Una enfermera abortista de Bilbao se convierte en el Himalaya

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¿Dónde está el oro de los españoles?

Publicado el 4 jul. 2019

Breve recorrido histórico por el que ha atravesado el oro de los españoles desde principios del siglo XX hasta la actualidad, haciendo especial referencia al traslado de oro a la U.R.S.S. en 1936 y a la venta que en año 2007 hizo de la mitad de las reservas del oro de España el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

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La hora de los nombres de Europa / comentario en “El CATOBLEPAS”

En la revista digital  El Catoblepas •( número 35 • enero 2005 • página 22) se publica un comentario sobre el libro de Alberto Porlan Villaescusa “Los nombres de Europa”:

La hora de los nombres de Europa

Sigfrido Samet Letichevsky

En Europa los topónimos no se distribuyen al azar. Forman parte de estructuras que se repiten en lugares distantes y no son, fundamentalmente, consecuencia de migraciones. Son arcaicos (¿neolíticos?) y parecen relacionarse con la demarcación de territorios. Esas sorprendentes repeticiones fueron descubiertas por Alberto Porlan. Quizá sea aún más sorprendente el que nadie las hubiera visto antes

«Los grandes europeos de la historia, Erasmo, Dante, Shakespeare, Montaigne, Cervantes, Goethe y tantos otros, han ido creando una realidad de ideas y ficciones gracias a las cuales Europa tiene un patrimonio cultural que es su mejor aglutinante.» Mario Vargas Llosa*

«Las cajas españolas»

En el cine «Verdi» (de Madrid) están dando esta película que relata la difícil, complicada y riesgosa tarea de salvar, en plena guerra civil, el tesoro artístico español, transportándolo hasta Ginebra. Se desconocían los detalles del hecho y las abnegadas personas que lograron –casi un milagro– que todas las obras fueran y volvieran en perfectas condiciones y sin faltar ninguna. Es la historia del traslado del tesoro más valioso que jamás se haya realizado.

El relato es un documental, y al principio me sorprendió que se hubiera filmado tan completa y secuencialmente. Por supuesto, se trata de una película filmada en la actualidad, imitando los documentales de 1939.

Recién al salir del cine cogí la hoja informativa y me enteré de muchas cosas, entre ellas que la película fue dirigida por Alberto Porlan. El 25 de Mayo de 1999 me encontré con Alberto Porlan, autor de un libro recién publicado: Los nombres de Europa. Ese mismo día (fecha patria argentina) relaté a un cibercafé que reunía a unos 500 argentinos en todo el mundo, el evangelio (la «buena nueva») que acababa de conocer. Copio a continuación el e-mail de entonces, adelantando que no suscitó ningún comentario ni pregunta, cosa que después se repitió en ámbitos aún más amplios:

Los nombres de Europa 
Acabo de pasar casi dos horas charlando, café de por medio, con Alberto Porlan. Es novelista, poeta y filólogo. A fines de 1998 publico (Alianza Editorial/Fundación Juanelo Turriano) Los nombres de Europa.
Hasta ahora se creía que los toponímicos se distribuían al azar, que tienen contenido semántico y que las repeticiones se relacionan con migraciones. En 697 paginas, Porlan muestras que hay conjuntos de nombres –estructuras– que se repiten muchísimas veces en toda Europa, que no tienen significado (aunque con el uso hay un proceso de erosión fónica y de semantización). Desarrolló una metodología para identificar estructuras fonéticas y sus variaciones (que probablemente sea muy útil para estudios de genética lingüística). En el libro solo constan hechos (formales) y son analizados formalmente. Porlan tiene hipótesis históricas y causales, cuyo estudio deja para mas adelante.
Un solo ejemplo (de los centenares que figuran en el libro). Elementos geográficos en la desembocadura del río:

Ebro Tiber
Muntane Mentana
Montredons Monterotondo
Ermita del Angel S. Angelo
San Onofre Santo Onofrio
Guixo Guido
Mas Rey Maccarese
Mas Gorreta Malagrotta
Colomers Colonna
Bitem Vitinia
Freginals Fregene
Aldea Ardea
Ermita del Carme Campo di Carne

Lo sorprendente es que nadie lo haya observado antes. No todos los días aparece una obra de tanto valor (que probablemente tenga consecuencias importantes en lingüística, historia, geografía y psicología).
Sigfrido Samet, 25-5-1999

Seis años después

Alberto Porlan Villaescusa

Alberto Porlan Villaescusa

 

Después de ver la película, llamé por teléfono a Alberto Porlan y, sí, el autor de Los nombres de Europa y el director de Las cajas españolas, son la misma persona. Nació en Madrid en 1947, está casado y tiene dos hijos, es filólogo (discípulo de Rafael Lapesa), escribió novelas y poesía, ensayos y guiones para radio y televisión. Dedicó veinte años a investigar la estructura y la filología de la toponimia española. Seis años después, era un lapso razonable para reunirnos otra vez en el mismo Café de la Glorieta de Bilbao, para evaluar lo sucedido con una obra tan sorprendente a la que dedicó tanto esfuerzo. Me dijo, en resumen, que su obra no tuvo hasta entonces ni la trascendencia ni las consecuencias que yo esperaba, aunque los especialistas que conocieron su contenido, quedaron «perplejos». El objeto de este artículo es intentar explicar por qué sucedió esto, y, más aún, pedir a los filólogos que lean Los Nombres de Europa, lo analicen y lo critiquen.

Pero demos primero un vistazo panorámico al libro. La obra se divide en tres partes (ver el índice completo como Apéndice). En la primera describe lo que observó, su descubrimiento empírico. Ya en el Prólogo nos dice:

«Sobre el mismo asunto, este libro plantea una tesis radical: los topónimos europeos son resultado, en su abrumadora mayoría, de un sistema único y extremadamente arcaico de ordenación territorial del que ya se habría perdido la memoria a comienzos de la historia escrita. Lejos de constituir unidades absolutas, justificadas en origen por razones semánticas vigentes o “descoloridas”, los nombres son relativos: se encuentran ligados entre sí como elementos de un conjunto territorial unitario al que se yuxtaponen otros conjuntos organizados interiormente de manera semejante, al modo de las células de una piel.»

Nos dice en página 27:

«Es algo realmente extraordinario, algo para ponerse a meditar: los europeos, que hemos descifrado los jeroglíficos egipcios y la escritura cuneiforme, ignoramos lo que hay implícito en nuestros propios nombres. Y en esto hay pocas excepciones entre bárbaros y civilizados. No es que no podamos explicar qué significa Berlín, Londres, París o Madrid. Es que tampoco los viejos griegos sabían a ciencia cierta el motivo de que Atenas se llamara Atenas ni los romanos conocían el origen del nombre de Roma. Tuvieron que recurrir a mitos para explicarlo.»

Al Oeste de Bourges (Francia) hay una población llamada Saragosse, nombre muy similar a la Zaragoza española. Ahora bien, por Zaragoza pasa el río Ebro; por Saragosse el Yèvre (pág. 32). Se conocían dos naciones de íberos: los occidentales, que ocupaban Iberia, y los orientales, desde el Cáucaso. Lo más curioso es que ambos tenían como pueblos vecinos a los bybracos o berybracos (pág. 34).

«La toponimia europea –dice en pág. 38– ha sido demasiado estudiada desde perspectivas semantistas y migratoristas, pero demasiado poco desde el aspecto estrictamente formal.»

