“La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico”

La historiadora Catherine Nixey estudia el momento en el que el cristianismo se hizo con el control del antiguo Imperio romano.

“Existen muchos relatos de la antigüedad que hablan de monjes barbudos que destruyen estatuas. Es imposible no establecer paralelismos”.

 

 

Catherine Nixey, periodista británica de 37 años, se ha sumergido en su primer libro en uno de los periodos más importantes y, paradójicamente, menos conocidos de la historia de Occidente: cuando el cristianismo logró dominar el espacio que alguna vez ocupó Roma y se produjo entonces, muchas veces en manos de turbas fanáticas, la mayor destrucción de arte que ha conocido la historia. Uno de los escenarios en los que transcurre La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus; traducción de Ramón González Férriz) es Palmira, la misma ciudad que, muchos siglos más tarde, sufrió un nuevo asalto destructor por parte de otros fanáticos, en este caso los terroristas islámicos del Estado Islámico (ISIS).

Pese a que ese periodo ha entrado en la cultura popular gracias al filme de Alejandro Amenábar Ágora y a los miembros de la secta de monjes fanáticos llamados gorriones en Juego de tronos, ha sido objeto de pocos estudios históricos profundos, por eso su libro tuvo una gran repercusión cuando se editó en el mundo anglosajón el año pasado.

Su ensayo arranca y acaba en el mismo momento, cuando, en el año 532 de nuestra era, un grupo de filósofos capitaneados por Damascio ­—cuya obra se ha perdido casi en su totalidad— abandona Atenas y con ellos se cierra la Academia, que fundó Platón mil años antes. Es inevitable sentir cierta melancolía ante esa ruptura radical con el pasado y, por otro lado, alguna forma de temor, al comprobar que ese velo oscuro de fanáticos ha regresado a una parte de Oriente Próximo. Nixey visitó Madrid el jueves, cuando tuvo lugar esta entrevista.

PREGUNTA. Siempre hemos tenido la idea de que los romanos persiguieron a los cristianos, pero según su libro fue más bien al revés. ¿Fueron realmente los cristianos los que persiguieron a los romanos?

RESPUESTA. Los romanos persiguieron a los cristianos, pero mucho menos de lo que nos han contado. Después de llegar al poder, los cristianos persiguieron a los romanos de una forma mucho más eficaz. Es uno de los motivos por los que hoy hay 2.000 millones de cristianos y no queda nadie que podamos llamar pagano.

  1. ¿Fue entonces la violencia el motivo por el que se impuso el cristianismo en Roma?
  2. Era sin duda un arma poderosa. Lo que me enseñaron cuando era pequeña, y mi padre y mi madre eran religiosos antes de colgar los hábitos para casarse, fue que los romanos impedían a los creyentes mostrarse como cristianos, y que cuando Constantino se convierte en el año 313 se produjo un gran alivio y la gente empezó a mostrarse abiertamente cristiana. Pero no era verdad. Sólo el 10% de los habitantes del Imperio eran cristianos en ese momento. Cien años más tarde, las cifras habían dado la vuelta. Otros 100 años después, los cristianos ya decían que no quedaban paganos. Por el camino se destruyeron las estatuas de Palmira y también el templo más bello de la antigüedad, el de Serapis, en 392…
  3. ¿No era normal en la antigüedad destruir los símbolos de poder y religiosos de un pueblo que había sido derrotado? Fue lo que hicieron, por ejemplo, los romanos en Cartago. ¿No era la forma en que se hacían las cosas en aquellos siglos?
  4. Lo interesante es que se trata de una toma de poder dentro del propio Estado, no de una potencia extranjera que se apodera del país. Es una ideología que creció dentro del Imperio romano, llegó al poder y a continuación eliminó cualquier otra ideología. Nadie puede decir que los romanos eran liberales, cuando tomaban una ciudad podían ser brutales y en la guerra eran despiadados. Pero Cartago suponía un peligro para su existencia. El cristiano no se enfrentaba a ninguna amenaza existencial: era una ideología persiguiendo a otra hasta acabar con ella.
  5. Su libro empieza y acaba con Damascio, el último filósofo del mundo pagano. ¿Por qué fue tan importante?
  6. Cuando los historiadores hablan del principio de los Años Oscuros, la fecha que utilizan es la expulsión de Damascio de Atenas por el emperador Justiniano en el año 529. Damascio era un pensador muy carismático, un defensor inagotable de la filosofía griega. Fue el último responsable de la famosa Academia que fundó Platón y cuyas enseñanzas se prolongaron durante mil años. El emperador había decretado que todo el mundo tenía que estar bautizado y que una vez que te convertías en cristiano, si volvías al paganismo, podías ser ejecutado o exiliado y perdías todas las propiedades. Habían asesinado a Hipatia, colgado de los pies al hermano de Damascio y le habían golpeado para que delatase a los otros filósofos. Entonces, Damascio y sus compañeros, que trataron de mantener la filosofía clásica durante el periodo final del Imperio romano, abandonan Atenas hacia el exilio.
  7. ¿Qué pensó cuando vio que Palmira era de nuevo el objetivo de la furia religiosa fanática?
  8. Me impresionó muchísimo. Existen muchos relatos de la antigüedad que describen a monjes barbudos que aterrorizaban a todo el mundo y que destruían templos. Cuando ves lo que hace el ISIS es imposible no establecer paralelismos. Una estatua destruida en Palmira en la antigüedad fue destrozada de la misma manera por el ISIS, le rompieron los brazos y la decapitaron. Es la forma más agresiva del monoteísmo, que rechaza cualquier cosa que no se adapte a sus principios.
  9. ¿Podemos decir que el testigo de este tipo de extremismo religioso ha sido retomado por el islamismo radical? Las descripciones que realiza en su libro de los asaltos en los siglos IV y V se parecen bastante a lo que ha ocurrido en Kabul bajo los talibanes o Mosul bajo el ISIS: atacaban a la misma gente y las mismas cosas…
  10. No sé si existe una línea intelectual, pero desde luego existen paralelismos muy inquietantes. Se trata de sociedades dominadas por hombres, represivas, basadas en una teología en la que no puede existir la disensión. Los cristianos ya decían entonces que la música y la danza debían prohibirse. Y el sexo, naturalmente, porque vivían bajo un Dios que lo veía todo, algo que extrañaba a los paganos, que respondían que si los dioses no tenían nada mejor que hacer que observar lo que hacían en casa. Los paralelismos son chocantes y también cuando piensas en aquellos que quieren ser mártires para ir al cielo… La mayoría de los cristianos no eran así, ni tampoco lo son la mayoría de los musulmanes, pero es muy chocante contemplar cómo regresa ese fanatismo…
  11. Dice en su libro que en ese momento de toma de poder del cristianismo se produjo la mayor destrucción de arte y cultura de la historia de la humanidad. ¿No es una exageración?
  12. Se han producido muchas grandes destrucciones, pero lo que narran otros historiadores es que se trata de la mayor destrucción de historia del arte que ha contemplado la humanidad.
  13. ¿Y se perdieron entonces más del 90% de los textos clásicos?
  14. No en ese momento, sino desde la cristianización de Roma y durante los siglos posteriores. Hubo grandes quemas de libros, como la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, pero la mayor parte se produjo porque la Iglesia dio la espalda a la cultura clásica, la consideraba sospechosa, la demonizó y determinó que estaba relacionada con el demonio. El 90% de la literatura griega se pierde entonces y el 99% de la latina.
  15. Pero luego los monjes fueron los que salvaron esos textos. ¿Cuándo se produce el cambio?
  16. Se vivieron varios renacimientos, en la época de Carlomagno, en Bizancio en torno al siglo X. Pero incluso entonces, 700 años después de Constantino, seguía siendo peligroso preguntar por esos autores. Y durante el siglo XII siguió aumentando el interés y luego se produjo el Renacimiento. Digamos, que si un texto había logrado llegar hasta entonces, ya estaba a salvo. Pero en muchos casos se trataba de documentos únicos. De Cátulo, por ejemplo, solo se conserva un manuscrito.

FUENTE:

https://elpais.com/cultura/2018/05/18/actualidad/1526660304_037416.html

 

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Pío MOA y Víctor SUVOROV, historiadores revisionistas

NOTA DE “europa89“: Reproducimos casi completo este artículo de Dimitry A. Chechkin debido a su interesante comparación entre dos historiadores conocidos por sus controvertidas investigaciones acerca, respectivamente, de la guerra civil española y de la llamada por los rusos “gran guerra patria” .

Dmitry A. Chechkin:

Historia Contemporánea 38: 219-237  /   ISSN: 1130-2402

PIO MOA y VICTOR SUVOROV

Dmitry A. Chechkin Universidad Estatal de los Urales, Ekaterimburgo, Rusia Entregado el 1-7-2009 y aceptado el 22-12-2009

Resumen: Dos debates historiográficos comenzaron en España y Rusia, vinculados a los nombres de Pío Moa y Víctor Suvórov, en diferentes momentos.

En el año 2003 salió a la luz el libro “Los mitos de la Guerra Civil“, obra del historiador y periodista español Pío Moa. Los trabajos anteriores del autor se centraban ya en el tema de la Guerra Civil española, pero ese último libro tuvo un efecto singularmente llamativo, de forma que logró convertirse en un récord de ventas en España durante seis meses. […].

Según Pío Moa el comienzo de la Guerra Civil vendría determinado por los acontecimientos de octubre de 1934, cuando fuerzas de izquierda realizaron una tentativa de insurrección. […].

Finalmente, Moa mantiene que el advenimiento del régimen de Franco salvó a España de la revolución y el caos. Franco, en su opinión, habría evitado de forma preventiva la fragmentación de la nación española a causa de fracturas étnicas y lingüísticas, de modo que el régimen franquista pondría las bases para que se consolidara la elogiada democracia española actual»1.{ 1 Omar G. Encarnación, Spanish Politics: Democracy after Dictatorship, Polity Press, 2008, p. 144.} […].

A partir de 1985, y hasta cuando se escribe este artículo, se han publicado 23 libros de Moa, sin contar una gran cantidad de artículos en diversas revistas electrónicas y blogs en Internet. […].

