Gustavo Bueno – En torno a la Ideología y Filosofía de la Democracia

 

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Estrellita Castro – Suspiros de España

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Gustavo Bueno – En torno a la Ideología y Filosofía de la Democracia

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MARCO TULIO CICERON: De Officiis. (Sobre los Deberes)

MARCO TULIO CICERÓN:   Nació en el año 648 ab Urbe Condita (-106 a. de C.)  en Arpinum, y murió en el 711 de la Fundación de Roma (año 43 a. de C.).

Su tratado “De los Deberes”, compuesto para su hijo, joven aún, que estudiaba en Atenas, está dividido en tres libros, que tratan sucesivamente de lo honesto, de lo útil y de su comparación.

El diálogo “Sobre la vejez” y el diálogo “Sobre la amistad”, junto a “Las paradojas” y “El sueño de Escipión” complementan al tratado “De los Deberes”.

…se retiró Cicerón a escribir estos libros, por los años 709 y 710, de la Fundación de Roma.

TRATADO DE LOS DEBERES.       CICERÓN.            Paris  –  Buenos Aires, 1912.

Sociedad de ediciones Louis-Michaud

287 pág 19×12 cm / Biblioteca económica de clásicos universales / Tratado de los deberes; Diálogos de la vejez y de la amistad; Las paradojas; El sueño de Escipión.

Traducción corregida de Manuel de Valbuena

1 a 161…(161) / …. 162 a 250…(89) /… 251  a  371 (121)

 

LIBRO   I ……. {1 a 161}

—————- INTRODUCCIÓN ———————–

———————–PROEMIO —————————————-

 (La honestidad en nuestra vida y en nuestros actos)

{pág 11}

Capítulo I:

 Cicerón exhorta a su hijo a que asocie el conocimiento de la lengua latina con la del griego, y la filosofía con el estilo forense.

 

001.- Aunque es muy natural, hijo mío Marco, que al cabo de un año que estás siguiendo las enseñanzas de Crátipo, y esto en Atenas, abundes en preceptos y máximas   filosóficas,[…] no obstante, así como yo asocié siempre el estudio de la lengua latina con el de la griega, con gran utilidad mía, no solamente en la filosofía, sino también  en la oratoria, me parece que debes tú hacer lo mismo para conseguir pericia igual en el género filosófico y en el oratorio. […].

002.- 003.- 004.-

Capítulo II:

A cuánto se extiende el tratado de las obligaciones…

005.– Habiendo determinado escribir ahora alguna obra para tu instrucción, y otras muchas más adelante, he preferido empezar  principalmente por un asunto que fuese el más a propósito para tu edad juvenil y más correspondiente a mi autoridad.  Aunque hay muchas cosas de argumento filosófico importante y útil, son a mi juicio los preceptos sobre las obligaciones o deberes lo que más nos interesa conocer. […].

006.- […]. Pero hay algunas escuelas filosóficas que con los límites que establecen para el sumo bien y para el sumo mal alteran todo el concepto de los deberes.{*} Pues quienes establecen el sumo bien de forma que no se halla unido a la virtud y lo miden por su propia utilidad y no por la honestidad [los epicureos], éstos, si van siempre conformes con sus principios y en ocasiones no se dejan llevar por la bondad de la naturaleza, no podrán cultivar ni la amistad, ni la justicia, ni la liberalidad. Ni puede ser fuerte en modo alguno quien piensa que el dolor es el mal supremo, ni tampoco puede ser temperante quien pone el bien supremo en los deleites.

{*}{los epicúreos,que determinan el mal por el dolor y el bien por el deleite, perturban y corrompen los deberes }

06.-

Capítulo III:

DEFINICIÓN DEL DEBER

División de los deberes, y los motivos de deliberación acerca de la elección de ellos.