Otro ejemplo, similar al ya visto del Ebro y el Tíber, muestra la semejanza que hay entre los topónimos de los alrededores de Lausanne (cantón suizo de Vaud) y los de Lozana, en Asturias:

Asturias (España) Vaud (Suiza)
Lozana Lausanne
Libardón Yverdon
Sevares Siviriez
Arnicio Arnés
Pendás Penthaz
Zardón Chardonne
Bobia Vevey
Ercina Orzens
Melendreras Mollendruz
Bulnes Baulmes
San Román Romont
Cabranes Chavornay

Porlan llama concordancia dual a la que tiene lugar entre dos topónimos fijos de múltiples territorios, y atingente a cada uno de los elementos. Cuanto mayor es el número de las atingencias, más desconcertante resulta el pensar que la toponimia es un conjunto por completo asistemático (pág. 48). Y en pág. 74 dice:

«Parece preferible, entonces, renunciar a toda idea de parentesco étnico por migración entre los antiguos pobladores de territorios en los que se reconozcan los mismos nombres, y aplicarse al análisis de las concordancias toponímicas en sí mismas. Enfocando así el asunto, alcanzamos a vislumbrar el hecho de que, más allá de identidades o diferencias culturales, se repiten los mismos nombres o muy semejantes a lo ancho de todo el continente europeo. Y, sobre todo, lo hacen en el seno de un conjunto de relaciones de proximidad que configuran determinadas concordancias estables»:

En el capítulo 4 estudia los límites de la variabilidad, a cuyo modelo dedica la parte II. Las pérdidas labiales las expresa mediante 16 «cuños» que a su vez pueden generar múltiples variantes por oscilación o erosión. Del étimo proceden los cuños, hasta el completamente deslabializado o paraétimo (pág. 226). Y dice que «Esta congruencia entre nombres antiguos y modernos, esta sorprendente continuidad de los topónimos a lo largo del tiempo que se aprecia al aplicar sobre los nombres el modelo de reintegración fonológica que desarrollamos, no puede ser ignorada» (pág. 239).

La parte III está dedicada al Sistema de Ordenación: «El modelo de variabilidad toponímica que se ha propuesto en la segunda parte de esa obra –dice en pág. 451- es la llave para acceder a la comprensión del arcaico sistema de organización territorial que continúa vigente en nuestros mapas actuales. Pero antes conviene proveerse de una nueva herramienta metódica que nos facilitará el reconocimiento de las piezas o elementos que integran el conjunto sistemático, es decir, de sus cuños y órdenes.» Y desarrolla un estilo de representación oral de las estructuras, al que llama demótico.

Muchos creen que en el pasado remoto, Europa estaba recorrida por hordas que la sembraban de fundaciones con sus nombres. «Si en lugar de presuponer que las naciones dan nombre a sus lugares de asentamiento se argumenta que son los lugares los que dan nombre a las naciones, parece como si una nueva y cegadora luz lo iluminase todo.» Acerca de esto dice en el Epílogo: «Es fácil entender que sería muy sencillo tratar de rebatir todo esto denunciando casos de concordancia semejantes a los europeos entre dos o más nombres de Massachusetts, Australia, Cuba o cualquier otra zona de la que nos conste su nombramiento reciente.» (Pido perdón por decir aquí, una vez más, que en Europa las personas reciben nombres de ciudades, mientras que en América, las ciudades reciben nombres de personas.)

Dice luego que «Desde luego, la comprensión completa del sistema está todavía muy lejos. Tan sólo se ha demostrado que ciertos elementos toponímicos se relacionan sistemáticamente de modo correlativo y conclusivo en ámbitos territoriales reducidos, y que tanto esos elementos como su relación existían ya en épocas arcaicas. Pero esto no apunta sino a la existencia de un sistema y quizá a la primera fase de su análisis».

El hito de la Constitución Europea

También dice en el Epílogo:

«En todo, caso con las páginas anteriores creo haber manifestado la evidencia de un patrón toponomástico arcaico asociado a la geografía europea, y, probablemente, a la indoeuropea. Es decir, que los europeos nos movemos sobre un espacio organizado y demarcado por nuestros antecesores hace milenios, y que los nombres que utilizamos para designar a nuestros territorios son, con las modificaciones que se han expuesto, aproximadamente los mismos que los ancestros utilizaron para llevar a cabo sus demarcaciones originales.»

«El mayor interés de este presunto sistema o patrón radica en tres condiciones específicas: su extrema antigüedad, su índole civilizadora y su unidad por lo que respecta al continente europeo. Juntas las tres, revelan la existencia de un sustrato civilizador común para los pobladores de estas tierras, que se alinea junto al ya reconocido sustrato lingüístico común indoeuropeo.»

Estas ideas, como dice Porlan, se oponen al mezquino y engañoso nacionalismo. Creo que esto es muy cierto; sin embargo hay que destacar que aunque después del feudalismo los estados-nación, que dieron lugar al nacionalismo y a las guerras, también fortalecieron a cada país y crearon las condiciones para su futura unificación (así como en su momento los Estados unificaron los señoríos feudales). Las tendencias unitarias subyacentes se reflejan en «La Unión Europea del Káiser», ensayo de Niall Ferguson en ref. 3 (pág. 162). Y la 5ª Conclusión de ref. 4 dice:

«Sin embargo al mismo tiempo, junto al carácter aleatorio del proceso histórico, hay tendencias profundas (¿tal vez los atractores extraños de su movimiento caótico?) que conducen a situaciones análogas, aunque sucedan en circunstancias diferentes (se habría llegado a la Unión Europea con guerra o sin ella España habría desarrollado una economía abierta y un sistema democrático, mucho antes y sin guerra civil, como lo hizo finalmente).»

Y para Stefan Zweig (ref. 5, pág. 106), la idea de la unidad europea, continuando sus cauces históricos, cristaliza completamente con Erasmo de Rotterdam:

«Cierto que ya anteriormente algunos individuos aislados habían intentado una unificación de Europa, los césares romanos, Carlomagno, y más tarde había de hacerlo Napoleón, pero estos autócratas habían procurado reunir a los pueblos y a los Estados con la maza de la violencia; el puño del conquistador había destrozado los imperios más débiles para encadenarlos a los más fuertes. Pero en Erasmo –¡decisiva diferencia!–, Europa aparece como una idea moral como una exigencia espiritual perfectamente limpia de egoísmo; comienza con él aquel postulado de los Estados Unidos de Europa, todavía hoy no realizado, bajo el signo de una cultura y civilización comunes.»

Sigo creyendo en mi pronóstico de 1999: estos seis años han sido un período de latencia, que probablemente termine por obra del impulso espiritual inherente a la Constitución Europea. Los descubrimientos de Porlan ayudarán a fortalecer nuestra identificación con el pasado y el futuro de Europa. Pero sospecho que cuando se intente responder a las preguntas que plantea, (pues todo descubrimiento responde a preguntas, y a su vez plantea nuevas preguntas)surjan novedades importantes en lingüística y en los campos vecinos (Historia, Psicología, Filosofía Política, &c.).

Nos falta decir algunas palabras acerca del por qué del período de latencia.

«La validación de la deriva continental»

A mis doce años, mi madre me contó que, según un sabio alemán llamado Richard Wegener, alguna vez los continentes estuvieron unidos, pero luego se separaron: tienen movimiento. Por eso hay coincidencias, por ejemplo, entre los perfiles occidental de África y oriental de Sudamérica. Después supe que había además muchas otras razones, como la distribución de especies animales y vegetales, y la concordancia de estratos geológicos, que apoyan la teoría de la deriva continental. Sin embargo, esta teoría fue rechazada durante décadas. Jay Gould (ref. 2) nos dice en pág. 182:

«En el transcurso del período de rechazo casi universal, la evidencia directa a favor de la deriva continental –esto es, los datos recogidos de rocas puestas al descubierto en nuestros continentes– era tan buena como la que existe hoy en día. Era rechazada porque nadie había conseguido imaginar un mecanismo físico que permitiera a los continentes desplazarse a través de lo que parecía ser el sólido suelo oceánico. En ausencia de un mecanismo plausible, la idea de la deriva continental fue rechazada como algo absurdo.»