Mientras tanto, en 1992 se publicó por primera vez en Rusia la obra que sería conocida como “El rompehielos“. Su autor, Vladímir Rezun (conocido por el seudónimo literario de Víctor Suvórov), afirmaba que su trabajo se había elaborado durante un período bastante largo de tiempo (1968-1981). Este fue el primer trabajo de Suvórov, que ha marcado su actividad posterior y sus posiciones sobre la Historia. Tratando sobre los acontecimientos previos a 1939, Suvórov hacía hincapié en subrayar que la culpa de que se desatara la Segunda Guerra Mundial recaía por completo sobre la Unión Soviética. Según su opinión, aquel estado se había preparado con anterioridad para atacar a la Alemania nacionalsocialista y sólo el golpe preventivo de la Wermacht en 22 de junio de 1942 cambió el curso de ese conflicto. Las derrotas catastróficas del Ejército Rojo en la fase inicial de la II Guerra Mundial se explicarían por una persistencia del carácter ofensivo del armamento soviético y la ausencia de una planificación defensiva. Esa falta de una adecuada planificación defensiva sería lo que llevaría a las desgracias sufridas por la Unión Soviética. Siguiendo lo que él mismo escribe: «se puede condensar el contenido de todos mis libros sobre la guerra en estas palabras: Stalin contaba con un próximo ataque de la Unión Soviética contra Alemania como el final triunfal de la conquista de Europa preparada durante veinte años por los bolcheviques»2{2 Суворов В.Б. Честное медведевское или плюшевый гарант. (Víctor Suvórov, La palabra honesta de Medvédev o el garante de felpa). http://www.suvorov.com/books/ unpublished/a004.htm}

Suvórov ha desarrollado esta concepción a lo largo de los años posteriores. Ha publicado en total 17 libros, la mayoría de ellos dedicados a los acontecimientos de preguerra y Stalin. La mayor parte de ellos se editaba.

en lengua rusa. Estaban dirigidos, por tanto, en primer lugar a los lectores de esta nacionalidad, pero algunos sólo se han publicado en versión inglesa. Las ideas de Suvórov se exponían también en numerosos artículos y en Internet, donde tiene una página personal. Desde el principio Suvórov era consciente de las consecuencias que se derivaban de las ideas vertidas en su obra. En el prefacio de la primera edición de El rompehielos escribía lo siguiente: «me he enfrentado con el único referente sagrado que tiene nuestro pueblo, me he levantado contra la única causa sacralizada que le ha quedado al pueblo ruso (la de la memoria de la II Guerra Mundial), que consiste en la llamada «gran guerra nacional». Pongo esta expresión entre comillas y en minúsculas. Perdó- nenme por ello…»3. Poca gente pensó que esa confesión de culpabilidad, así manifestada, respondiera a la realidad. Además, ello no ha impedido que El rompehielos y, posteriormente, muchas de sus otras obras, tengan enormes tiradas editoriales en la Rusia postsoviética. […].

Los partidarios del autor español al que calificaremos de escandaloso, le defienden señalando que se ha basado en profundas investigaciones desarrolladas en distintos archivos españoles. En su reseña sobre Los mitos de la Guerra Civil, Stanley Payne afirma que «cada una de las tesis de Moa está seriamente argumentada atendiendo a las pruebas disponibles y se encuentra basada en la investigación directa o, más frecuentemente, en una relectura cuidadosa de las fuentes accesibles y en la historiografía. Como es propio de la historiografía revisionista, el nuevo libro presenta sus tesis fundamentales de forma enérgica y, como sucede a menudo en el caso de la historiografía revisionista, a veces lo hace con un énfasis exagerado, para conseguir un efecto polémico»7. { 7 Stanley Payne, Spain: Pio Moa and the Civil War. http://wais.stanford.edu/Spain/ spain_piomoaandthecivilwar7803.html.}

Una situación semejante se observa en el caso de Víctor Suvórov. También se le cuestiona el derecho a ser considerado como historiador. Por ejemplo, A. Isáev somete a crítica la metodología de trabajo de Suvó- rov, señalando: «se plantea una pregunta pertinente: ¿por qué, hablando con benevolencia, esta persona, poco concienzuda, y que tiene escasamente investigadas las cuestiones propuestas, se ha hecho popular? … Este autor trata de arrastrar al lector, de explicar con un lenguaje simplista problemas muy complejos. Vladímir Bogdanovich8 baja hasta el nivel de razonamientos muy sencillos para dar cuenta de fenómenos difíciles…, pero los trabajos científicos no se escriben y publican con esa técnica. La metodología tradicional de investigación prevé el examen de todos los datos existentes. Los hechos que contradicen la teoría propuesta deben ser claramente explicados e interpretados»9. En similar sentido se observa otra apreciación: «Se dan por el autor de forma tergiversada y exaltada las argumentaciones históricas… Se emplean expresiones como «la no preparación», lo obligatoriamente «completo», «la culpa», «monstruoso» o «catastrófico», «la cobardía», «universal», «las academias, los científicos, los libros de texto, los expertos», lo que es obligatorio para «todo el mundo»… Tanto los libros escritos por Víctor Suvórov, como las creaciones de sus «compañeros de taller», están penetrados por una relación muy específica en relación con las fuentes, que se puede expresar mediante la siguiente fórmula: «Veo lo que es necesario»10. { 8 El nombre de Suvórov en ruso. 9 Исаев А. Антисуворов М., Яуза, Эксмо, 2007, с. 9. (Aleksey Isáev, Antisuvórov, Moscú, Yauza, Eksmo, 2007, p. 9). 10 Петров А.Е. Перевернутая история. Лженаучные модели прошлого//Новая и новейшая история, №3, 2004. (Andrey Petrov, «La historia al revés. Los modelos pseudocientíficos del pasado», Novaia i noveishaia istoria, n.º 3, 2004).}. […].

Resultan muy interesantes e ilustrativas las biografías de ambos autores, en las que es posible descubrir algunos rasgos en común. Mencionaremos los momentos más significativos de sus trayectorias vitales. Vladí- mir B. Rezun (Víctor Suvórov) nació en 1947 en una guarnición militar cerca de la ciudad de Vladivostok, en la Unión Soviética. Desde los once años estudió en la Escuela Militar de Voronezh y luego en la Escuela Superior de Mandos del Ejército de Kiev. Convertido en militar profesional, continuó al servicio de las tropas soviéticas en diferentes lugares. En los años setenta pasó a ocuparse de la enseñanza en la Academia Militar-Diplomática, siendo en 1974 destinado a una comisión del Servicio Exterior en Ginebra (Suiza). Oficialmente trabajaba dentro de la representación soviética en la Organización de las Naciones Unidas, pero en realidad estaba empleado por el Directorio Principal de Inteligencia (GRU), esto es, el Servicio de Inteligencia militar de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética, donde sirvió con éxito durante cuatro años, obteniendo incluso un pequeño ascenso. El 10 de junio de 1978 abandonó con su familia el apartamento de Ginebra donde vivía y desapareció. Más tarde llegó información sobre su huida a Inglaterra. Se convirtió así en uno de los traidores soviéticos más conocidos. Parece que la biografía de Suvórov, cuyo contenido se distingue poco del curriculum vitae de cualquier militar soviético que trabajaba en el extranjero (a excepción del hecho de la traición), no presentaba «zonas oscuras». Sin embargo, existe una sombra de duda sobre su participación en los acontecimientos checoeslovacos de 1968. Además, hay disputas encarnizadas sobre las causas de su traición. Él mismo describe de esta manera la causa de este hecho: «yo aportaba información a mi superior… Este iba al enlace de la red de agentes, donde la llevaba. Mi jefe echó la culpa del fracaso sobre mí, diciendo que no le había proporcionado información… Ante mí había un dilema: o pego un tiro o voy al desastre. Por culpa de otros caería en desgracia»12. Sin embargo, hay otras versiones que indican cómo, por el contrario, Suvórov habría sido reclutado de antemano por la Inteligencia británica. En general, acerca de la biografía de Suvórov, estamos de acuerdo con Dmitry Prohorov cuando afirma que «sus relaciones con sus antiguos colegas eran extremadamente malas». Y prosigue: «Además, en una serie de publicaciones algunos autores llegan a ofensas que son propias solamente de las riñas por dinero entre los clientes de prostitutas borrachas, lo que, sin duda, no juega en favor de su honor»13. {12 Московские новости, №14, 3-9.04.2001. (Moskovskie novosti, n.º 14, 3-9.04.2001.) 13 Прохоров Д. Сколько стоит продать Родину, М., 2005, с. 398. (Dmitry Projorov, Cuánto tiene que vender la Patria, Moscú, Olma Media Group, 2005, p. 398)}

Los defensores de Víctor Suvórov ponen el acento en que «mientras al lector llegaban sus libros, que mostraban «revelaciones» sobre la Inteligencia Militar soviética (de cuya calidad el autor, investigador profesional, se declara admirador), como es el caso de una obra como El acuario, o la descripción de cómo se veía en realidad «la ayuda fraternal internacional» a Checoslovaquia en 1968 (en Las notas del liberador), nuestra crítica percibía sus obras de manera muy benévola, no haciendo ninguna alusión especial al hecho objetivo de la traición del autor»14. La situación sólo cambiaría radicalmente después de la publicación de El rompehielos.

Pío Moa nació en 1948 en Vigo (Galicia). En el comienzo de su carrera política fue miembro Partido Comunista de España, para convertirse posteriormente en uno de los activistas de los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), organización radical terrorista de extrema izquierda, creada para luchar contra el régimen franquista. Esto no ha impedido que el escritor español cambiara radicalmente su trayectoria política, pasando de posiciones antifranquistas a otras profranquistas. Se puede decir, por tanto, que Moa y Suvórov tienen algunos rasgos en común. Pertenecen a una misma generación y la biografía de cada uno de ellos tendría la marca de la traición, aunque sea de forma diferente. Así, Víctor Suvórov reconoce claramente su culpa, usando además este aspecto en la lucha contra los oponentes de modo original, señalando que no solo él merece reprensiones por ello, sino también que «todo el pueblo soviético era traidor, porque todo el pueblo soviético ha cambiado al gobierno soviético»15. Por el contrario, Pío Moa está convencido de que nadie puede reprocharle nada. El cambio brusco de sus formas de pensar se explicaría por una evolución política gradual y no por una transformación súbita de paradigmas ideológicos. El propio Moa describe así su trayectoria vital: «estuve en el PCE y luego en el PCE(r)-GRAPO, de donde fui expulsado por querellas sectarias. Después seguí intentando «reconstruir el partido comunista», hasta que al cabo de varios años llegué a la conclusión de que todo aquello era falso»16. {14 Журавлев Н. По законам черной парадигмы. (Nikolay Zhuravlev, Por las leyes del paradigma negro). http://www.suvorov.com/critics/001.htm. 15 Хмельницкий Д. Указ. соч. с.139. (Dmitry Khmelnitski, ob. cit., p. 139). 16 Correspondencia personal del autor con Pío Moa.} […].