[…]. 007.- – Todo el tratado de las obligaciones se puede reducir a dos puntos principales: el primero el que pertenece al sumo bien y el segundo el que pertenece a los preceptos a los que debe conformarse la conducta de nuestra vida. Al primer punto  pertenecen los ejemplos siguientes: si todas las  obligaciones son perfectas, o si unas son más importantes que otras, y otros ejemplos semejantes. Respecto a los preceptos que se prescriben  sobre las obligaciones, aunque naturalmente pertenezcan al sumo bien, con todo, no se percibe suficientemente esta relación, porque parece que corresponden más a la información de la vida común, y de tales preceptos es de los que vamos a tratar en estos libros.

 

Capítulo IV:

ORIGEN Y CONCEPTO DE LO HONESTO

Instinto de conservación, común a todos los animales; amor de la verdad y del orden,propio del hombre.

011.- En primer lugar, la naturaleza ha dotado a todos todos los animales del instinto de conservar su vida y su cuerpo, de huir de todo lo que les parezca perjudicial, de buscar y prevenir lo necesario para mantenerse, como el alimento, el albergue y otras cosas semejantes. También ha inspirado a todos los animales el apetito de reproducirse y de tener cuidado de la prole. Pero hay esta gran diferencia entre el hombre y la bestia: que ésta, no teniendo otro guía que el sentido, se acomoda a sólo aquello que se le pone delante, con muy  corto  sentimiento  de lo pasado y de lo futuro.  Mas el hombre, que participa de las luces de la razón, por la cual conoce las causas de las cosas y sus consecuencias, por la cual conoce las causas de las cosas y sus consecuencias, no se le ocultan sus progresos ni antecedentes, compara los semejantes  y une a las cosas presentes las futuras; registra fácilmente todo el curso de la vida, y previene lo necesario para pasarla.

012.-La misma naturaleza, por medio de la luz de la razón, concilia unos hombres con otros, así para el habla recíproca como para la vida sociable, y engendra principalmente un amor especial para con los hijos, obligándonos a desear que haya unión y sociedad entre los hombres y a poder ser participantes de la misma sociedad, y también a que por esto procuremos apercibirnos de lo necesario para el sustento y porte, no sólo de nosotros, , sino también de nuestras mujeres, nuestros hijos y de todos aquellos a quienes amamos y debemos proteger: solicitud que eleva los ánimos y los habilita más para la administración de los negocios.

013.- Especialmente, es propia del hombre la investigación de la verdad, y así, cuando nos hallamos libres de los cuidados y negocios precisos, deseamos ver, oir  y aprender alguna cosa, y juzgamos  que contribuye muchísimo para vivir dichosos el conocimiento de lo más oculto y admirable; de donde se colige que lo verdadero, sencillo y sincero es lo más conforme a la naturaleza del hombre. A este amor de inquirir la verdad va unido cierto deseo de independencia {*}, de modo que a nadie se sujeta voluntariamente un ánimo bien formado por naturaleza, sino a quien le instruye, le enseña, o le manda con justos y legítimos derechos por su utilidad: de lo cual resulta la grandeza del ánimo y el desprecio de los acontecimientos humanos. {**}

{*}: en estas palabras se señala la fortaleza, que también proviene de la razón.

{**}: Por lo regular, Cicerón une siempre la grandeza de ánimo con el desprecio de los acontecimientos humanos, que es la señal primera y principal de un ánimo fuerte.

014.- No es tampoco pequeño efecto de la naturaleza, y de la razón, que sólo el hombre entre todos los animales sea capaz de conocer el orden, el decoro y aquella regla y medida que debe guardarse en las palabras y en las obras. Así, aun de aquellos mismos objetos que se perciven por la vista, él sólo conoce la hermosura, proporción y conformidad de sus partes; y traslada esta imagen desde los ojos al alma, por la naturaleza y la razón, concibe mucho mejor con cuanto decoro, constancia y orden hemos de dirigir nuestras obras e intenciones; y nos enseña a precavernos de lo indecoroso e inconstante, y contra todo desorden en nuestras obras y opiniones. De lo cual resulta y se compone la honestidad {*} que buscamos; la cual, aunque no sea algunas veces la cosa más alabada, no obstante, es siempre virtud (cuya estima es siempre independiente de la opinión común), y a la que tenemos por digna de alabanza por su naturaleza, aunque ninguno la alabe.