Y en la página siguiente dice:

«En mi opinión esta historia es representativa del progreso científico. Los datos nuevos recolectados por medios antiguos bajo las directrices de teorías antiguas, rara vez llevan a una revisión sustancial del pensamiento. Los hechos no «hablan por sí mismos»; son leídos a la luz de la teoría.» [bastardillas de S.S.]

Y finalmente, en pág. 188:

«Disponemos ahora de una ortodoxia nueva y movilista, considerada tan definitiva e irrefutable como el estaticismo al que reeemplazó. A su luz, los datos clásicos a favor de la deriva han sido exhumados y proclamados prueba definitiva. No obstante, esos datos no representaron papel alguno [bastardillas de S.S.] en la validación de la idea del movimiento de los continentes; la deriva triunfó tan solo cuando se convirtió en la consecuencia necesaria de otra teoría.» [la tectónica de placas.]

Tal vez suceda algo parecido con Los nombres de Europa. Y no por falta de información; la prensa publicó buenos resúmenes de la presentación del libro (por ejemplo, ref. 5). Los especialistas quedan perplejos… y nada más. Porque los «hechos» sólo son importantes en el marco de una teoría que los integre y explique. Y, como dice Porlan, «la comprensión completa del sistema está muy lejos», como sucedía, a pesar de los «hechos», con la deriva continental, hasta que se descubrió la tectónica de placas. ¿Cuál será la tectónica de placas de Los nombres de Europa?

Referencias

(1) Alberto Porlan Villaescusa, Los nombres de Europa, Alianza Editorial / Fundación Juanelo Turriano (1998).

(2) Stephen Jay Gould, Desde Darwin (1997), Hermann Blume Ediciones (1983).

(3) Niall Ferguson (dir.), Historia Virtual, Ed. Picador (1977), Ed. Taurus (1998).

(4) Sigfrido Samet, «Historia Virtual», El Catoblepas, nº 28.

(5) El País, «Cultura», 11 de diciembre de 1998.

(*) La cita de Vargas Llosa es de su artículo «Europa: ¿una bella idea?», El País,12 de diciembre de 2004.

Índice de Los nombres de Europa, de Alberto Porlan Villaescusa

Prólogo

I. Los nombres concordantes

§1. Generalidades. 1. Enigma e imaginación. 2. El zurrón de las maravillas. 3. Reconocer y evocar. 4. Un minucioso análisis del caos. 5. Discutiendo lo indiscutido.

§2. Las mañas de Proteo. 1. Concordancias desconcertantes. 2. La concordancia dual. 3. Los topónimos cristianizados. 4. La tensión semantizadora. 5. Zahoríes de la diferencia. 6. El nombre del nombrador. a) El nombrador fenicio. b) El nombrador vasco. c) El nombrador ibérico. 7. Renunciando al significado

§3. Tras la primera pista. 1. El ojo de la cerradura. 2. Cigüeñas y palomas. 3. Las variantes deslabializadas.

§4. Los dominios de variación. 1. Los dos grandes campos. a) Oscilación formal. b) Erosión estructural. 2. Límites de variabilidad. a) Límites de la oscilación formal. b) Límites de la erosión estructural. c) Límites de la erosión labial. d) Interacciones.

§5. La concordancia dual en cuatro países. 1. La concordancia dual en Gran Bretaña. 2. La concordancia dual en Alemania. 3. La concordancia dual en Chequia y en Eslovaquia .

Apéndice

II. El modelo de variabilidad

§6. Condiciones teóricas. 1. La vieja melodía. 2. Primeras preguntas. 3. Se ensancha el campo de variabilidad labial. 4. Robles y carvallos. 5. Tortugas, zorras, céspedes, santos… y robles. 6. Fijando ideas.

§7. Enunciados del modelo. 1. Condiciones básicas. 2. Panlabialismo original. Cuños del grupo central. El cuño IX. 3. Las estructuras permanecen. 4. Panlabialismo original. Los cuños centrales y superiores. 5. El paraétimo. 6. Alternativas paraétimas sobre arquetipos frecuentes del cuño XII. 7. El paraétimo como atingente propio de nombres antiguos. 8. Antiguos nombres ibéricos con estructura paraetímica.

§8. La concordancia propia del orden [¡¡¡] en Europa. 1. Una primera prueba: Arelate / Arles. 2. Generalización continental de la concordancia. 3. La excepción del modelo: resistencia labial en segunda posición. 4. Relación entre los órdenes. 5. La concordancia entre nombres no excepcionales.

§9. La correlatividad. El orden primero.

§10. Nombres del más allá. 1. El nombre de los dioses. 2. La espiritualidad territorial. 3. El nombre de los santos.

§11. Un caso de concordancia conclusiva: el orden [¡¡]. 1. Topónimos y dioses. 2. La concordancia en territorio francés. 3. La concordancia en Chequia. 4. Otros aspectos del elemento conclusivo. 5. Otros aspectos del elemento base.

III. El sistema de ordenación.

§12. La transcripción demótica.

§13. La segunda serie correlativa. La serie combinada 1. BAKABAMAZA. 2. BAKAMAZA. 3. KABAMAZA. 4. KAMAZA.

§14. Series y clases de órdenes. Las formas conclusivas del primer orden.

§15. La patria múltiple de los ambrones y el origen de los aborígenes.

§16. Las formas conclusivas de los tres primeros órdenes.

§17. Dos preguntas sobre las series concordantes. 1. Los órdenes posteriores de las series concordantes. 2. Las formas conclusivas de los cuartos órdenes. 3. Un arquetipo arcaico del quinto orden simple. 4. El quinto orden combinado y su atingente conclusivo.

§18. La tercera serie correlativa. La serie compuesta. 1. El primer orden compuesto y su forma conclusiva. 2. El segundo orden compuesto y su forma conclusiva. 3. El tercer orden compuesto y su forma conclusiva. 4. El cuarto orden compuesto y su forma conclusiva.

§19. La serie compuesta como generador toponímico en la edad antigua.

§20. La serie compuesta y los nombres de los pueblos antiguos. a) los mandubios, b) los menapios, c) los ambianos, d) los novantos, e) los dumnonos, f) los nanteses, g) los nantuanos, h) los nemetatos, i) los nemetos y los hermunduros, j) los vernomagos, k) los viromandos, l) los canonatos, m) los caninofatos, n) los camunnos, o) los orgenomescos, p) los trinobantos.

§21. La serie compuesta, y los nombres de los dioses antiguos.

§22. Las series subordinadas. 1. La serie subordinada simple. 2. La serie subordinada combinada. 3. La serie subordinada compuesta.

Epílogo.