[…].También habría sido muy reveladora la reacción frente a los libros de Suvórov. Es importante anotar que desde el principio se dirigió contra Suvórov de forma personal y no frente a sus numerosos trabajos. «Sobre el autor ha caído una oleada de odio no sólo desde los historiadores sovié- ticos, sino también por parte de las masas soviéticas (y exsoviéticas)»20. Pero ¿cómo es posible caracterizar esta oposición? Los que aceptan a Suvórov y los que lo rechazan ¿discuten de forma categórica? o, por el contrario, ¿debaten en torno a la verdad histórica, que sencillamente cada uno percibe a su manera? Los partidarios y adversarios del autor responden a estas preguntas de forma diferente. Los primeros afirman que «solamente desde el exterior las pretensiones de la teoría de Suvórov se ven como discusiones. Como norma, detrás de ellas se esconde un conflicto moral. No se lucha por la verdad histórica, sino por el derecho al orgullo histórico»21. Los segundos aprecian «esta oposición, si es posible expresarlo de esta manera, entre las fuerzas «del bien» y las fuerzas «de la razón»… Las fuerzas «de la razón» (los que se oponen a Suvórov) defienden la explicación científica de los acontecimientos de 1941, que se apoya en los documentos conocidos de la guerra. Las fuerzas «del bien»… defienden una teoría políticamente beneficiosa sobre la culpa de los comunistas en que se produjera la guerra y la derrota del Ejército en los combates del verano de 1941»22. […].

En apoyo de Moa han salido Stanley Payne, Ricardo de la Cierva, Cé- sar Vidal y algunos otros autores. Sus críticos más activos han sido Alberto Reig Tapia, Justo Serna, Helen Graham y Paul Preston. En esta lista ya se ve que las disputas alrededor de los libros de Moa han pasado por encima de las fronteras españolas. Pero, como observa Angel Viñas, «hay personas aún peores que Moa. Me parece, que la palma, sin ningún tipo de dudas, se la lleva don José María Zavala, que ha escrito una trilogía en que no ha dejado piedra sobre piedra sobre la historia de la Guerra Civil»23. Sería posible encuadrar en la misma categoría a otros historiadores, como José María Marco y otros autores menos conocidos.

La discusión rusa se caracteriza por una fuerte polarización entre los partidarios y los adversarios de Suvórov. La mayoría de los trabajos de ambos bandos apenas mantienen posiciones neutrales. Ha surgido tal situación, cuando «las discusiones sobre los planes de preguerra de Stalin, se encuentran automáticamente alrededor de la concepción de Víctor Suvórov. Esto engendra a menudo la ilusión de que Suvórov es el único defensor de su idea, a pesar de que Suvórov no estaba desde el principio estigmatizada. La argumentación de sus adversarios principales (los generales Mahmud Gareev y Yury Gorkov, el coronel A. Mertsalov y L. Mertsalova, Gabriel Gorodetsky, etc.) se ve desmentida no sólo por Víctor Suvórov, sino por los trabajos de Mijaíl Meltjuhov, Vladímir Nevezhin, Tatiana Bushueva, Vladímir Danilov, Vladímir Doroshenko, Irina Pavlova y muchos otros»24. De la lista enumerada de historiadores, distinguiremos especialmente a M. Meltjuhov. Su importancia consiste en el hecho de que, en él, «no es posible sospechar simpatías personales a favor de Víctor Suvórov, ni que comparta las opiniones políticas de Suvórov. Meltjuhov ve como un paso completamente razonable la preparación del ataque contra Europa, lo que Suvórov considera como un crimen»25. En segundo lugar, el historiador profesional Meltjuhov pertenece precisamente a una rara categoría de investigadores que aunque critican furiosamente la metodología de Suvórov, apoyan algunas de sus concepciones y conclusiones. Se puede mencionar entre ellos a Vladímir Nevezhin y otros pocos autores más. Sin embargo, la mayor parte de los participantes en la discusión se agrupan en dos tipos de publicaciones de carácter histórico-militar, atendiendo a su relación con los problemas discutidos: «La verdad de Víctor Suvórov» y «La mentira de Víctor Suvórov». Han aparecido en total tres «Verdades» y dos «Mentiras».

Con algunos años de diferencia entre sí se publicaron en España y Rusia dos trabajos fundamentales. El primer libro ha salido bajo el título Anti Moa. La subversión neofranquista de la Historia de España. El autor, A. Reig Tapia, «se ha acercado al fenómeno de Moa desde la politología, al fenómeno político… y a un fenómeno, que representa algo en la sociedad. Ha realizado lo que no ha hecho hasta ahora ningún historiador… analiza a Moa en su calidad de fenómeno que refleja la parte de la opinión pública española que no se ha reconciliado con las investigaciones científicas de la Guerra Civil»26. El autor del segundo libro, Antisuvórov. La gran mentira del pequeño hombrecillo, A. Isáev, «analiza los hechos y las citas aportados por V. Suvórov, su veracidad y su interpretación». También «expone la opinión de la moderna ciencia histórica sobre las causas de los fracasos de la URSS en el período inicial de la guerra y da cuenta de la aplicación de los distintos tipos de pertrechos»27. […].

Se podría plantear otra cuestión importante. ¿Se puede suponer que las ideas expresadas por Moa y Suvórov son radicalmente incorrectas de modo que hasta ellos mismos tienen la intención de alterar voluntariamente la realidad histórica? En tal sentido, ¿Sería posible ver en la actividad de ambos autores aspectos positivos, vinculados a que ellos iniciaron un debate en el que más tarde han tomado parte los historiadores profesionales? Dirigimos esta pregunta nada fácil a los autores de los libros Anti Moa y Antisuvórov. He aquí las respuestas que elaboraron, tomadas de la correspondencia personal con el autor de este artículo. A. Reig Tapia escribe: «Nada, nada de la obra de Pío Moa, me parece aprovechable y su influencia en la subcultura de masas absolutamente negativa por cuanto se limita a decir lo ya dicho y sabido pero con más fundamento que él por muchos historiadores que desconoce o ni siquiera cita, o son simples manipulaciones y tergiversaciones de problemas complejos que utiliza de forma absolutamente maniquea». Por su parte, A. Isaev responde: «No estoy conforme con ello en absoluto. 1941 representaba un traumatismo histórico, patrimonio del ejército soviético, de manera que en todos los tiempos había sido prestada atención especial a su estudio. En la época de Kruschev, por ejemplo, habría habido un autor escandaloso como Nekrich. Así que, aún sin V. Suvórov, habría habido en 1990 publicaciones de documentos sobre 1941. La publicación de esos documentos había comenzado antes de la edición de El rompehielos»28

El hecho de que a comienzos de los años 90 se hicieran populares los libros de Víctor Suvórov resulta inseparable de lo ocurrido en Rusia durante esa etapa histórica. Con la descomposición de la Unión Soviética, «algunas antiguas repúblicas de la URSS no celebraron el aniversario de la Victoria e intentaban a menudo dar versiones muy cuestionables de la historia»31. Pero dentro de Rusia las fuerzas políticas más influyentes tienen un posicionamiento común acerca del comienzo y las causas de la Gran Guerra Patria. La opinión pública rusa está mucho menos dividida por estos problemas que en España, estando apoyadas las ideas de Suvórov apenas por una parte bastante pequeña de la población.

El 15 de mayo de 2009 entró en vigor el decreto del presidente de la Federación Rusa «Sobre la Comisión al Presidente de la Federación Rusa ante la resistencia a las tentativas de la falsificación de la Historia en detrimento de los intereses de Rusia». El objetivo del decreto está determinado por razones como: «la generalización y el análisis de la información sobre la falsificación de los hechos y acontecimientos históricos dirigida al menoscabo del prestigio internacional de la Federación Rusa, y la preparación de informes correspondientes al Presidente de la Federación Rusa; elaboración de la estrategia de resistencia a las tentativas de falsificación de los hechos y acontecimientos históricos, emprendida con objeto de causar daño a los intereses de Rusia»32. Víctor Suvórov ha comentado así la creación de esa comisión: «A veces me dicen: «Eres un falsificador de la Historia». Yo respondo: «Ciudadanos, compañeros, señores… o como quieran denominarse. ¿Que quiere decir «falsificar»? ¿Dónde se encuentra esa llamada «Historia»? Nosotros escribiremos la Historia. En ese caso si cambiara algo allí, entonces, por favor, acúsenme… La comisión sobre la desfiguración de la Historia existe, pero la Historia como tal no existe. Por eso, ciudadanos, no me llamen falsificador. Después de que sea escrita esa Historia, si dijera allí algo que no fuera cierto, pueden calificarme con cualquiera de esos términos, pero no ahora»33. […].

Un aspecto significativo del retrato de los dos autores sería el de cómo se refiere cada uno de ellos a las ideas del otro. Moa ha caracterizado así su relación con el autor ruso: «Apenas conocía algo de Suvórov. Leí algo sobre él cuando escribí “Años de hierro“, un libro sobre España y la II Guerra Mundial, y, sin citar su nombre, pues me refería superficialmente al asunto, escribí acerca de la superioridad soviética en tanques, tropas y diverso material de guerra en 194134…Con estos datos, varios estudiosos rusos han afirmado que el ataque de Hitler, en realidad, sólo se habría anticipado al de Stalin, pues éste preparaba a su vez una ofensiva total contra Alemania. Desde luego, ninguno de los dos socios del pacto germano-soviético tenía intención de cumplirlo largo tiempo, pero no es probable que Stalin pensase en atacar por entonces a Alemania. La excelencia demostrada por el ejército alemán convertía aquello en una tarea muy ardua y, por otra parte, aunque el líder soviético conocía las ambiciones de Hitler sobre Rusia, no había razón aparente para temerlas en aquella coyuntura… Seguramente Stalin había deseado y esperado que Alemania, Francia e Inglaterra se hubieran desangrado mucho más en la lucha, y el inverosímil éxito alemán en el Oeste no dejaría de inquietarle. Pero sabía que Hitler recibía a través de la URSS mercancías indispensables para su esfuerzo bélico y necesidades civiles, neutralizando el bloqueo británico del Atlántico. Parecía poco creíble que Alemania quisiera perder esas ventajas antes de terminar con Inglaterra. Por ello Stalin juzgaba los informes sobre la próxima agresión hitleriana como provocaciones de Londres»35. […]

[…] Pero habría que señalar, por ejemplo, que recientemente se ha publicado en Rusia un libro titulado El rompehielos-2, siendo su autor V. Surovov (lean, por favor, con más atención el apellido, que no es SUVOROV, el del autor de “El Rompehielos“). En esta obra, y partiendo de las cuestiones formales hasta acabar en el contenido, se presentaba una parodia del trabajo de Suvórov. Véase aquí el fragmento de una anotación: «Ante una lectura «no fantástica» del libro El rompehielos, de V. Suvórov (V. Rezun), surge una multitud de pequeñas preguntas que poco a poco se agrupan en dos grandes cuestiones. ¿Primera:  quién   ha comenzado, a pesar de todo, la Segunda Guerra Mundial? ¿Segunda: por qué   el autor  de  El rompehielos, hablando de una forma benevolente, desinforma al lector? Se puede encontrar la respuesta a la primera pregunta en el libro propuesto a su atención. La respuesta a la segunda cuestión se halla a lo largo de todo el libro El rompehielos-2»36.

