheno

El 13 de septiembre de 1999, un edificio entero fue volado en Moscú, hogar de las familias de policías rusos. Se trata de terrorismo. La responsabilidad recae en los islamistas chechenos. La respuesta de Yeltsin es muy dura, pero quien toma las riendas de la reacción es Putin, que pronuncia una frase que sigue siendo famosa:

“Es inútil que se escondan, los perseguiremos dondequiera que huyan, dondequiera que se escondan. También en el retrete. Y los mataremos en el retrete”. (G. Sangiuliano, cit., p. 168).

Comienza el trágico enfrentamiento entre Rusia y los separatistas chechenos de origen islámico. En 1991, Chechenia, aprovechando la debilidad de Rusia, proclamó su completa independencia de Moscú. En 1994 Yeltsin envió 40.000 soldados a Chechenia para recuperarla, pero el Ejército Rojo es ahora un fantasma y después de dos años Yeltsin se ve obligado a reconocer la independencia de Chechenia.

Putin, que se ha convertido recientemente en jefe de gobierno, entiende que la cuestión chechena es crucial para la supervivencia de Rusia. Comenzó, por lo tanto, un uso masivo de la aviación, bombardeando las posiciones de la guerrilla chechena. Los ataques son ahora masivos y brutales. El 25 de agosto de 1996, los generales rusos anunciaron la derrota y la eliminación de más de mil guerrilleros chechenos.

Putin afirma: “Estaba convencido de que si no hubiéramos detenido a la guerrilla, habríamos acabado convirtiéndonos en una segunda Yugoslavia. Era necesario recuperar Daguestán y expulsar a la guerrilla chechena”. (G. Sangiuliano, cit., p. 173).

La segunda guerra emprendida por Putin es contra los oligarcas. Él…

“No sólo no quiere ser manipulado por los oligarcas, sino que decide que ha llegado el momento de separarse de ellos”  (G. Sangiuliano, cit., p. 176).

Yeltsin sigue siendo de jure el líder, pero debe renunciar al poder porque ya no puede ejercerlo, ahora esclavo del alcohol, de los oligarcas y de la mafia rusa (que es una especie de brazo armado de la oligarquía “rusa” neoliberal).

Occidente, sin embargo, no quiere que el poder pase a Putin, que serviría a los intereses de Rusia. Pero el poder debe ser ejercido, si no por Putin, por los “demócratas”, soñadores e incompetentes; en el mejor de los casos sería un regreso a la era Gorbachov.

Intervienen Sajarov y Zinóviev que, junto con Solgenitsin, han empujado a la opinión pública a rebelarse contra la americanización y la globalización de Rusia. (G. Sangiuliano, cit., p. 181).

Yeltsin todavía mantiene un poco de amor patrio y sentido común. Por lo tanto, el 31 de diciembre de 1999, cedió el poder real a Putin:

“Dos coroneles de las Fuerzas de Misiles Estratégicos se reúnen con Putin en su oficina del viceprimer ministro y le entregan los códigos de lanzamiento de armas nucleares. Es el verdadero cetro del poder”. (G. Sangiuliano, cit., p. 182).

Luego Yeltsin anunció su anticipada dimisión.

Gennaro Sangiuliano escribe que el “conservadurismo” putiniano es muy diferente del neoconservadurismo liberal estadounidense. De hecho, para Putin la base de la vida política de Rusia debe ser la tradición social, cultural y religiosa de Rusia y no una referencia general a los valores liberal-demócratas de Occidente.

“El día de la Pascua Ortodoxa, con toda la familia, estuvo en la Catedral de San Isaac en San Petersburgo. Inauguró así una costumbre que lo vería presente, a lo largo de los años, en todos los servicios religiosos. “Si Rusia se ha hecho grande”, repite Putin, “no es por un zar, una guerra o un partido político, el mérito está en el cristianismo”. (G. Sangiuliano, cit., p. 188-189).

La guerra contra los oligarcas apátridas y mundialistas

Putin da esta definición del oligarca: “un exponente de las altas finanzas, que quiere influir en la política, permaneciendo en las sombras”  (G. Sangiuliano, cit., p. 198).

En pocas palabras: un miembro de una sociedad secreta, que dirige a los políticos y al mundo a través de las finanzas.

Los tres enemigos de Putin, representados por el oligarca, son:

-las sectas secretas,

-la alta finanza apátrida que busca el beneficio y la riqueza como fin, y

-el mundialismo que gobierna el mundo entero a través del poder abrumador de las finanzas bancarias sobre la política.