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“Los nombres de los lugares no son algo caótico y asistemático”

ENTREVISTA:

ALBERTO PORLAN VILLAESCUSA, ESCRITOR: “Los nombres de los lugares no son algo caótico y asistemático”

Quince años de trabajo le han llevado a Alberto Porlan (Madrid, 1947) concentrar en 700 páginas una teoría llamada a poner patas arriba las versiones tradicionales sobre la historia antigua en el viejo continente. Los nombres de Europa es el título del recién editado estudio que, más que sesudo ensayo, se antoja juego apasionante. Por si fuera poco, el escritor ha regresado al verso con el poemario Perro, editado por Renacimiento. Pregunta. ¿Qué le indujo a acometer la tarea de cuestionar los nombres de las ciudades europeas? Respuesta. El punto de partida fue en cierta medida casual. Hay una errata en el Diccionario de símbolos de Cirlot, cuando habla de “las pinturas de Arce, Cádiz”. Como veraneo allí, pensé que estaría bien hacerle unas fotografías, pero la cueva no aparecía. Ocho años después descubrí que existía una errata, ya que el lugar al que aludía Cirlot se llamaba Arco. De pronto, con los mapas en el suelo, encontré una configuración muy peculiar que se correspondía exactamente con los datos que tenemos a partir de Avieno sobre Tartessos, todos los elementos que lo identifican. Y vi que esa configuración se repetía en el centro de Suiza, en la desembocadura del Ebro, en el sur de Inglaterra, en la desembocadura del Ródano… P. ¿Qué posibilidades hay de que ese hecho se deba a una casualidad? R. Estadísticamente, ninguna, o extremadamente remota. Para nosotros la toponimia es un universo caótico, asistemático. Y, en realidad, no es así. Trabajando sobre esas concordancias, comencé a profundizar y desarrollé un modelo de equivalencias: ciudades como Valencia, Valence, Valensole, Valonga, Valanjou o Beloncio están asociadas con elementos semejantes. Analizando la manera de articularlos, se explica el origen de los nombres que los romanos habían dado a los pueblos del norte. La fórmula general implicaba un mismo modelo: el de la prefijación. P. ¿Hasta qué punto es común el patrón? R. Por lo que yo he visto, desde las islas Británicas hasta Sicilia. Del cabo de San Vicente al extremo oriental de Polonia. P. ¿Va siendo hora de pensar que el mundo ha sido un pañuelo más pequeño de lo que pensamos? R. Yo me limito a lo que veo en los mapas, no me meto en esas cosas que lee uno de profesores de Oxford, que dicen que los fenicios llegaron a América en canoa. Este libro, honradamente, no contiene especulaciones. Ni siquiera me he metido en Rusia. Seguramente, el sistema sobrepase este ámbito: los indoeuropeos llegan hasta la India, y estoy convencido de que al menos en el norte las concordancias serán sorprendentes. Al fin y al cabo, seguimos andando en la red que tejieron nuestros taratabuelos, porque los nombres de los lugares están hechos para perdurar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de enero de 1999

FUENTE:


https://elpais.com/diario/1999/01/09/andalucia/915837748_850215.html

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La impactante teoría sobre el origen de los nombres de Europa

Presentada hace 20 años, un manto de silencio cayó sobre la hipótesis revolucionaria del investigador Alberto Porlán: ahora recibe un nuevo empuje

Fragmente de una inscripción ibérica de origen desconocido. (Museu Arqueològig de Sagunt)

A mediados de los ochenta, el escritor, filólogo e investigador Alberto Porlándescubrió por casualidad algo tremendamente turbador. Inició entonces una investigación de 15 años que acabaría por resultar potencialmente explosiva para el ‘statu quo’ de la historiografía antigua del viejo continente. Tan explosiva que, después de publicar sus conclusiones en un libro impactante de más de 700 páginas y 1.700 esquemas geográficos titulado ‘Los nombres de Europa’ (Alianza, 1999), un espeso manto de silencio cayó sobre su hipótesis. Nadie quería echar a perder las vetustas interpretaciones asentadas durante décadas, las ideas fijadas y esclerotizadas. Porlán siguió su camino, sus libros, sus versos, documentales premiados como ‘Las cajas españolas’ (2005) —sobre el traslado de las obras de arte durante la Guerra Civil española— y nuevas investigaciones como la que le llevó en 2015 a situar la mítica Tartessos en la bahía de Cádiz contra la opinión generalmente extendida que la sitúa en Sevilla. Y mientras tanto, su antigua y rompedora conjetura sobre los nombres de Europa no dejaba de rondar su cabeza hasta que, ahora, una nueva iniciativa promete darle un nuevo empuje. ¿En qué consiste?

Ocurrió al encontrarse por azar con un curioso topónimo sobre Tartessos. Porlán comenzó a rastrear la concordancia toponímica de Europa, desde las Islas Británicas hasta Sicilia, del cabo de San Vicente al extremo oriental de Polonia, desde Suiza a la desembocadura del Ebro, desde el sur de Inglaterra al Ródano. Y así, sumergido en diccionarios y mapas, se dio cuenta de que los nombres de las ciudades, los pueblos, los ríos y los montes del continente no eran producto del caos ni se distribuían al azar como pensábamos. No, obedecían a un patrón. Existió así hace miles de años un patrón territorial muy arcaico, un sistema primigenio de ordenación que ya había sido olvidado a la llegada de Roma y la escritura, un modelo repetido por toda Europa que nos habla de la presencia de una cultura común a todos los pueblos de Europa. Y así, los europeos que en el pasado nos obsesionamos con desentrañar el remoto jeroglífico o el intratable minoico, hemos permanecido ajenos a una verdad tan espectacular y que además nos esperaba a la vuelta de la esquina.

Han pasado 20 años desde la publicación de ‘Los nombres de Europa’. Ahora, Alberto Porlán vuelve a la carga con su teoría presentándola ante la Comisión Europea este mismo miércoles 19 de junio a las 19:00 en la Sala Europa del paseo de la Castellana de Madrid.

Alberto Porlán. (EFE)

Alberto Porlán Villaescusa

PREGUNTA. En 1999, su libro ‘Los nombres de Europa’ causó una conmoción entre filólogos e historiadores al defender que la toponimia europea, lejos de ser producto del capricho o del azar, era el resultado de un sistema primigenio de ordenación perdido en el tiempo que nos hablaba de una antiquísima unidad de los pueblos europeos. ¿Cómo llegó a aquellas conclusiones?

RESPUESTA. Quince años antes, había topado con un fenómeno que contradice la convención general sobre la toponimia europea. O sea, que los nombres de lugar son descriptivos y están repartidos aleatoriamente. Sucede que junto a nombres similares como Barcelona-Barcelonne, Zaragoza-Saragosse o Logroño-Lacoruña-Locarno-Luzerna, separados por grandes distancias, aparecen otros nombres similares a su vez entre sí. Las probabilidades de que esto se deba a la casualidad son exiguas. Y se reducen exponencialmente con cada nuevo caso. En cuanto a esa conmoción a que se refiere tras la aparición de mi libro en España, yo la llamaría más bien perplejidad.

P. Citaba muchos ejemplos en aquel libro.

R. Sí, citaba varios miles de casos y todos son efecto de la misma causa. Si quiere algún caso llamativo en España, puede comparar los de Marchena con Markina, Gijón con Xixona, Mutriku con Motril o con Madrid, Valencia con Palencia o con Pollensa, Sagunto con Sigüenza, Vic con Vigo, Vera de Almería con Bera de Bidasoa, Salamanca con Salamonde, Arganda con Artxanda, Aranda con Erandio o con Arunda, que fue la antigua Ronda. Ninguno de esos topónimos tiene un origen certificado. Pero es que también ignoramos por qué París, London o Madrid se llaman así. Ni siquiera sabemos la razón de que Atenas o Roma tengan esos nombres; tuvimos que apelar a una diosa y a dos hermanillos para justificarlos.