En España Enrique Moradiellos ha escrito un trabajo muy ambivalente, de gran calidad. Este libro paródico de la obra de Moa se tituló “1936. Los mitos de la Guerra Civil“. El propio Moa lo ha comentado de esta forma: «me alegra mucho que un colega venda libros utilizando mi nombre. No me molesta que me llame mentiroso, ya que ello parece que indica disposición a polemizar. Lo que me molesta es que luego no intente rebatir ninguna de mis supuestas mentiras. Eso se llama publicidad engañosa»37

…[…]Se puede encontrar a los auto-proclamados historiadores-revisionistas (o representantes de la pop-history como les llaman sus adversarios más eminentes) en muchos otros países. Por ejemplo, en Inglaterra, se podría citar el caso de David Irving, conocido negador del Holocausto, entre muchos otros. Con todo lo expuesto, y tras analizar la actividad de Moa y Suvórov, se puede conocer mejor a cada uno de ambos autores, de modo que sus obras hablan mucho respecto de cierta proximidad histórica entre España y Rusia a lo largo del Siglo XX.

FUENTE:

http://www.ehu.eus/ojs/index.php/HC/article/viewFile/2738/2326

 

Historia Contemporánea 38: 219-237

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‘La idea de los derechos humanos conserva su solidez sólo si está anclada en la fe en el Dios creador’

El texto está fechado el 29 de septiembre de 2014, […]  y se trata de un comentario del libro “Derechos humanos y cristianismo. La Iglesia a prueba de la modernidad”, de  Marcello Pera, filósofo de la escuela liberal, ex presidente del Senado  de la República de Italia.

 

En su comentario, Benedicto XVI señala que “al final todo se basa en el concepto de Dios”. “Si Dios existe, si hay un creador, entonces también el ser puede hablar de él y señalar al hombre un deber. En caso contrario, en última instancia el ethos se reduce a pragmatismo”.

“Es por eso -continúa el Papa emérito- que en mi predicación y en mis escritos he afirmado siempre la centralidad de la cuestión de Dios. Me parece que éste es el punto en el que convergen fundamentalmente la visión de su libro y mi pensamiento. La idea de los derechos humanos, en última instancia, conserva su solidez sólo si está anclada en la fe en el Dios creador. Es desde aquí que esa idea recibe la definición de su límite y junto con ello su justificación”.

 

El volumen que recoge este escrito, junto a otros textos de Ratzinger sobre el nexo entre fe y política, es el segundo de una colección de siete volúmenes con el título “Joseph Ratzinger – Testi scelti”, sobre los temas fundamentales del pensamiento de Ratzinger teólogo, obispo y Papa. Los volúmenes publicados hasta ahora tienen el prólogo del papa Francisco.

A continuación, el texto inédito de Joseph Ratzinger publicado por Sandro Magister. Puede leer el artículo completo del blog Settimo Cielo en este enlace.

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SI DIOS NO EXISTE, SE DERRUMBAN LOS DERECHOS HUMANOS

Elementos para una discusión sobre el libro de Marcello Pera “La Chiesa, i diritti umani e il distacco da Dio” [La Iglesia, los derechos humanos y el alejamiento de Dios]

por Joseph Ratzinger

El libro representa indudablemente un gran desafío para el pensamiento contemporáneo, y también en particular para la Iglesia y la teología. El hiato entre las afirmaciones de los Papas del siglo XIX y la nueva visión que comienza con la “Pacem in terris” es evidente y se ha debatido mucho sobre ello. Eso está también en el centro de la oposición de Lefèbvre y de sus seguidores contra el Concilio. No me siento en condiciones de dar una respuesta clara a la problemática de su libro, sólo puedo hacer algunas anotaciones que, me parece, podrían ser importantes para una posterior discusión.

1. Sólo gracias a su libro se me ha vuelto claro en qué medida con la “Pacem in terris” comenzó una nueva orientación. Yo era consciente de cuán fuerte fue el efecto de esa encíclica sobre la política italiana: dio un impulso decisivo para la apertura de la Democracia Cristiana hacia la izquierda. Pero no fui consciente de cuál fue el comienzo que ella había representado también respecto a los fundamentos ideales de ese partido. Y, sin embargo, por lo que recuerdo, la cuestión de los derechos humanos adquirió prácticamente un puesto de gran relieve en el Magisterio y en la teología postconciliar sólo con Juan Pablo II.

Tengo la impresión que, en el Papa santo, esto no fue tanto el resultado de una reflexión (que no faltó en él), sino la consecuencia de una experiencia práctica. Contra la pretensión totalitaria del Estado marxista y de la ideología sobre la que se basaba, él vio en la idea de los derechos humanos el arma concreta capaz de poner límites al carácter totalitario del Estado, ofreciendo de este modo el espacio de libertad necesario no sólo para el pensamiento de la persona individual, sino también y sobre todo para la fe de los cristianos y para los derechos de la Iglesia. La imagen secular de los derechos humanos, según la formulación dada a ellos en 1948, le pareció evidentemente que era la fuerza racional que hace frente a la pretensión omniabarcadora, ideológica y práctica del Estado basado en el pensamiento marxista. Y así, como Papa, afirmó el reconocimiento de los derechos humanos como una fuerza reconocida por la razón universal en todo el mundo contra las dictaduras de todo tipo.

Esta afirmación se refería entonces ya no sólo a las dictaduras ateas, sino también a los Estados fundados sobre la base de una justificación religiosa, tal como los encontramos sobre todo en el mundo islámico. A la fusión de política y religión en el Islam, que necesariamente limita la libertad de las demás religiones, y en consecuencia también la de los cristianos, se contrapone la libertad de la fe, que en cierta medida considera también al Estado laico como forma justa de Estado, en la que encuentra espacio esa libertad de la fe que los cristianos pretendieron desde el comienzo. En esto, Juan Pablo II sabía que estaba en profunda continuidad con la Iglesia naciente. Ésta se encontraba frente a un Estado que ciertamente conocía la tolerancia religiosa, pero que afirmaba una última identificación entre la autoridad estatal y divina que los cristianos no podían consentir. La fe cristiana, que anunciaba una religión universal para todos los hombres, incluía necesariamente una limitación fundamental de la autoridad del Estado, a causa de los derechos y de los deberes de la conciencia individual.

No se formulaba así la idea de los derechos humanos. Se trataba más bien de fijar la obediencia del hombre a Dios como límite de la obediencia al Estado. Sin embargo, no me parece injustificado definir el deber de la obediencia a Dios como derecho respecto al Estado. Y en este sentido era totalmente lógico que Juan Pablo II, en la relativización cristiana del Estado a favor de la libertad de la obediencia a Dios, viera expresado un derecho humano que precede a toda autoridad estatal. Creo que en este sentido el Papa pudo afirmar sin más una profunda continuidad entre la idea de fondo de los derechos humanos y la tradición cristiana, aunque por cierto los instrumentos respectivos, lingüísticos y de pensamiento resultan muy distantes entre ellos.

2. En mi opinión, en la doctrina del hombre hecho a imagen de Dios está contenido fundamentalmente lo que afirma Kant cuando define al hombre como fin y no como medio. Se podría decir también que esta definición contiene la idea que el hombre es sujeto y no sólo objeto de derecho. Este elemento constitutivo de la idea de los derechos humanos está expresado claramente, me parece, en el libro del Génesis: “Pediré cuenta de la vida del hombre al hombre, a cada uno de sus hermanos. El que derrame la sangre del hombre verá derramada su sangre por otro hombre, porque a imagen de Dios ha sido hecho el hombre” (Gn 9, 5 y ss). Ser creado a imagen de Dios incluye el hecho que la vida del hombre está puesta bajo la protección especial de Dios, el hecho que el hombre, respecto a las leyes humanas, es titular de un derecho puesto por Dios mismo.

Esta concepción adquirió importancia fundamental al comienzo de la edad moderna con el descubrimiento de América. Todos los pueblos nuevos que fueron encontrados no eran bautizados, por eso se planteó la cuestión si tenían derechos o no. Para la opinión dominante ellos se convertían propia y verdaderamente en sujetos de derecho sólo con el bautismo. El reconocimiento que eran imagen de Dios a causa de la creación – y que siguieron siendo tales también después del pecado original – significaba que también antes del bautismo ya eran sujetos de derecho y que, en consecuencia, podían pretender el respeto de su humanidad. Me parece que se reconocieron aquí los “derechos humanos” que preceden a la adhesión a la fe cristiana y a cualquier poder estatal, cualquiera sea su naturaleza específica.

Si no me equivoco, Juan Pablo II concibió su compromiso a favor de los derechos humanos en continuidad con la actitud que tuvo la Iglesia antigua frente al Estado romano. Efectivamente, el mandato del Señor de hacer discípulos suyos a todos los pueblos había creado una situación nueva en la relación entre la religión y el Estado. No había habido hasta entonces una religión con pretensión de universalidad. La religión era una parte esencial de la identidad de cada sociedad. El mandato de Jesús no significa inmediatamente exigir una mutación en la estructura de cada una de las sociedades. Y, sin embargo, exige que en todas las sociedades se dé la posibilidad de recibir su mensaje y de vivir en conformidad con éste.

En primer lugar, consigue una nueva definición, sobre todo de la naturaleza de la religión: ésta no es un rito y observancia que en última instancia garantiza la identidad del Estado. Por el contrario, es reconocimiento (fe), y justamente reconocimiento de la verdad. Porque el espíritu del hombre ha sido creado para la verdad, es claro que la verdad obliga, pero no en el sentido de una ética del deber de tipo positivista, sino más bien a partir de la naturaleza de la verdad misma, que precisamente de este modo hace al hombre libre. Esta conexión entre religión y verdad incluye un derecho a la libertad que es lícito considerar en profunda continuidad con el auténtico núcleo de la doctrina de los derechos humanos, como evidentemente ha hecho Juan Pablo II.