{*} Del cuidado de la sociedad, de la recta investigación de la verdad, del deseo racional de sobresalir, del orden y moderación en todos los dichos y hechos: esto es, de la justicia, prudencia, fortaleza y templanza resulta la honestidad, y de ésta, la obligación.

 

 

Capítulo V:

Cuatro principios de la honestidad: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

015.- Ya tienes delante, hijo mío Marco, la imagen, y por decirlo así, el semblante de la virtud, que si pudiera verse con los ojos, enamoraría a todos maravillosamente por sí misma, como dice Platón.  Mas todo lo que es honesto ha de proceder de alguna de estas cuatro virtudes. Porque ó  consiste en la investigación y conocimiento de la verdad, o en la conservación de la sociedad humana, –en dar a cada uno lo que es suyo y en la fidelidad de los contratos– ó en la grandeza y firmeza de un ánimo excelso e invencible, o en el orden y medida de todo cuanto se dice y hace — en lo que se comprende la moderación y la templanza.

Estas cuatro partes, aunque están unidas y enlazadas entre sí {*} con mutua dependencia, sin embargo, cada una de ellas produce ciertas clases de obligaciones particulares.

Por ejemplo, de la primera parte, es decir, de la prudencia y la sabiduría, nace la indagación y descubrimiento de la verdad, y tal es el oficio propio de esta virtud.

{*}: Es opinión común de todos los filósofos que las virtudes tienen entre sí tal enlace, que no se puede poseer una, si no se poseen todas;[…].

016.- Porque el hombre que con más claridad percibe la pura e ingenua verdad de cada objeto, el que penetra y explica con más agudeza y prontitud las razones, es el que se reputa por el más sabio y prudente. Por lo cual, el objeto de esta virtud y la materia, digámoslo así, que ha de tratar y en la que ejercitarse, es la verdad {**}.

 {**} La prudencia consiste en el conocimiento de las cosas; la justicia, fortaleza y templanza en la acción. Porque la prudencia mira al conocimiento de la verdad, la justicia a la conservación de la sociedad, la fortaleza a la grandeza de ánimo en el obrar y la templanza al orden, moderación y constancia de todo cuanto se trata en la vida.

 

017.- Las otras tres partes tienen por objeto las necesidades de buscar y conservar aquellas cosas en que consiste el arreglo de todas nuestras operaciones: como mantener la unión y sociedad entre los hombres; el que resplandezca la grandeza y excelencia del ánimo, así en aumentar las facultades y adquirir provechos para sí y para los suyos, como principalmente en despreciarlos; y al orden,  a la moderación y constancia, y otras semejantes, pertenecen aquellos actos exteriores, que no son sólo de pura especulación, sino que juntamente requieren alguna práctica.  De forma que, guardando este orden y regla en la conducta de nuestra vida, conservaremos la honestidad y el decoro.

———DE LA SABIDURÍA————

Capítulo VI:
El deseo de saber es natural al hombre: dos defectos que en él se han de precaver.

018.- La naturaleza y esencia de lo honesto se divide en cuatro principios, de los cuales, el primero consiste en el conocimiento de la verdad {*}, y es el más natural al hombre. Porque a todos nos arrebata, y nos dejamos llevar   todos del deseo del saber, en el cual tenemos por honroso sobresalir; y, al contrario, tropezar, no saber, errar y ser engañados, lo tenemos por vergonzoso y malo. Pero en esta curiosidad tan natural y noble se han de evitar dos escollos: uno el tener lo incierto por averiguado y asentir a ello temerariamente; vicio que, para evitarlo, el que lo desee (aunque todos deben tener este deseo), es necesario que gaste tiempo y cuidado en considerar las cosas.

{*}: Esta primera parte [la prudencia] no sólo abraza la ciencia de desear unas cosas y huir de otras, que es lo que propiamente se llama prudencia, sino que comprende todo el conocimiento de la verdad […].