 

P. Cuándo habla de “unidad europea” en tiempos tan remotos, ¿a qué se refiere exactamente?

R. No me atrevería a tanto. De lo que hablo es de la existencia de un modelo generalizado de poblamiento que parece revelar la compartición de un ámbito cultural común. De una cultura antigua que no conocía ni convivía con otras culturas, posiblemente porque aún era la única. Aquellas gentes estaban desarrollando el idioma que hemos llamado indoeuropeo o indogermano, y si la existencia del sistema de poblamiento común es ratificada por otros investigadores, tendremos un indicio de que, además del idioma, compartimos ese hecho cultural. Sería una noción para sentarse a meditar sobre la unicidad de un pueblo que hoy se encuentra aparentemente fragmentado y cuyos miembros no se reconocen entre sí como lo que son: hermanos que visten camisas diferentes.

P. Y ahora vuelve a la carga con su hipótesis. ¿Por qué?

R. Verá: lo que ocurre es que se han cumplido 20 años de la aparición de ‘Los nombres de Europa’ sin que una sola institución cultural española se haya interesado en la hipótesis. Ni una. Solamente he podido exponerla en la Universidad Federal de Siberia, y no es una broma. Detesto el autobombo, pero semejante falta de curiosidad intelectual por parte de mis paisanos me produce vergüenza ajena, así que he decidido explicar el sistema de una forma más obvia y llamativa y presentarlo al juicio estimativo de la Comisión Europea.

 

P. Quisiera también preguntarle su opinión sobre dos informaciones arqueológicas recientes que han tenido mucho impacto en los medios. La primera sería el supuesto exterminio de todos los varones de la península Ibérica por pueblos del Caúcaso hace 4.500 años.

R. La propuesta suena absurdamente aventurada. Un exterminio total de los varones peninsulares resulta imposible e impensable. Por otra parte, habría implicado una discontinuidad cultural profundísima y simultánea que se reconocería fácilmente en los restos arqueológicos. Y me temo que seguíamos haciendo dólmenes después de esa fecha.

P. La segunda sería la reciente noticia de que la población del sur de España no está relacionada genéticamente con la norteafricana.

R. Esto sí resulta verosímil. A España vinieron musulmanes varones, guerreros que se unieron a mujeres autóctonas y engendraron hijos mestizos, los cuales volvieron a unirse con mujeres autóctonas y así sucesivamente. En los ocho siglos que permanecieron aquí (más de 30 generaciones), la genética invasora se había difundido en la autóctona como una gota de sangre en un barril de agua.

P. Tengo entendido que en una ocasión le tacharon de “europeísta furioso”. La Unión Europea vive quizás el momento más duro desde su fundación. Si la UE nos ha ofrecido paz, prosperidad y libertad como no había conocido el continente nunca… ¿por qué cuenta con tantos enemigos hoy?

R. No estoy seguro de que los enemigos sean tantos. Pero los que hay hacen mucho ruido y resultan un lastre prejuiciado por las viejas cuestiones del nacionalismo y de las patrias, que son nuestras rocas de Sísifo. La bandera que agitan los mal llamados euroescépticos está confeccionada con miedo. Miedo a perder la patria, a perder las raíces, a perder el campanario. Miedo al invasor, al inmigrante, a la imposición exterior, a la disolución de las esencias nacionales. Son temores tan antiguos como las catapultas. Pero en realidad solo son espantajos. Hace falta una mirada nueva, más larga y atrevida, para superarlos. Hace falta valor, alegría y empuje si queremos reconstruir Europa después del Brexit, que lamento, pero que tal vez sea útil en otros ámbitos del proceso unificador.

 

P. Hay quien señala la crisis como culpable del auge de las identidades y populismos que amenazan la UE, pero hay también una hipótesis de fondo interesante: a medida que las burocracias crecen para unir rangos más amplios de personas, las distancias entre los ciudadanos y los dirigentes aumentan. Hasta el punto de que el ciudadano no sabe nada de sus dirigentes y estos pueden actuar de forma más arbitraria. ¿Sería así el regreso del pernicioso Estado-nación una suerte de venganza de la historia?

R. El problema que padecemos es que la democracia representativa fue pensada en épocas en las que no existía aún la propaganda de masas. El propósito final era depositar el poder en las manos del mejor y más apto, y si contemplamos el panorama de los gobernantes actuales nadie diría que sean los mejores posibles. Cualquier norteamericano nativo puede ser presidente, pero el coste de las campañas reduce cómicamente el número de los elegibles. Por otra parte, los parlamentos son del tiempo de las diligencias e ignoran culposamente las posibilidades democráticas que ofrecen los medios de comunicación modernos. Necesitamos pasar a un grado más elevado y más fino de democracia, a una democracia más personalizada y gratificante para todos.

P. Y por otra parte, el encomiable proyecto ilustrado de unir a la humanidad olvidó, según la psicología evolutiva y las neurociencias actuales, algo esencial: la naturaleza humana se configuró tribalmente, cuando los seres humanos se juntan sin más como individuos, sin memoria, sin tradiciones, sin cosas que los unan y los enfrenten a otros, llegan la desazón y el resentimiento. ¿Cómo lograr así un gobierno global contra nosotros mismos?

R. La única salida exige un salto en las conciencias. Y eso requiere cambios en los individuos, cambios que debieran ser alentados y favorecidos por los medios de comunicación, lo contrario de lo que ocurre hoy en día. La solidaridad, la lucha contra el despilfarro, la contención consciente de nuestros deseos. Y, por encima de todo, la reversión del cambio climático, que es la causa global más urgente y que atañe a todos. Ojalá nos pusiéramos de acuerdo al menos en eso.

P. Además de investigador, es usted escritor y poeta. ¿Qué clásicos recomendaría a las nuevas generaciones europeas para luchar en el futuro por lo que nos une en lugar de por lo que nos separa?

R. Creo que padecemos un empacho de recomendaciones. Afortunadamente, los clásicos son unánimes en eso: tanto filósofos como músicos, poetas, pintores, novelistas o escultores cantan a lo que une y deploran lo que separa. La herencia de Albinoni, Goya, Stendhal, Sócrates, Tolstoi, Spinoza o Brancusi demuestra que, finalmente, la vida no es otra cosa que voluntad de unión.

En 1999 cayó en mis manos un libro titulado Los Nombres de Europa, publicado por el escritor y filólogo Alberto Porlán. Su lectura me dejó una profunda impresión y una extraña sensación de asombro que todavía hoy, más de 10 años después, no me puedo sacudir de encima. La razón está en la sorprendente teoría expuesta en el libro que, según confesaría más tarde su autor, dejó perplejos a muchos estudiosos y expertos filólogos e historiadores. En cualquier caso el libro no tuvo mucho éxito y hoy es dificil rastrearlo en internet. No obstante he encontrado una interesante entrevista en El País, concedida a Alejandro Luque en enero de 1999 y una reseña apasionada escrita por Sifgrido Samet Letichevsky en el número 35 de El Catoblepas, en enero de 2005. Por cierto que ésta reseña es muy interesante porque el señor Letichevsky contactó y se entrevistó directamente con Alberto Porlán antes de escribirla. A continuación entrelazaré fragmentos completos de esta reseña con la entrevista del País y mis propias impresiones.

La teoría principal de Los Nombres de Europa es que en nuestro continente los topónimos, los nombres de los pueblos, ciudades, ríos, montes, etc., no se distribuyen al azar, ni son fruto del capricho de los pobladores venidos de muy lejos a lo largo de los siglos. Al contrario, forman parte de un sistema primigenio de ordenación cuyo recuerdo se había perdido ya en los comienzos de la Historia escrita.

En 697 paginas, Porlan muestras que hay conjuntos de nombres –estructuras– que se repiten muchísimas veces en toda Europa, que no tienen significado (aunque con el uso hay un proceso de erosión fónica y de semantización). Desarrolló una metodología para identificar estructuras fonéticas y sus variaciones (que probablemente sea muy útil para estudios de genética lingüística). En el libro solo constan hechos (formales) y son analizados formalmente.