3. Justamente usted ha considerado fundamental la idea agustiniana del Estado y de la historia, poniéndola a la base de su visión de la doctrina cristiana del Estado. Y, sin embargo, quizás habría merecido una consideración todavía mayor la visión aristotélica. En cuanto puedo juzgar, la visión aristotélica tuvo poca importancia en la tradición de la Iglesia medieval, tanto más después que fue asumida por Marsilio de Padua en contraste con el magisterio de la Iglesia. Luego fue retomada cada vez más, a partir del siglo XIX, cuando se fue desarrollando la doctrina social de la Iglesia. Se partió desde entonces de un orden doble, el “ordo naturalis” y el “ordo supernaturalis”; allí donde el “ordo naturalis” era considerado completo en sí mismo. Se resaltaba expresamente que el “ordo supernaturalis” era un agregado libre, significando una pura gracia que no puede ser pretendida a partir del “ordo naturalis”.

Con la construcción de un “ordo naturalis” que es posible aprehender en modo puramente racional, se intentó adquirir una base argumentativa gracias a la cual la Iglesia hubiera podido hacer valer sus posiciones éticas en el debate público, sobre la base de la racionalidad pura. Justamente, en esta visión está el hecho que también después del pecado original el orden de la creación, aun estando herido por el pecado, no ha sido destruido completamente. Hacer valer lo que es auténticamente humano donde no es posible afirmar la pretensión de la fe es en sí una posición justa. Corresponde a la autonomía del ámbito de la creación y a la libertad esencial de la fe. En este sentido, está justificada, más bien es necesaria, una visión profundizada, desde el punto de vista de la teología de la creación, del “ordo naturalis” en vinculación con la doctrina aristotélica del Estado. Pero también aquí hay dos peligros:

a) Muy fácilmente se olvida la realidad del pecado original y se llega a formas de optimismo ingenuas y que no hacen justicia a la realidad.

b) Si el “ordo naturalis” es visto como una totalidad completa en sí misma y que no tiene necesidad del evangelio, subsiste el peligro que lo que es propiamente cristiano parecería una superestructura en última instancia superflua, sobrepuesta a lo humano natural. Recuerdo efectivamente que una vez me fue presentado el borrador de un documento en el que al final se expresaban fórmulas ciertamente muy piadosas, y sin embargo a lo largo de toda la línea argumental no sólo no aparecía Jesucristo y su evangelio, sino ni siquiera Dios, razón por la cual parecían superfluos. Evidentemente, se creía que era posible construir un orden de la naturaleza puramente racional, pero que entonces no es estrictamente racional, y que, por otro lado, amenaza relegar lo que es propiamente cristiano al ámbito del mero sentimiento. Aquí emerge claramente el límite del intento de idear un “ordo naturalis” cerrado en sí mismo y autosuficiente. El padre Henri de Lubac, en su libro “Sobrenatural”, quiso demostrar que el mismo santo Tomás de Aquino – al que también se remitía al formular ese intento – en realidad no había pretendido esto.

c) Un problema fundamental de un intento similar consiste en el hecho que con el olvido de la doctrina del pecado original nace una confianza ingenua en la razón, la cual no percibe la complejidad efectiva de la conciencia racional en el ámbito de la ética. El drama de la disputa sobre el derecho natural muestra claramente que la racionalidad metafísica, que se supone en este contexto, no es inmediatamente evidente. Me parece que tenía razón Kelsen en su última etapa, cuando dice que derivar un deber desde el ser sólo es razonable si Alguien ha depositado un deber en el ser. Pero para él esta tesis no es digna de discusión. Por lo tanto, me parece que al final todo se basa en el concepto de Dios. Si Dios existe, si hay un creador, entonces también el ser puede hablar de él y señalar al hombre un deber. En caso contrario, en última instancia el ethos se reduce a pragmatismo. Es por eso que en mi predicación y en mis escritos he afirmado siempre la centralidad de la cuestión de Dios. Me parece que éste es el punto en el que convergen fundamentalmente la visión de su libro y mi pensamiento. La idea de los derechos humanos, en última instancia, conserva su solidez sólo si está anclada en la fe en el Dios creador. Es desde aquí que esa idea recibe la definición de su límite y junto con ello su justificación.

4. Tengo la impresión de que en su anterior libro, “Perché dobbiamo dirci cristiani” [Por qué debemos decirnos cristianos], usted evaluó la idea de Dios en los grandes liberales en una forma diferente respecto a cuanto hace en su nueva obra. En ésta última eso aparece como una etapa hacia la pérdida de la fe. Al contrario, en su primer libro, en mi opinión, usted había mostrado en modo convincente que sin la idea de Dios el liberalismo europeo es incomprensible e ilógico. Para los padres del liberalismo, Dios era todavía el fundamento de su visión del mundo y del hombre, de tal modo que en ese libro la lógica del liberalismo hace necesaria la confesión del Dios de la fe cristiana. Entiendo que están justificadas ambas evaluaciones: por un lado, en el liberalismo, la idea de Dios se aleja de sus fundamentos bíblicos, perdiendo así lentamente su fuerza concreta; por otro lado, para los grandes liberales, sin embargo, Dios es y sigue siendo indispensable. Es posible acentuar uno u otro aspecto del proceso. Creo que es necesario mencionar ambos. Pero la visión contenida en su primer libro para mí sigue siendo irrenunciable: aquélla para la cual el liberalismo, si excluye a Dios, pierde su propio fundamento.

5. La idea de Dios incluye el concepto fundamental del hombre como sujeto de derecho y con esto justifica y al mismo tiempo establece los límites de la concepción de los derechos humanos. En su libro, usted ha mostrado en forma persuasiva y convincente qué sucede cuando el concepto de los derechos humanos es separado de la idea de Dios. La multiplicación de los derechos humanos conduce al final a la destrucción de la idea del Derecho y conduce necesariamente al “derecho” nihilista del hombre de negarse a sí mismo: el aborto, el suicidio, la producción del hombre como cosa se convierten en derechos del hombre que al mismo tiempo lo niegan. De este modo, en su libro emerge en forma convincente que, en última instancia, la idea de los derechos humanos separada de la idea de Dios no conduce sólo a la marginación del cristianismo, sino al final de cuentas a su negación. Éste, que me parece que es el auténtico objetivo de su libro, es de gran significación, frente al actual desarrollo espiritual de Occidente, el cual niega cada vez más sus fundamentos cristianos y se dirige contra ellos.

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el bombardeo de DRESDEN, en 13 de febrero de 1945

…estas mujeres, manifestantes antifascistas en DRESDEN, expresan por escrito que dan las gracias al bombardeo de Harris, en Dresden, en 13 de febrero de 1945, que causó la muerte de centenares de miles de alemanes.

“Como afirman varias fuentes, al finalizar la contienda global la Unión Soviética trató de incluir los bombardeos contra civiles dentro de la lista de crímenes de guerra juzgados en Núremberg. Cosa a la que Gran Bretaña se opuso terminantemente, puesto que esto hubiese implicado sentar en el banquillo de los acusados a altos cargos de la RAF, entre ellos Arthur «El Carnicero» Harris.”

FUENTE:

http://www.abc.es/historia/abci-dresde-cuando-gran-bretana-y-carnicero-aniquilaron-mas-25000-civiles-alemanes-201708141856_noticia.html

 

…famosa foto de Dresde, tras el bombardeo de 13 febrero de 1956—

y el autor del bombardeo em mariscal Sir Arthur Harris.

 

FUENTE:

https://es.wikipedia.org/wiki/Bombardeo_de_Dresde

 

Conocida como la Florencia del Elba, la capital de Sajonia fue arrasada por los aviones de la Real Fuerza Aérea inglesa (RAF) y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) en cuatro incursiones.

Dresde era uno de los centros culturales más importantes de Alemania, con museos y edificios históricos, que databan del siglo XVIII: una joya del barroco.

El Zwinger Museum y la catedral Frauenkirche –que cayó el 15– eran dos de de sus edificios emblemáticos.

Hasta aquellos fatídicos días de hace 70 años, no era considerada un punto estratégico fundamental para las partes beligerantes.

Para los aliados no representaba un obstáculo en su avance a Berlín y los alemanes habían traslado sus baterías antiaéreas a otros centros industriales.

Este dato revela la indefensión de Dresde: los 20 cazas estacionados en la ciudad no tenían combustible, ya que alguien consideró que no valía la pena utilizarlo en esos aviones, debido a la escasez del carburante.

Dado que los rigores de la guerra no la habían castigado, Dresde se convirtió en un importante centro de refugiados, quienes huían de los bombardeos en otras ciudades y del avance soviético.

En diciembre de 1944, se contaban entre 320.000 y 430.000 bajas civiles alemanas, de acuerdo con el libro La caída de los dioses , del historiador español David Solar.

A fines de ese año, numerosas ciudades germanas estaban reducidas a escombros por los bombardeos de estadounidenses e ingleses: los primeros atacaban de día; los segundos, de noche.

Dresde estaba intacta…, hasta las 8:40 de la noche del martes 13 de febrero de 1945, cuando los motores de los bombaderos de la RAF anunciaron que era hora de su juicio final.

Casi 4.000 toneladas de bombas –muchas de ellas incendiarias– caerían sobre la ciudad en el transcurso de las siguientes 40 horas.

¿Por qué?

Sir Arthur Harris, mariscal de la Real Fuerza Aérea, era partidario acérrimo de los “bombardeos alfombra” sobre las ciudades, más que sobre puntos militares o industriales. Creía que este tipo de acciones militares era una forma efectiva de que cundiera la desmoralización en las filas enemigas.

¿Por qué atacar Dresde, una ciudad indefensa?

A pesar de ser un centro cultural, había cierta industria y con el ferrocarril era parte de un nudo de comunicación terrestre.

Eventualmente, los aliados creían que podía servir como una base para un reagrupamiento alemán, a pesar de que el Tercer Reich estaba en fase agónica.

También, a pesar de ser aliados, sir Winston Churchill, primer ministro inglés, y Franklin D. Roossevelt, presidente de los Estados Unidos, desconfiaban de Josef Stalin, el líder de la Unión Soviética.

El Ejército Rojo avanzaba sin encontrar resistencia, por lo que Churchill y el mariscal Harris decidieron dar una demostración de fuerza, para que vieran de lo que era capaz un ejército en plena forma, según el sitio La aventura de la historia, del diario El Mundo.