019.- El otro defecto (o escollo) es que muchos emplean demasiado estudio y trabajo en cosas difíciles, de mucha obscuridad y de poca importancia. […].

 —-DE LA JUSTICIA–

 

Capítulo VII:

Extensión de la justicia; dos obligaciones de esta virtud; dos especies de injusticia, y sus causas.

020.-De las otras tres virtudes, es de uso más general la que mantiene unida la sociedad ó comunidad de los hombres y de la vida. Ésta tiene dos partes: la justicia, en que brilla el mayor esplendor de  esta  virtud,  y que da nombre a los hombres de bien; y la beneficencia, que es inseparable de ella, a la que podemos  llamar también largueza o liberalidad. La primera obligación de la justicia es no hacer mal a nadie, sin que seamos provocados con alguna injuria; y la segunda obligación ordena usar de los bienes comunes como comunes y de los privados como propios de los nuestros en particular.

021.- Pero no hay cosa particular por naturaleza, sino por antiguo establecimiento, como los que en otro tiempo entraron en tierras sin dueño; o por conquistas, como los que se apoderaron de ellas por la guerra; o por leyes, pactos, condiciones o suertes. […].

022- Mas, por cuanto no hemos nacido para nosotros únicamente (según dijo muy bien Platón) {*}, sino que una parte de nuestro nacimiento debemos a nuestra patria, otra a nuestros padres y otra a los amigos; y según asientan los estoicos, todo cuanto produce la tierra[a fue criado para los hombres, de forma que puedan servirse de provecho a sí y a los demás […].

{*}: Pertenece al oficio, y como a la tercera parte de la justicia el mirar por la utilidad común, por la natural unión que el hombre tiene con el hombre.

023.-  El fundamento de la justicia es la fidelidad; esto es, la firmeza y veracidad en las promesas y contratos y su pura observancia: y es muy verosimil que “fidelidad” derive de “fiat“, porque fidelidad consiste en hacer lo que se ha prometido. [Nota: Cf. Rep., 4, 7. La palabra fides procede de una raíz indoeuropea, bheidh-bhidh –ligar–, “lo que liga a uno”].

 

DOS CLASES DE INJUSTICIA

023.- -En cuanto a la injusticia, ésta es de dos géneros {**}, uno de los que hacen la injuria y otro de los que pudiendo no la estorban del que la recibe. Porque el que acomete a otro injustamente, incitado por su ira y enojo, ese parece que se arma contra la vida del prójimo; pero al que no le defiende o le estorba la injuria pudiendo, es tan delincuente {***} como si desamparara a sus padres, a sus amigos o a su patria.

{**}: Hay, pues,   dos géneros de injusticia; porque no sólo obra injustamente el que injuria a otro, sino también el que, pudiendo, no defiende al que es injuriado, según los dos oficios de la justicia: no hacer mal a nadie y servir a la sociedad.

{***}: Porque se trata del prójimo, y así, tanto el que daña como el que no defiende, es injusto.

024.- Sucede también que las injurias hechas con entera deliberación de ofender a otro, tienen muchas veces su principio en el miedo; cuando el que piensa en hacer el daño teme que si no le hace ha de resultar otro contra él. Y tienen también por fin la mayor parte de los que cometen la injuria, el poseer aquellos bienes que codician con ansia: del cual vicio se puede decir que la verdadera causa es la avaricia.

 

Capítulo VIII: 

La avaricia y la ambición son dos causas muy comunes de la injusticia.

025.- Apetecen los hombres las riquezas, no solamente para satisfacer las necesidades de la vida, sino también para gozar de los deleites; aunque en los hombres de mayor espíritu se dirige ese deseo de riquezas a poder mucho y a hacer beneficios. […]. No es que sea de vituperar quien aumente su hacienda  por honestas artes, sin perjuicio de otro; pero es necesario huir siempre de la injusticia.

026.- 027.-

Capítulo IX:  INJUSTICIA Y NEGLIGENCIA

La ambición de honra y del dinero es causa de la omisión de las obligaciones.