En el libro Porlán pone muchos ejemplos, tantos que abruman, y su constatación sobre un mapa es lo que hace que nos quedemos con la boca abierta de estupor. Un ejemplo de tantos es la semenjanza toponímica entre una zona concreta de Asturias y el cantón suizo de Vaud:

Asturias——-Vaud (Suiza)
Lozana———Lausanne
Libardón—— -Yverdon
Sevares——- -Siviriez
Arnicio——- -Arnés
Pendás——- -Penthaz
Zardón——- -Chardonne
Bobia——— Vevey
Ercina——- – Orzens
Melendreras– – Mollendruz
Bulnes——- -Baulmes
San Román—–Romont
Cabranes—— Chavornay

Es algo realmente extraordinario, algo para ponerse a meditar: los europeos, que hemos descifrado los jeroglíficos egipcios y la escritura cuneiforme, ignoramos lo que hay implícito en nuestros propios nombres. Y en esto hay pocas excepciones entre bárbaros y civilizados. No es que no podamos explicar qué significa Berlín, Londres, París o Madrid. Es que tampoco los viejos griegos sabían a ciencia cierta el motivo de que Atenas se llamara Atenas ni los romanos conocían el origen del nombre de Roma. Tuvieron que recurrir a mitos para explicarlo.

Esto es lo que nos dice Alberto Porlán al comienzo de su libro, en la página 27. Pero hay más, en la 34 encontramos:

Al Oeste de Bourges (Francia) hay una población llamada Saragosse, nombre muy similar a la Zaragoza española. Ahora bien, por Zaragoza pasa el río Ebro; por Saragosse el Yèvre (pág. 32). Se conocían dos naciones de íberos: los occidentales, que ocupaban Iberia, y los orientales, desde el Cáucaso. Lo más curioso es que ambos tenían como pueblos vecinos a los bybracos o berybracos

Así pues Porlán nos ofrece numerosos ejemplos de configuraciones toponímicas que se repiten una y otra vez en distintos lugares y países europeos. Extrañas coincidencias que se vuelven inquietantes cuando se las ve repetidas en un tercer lugar, luego en un cuarto, un quinto, «en la desembocadura del Ebro, en el sur de Inglaterra, en la desembocadura del Ródano…»

Yo me limito a lo que veo en los mapas, no me meto en esas cosas que lee uno de profesores de Oxford, que dicen que los fenicios llegaron a América en canoa. Este libro, honradamente, no contiene especulaciones. Ni siquiera me he metido en Rusia. Seguramente, el sistema sobrepase este ámbito: los indoeuropeos llegan hasta la India, y estoy convencido de que al menos en el norte las concordancias serán sorprendentes. Al fin y al cabo, seguimos andando en la red que tejieron nuestros taratabuelos, porque los nombres de los lugares están hechos para perdurar.

Y si uno se va a los mapas y los compara con los ejemplos ofrecidos en el libro comprueba que sí, que allí hay algo que hasta que llegó Alberto Porlán nadie había descubierto. Y entonces ya no se le olvida a uno nunca que vivimos en un mundo mucho más pequeño de lo que pensamos.

FUENTE:

Los nombres de Europa, el sistema olvidado

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Principales topónimos euskéricos de La Rioja

Principales topónimos euskéricos de La Rioja

Nota: En esta lista solamente se incluye una pequeña selección de términos, formada a partir de los topónimos más fácilmente traducibles a partir de la lengua vasca actual, lo cual significa sólo una parte de todos los de tipo euskérico que se detectan en la comunidad.

Existe gran cantidad de nombres pertenecientes también a esta lengua que no se estudiarán aquí, pues o bien se hallan fuertemente deformados, o bien pertenecen a estratos muy arcaicos de la lengua, y por tanto en ambos casos requieren de un análisis más minucioso, que se realizará en otro estudio al respecto.

Por otra parte, detrás de cada nombre oficial -y siempre que se trate de un topónimo inequívocamente euskérico-, irá entre paréntesis su transcripción según la ortografía del euskera actual.

Onomástica y Toponimia euskérika en La Rioja

Iñaki Gorostidi y aportaciones varias

ABALOS.
AGONCILLO.
AGUILAR DEL RIO ALHAMA
ALBELDA
ALBERITE
ALCANADRE
ALESANCO
ALFARO
ANGUCIANA
ANGUIANO
ARENZANA
ARNEDILLO
ARNEDO
AUSEJO
AUTOL
AZOFRA
BADARÁN
BAÑOS DE RIO TOBÍA
BAÑOS DE RIOJA
BERGASA
BERGASILLAS BAJERAS
BRIÑAS

BRIONES
c/ del Maestro D. Juan José Bergareche
Plazuela Ibarra

CALAHORRA
c/ Achútegui de Blas.

CANALES DE LA SIERRA
CAÑAS

CARDENAS
– Salamanchurri. Cerro donde juegan los niños, junto al pueblo.
– EN CARDENAS HAY UN CERRO EN EL CUAL HACE POCO SE HIZO UNA ERMITA, MI PADRE Y LA GENTE DE LA ZONA LO LLAMA EL CERRO DE SALAMANCHURRI Y ASI APARECE EN MAPAS Y DEMAS.
TAMBIEN EN CARDENAS EXISTE UN CASERON-PALACIO QUE MI PADRE RECUERDA OIR DECIR A MI ABUELO QUE ERAN DE UNOS NOBLES, LOS RUIZ DE GOPEGUI.
MI APELLIDO ACHA ES VASCO CLARAMENTE Y LA CONCENTRACION DE ESTE EN CARDENAS ES MUY ALTA, LA PENA ES QUE NO HE CONSEGUIDO SABER COMO LLEGO ALLI, MI TATARABUELO SE LLAMABA ANTOLIN ACHA Y YA NACIO EN CARDENAS (Mar, 17-07-2007, aportación de Raul Acha)
– Bodegas Yolanda Aransay Peña.

CASALARREINA
CASTAÑARES DE LAS CUEVAS
CASTAÑARES DE RIOJA
CASTROVIEJO
CELLORIGO

CENICERO
c/ Sor Eladia Artacho
– Empresa Construcciones Olavarrieta

CERVERA DEL RIO ALHAMA
CIDAMÓN

CIHURI

CIRUEÑA y Ciriñuela
En esta población, por la que pasa el Camino de Santiago, existía antiguamente una virgen que respondía al nombre de «Zarra«, ya desaparecida.

CLAVIJO
CORNAGO
CORPORALES
CORTIJO, EL
CUZCURRITA
DAROCA
DAVALILLO

ENCISO
Aldeas: La Escurquilla, Garranzo, Navalsaz, Poyales, Las Ruedas, Valdevigas y El Villar.
Sierra de Achena: municipio de Enciso, al sur de La Rioja, colindante con Soria.

ENTRENA

EZCARAY.

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Aldeas: Turza, AzarrullaZaldiernaUrdanta, San Antón, Posadas, Altuzarra (despoblada),

Puente de Alandia (en la foto).
El ayuntamiento ha puesto una placa informativa, con la denominación de Puente de la India (Alandia – A la India – de la India) y citan que se denominaba «Alandía». El puente se destruyó en una riada en el siglo XIX.
Collado de Larrizabala.
c/ Sagastia
Travesía Soleta
Palacio Barroeta. c/ Arzobispo Barroeta
Restaurante y apartamentos Ubaga

 

FONCEA
FONZALECHE

FUENMAYOR
– Plaza Felix Azpilicueta
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GALILEA

GALLINERO DE CAMEROS
GRAÑÓN

HARO.
– Motulleri/Matulleri. Termino junto a la carretera nacional y el puente (nos informa Carlos Andrés Barrio).
– Atamauri. Terreno en el que se proyecta un plan que contempla la construcción de más de 1.500 viviendas y un campo de golf.