“Dresde, la sétima ciudad más grande de Alemania y de un tamaño no muy inferior al de Manchester, es también la población enemiga más grande que queda sin bombardear (…). De rebote, se logrará mostrar a los rusos, cuando lleguen, de lo que es capaz el Mando de Bombarderos británico”, se lee en un memo de la RAF de enero de 1945.

Tormenta de fuego

Aquel 13 de febrero de 1945 era un martes de carnaval, por eso había bastante gente en las calles de Dresde.

La noche se vio interrumpida por la incursión de ocho bombarderos Mosquitos, que se encargaron de señalar con bengalas el marco de acción de los 244 bombarderos que los seguían.

A las 8:14, el infierno cayó del cielo en forma de 525 toneladas de bombas explosivas y 350 toneladas de bombas incendiarias. Ese ataque duró solo 120 segundos.

Los aviones de EE. UU. finalizaron la tarea de los ingleses con dos bombardeos diurnos. | FOTO: ARCHIVO
Los aviones de EE. UU. finalizaron la tarea de los ingleses con dos bombardeos diurnos. | FOTO: ARCHIVO

Se escogió el estadio de fútbol como punto central de los dos ejes convergentes, una especie de “V”; así, el fuego se cerraría, arrasando todo lo quedara en el interior.

Cuando los cuerpos de socorro se apuraban para rescatar sobrevivientes y los bomberos trataban de apagar los incendios, llegó el segundo ataque.

“A la 1:30 de la madrugada del 14 de febrero, miércoles de ceniza, llegó la segunda avalancha de bombarderos: 524 aparatos que lanzaron 1.765 toneladas de bombas (964 rompedoras y 801 incendiarias)”, escribe el historiador Solar en La caída de los dioses.

Esta vez, a diferencia del primero, no hubo aviso de sirenas: la falta de electricidad lo impidió.

“Cuando llegó el día se calculó que el antiguo casco había sido destruido en más de un 75%; su entorno, entre el 25 y el 75%”, añade Solar.

Sin embargo, el castigo estaba lejos de acabarse: antes del mediodía de aquel San Valentín, cuando muchos sobrevivientes buscaban como escapar, 311 B-17 estadounidenses lanzaron 800 toneladas de bombas.

En El drama de Dresde –documental premiado con un Emmy en el 2005– se cuenta cómo los pilotos estadounidenses se preguntaban el porqué arrasar una ciudad arrasada.

La ciudad era una tumba abierta, en la que milagrosamente se mantenía de pie la Frauenkirche, una iglesia protestante barroca en la que tocó Johan Sebastian Strauss.

Se derrumbó el 15 de febrero: su torre de 95 metros de altura no resistió el cuarto bombardeo, realizado poco después del mediodía, por 210 aviones de la Fuerza Aérea estadounidense, que lanzaron las últimas 400 toneladas de bombas.

La reconstrucción de la Frauenkirchen solo empezó en 1994, luego de la caída del Muro de Berlín. Las obras concluyeron en el 2005, justo para conmemorar el 60 aniversario de los ataques.

Destrucción

Nunca se sabrá el número exacto de muertos.

En los primeros años se llegó a hablar de 350.000; con el paso del tiempo y de acuerdo con las investigaciones históricas más rigurosas, se fijó en 35.000 la cifra.

“Cada año, se baja el número de muertos. La cifra de 35.000 es inaceptable para mí”, se lamenta Leandro Karoly en El drama de Dresde.

Para el momento de los ataques, Dresde tenía una población de 640.000 habitantes; sin embargo, estaba repleta de refugiados, la inmensa mayoría sin registro.

También se calcula que las temperaturas debido a los ataques nocturnos alcanzaron los 1.000 grados centígrados, suficientes para reducir a cenizas un cuerpo.

Además, cientos y cientos de cadáveres se apiñaban en rejillas metálicas y eran cremados con lanzallamas. Se necesitaron dos semanas para esa penosa tarea.

“Todos sufrimos con la guerra. Inglaterra también sufrió mucho con los bombardeos alemanes”, reflexionó Helmut Camphausen, sobreviviente del espanto.

Necesario o no, el bombardeo de Dresde castigó a la población civil de una forma cruel: un parlamentario inglés no dudó, entonces, en calificarlo como el peor crimen de guerra cometido jamás por Inglaterra.

Donald Nielsen, piloto estadounidense que participó en los bombardeos sabe muy bien lo que siente: “Todos los días le pido perdón a Dios”.

FUENTE:

https://www.nacion.com/el-mundo/terrorismo/bombardeo-de-dresde-el-crimen-de-los-buenos/7RBHO26URRHUDLCTGERWBJ6GII/story/

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 La «Operación Trueno»

El jefe del Comando de Bombardeo de la RAF era el mariscal del Aire Arthur T. Harris,  que en la noche del 13 de febrero de 1945 iba a lanzar un ataque contra Dresde, el cual sería el primero de una larga serie de incursiones sobre las principales ciudades del Este alemán, destinadas a dar el golpe final a la moral germana. A Harris se le atribuye la invención de los tristemente célebres ‘raids millenium’, oleadas de mil bombarderos que durante días y noches arrasaron las ciudades alemanas.

 

La «Operación Trueno», nombre clave de todos los bombardeos, era otro paso que daba el Gobierno británico en su proyecto de bombardear zona por zona, lo cual, según el parecer de Harris, era el mejor modo de terminar la guerra. Al mariscal Harris se le conocía como «Bombardero» Harris, mote que no le desagradaba, y algunos periódicos llegaban incluso a llamarle «Carnicero Harris», sin que él se diera por aludido. Pensaba que ése era su trabajo, acabar con la producción bélica alemana, y para ello tenía que destruir ciudades y matar gente, aunque no fueran esos sus deseos. Su forma de ser, y su agresiva manera de disponer el bombardeo de las ciudades, le hicieron antipático para algunos, pero también esto contribuyo a que fuera más apreciado entre sus hombres, ya que luchaba lo más enérgicamente posible para el equipo que tenía, mientras procuraba emplear los métodos más seguros en la realización de los bombardeos. Los antecedentes de la «Operación Trueno» fueron largos y complejos.

 

Dos meses después del día D, sir Charles Portal, jefe del Estado Mayor Aéreo, sugirió que en el momento en que Alemania se aproximase a su derrumbe militar, se lanzasen una serie de duras incursiones aéreas contra los centros alemanes de población, a fin de apresurar la rendición total. El Comité Conjunto de Inteligencia, integrado por un grupo de expertos británicos, no se mostró entusiasmado con la «Operación Trueno», ya que no era probable «que obtuviese un éxito aceptable».

 

Por otra parte, el general H. H. Arnold, jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, se hallaba en principio contra tales bombardeos, y el Departamento de Guerra Psicológica de Eisenhower llegó a calificarlos como actos de terrorismo. Por consiguiente, la «Operación Trueno» fue archivada hasta diez días después de la gran ofensiva soviética del 12 de enero de 1945, en que el director de la sección de Operaciones de Bombardeo sugirió al ayudante de sir Charles Portal, Norman Bottomley: «Si el ataque se lanza en el momento en que la ofensiva rusa sigue en todo su vigor, ello dará la impresión de que existe un plan coordinado entre los rusos y nosotros».

 

Con objeto de revalorizar la «Operación Trueno», según este razonamiento, el Comité Conjunto de Inteligencia informó que una serie de bombardeos durante cuatro días, con sus noches, probablemente provocaría un éxodo de las ciudades alemanas, «lo cual crearía una gran confusión, impediría el movimiento ordenado de las tropas y obstaculizaría el mecanismo militar y administrativo alemán». Por otra parte, «ayudaría a los rusos en la trascendental batalla que se estaba desarrollando en el Frente Oriental, y justificaría que temporalmente no se realizasen ataques contra centros de comunicación u otros blancos que no fuesen refinerías o depósitos de combustible». Además, la operación seguramente tendría «valor político, al demostrar a los rusos, de la forma que mejor nos es posible, el deseo que tenemos los británicos y americanos de ayudarles en la batalla que se está desarrollando».

 

El 25 de enero, Bottomley llamó por teléfono a Harris para tratar de hacer efectiva al fin la «Operación Trueno». –Ya he pensado en Berlín –contestó Harris, y sugirió que los otros centros podían ser Chemnitz, Leipzig y Dresde, tres ciudades que no sólo eran el albergue de los refugiados del Este, sino que eran también puntos clave de comunicación con el Frente Oriental.

 

Simultáneamente, Churchill hablaba de tales incursiones con sir Archibald Sinclair, secretario de Estado para la Aviación, y le preguntaba acerca de los planes que tenía la RAF para «castigar a los alemanes en su retirada de Breslau». No podía decirse que esto fuera una coincidencia, ya que Harris solía visitar con frecuencia a Churchill, con quien discutía las operaciones, habiéndole urgido a que se iniciase la «Operación Trueno». Al día siguiente Sinclair pasó la petición al Estado Mayor del Aire. Pero Portal, el autor de «Trueno» se hallaba poco entusiasmado en esos momentos con la operación, y en su informe hizo notar que los blancos petrolíferos tendrían prioridad, seguidos de las fábricas de aparatos de reacción y de los astilleros de submarinos. Una vez que esas tres actividades estuviesen bajo control, «dirigiremos todos nuestros esfuerzos contra Berlín, y también contra Dresde, Leipzig y Chemnitz».

 

Tal vez el repentino interés de Churchill en la «Operación Trueno» se debía a la conferencia que iba a celebrarse en Yalta poco después. Acaso estaba deseando demostrar a Stalin lo valiosas que las fuerzas aéreas aliadas podían resultar para ayudar a la ofensiva soviética. Así pues, Harris recibió la orden de atacar ciudades tales como Berlín, Dresde y Chemnitz lo más pronto posible. El ayudante de Harris, mariscal del Aire sir Robert Saundby, tenía algunas discrepancias al respecto, ya que no veía la razón de incluir a Dresde en el ataque, pues consideraba que la ciudad no tenía importancia, pues aunque fuese un centro ferroviario importante, no era un gran núcleo industrial, ni se empleaba en movimientos de tropas en gran escala. En consecuencia, pidió al ministro del Aire que excluyese a Dresde como blanco de la operación. Al cabo de unos días recibió la confirmación de que Dresde debería ser bombardeada. En la mañana del 13 de febrero de 1945, se informó que las condiciones climatológicas eran favorables, y poco antes de las nueve de la mañana, Harris ordenó que el grupo número 5 atacase a Dresde aquella misma noche, tras lo cual seguiría un segundo bombardeo que llevaría a cabo una fuerza combinada integrada por cuatro grupos.