028.-  Son varios los motivos  por los que muchos hombres faltan a la defensa de otros y se olvidan de su obligación; ya por no granjearse enemistades, ya por huir del trabajo, ya por no meterse en gastos, por indolencia, por pereza  y flojedad. Otros se dedican a sus estudios y ocupaciones de tal manera que abandonan a quienes deberían amparar y proteger. Y así se ha de poner atención en aquella opinión que Platón  [en el libro VII de POLITEIA] reprende en algunos filósofos que pretenden justificar en su averiguación de la verdad, el menospreciar y tener en nada todas aquellas cosas que los demás hombres apetecen con muchas ansias, y por las que suelen reñir y disputar entre sí con  gravísimas  competencias. […].

029.- Hay también algunos hombres que, por aplicación a conservar sus haciendas ó por un espíritu de insociabilidad, se están solos, dicen, dentro de sus casas, por no hacer cosa que resulte en agravio de nadie. Los cuales no caen en un extremo de la injusticia, pero caen en el otro; porque abandonan la sociedad humana cuando no emplean en su servicio ni su trabajo, ni su cuidado,ni sus facultades. [es decir, ni preocupaciones, ni obras, ni dinero.]

030.-

Capítulo X:

La justicia de nuestra  acción depende muchas veces de las circunstancias. Casos en que está uno dispensado  de cumplir la palabra o promesa.

031.- Hay casos y circunstancias en lo que lo que parece digno de un hombre calificado, a quien llamamos hombre de bien, varía totalmente y se muda en lo contrario: de suerte que viene a ser justo no cumplir lo prometido, no devolver un depósito y el no guardar y desentenderse de otras cosas que la buena fe y la sinceridad requieren. Porque es necesario referirse en todo a aquellos fundamentos de la justicia […]: lo primero que no se haga daño a nadie, y lo segundo que se sirva a la común utilidad.  A medida que varían las circunstancias, varían también las obligaciones y no siempre son las mismas.

032.- Porque puede darse alguna promesa o convención, cuyo cumplimiento no sea útil a quien la hizo, o a quien fue prometida. Si no hubiera cumplido Neptuno, como cuenta la fábula, la promesa que hizo a Teseo, no quedara éste privado de su hijo Hipólito {*}. Porque de las tres súplicas, fue la tercera pedirle, dejándose llevar por la ira, la muerte de su hijo Hipólito, que otorgada le costó tan triste llanto. Y así, tampoco deben llevarse a efecto aquellas promesas de que no ha de resultar provecho alguno a quien se ofrecieron, ni las que acarreen más perjuicio al que las prometió que utilidad a quien se hicieron; antes es contrario a la misma obligación el no anteponer la mayor a la menor. Por ejemplo: si quedase uno en defender a otro en un pleito el día de su vista, y entretanto sobreviniese una enfermedad grave a un hijo suyo, no faltaría a la obligación   en  no  hacer  la defensa: al contrario faltaría el litigante si se quejase de que ha desamparado. Mas por lo que toca a las promesas que se han hecho involuntariamente, por miedo, por fuerza, o por engaño, fácilmente se comprende que no incluyen obligación alguna: unas las anula el derecho pretorio y otras las leyes.

{*} Tres cosas había pedido Teseo a Neptuno: que le fuese concedido matar al Minotauro; que se le franquease la entrada de los Infiernos y que pereciese su Hijo Hipólito.   Esta   tercera   petición  la  hizo  con imprudencia, por lo cual no se le debía haber otorgado.

033.- Provienen también algunas injusticias de las cavilaciones y de la astuta y maliciosa interpretación de las leyes. De modo que se usa ya como proverbio vulgar aquel dicho   el sumo rigor del derecho viene a ser suma injusticia. […].

 

 

 

Capítulo XI:

El castigo y la guerra tienen sus normas.