– IturrimurriFuente que se encuentra junto a la carretera nacional y junto a las vías del tren, (al cruzar la carretera las vías en un paso elevado). Tiene una inscripción del año: 1974, fecha en la que se modificó su situación anterior.
En la misma carretera hay un hotel, junto a la gasolinera que ahora se llama hotel Ciudad de Haro y anteriormente Hotel Iturrimurri.
Junto a la fuente se encuentra el Paseo de Iturrimurri.

El polígono industrial de la zona se llama “Fuente ciega”, que sería una/la traducción al castellano.

– Termino de (la) Zaballa.
– 
Bodegas Muga. Aunque se encuentran junto a la «Muga», su nombre procede del apellido del fundador.

 

HERCE
HERRAMÉLLURI.

HORMILLA
IGEA
INESTRILLAS
ISLALLANA
JUBERA
LAGUNILLA
LEDESMA
LEIVA
LEZA DE RIO LEZA

LOGROÑO
– Frontón Adarraga
– Estadio Las Gaunas
– Termino de Valdegastea

LUMBRERAS
MATUTE
MEDRANO (*)
Larreta (Larreta): “Los prados”. De larre = “prado”, y la desinencia de plural -eta.
MUNILLA
MURILLO DE RIO LEZA
MURO DE AGUAS
NÁJERA
NALDA

NAVARRETE
– Minglano (Mingrana, Minglana, en euskera Granada-fruta-). Denominación que se usa en esta localidad para mencionar el árbol de la Granada.

NIEVA
OCHÁNDURI.
OCÓN

———————————————————————–

(*) http://www.aytomedrano.org/Historia.5075.0.html

EL NOMBRE DEL TOPONÍMO  MEDRANO

Medrano, además de una villa riojana, es un apellido muy extendido en esta región y no poco en Navarra, donde adquiere categoría de apellido ilustre. Si hemos de creer a los heraldistas, hasta quedar emparentado con la familia real Navarra.

La variedad de opiniones sobre el origen del nombre “Medrano”, y la racionalidad de todas ellas, nos deja sin una idea clara sobre el mismo.

Estas son las hipótesis más conocidas:

Según la explicación etimológica más fundada Medrano vendría a significar “montículo junto al río”.

Toponimia derivada de un predio o herencia materna que fue evolucionando de Maderno a Madreno hasta quedar en Medrano.

Leyenda de frontera de moros. Ver apartado de leyendas

RECONSTRUYENDO LA HISTORIA

El fundador de Medrano pudo ser un moro converso (hijo de moro y cristiana). El hijo andando el tiempo sintió querencia por las tierras de su madre y cabalgó a tierras cristianas donde se hizo cristiano.

El rey de Navarra le devolvió su herencia materna y él llamó al predio “Maderno” y luego otros lo llamaron Medrano.

De Toponimia Riojana

Topónimos, reflejo de Instituciones Sociales

Medrano

Por Manuel de Lecuona

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OJACASTRO
.

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Aldeas: Tondeluna, Arbiza (en la foto de la izquierda, se aprecia en un mojón que han puesto recientemente, para señalar el pueblo, con motivo de la realización de diversas sendas, el nombre de : ARBIZA y debajo BARRENA. En mi opinión este detalle, es de una gran importancia, puesto que es asumir el nombre de la población como era anteriormente, no solamente con B, como se escribe en euskera, sino la indicación Barrena-parte de dentro-, por lo que es de suponer que existió otra población, denominada Arbiza, como posteriormente he confirmado con aportaciones varias, y cuyos restos se encuentran junto al «Cuezo de Santa Marta» recientemente restaurado. Es este el primer ejemplo que vemos de recuperación de la vieja denominación, por lo que felicitamos a los que han elaborado dicha piedra), Uyarra (en la foto derecha), Santasensio, ZabárrulaAmunartiaUlizarna.
Es interesante ver el folleto realizado sobre las sendas recuperadas en el municipio y que pasa por varias de las aldeas citadas. Este folleto lo aportamos en el apartado de Documentos.

Casa rural Ugarte. Casa rural Uyarra. Bar Ulizarna. 
c/ Merino Urrutia

OLLAURI (Ullauri)
Calle de Churrumendi. Monte Churrumendi (Chuchurrumendi). Rio Zamaca.

ORTIGOSA DE CAMEROS
PAZUENGOS
PRÉJANO
QUEL

RASILLO, EL
La veterinaria de El Rasillo, tiene una empresa de quesos en dicha población. Denomina al queso Campo-Landa, pues comenta que la zona de la montaña cercana, se denomina Landa, y que ella sabe que es Campo en castellano.

toponi8REDAL, EL
c/ RIBAFRECHARINCÓN DE SOTO
ROBRES DEL CASTILLORODEZNO
– Ermita de la Virgen de Olartia (foto)SAJAZARRAtoponi9SAN ASENSIO.– Monasterio de Aritzeta, más conocido por Monasterio de La Estrella. Lo llevan los Hermanos de La Salle.
Ver «Historia del Monasterio-Sª Mª de la Estrella-Aritxetako Ama»
SAN MILLAN DE LA COGOLLA
– Sitio de Urre, poco antes de la Casa del SantoSAN ROMÁN DE CAMEROS
SAN VICENTE DE LA SONSIERRA
SANTA COLOMA
SANTA LUCIA
SANTO DOMINGO DE LA CALZADA
SANTURDESOJUELA
– Senda VizcainoSOMALO
SOTO DE CAMEROS
TIRGO
TOBÍA
TORMANTOS
TORRE EN CAMEROS
TORREMONTALBO
TORREMUÑA
TREVIANA
TRICIO
TUDELILLA
URUÑUELAVALGAÑÓN (en documentos antiguos aparece como BALGAÑÓN).
Cerro UbayaVENTROSA
VIGUERA
VILLALBA DE RIOJA
toponi10
VILLAMEDIANA

Existen dos fuentes, que se encuentran junto a la carretera de Murillo la primera, y más lejana, pero con acceso desde el mismo camino la segunda. Sus nombres son:
– Ompederra (en la foto); que tiene toda la forma de que pudiera llamarse antiguamente, “On ederra “ u “Onederra”, que al castellanizarse y añadir la “p”, se puso la “m” antes de “p”.
– Onvecinos; habrá que investigar si tuvo un nombre anterior, del que se pudo derivar la denominación actual (recordemos el caso del puente de Ezcaray), puesto que el “On” inicial y su situación cercana a otra fuente con semejanzas lingüísticas, parece lógico pensar que ha habido transformación de la denominación.

VILLASECA
VILLAVELAYO:

VINIEGRA:
– Picos y cumbre de Urbión: municipios de Villavelayo y Viniegra, al sur de La Rioja, colindante con Soria.