 

En horas tempranas de la madrugada, las «Fortalezas Volantes» americanas atacarían la ciudad por tercera vez. Hacia el mediodía, sin embargo, los meteorólogos informaron que las condiciones atmosféricas habían cambiado. Las nubes se extendían por todo el centro de Europa, y el cielo no aparecería despejado sobre el blanco hasta las diez de la noche. Para Harris, ésta no era una razón suficiente para postergar el ataque, y aquella tarde el comandante Maurice A. Smith, jefe de la primera ola de ataque, solicitó órdenes de vuelo a la sección de Inteligencia de la 54.a base de Coningsby. Su peligrosa misión consistiría en permanecer sobre el blanco, a baja altura, dirigiendo el bombardeo. Pilotaría un «Mosquito», rápido aparato biplano de armazón de madera, que resultaba seguro a las elevadas altitudes por las que solía volar, pero peligroso a baja altura, a causa de carecer casi por completo de elementos protectores. Se ordenó a Smith que concentrase el ataque sobre los centros ferroviarios de comunicación de Altstadt (ciudad antigua) de Dresde, famosa por sus hermosos edificios y monumentos. Los primeros aparatos que alcanzasen Dresde serían dos escuadrillas de bombarderos «Lancaster». A las 22:04 lanzarían bengalas verdes en paracaídas, con el fin de señalar la situación de la ciudad. Seguirían luego ocho «Mosquitos», que guiados por las bengalas verdes lanzarían bombas rojas de situación en el Estadio deportivo, que se hallaba justamente a la derecha del blanco principal: el nudo ferroviario. Por fin, a la Hora Cero –las 22:15–, la fuerza principal se presentaría para bombardear el objetivo señalado con luz roja.

 

Poco antes de las 5:30 de la tarde despegaron los ocho aparatos «Mosquito», cuyos pilotos recibieron la extraña orden de evitar a toda costa un aterrizaje forzoso al Este de Dresde. En lugar de ello, deberían poner rumbo al oeste, aterrizando en territorio enemigo, a fin de que el nuevo equipo electrónico no cayese en manos de sus aliados, los rusos. Algunos minutos más tarde, el primero de los 244 «Lancaster» comenzó a despegar del aeródromo del Grupo Nº 5, y hacia las 18:00 horas, todos los bombarderos estaban en el aire. A las 19:57 el comandante Smith, bombardero principal, abandonó Coningsby en su «Mosquito». Después de cerca de una hora de vuelo, comenzó a soplar un duro viento del Oeste, y ello le permitió reunirse con los otros ocho «Mosquitos», que habían seguido una ruta indirecta. A más de 5.000 metros de altura sobre Alemania Occidental, los nueve aparatos fueron empujados por un viento de cola de 85 nudos. A las 21:49 los navegantes vieron la primera señal en el «Loran», el aparato electrónico construido por los norteamericanos, que les guiaría directamente hasta el primer blanco. Ocho minutos más tarde deberían lanzar los primeros aviones las bengalas verdes. A las 22 horas apareció al fin la segunda señal, y el navegante de Smith localizó su situación a quince millas al sur de Chemnitz. Los nueve aparatos «Mosquito» viraron hacia el Noroeste, buscando las bengalas verdes lanzadas por los anteriores aparatos cuatro minutos antes.

 

Aunque Dresde no era una ciudad abierta, sólo había experimentado dos ataques aéreos de pequeña importancia, uno el 7 de octubre de 1944, cuando treinta bombarderos de los Estados Unidos atacaron sus nudos ferroviarios, matando a 435 personas. El otro bombardeo se produjo el 16 de enero de 1945, y en tal ocasión 133 aviones Liberator bombardearon el mismo blanco, y dieron muerte a 376 personas. Posteriormente se produjeron algunas alarmas aéreas, pero como todas resultaron falsas, en la ciudad se tuvo la convicción de que se había hecho un convenio secreto con los Aliados: si los alemanes no atacaban Oxford, los Aliados tampoco lo harían con Dresde. Después de todo, la ciudad poseía escaso valor militar, y sus numerosos museos, iglesias y otros edificios de estilo barroco, estaban reconocidos como un tesoro arquitectónico.

 

Así pues, los 630.000 habitantes de la ciudad, no tenían motivos para pensar en un ataque aéreo a su ciudad y a pesar de los desastres del Frente Oriental, Dresde tenía casi un aire festivo en aquella noche del 13 de febrero. Ello se debía a que era un martes Fasching, una de las fiestas favoritas de los alemanes, en que los niños se vestían –como lo estaban en aquel momento– con alegres ropajes de carnaval. Por consiguiente, hubo poca inquietud cuando se dejó oír la primera alarma aérea –el «cuco»–, hacia las diez de la noche. Pocos imaginaban que se trataba de una incursión devastadora contra la ciudad. Esta sensación de seguridad de los ciudadanos se extendió a los centenares de miles de refugiados procedentes del Este, así como a los que procedían de Berlín y de Alemania Occidental. Las salas de espera de los ferrocarriles se hallaban abarrotadas de estas gentes y de sus pertenencias. Los edificios públicos, igualmente, estaban atestados de catres y camas en los que dormían los refugiados durante la emergencia. El flujo humano era tan grande que hubo que habilitar el extenso parque de Grosser Garten con tiendas de campaña y chozas para unas 200.000 personas.

 

En la estación de ferrocarril casi no había cabida para más trenes, a consecuencia de todos los que habían llegado del Este, y al mismo tiempo, las carreteras procedentes del frente seguían enviando riadas de refugiados a pie, en carretas, coches y camiones. La ciudad crecía en población por momentos, y se calcula que al producirse el bombardeo había 1.300.000 seres humanos en Dresde.

 

El sistema defensivo contra los ataques aéreos en Dresde era sumamente deficiente. Los cañones antiaéreos que aparecían montados amenazadoramente en las colinas que rodeaban la ciudad, eran en realidad de cartón piedra, pues los verdaderos habían sido enviados a los frentes oriental y occidental, y sólo quedaban sus firmes bases de hormigón.  La 1ª División de Combate alemana situada en Klotszche, a unos pocos kilómetros al norte de Dresde, se preparó para defender la ciudad, pero como los germanos no sabían adónde debían enviar sus cazas, tuvieron que esperar hasta que se dijera algo en concreto. Sólo cuando los 244 «Lancaster» pasaron sobre Leipzig y pusieron rumbo a Dresde, los defensores supieron a qué atenerse, y no fue hasta las 21:55 que la Primera División de combate recibió órdenes de hacer despegar su escuadrilla de cazas nocturnos. Pero cuando estos aparatos estuvieron en el aire, ya era demasiado tarde, pues los primeros aviones ingleses habían lanzado ya sus bengalas verdes. Smith se estaba acercando a Dresde, y se puso en contacto por radio con el jefe de aviones de vanguardia, preguntándole si podía ver ya las bengalas verdes, a lo que le contestó afirmativamente. A 250 metros de altitud el jefe de vanguardia abrió las compuertas del aparato y su bomba indicadora de blanco, que pesaba media tonelada, salió despedida, dejando un vivo rastro rojo en su descenso. Eran casi las 22:07, y faltaban ocho minutos para la hora cero. Los otros aparatos «Mosquito» comenzaron a lanzar sus bombas indicadoras donde había caído la primera. A las 22:09, el locutor de una emisora de Dresde exclamó:

 

–Achtung, Achtung, Achtung! ¡Se avecina un ataque aéreo! ¡Vayan a los refugios en seguida!

Los ciudadanos hicieron lo que les ordenaban, pero de mala gana, ya que la mayoría dudaba incluso de que se tratase de una incursión real. En la ciudad antigua se procedió a apagar todas las luces. Como la ciudad se hallaba evidentemente indefensa, Smith ordenó a los bombarderos que descendiesen más bajo de lo previsto. Poco después la ciudad antigua se estremecía bajo el impacto de potentes bombas explosivas, a las que seguirían las bombas incendiarias.

 

A las 22:21, el bombardero principal Smith vio la ciudad envuelta en llamas. Llamó entonces a uno de los «Lancaster» y le ordenó que enviase el siguiente mensaje por radio a Inglaterra: «Objetivo atacado con éxito». La segunda oleada, integrada por 529 «Lancaster», o sea, más del doble de la primera, se hallaba ya en camino. Cuando las dotaciones de los aparatos supieron su objetivo, cundió la preocupación, ya que era un vuelo muy largo que llegaba casi al límite del radio de acción de los aviones «Lancaster». Luego el cielo se aclaró repentinamente, y las baterías germanas abatieron tres «Lancaster». En aquel momento ya se podían divisar las señales luminosas para la segunda oleada de aviones, pero cuando el jefe de estos bombarderos llegó sobre el objetivo, a la 1:28 de la madrugada, la ciudad antigua se hallaba convertida en una hoguera. Se había producido en aquel momento una tormenta semejante a la de Hamburgo. Era un fenómeno meteorológico causado al elevarse la temperatura ambiente a unos 5.000ºC., como consecuencia de varios grandes incendios simultáneos. Este enorme calor provocaba una succión de aire frío hacia el centro del fuego, originándose un viento de gran violencia. El resultado era un infierno rugiente. El jefe de bombarderos de la segunda oleada se decidió a actuar sobre las zonas que no había alcanzado la primera oleada. Emitió el mensaje correspondiente a sus aparatos, y pocos minutos más tarde comenzaron a caer las bombas. A diferencia del primer ataque, se emplearon bombas demoledoras para extender los incendios. Luego se lanzaron 650.000 bombas incendiarias con lo que el fuego se extendió con increíble violencia por toda la ciudad. El espectáculo era estremecedor con las calles envueltas en llamas.

 

A las 4:40 de la madrugada las dotaciones de la Octava Fuerza Aérea de Estados Unidos recibieron la orden de atacar sus dos objetivos principales: Dresde y Chemnitz. La 1ª División Aérea debería atacar Dresde. 450 fortalezas volantes iban a bombardear algunos cuarteles y la estación de ferrocarril de Neustadt, situada en la orilla norte del Elba. Los navegantes recibieron instrucciones de seguir el rumbo hasta la ciudad de Torgau, y luego remontar el curso del Elba durante unos setenta kilómetros. La próxima ciudad importante que hallasen sería Dresde. Las dotaciones estaban prestas en sus aparatos a las 6:40 de la mañana, pero llegó una orden de esperar, y la primera fortaleza volante no despegó hasta las ocho de la mañana. A la oleada de bombarderos se unieron 288 «Mustang P-51». La mitad de los cazas debería permanecer con los bombarderos para evitar los ataques de la Luftwaffe; en tanto que los demás colaborarían en la destrucción de la ciudad. El grupo 457 dio dos pasadas más, sin hallar una abertura en las nubes inferiores. Por fin, en la cuarta pasada, hallaron un claro. Debajo, seguían elevándose las llamas de los incendios producidos en los dos primeros ataques. Nubes pardas y rojizas se extendían hacia Praga, esparciendo restos ennegrecidos a muchos kilómetros de distancia.