Si se lee atentamente el párrafo (pp. 198-208) que Sangiuliano reserva para los oligarcas “rusos” con los que Putin ha entrado en conflicto, se comprende que son casi todos de origen israelí, y que se han apoderado -con la ayuda del crimen organizado- de la industria, los medios de comunicación y los bancos rusos para dominar la totalidad de Rusia desde detrás de las escenas y hacerla desembocar en el caldero del Nuevo Orden Mundial, dirigido por Estados Unidos e Israel, los bancos y la francmasonería.

La lucha comenzó en 1996 y terminó con la victoria de Putin en 2013 sin excluir golpes, incluso cruentos.

Putin insiste en que para que un país se mantenga en pie debe redescubrir su propio origen religioso, que en Rusia es cristiano, y que da a sus ciudadanos la base moral para vivir rectamente. Además, uno no puede ignorar sus propias tradiciones culturales e históricas, que para Rusia no son ni atlánticas ni islámicas.

La fuerza de una nación es intelectual, moral y espiritual. Debe basarse en familias unidas, numerosas, ordenadas moralmente y religiosas.

Conclusión

En el desorden mundial de hoy, Putin encarna (en la medida en que la fragilidad humana lo permite) la fuerza saludable que:

1) Resiste a la globalización;

2) ha evitado la restauración del comunismo en Rusia;

3º) ha anticipado por veinte años la lucha actual contra Isis, habiendo aplastado, en 1996, la Chechenia islámica, lo que habría amenazado la seguridad no sólo de Rusia, sino también del mundo;

4) lucha contra la democracia liberal occidental, que olvida sus tradiciones culturales y religiosas;

5) prevé que ésta llevará al colapso del Occidente atlántico, ya que ha cortado (como hizo el bolchevismo en 1917) sus raíces culturales y religiosas, y un árbol sin raíces se seca;

6) entendió, desde los años setenta, la situación real de degradación de la URSS frente a una fachada puramente externa de poder inexistente de facto;

7) entiende muy bien, por lo tanto, hoy en día que la grandeza de los EE.UU. – UE es absolutamente aparente: la deficiencia cultural, moral, espiritual y, en consecuencia, económica y financiera de Occidente es el cáncer que lo ha quemado por dentro dejando sólo su apariencia intacta: el sistema occidental está podrido (como el soviético en los años setenta) y no se mantendrá por mucho tiempo;

8) ha luchado contra las altas finanzas mundialistas apátridas, que querían tomar posesión de Rusia, y da así un ejemplo a Occidente para que comprenda cuál es el verdadero enemigo de las naciones y de la patria;

9º) EE.UU. no lo quería en el poder de Rusia porque defendería los intereses de su Patria y no los del Nuevo Orden Mundial, pero a su lado intervinieron Sajarov, Zinóviev y Solgenitsin (la fuerza de los verdaderos “intelectuales” que faltan en Occidente, el cual se debate entre Charlie y Bataclán) que convencieron a la opinión pública de la rebelión contra la globalización de Rusia;

10) tiene tres grandes enemigos despiadados y muy poderosos porque son diabólicos: las sectas secretas, las altas finanzas apátridas y el mundialismo;

11) En suma y para resumir: Putin insiste en que para que un país permanezca en pie debe redescubrir su origen religioso, que es lo que da a sus ciudadanos la base moral para vivir rectamente. De hecho, uno no puede ignorar sus propias tradiciones culturales e históricas, que no son ni atlánticas ni islámicas para Rusia, sin consecuencias catastróficas. La fuerza de una nación es intelectual, moral y espiritual. Debe basarse en familias unidas, numerosas, ordenadas moralmente y religiosas. Estas son las lecciones y ayudas que Putin ofrece al pobre mundo contemporáneo enfermo terminal del agnosticismo y el amoralismo.

Es significativa la sentencia pronunciada por Putin el 4 de diciembre de 2015 en la Asamblea Federal Rusa:

Nuestra fuerza reside en la unidad, en la combatividad. En el apego a la familia, en el desarrollo demográfico, en el progreso de nuestra vida interior“.

Curzio Nitoglia

FUENTE:

http://nonpossumus-vcr.blogspot.com/2018/07/vladimir-vladimirovich-putin.html#more

 

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Así se fomenta la islamización de España !!!