034.-  Hay también algunas obligaciones que guardar con respecto a aquéllos de quienes hemos recibido alguna injuria. Porque el castigo y la venganza han de tener sus términos. Y aun no sé si bastará que el que ha hecho la ofensa se arrepienta de ella, así para que él no vuelva a cometer semejante delito, como para que se contengan los demás. Deben guardarse  en  la república  con  suma  exactitud  los derechos de la  guerra {*}. Porque habiendo dos maneras de contender, una por la disputa y otra por la violencia, de las cuales la primera es propia de los hombres y la segunda de las fieras, se ha de recurrir a la segunda, cuando no se pueda usar de la primera.

{*}: Porque en la guerra se suelen pasar fácilmente los límites de la moderación.

035.- Y así, se han de emprender las guerras es el deseo de vivir en paz segura: mas alcanzada la victoria, hay que respetar las vidas  de los que no se portaron como crueles y bárbaros en la guerra, como hicieron nuestros antepasados con los volscos, tusculanos, ecuos, sabinos y hérnicos, que hasta derechos de ciudadanos les concedieron; pero a Cartago y a Numancia las arrasaron enteramente. […].

036.- 037.-

 

Capítulo XII:

 

Moderación de los  romanos  para con el enemigo. Reglas de la guerra que se hace por la gloria.

 

[037.- – Además, yo  advierto  también  que al que propiamente se debía llamar enemigo de guerra, “perduellis”, le llamaban hostis [forastero], al que ahora decimos peregrinus. Mas ya se ha hecho odioso con el tiempo este nombre, porque olvidada la primera significación de forastero, ha tomado el de “enemigo en armas”.]

 

037.–   Además, yo advierto también que al que propiamente se debía llamar enemigo,{*} le llamaban extranjero, mitigando con palabra tan benigna lo odioso de la acción. Porque entre nuestros antepasados equivalía la palabra hostis a lo que entre nosotros suena la voz peregrinus.

{*}   Al “enemigo de guerra”, es decir “perduellis”, le llamaban hostis, es decir, forastero ó extranjero, y que nosotros decimos peregrinus. Mas ya se ha hecho odioso con el tiempo este nombre, porque olvidada la primera significación de forastero ha quedado sólo para el que toma las armas contra nosotros.[o sea, el   “enemigo en armas”].

 

038.- 

 

 Capítulo XIII:

 

Están obligados los particulares a cumplir las promesas a los enemigos. Justicia que se debe a los esclavos: injusticia paliada, detestable.

 

039.-También  se  deben  cumplir aquellos pactos que personas particulares firmaron con el enemigo, obligados por alguna necesidad. Como sucedió a Regulo en tiempo de la primera guerra púnica, que habiendo caído en poder de los cartagineses, y siendo enviado a Roma con la pretensión de un cange, juramentado que volvería, sostuvo en primer lugar en el Senado que no era conveniente a la república volver al cartaginés los cautivos; y además, intentando detenerle en la ciudad con ruegos sus amigos y parientes, prefirió volver a un suplicio cierto que faltar a la palabra dada al enemigo. […].

040.- […]. Pero el mayor ejemplo de justicia se dio por nuestros antepasados para con el enemigo, cuando un desertor de Pirro prometió al Senado que daría un veneno al rey. El Senado y Cayo Fabricio entregaron el desertor a Pirro. De modo que, ni aun de un enemigo poderoso, y que declaraba de propio dictamen de guerra, aprobaron la muerte con un delito.

041.- Mas, baste lo dicho acerca de las obligaciones de la guerra. Acordémonos que también hay justicia que guardar con aquellos que son inferiores a nosotros. El estado más bajo entre los hombres es el de los siervos {*}, acerca de los cuales enseñan bien los que dicen que deben ser tratados como mercenarios, a quienes es regular que se haga trabajar; pero ha de pagárseles también a proporción. […].

Capítulo XIV: LA LIBERALIDAD Y LA BENEFICIENCIA

Precauciones que pide la liberalidad.