 

El famoso teatro de la Ópera, donde por vez primera se había puesto en escena Tannhaüser, estaba convertido en una fulgurante antorcha. El palacio Zwinger, uno de los más hermosos ejemplos de arquitectura barroca, no era más que una ruina humeante, lo mismo que el castillo y el Hofkirche. El Kreuzkirche, con su cúpula envuelta en humo, aparecía milagrosamente intacto. La Lindenauplatz estaba sembrada de cadáveres, los vestidos de los cuales aparecían quemados o habían volado con las explosiones. Varios centenares de personas aparecían ahogadas en una charca no muy profunda. En el parque Grosser Garten los árboles más robustos habían sido arrancados de cuajo. Otros estaban desgajados o cortados limpiamente en dos. La hierba aparecía cubierta de cuerpos. Esparcidos entre la gente se veían también los cuerpos de los animales del zoológico.

 

Al no existir comunicación entre Dresde y las demás ciudades, los detalles de la catástrofe no llegaron a Berlín hasta las últimas horas del día. Un informe oficial previo estableció que por lo menos cien mil personas –muchas más probablemente– habían perecido en las dos incursiones aéreas sucesivas y que una de las ciudades más antiguas y queridas del Reich había quedado totalmente destruida. Los ingleses se enteraron de lo ocurrido en Dresde hacia las 18 horas, cuando los boletines radiados anunciaron que se trataba de uno de los grandes ataques proyectados por Roosevelt y Churchill en Yalta.

 

«Nuestros pilotos declaran que hubo escaso fuego antiaéreo, por lo que pudieron hacer las incursiones sobre los blancos sin gran peligro, informó el locutor. En el centro de la ciudad se llevó acabo un ataque de gran eficacia».ARRIBA

 Epílogo.

En la noche del 13 de febrero de 1945 comenzó uno de los peores ataques aéreos de la II Guerra Mundial. Todo el centro de la ciudad de Dresde, así como los barrios adyacentes fueron destruidos totalmente por los bombarderos de las Fuerzas Aéreas Americana y Británica.

 

Mientras las fuerzas angloamericanas arrojaron sobre Alemania casi 2.000.000 de toneladas de bombas, sobre Inglaterra cayeron, incluyendo las armas “V”, poco menos de 75.000 toneladas. Estas cifras reflejan claramente la enorme desproporción de fuerza y violencia con que fueron golpeadas las poblaciones germanas. El objetivo de la estrategia de bombardeo masivo, llevada a su máxima expresión por Sir Arthur Harris, era destruir la moral de la población. En Londres se sabía que estos bombardeos no cumplían su objetivo, pero a pesar de ello, se siguió castigando a la población civil.

 

Una pregunta que surge, es lo que habría ocurrido si el poderío anglo-estadounidense hubiese actuado desde el principio contra objetivos militares, fábricas y redes de transporte. Historiadores y estrategas coinciden en que la guerra hubiera terminado un año antes, y que las tropas aliadas hubieran podido ocupar la totalidad de Alemania y el resto de Europa Oriental. Pero el hecho de que los aliados occidentales mantuvieran la idea de que la guerra finalizaría mediante bombardeos masivos sobre civiles indefensos, no sólo retrasó el fin del conflicto, sino que también permitió que la URSS se adueñara de todo el Este de Europa originando así un problema político-militar de proyección mundial y de efectos completamente negativos para los países que se vieron sometidos a la brutalidad, a la falta de libertad, a la violencia, a los crímenes y a la miseria bajo la terrible dictadura del terror impuesta por Stalin, bajo la bota del Ejército Rojo y del comunismo.

 

ARRIBA

 Frauenkirche, la iglesia barroca de Nuestra Señora.
Frauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora) una vez desalojados los escombros para proceder a su reconstrucción.
Durante 200 años marcó la iglesia barroca de Nuestra Señora, con su cúpula en forma de campana, la maravillosa silueta de la ciudad artística de Dresde. Construida entre los años 1726 al 1743 con el apoyo de donaciones obtenidas de los ciudadanos, los dresdenses la querían de una manera especial, no sólo por ser una maravilla arquitectónica sino también por ser un símbolo de la creencia, de la fuerza y de la unión. La grandeza del conjunto cultural y artístico de la ciudad a orillas del Elba, y con la famosa iglesia Frauenkirche, se hundieron entre los escombros. El aspecto espantoso de las ruinas quemadas y la destruida iglesia se convertiría en lugar para la devoción y la exhortación. Los escombros de esa joya del barroco tardío, se convirtieron en los años de la desaparecida República Democrática Alemana en símbolo de guerra.

 

Tras el derrumbamiento del régimen comunista y la reunificación de Alemania en 1990, se puso en marcha una iniciativa ciudadana para reconstruir la Frauenkirche. Las obras se iniciaron en mayo de 1994 y se recuperaron 8.400 piedras ennegrecidas por el fuego, las cuales se midieron, catalogaron y almacenaron. Mediante un programa informático SIG diseñado a medida en gran parte con este fin, se pudo seguir la pista de muchas de estas piedras recuperadas encontrando el lugar original que ocuparon en su momento. De ese modo se rescataron de los escombros 8.400 piedras o trozos de ellas, y de éstas se incorporaron 3.539 a la fachada exterior.

 

Los 180 millones de euros que costó la reconstrucción procedieron en dos tercios de donativos de todo el mundo y los 60 millones restantes los aportaron el Gobierno Federal alemán, el Estado Libre de Sajonia y el Ayuntamiento de Dresde. Medio millón de euros costó la cúpula y los donaron en el Reino Unido, el país de donde procedían los bombardeos que asolaron la ciudad. La cruz dorada que corona a más de 90 metros de altura la cúpula, fue obra de Alan Schmidt, un artista de Londres y que su padre iba en unos de los aviones que bombardearon Dresde. No fue éste el único símbolo de la reconciliación entre los pueblos. La cruz de clavos del altar procede de la catedral de la ciudad de Coventry (Reino Unido), destruida por las bombas alemanas en 1940.

 

Coincidiendo con los 60 años del bombardeo, el 13 de febrero de 2005 se inauguró por último el interior de la Frauenkirche en una ceremonia silenciosa. Reabrió sus puertas el 30 de mayo de 2005 con una solemne ceremonia a la que asistieron 1.700 invitados, y otras 50.000 personas que se congregaron fuera del templo.

 

La reconstrucción duró algo más de 11 años. El 30 de octubre de 2005 se volvió a consagrar la iglesia y con ello se le dio su futuro destino como casa del Señor. (fotografía)

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http://www.generalisimofranco.com/historia/dresde.htm

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la verdad nos hace libres

La razón y la vida. JULIAN MARIAS

Julian Marías: La libertad

Julian Marías La verdad

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Olympia 1936

olympia

 

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olimpiada de Berlin, comentarios ligeramente antialemanes

Los Juegos Olímpicos Berlin 1936 – Documental – (TVE )

 

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NOTA de europa89: El comentarista de “Europa y el euro”, comete un error al afirmar que la delegación deportiva de Francia desfiló en la Olimpiada de Berlín haciendo el “saludo fascista”. Evidentemente, una representación oficial de la Francia gobernada por el Frente Popular de León Blum (judío, como dato añadido) no parece coherente que saludara… a Adolf Hitler con el saludo “fascista”.  Al parecer, lo que aquí es llamado saludo fascista es, en el caso de la Olimpiada, el saludo olímpico, el cual es parecido al llamado saludo romano, es decir el saludo con el brazo en alto. En España fue llamado saludo ibérico y es el mismo saludo romano, utilizado por Falange Española.

 

Saludo Nazi en los juegos Olimpicos Londres 2012?

Londres, 18 jul (dpa) – El brazo derecho extendido en alto se identifica hoy en día como el saludo nazi, pero fue utilizado en el pasado con distintos significados.

En 1926 el partido de Adolf Hitler, el NSDAP, lo introdujo entre sus miembros como una de las señales de identidad del culto al líder, y a partir de 1933, cuando el dictador llegó al poder, se impuso como el “saludo alemán” obligatorio a todos los ciudadanos acompañado de la expresión “Heil Hitler” (Salve, Hitler).

Los historiadores creen que los nacionalsocialistas tomaron el gesto de los fascistas italianos, quienes llevaban ya años antes levantando el brazo como saludo, con el objetivo de trazar una continuidad entre su ideología y la tradición de la Antigua Roma.

Sin embargo, existen pocas representaciones del supuesto “Saluto Romano” en la Antigüedad, por lo que hay dudas de que estuviese realmente extendido como forma oficial de saludar. Algunos de los ejemplos se ven en el relieve de la columna de Trajano en Roma, del año 113 DC, en la que hay figuras que levantan el brazo con la palma hacia abajo.

En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, el gesto se usó como “saludo olímpico” por parte de los deportistas. Un cartel oficial de los juegos de París de 1924 muestra a los atletas con el brazo en alto con la bandera tricolor francesa detrás.

En Alemania este tipo de saludo está prohibido desde la derrota del nazismo por tratarse de un símbolo de “organizaciones anticonstitucionales”. El Código Penal prevé desde multas hasta penas de tres años de cárcel.

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FUENTE:

https://www.elpais.cr/2015/07/18/el-saludo-hitleriano-de-la-antigua-roma-hasta-la-propaganda-nazi/

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Era el saludo íbero, de aquí lo tomaron los romanos, y se convirtió en el saludo de los gladiadores del circo romano, con posterioridad se reconvirtió en el saludo olímpico y después en el saludo nazi.

https://sociedad.enfemenino.com/foro/es-ilegal-hacer-el-saludo-romano-fd1142154


 

Es el saludo al Sol, el saludo nazi, el saludo fascista y el saludo franquista, y sólo a líderes, es haciendo un angulo de 90 grados mostrando la palma, que también es de origen romano, como cuando saludaban a un superior diciendo; mi mano no va armada.

FUENTE:

https://www.3djuegos.com/foros/tema/14694136/0/saludo-nazi-en-la-inauguracion-de-los-juegos-olimpicos-de-londres-2012/


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