 Sevilla 18 junio de 2018

4 de Shawwal de 1439

 

EL ISLAM, BLAS INFANTE Y NUESTRA LIBERACIÓN

Cuando todos los andaluces conozcan su verdadera historia y esencia, será cuando logremos llegar a obtener el poder necesario para exigir el respeto a nuestra personalidad tan diferente de aquella que tratan de imponernos

Los andaluces llamaron a sus vecinos beréberes. (Legiones generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios; Andalucía les llama. Ellos recelan, Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto, atropellado y ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (14000 hombre solamente). Pero Andalucía se levanta a su favor. Antes de un año, con el solo esfuerzo de Musa, (20000 hombres) puede llegar a operarse por esta causa la conquista de gran parte de la Península. Concluye el régimen feudal germano).

La etapa de Al-Andalus fue de libertad y brillo cultural. (Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava). Pero Infante, en su coherencia más allá de toda visceralidad pro árabe, se mantiene crítico, juzga (rigor inexorable) el de (los primitivos juritas musulmanes). Si bien al decirles (primitivos), habría que dudar de su localización. Porque el período andalusí, no duda: (hay libertad cultural; ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medioevo!. Al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita, ¡No hay manifestación cultural que en Andalucía, libre o musulmana, no alcance su expresión suprema. No puede llegar a existir mayor fuente de bienanza. ¡ Y las artes! Andalucía, con nombre islámico.

La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. (las cruzadas!). El robo, el asesinato; presididos por la cruz. Empiezan a quitarnos las tierras; distribuidas en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras. Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a la esclavitud de los señores. Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros y campesinos sin campos, campesinos expulsados. (Pueblo conquistado, el pueblo andaluz); bastante tenía con plañir aquellos lamentos que expresó con palabras Abu Beka de Rondallorando al ver sus vergeles, y al ver sus vegas lozanas ya marchitas, y que afean los infieles con cruces y con campanas sus mezquitas.

El pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que después del triunfo de Juan de Austria, y a las terribles depredaciones que hicieron decir a Mámol, que los soldados del rey eran tropas de delincuentes).

Se encienden las hogueras de “la Inquisición” millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras. Los Austrias, continúan la obra de Isabel. Así la tiranía eclesiástica destruyo la cultura de Andalucía, declaraba Infante, a Francisco Lucientes, la importancia practica de la Andalucía musulmana, su trascendencia política queda demostrada en la polémica continua que enfrenta hoy a los partidarios de la Línea Infante” y pro andalusí, y los de la clásica y tradicional. Hasta los partidos y todo el centralismo apagan una interpretación castellanizante. (BlasInfante)

La izquierda nacionalista se enrola con Infante. El caso resulta altamente revelador. La historia es forzosamente un arma política (se reconozca o no). En este punto, navegan en igual barco la izquierda tradicional y Santiago Matamoros de Clavijo. Infante tenía razón; la identidad de Andalucía, nace aquí: (fundamento de nuestras características, voluntad de ser, el fundamento más próximo de Andalucía, esta en “la Andalucía” medieval; que la conquista vino a interrumpir). Con todo esto, moriscos, anarquistas, pacifitas, gitanos, jornaleros, desposeídos, acaban relacionados en una síntesis operativa.

NOTA:

Este texto ha extraído del libro: El siglo de Blas Infante; y fue publicado en el boletín núm. 5, del Sindicato Andaluz “INDEPENDENCIA”.

ANTONIO LUIS CALDERON DIAZ

Coordinador General de Liberación Andaluza

Tomado de “Foro Aben Humeya”


…después de salir  de la bitácora “musulmanesandaluces”, navegando por la red, encontré:

http://tu.tv/videos/un-ateo-de-origen-musulman

 

 


 

FUENTE:

https://www.musulmanesandaluces.org/index.html


Nota de europa89:

Por supuesto que la finalidad de este post es DENUNCIAR ante la opinión pública cómo se está fomentando en España el separatismo de la región del Sur de la Península Ibérica, que en tiempos del Imperio Romano se llamó Bética y que tras la Reconquista pasó a llamarse Novísima Castilla… pero que, posteriormente, debido a la decadencia y destrucción del Imperio Español, debido en gran parte, a la invasión napoleónica, se ha denominado “Andalucía”, en recuerdo del Al-andalus musulmán, de cuya dominación los cristianos nos liberamos en el año de Gracia de 1492.  Notemos, pues, como en el actual “Estado de las Autonomías”, se está promoviendo secretamente la desmembración de las Españas. En el caso de “Andalucía” es muy significativo que las autoridades políticas hayan nombrado a Blas Infante, “padre de la patria andaluza” y hayan adoptado como bandera “autonómica” los colores verde-blanco-verde… de evidente identidad islámica.

 

 

 

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