ZARRATÓN
ZORRAQUÍN

gorantz-arriba


FUENTE:

Principales topónimos euskéricos de La Rioja

FUENTE:

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“VARÓN Y MUJER LOS CREÓ”

Cardenal Versaldi: «Estamos presenciando el riesgo de que se imponga un pensamiento único a las escuelas como un pensamiento científico que no podemos aceptar»

“Varón y mujer los creó”, para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, es el título del documento de la Congregación para la Educación Católica, publicado ayer lunes, 10 de junio de 2019.
(Renato Martinez/Vatican News)- “La Congregación para la Educación Católica, dentro de sus competencias, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada”, este es el objetivo del Documento presentado por este Dicasterio Vaticano sobre la cuestión del gender en la educación.
El Documento firmado por el Cardenal Giuseppe Versaldi, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, y el Arzobispo Vincenzo Zani, Secretario del mismo Dicasterio, busca afrontar “una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”. En muchos casos, evidencia el Documento, han sido estructurados y propuestos caminos educativos que «transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón». La desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo – precisa el Documento – ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural.
En este contexto, citando Amoris Laetitia se evidencia que, la misión educativa enfrenta el desafío que «surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta – ideología – presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”».
Ante esta situación, la Congregación para la Educación Católica señala que, es evidente que la cuestión no puede ser aislada del horizonte más amplio de la educación al amor, la cual tiene que ofrecer, como lo señaló el Concilio Vaticano II, «una positiva y prudente educación sexual» dentro del derecho inalienable de todos de recibir «una educación, que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y  que  sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. En este sentido, la Congregación para la Educación Católica ha ofrecido ulteriores profundizaciones en el documento: Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual.
Por ello, el Documento recuerda que, la visión antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los demás, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo. «Verdaderamente, en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad». En el proceso de crecimiento «esta diversidad – se lee en el Documento – aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al diseño de Dios en la vocación enderezada a cada uno». «La educación afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integración de los elementos biológicos, psico-afectivos, sociales y espirituales».
La Congregación para la Educación Católica, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada. “De esta manera – se precisa en el Documento – se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades. De hecho, escuchar las necesidades del otro, así como  la comprensión de las diferentes condiciones lleva a compartir elementos racionales y a prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe que «todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre».
Al emprender el camino del diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, la Congregación para la Educación Católica señala que es necesario tener presente la diferencia entre la ideología del gender y las diferentes investigaciones sobre el gender llevadas a cabo por las ciencias humanas. Mientras que la ideología pretende, como señala Papa Francisco, «responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles» pero busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños» y, por lo tanto, excluye el encuentro, no faltan las investigaciones sobre el gender que buscan de profundizar adecuadamente el modo en el cual se vive en diferentes culturas la diferencia sexual entre hombre y mujer. Es en relación con estas investigaciones que es posible abrirse a escuchar, razonar y proponer.
Finalmente, la Congregación para la Educación Católica encomienda este texto a quienes se preocupan de corazón por la educación, en particular a las comunidades educativas de las escuelas católicas y a cuantos, animados por la visión cristiana de la vida, trabajan en otras escuelas, a los padres, alumnos, directivos y personal, así como a los Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y otras organizaciones del sector.
El mismo medio que ha resumido el documento, Vatican News, a través del director editorial de los medios de comunicación del Vaticano, Andrea Tornielli, ha entrevistado al prefecto de la Congregación para la Educación Católica -organismo que publica este documento- el cardenal Versaldi. Esta es la entrevista completa:
Su Eminencia, ¿cuál es el propósito del documento?
Es importante detenerse en el subtítulo: “Por una vía de diálogo sobre la cuestión de género en educaciónˮ. El nuestro no es un documento doctrinal, sino más bien metodológico: cómo educar a las generaciones más jóvenes para que se ocupen de estos temas en un momento en que hay mucha confusión al respecto. Estamos presenciando el riesgo de que se imponga un pensamiento único a las escuelas como un pensamiento científico que no podemos aceptar. Al mismo tiempo, debemos ser capaces de dialogar, de renovarnos y de valorar lo bueno que ha surgido en la investigación sobre el género».
¿Cómo surge este nuevo texto?
«La ocasión y el estímulo para prepararlo han venido de las visitas ad limina de obispos de todo el mundo y también de los viajes que hemos hecho, especialmente de escuelas y universidades. De hecho, se está difundiendo una ideología de género y a la enseñanza de la Iglesia se tilda de retrógrada. Por eso era necesario intentar establecer un diálogo educativo sobre este tema».
¿Sobre qué base ha trabajado?
«Tratamos de hacerlo a un nivel de razón, con argumentos racionales, y no con lemas o de una manera fideísta. Para nosotros la razón es iluminada por la fe y la fe no es contraria a la razón. En el tema de género, sin embargo, es posible establecer un diálogo sobre la base de argumentos que no requieren la adhesión a la fe católica, a través de tres actitudes: escuchar, razonar y proponer.
 Existen argumentos racionales que aclaran la centralidad del cuerpo como subjetividad que comunica la identidad del ser. En esta luz se entiende el dato biológico de la diferencia sexual entre el hombre y la mujer. La formación de la identidad se basa en la alteridad y, en la familia, la confrontación con la madre y el padre facilita al niño en la elaboración de su propia identidad-diferencia sexual. El género “neutroˮ o “tercer géneroˮ, en cambio, aparece como una construcción ficticia».
¿Cuáles son los puntos de encuentro?
«En primer lugar, hay que distinguir entre la ideología de género que se presenta como científica y que también se difunde en las escuelas, y la investigación sobre el género. Si bien no aceptamos la ideología, reconocemos puntos de encuentro en la investigación de género para crecer en la comprensión mutua. Citaré dos ejemplos: la igual dignidad del hombre y de la mujer, después de las formas de subordinación injusta que han marcado siglos de nuestra historia. Luego está la educación de los niños y jóvenes para que respeten a cada persona en su condición particular y diferente – discapacidad, raza, religión, tendencias afectivas – luchando contra todas las formas de intimidación y discriminación injusta. Otro punto importante se refiere a los valores de la feminidad destacados en la reflexión sobre el género: se ha prestado mucha atención al aspecto físico de la sexualidad, poniendo en segundo plano los aspectos culturales, que profundizan la naturaleza sin oponerse a ella. Esta profundización del valor de la feminidad está también bien fundada en los documentos de los últimos Papas».
Pasemos a los aspectos más críticos. ¿Cuáles son?
«Las teorías del género, especialmente las más radicales, se alejan del dato natural, llegando a una opción total para la decisión del sujeto emocional. Así, la identidad sexual y, en consecuencia, también las familias se convierten en «líquidas y “fluidasˮ, fundadas en el deseo del momento más que en el hecho natural y en la verdad del ser. Queremos borrar la diferencia sexual, haciéndola irrelevante para el desarrollo de la persona.
¿Qué resultados espera obtener con este nuevo texto?
«Al proponer el camino del diálogo basado en argumentos de la razón, respetamos posiciones alejadas de las nuestras y pedimos que se respeten las nuestras. No somos nosotros los que elegimos a los estudiantes de las escuelas y universidades católicas, son las familias y los estudiantes los que eligen estas escuelas y universidades, sabiendo que son católicos. No podemos fallar en nuestra identidad al adherirnos a un solo pensamiento que quisiera abolir la diferencia sexual reduciéndola a un mero hecho ligado a las circunstancias culturales y sociales. Debemos evitar los dos extremos: el del pensamiento único y el de la ideología que procede de la consigna, y el de que sólo vengan a nuestras escuelas quienes comparten la fe católica y piensan como nosotros. Debemos buscar formas de diálogo y responder a la emergencia educativa sobre estos temas. El documento es una contribución en este sentido».
FUENTE:
Más INFORMACIÓN:

En la obra de  León von Rudloff,”Breve Teología para laicos”, al tratar sobre la institución del Matrimonio cita las palabras que exclamó Adán, según Génesis, 2, 23:  “Esto es hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ésta ha de llamarse hembra, porque del hombre ha sido sacada”. (Ediciones Desclée, de Brouwer.  Buenos Aires, 1947)

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