042.- Vamos a tratar ahora, según nos hemos propuesto, de la liberalidad y beneficencia, que es la virtud más conforme a la naturaleza del hombre; pero es menester practicarla con muchas precauciones. Porque, en primer lugar, ha de mirarse bien que la liberalidad no sea perjudicial a los mismos a los que pensamos hacer beneficio, y aún a los demás. Lo segundo, que no exceda las facultades del que da, y además que a cada uno se dé según lo que merezca: que  es  el  fundamento de la justicia, adonde debe todo encaminarse.  Porque los que hacen beneficios absolutamente perjudiciales a aquellos mismos a quienes quieren dar a entender que sirven, no deben ser tenidos por liberales y bienhechores, sino por perniciosos lisonjeros. Y los que defraudaren a unos por ser generosos con otros, pecan contra la justicia lo mismo que si convirtieran en suyos los bienes ajenos.

043.-

044.- La otra precaución era que la liberalidad no exceda a las facultades. Porque los que quieren ser más francos de lo que permite su hacienda, pecan principalmente contra los derechos de la sangre, distribuyendo entre los extraños los bienes que debieran suministrar y dejar a sus parientes. Y suele muchas veces ir envuelto en este género de liberalidad el deseo de quitar y usurpar injustamente a otros, por tener más que dar. […].

045.- La tercera regla de estas precauciones es la elección del que merece más. Luego deben tenerse en consideración las costumbres de aquel a quien se hace el beneficio, la voluntad que nos tiene, el vínculo de sociedad en que estamos con él y los servicios que en nuestro provecho haya practicado de antemano. […].

Capítulo XV:

A quién se ha de hacer el bien principalmente: agradecimiento indispensable; reglas del agradecimiento y de la liberalidad.

046.- Mas, por cuanto vivimos, no entre hombres perfectos y del todo sabios, sino entre aquellos que son bien felices si tienen algunas semejanzas de virtudes, soy de parecer que no se desatienda a ninguno en quien tales muestras de virtud se hallaren, y que debemos dedicarnos principalmente a hacer bien a aquellos que están dotados de las virtudes más suaves: como la modestia, la templanza y la misma justicia, de que tanto hemos hablado.  Porque el ánimo fuerte y grande en un hombre no perfecto ni sabio, regularmente participa algo de temerario; mas las otras virtudes dichas son las propias y características del hombre de bien. Esto por lo que toca a las costumbres.

047.- En cuanto a la benevolencia con que cada uno nos ama, la primera obligación nuestra es que hagamos más bien a aquel que más amor nos tiene.  Mas este amor no le hemos de juzgar, como los niños, por un efecto acalorado de cariño, sino por la estabilidad y constancia.  Si hubieren precedido oficios de amistad, de modo que no se trate de hacer beneficios, sino de recompensarles, se ha de doblar entonces los deseos, porque no hay obligación más precisa que la de la correspondencia.

048.-

049.- Por lo que toca a los beneficios recibidos, es menester grande respeto y consideración. No hay duda en que el mayor merece más recompensa; pero en esto se ha de ponderar atentamente el ánimo, el deseo y el amor con que se hizo, género de personas, dejándose llevar de un ímpetu temerario y como viento repentino.  Éstos no deben parecer tan grandes como los que han procedido con juicio, solidez y constancia. Mas así en conferirlos como en corresponder a ellos, es lo principal de la obligación, aunque las demás circunstancias sean iguales, socorrer principalmente al que tiene mayor necesidad. En lo cual, los más obran muy al revés, haciendo mayores servicios a aquel de quien más esperan, aunque no los haya menester.

 

Capítulo XVI:

UNIÓN DE LOS HOMBRES EN GENERAL

Principios de la sociedad y primera obligación de ella.

050.- La sociedad y unión de los hombres será perfectamente guardada, si aplicásemos principalmente nuestra generosidad a aquellos con quienes más estrechamente estamos unidos. Pero se ha de tomar más en su origen la doctrina de los principios fundamentales de la vida sociable. […].

051.- 052.-

Capítulo XVII:

GRADOS DIVERSOS DE LA UNIÓN ENTRE LOS HOMBRES

 

Cuatro vínculos de sociedad: el más fuerte es el de la patria.

 

053.-Son muchos los grados de la sociedad humana. Porque descendiendo de aquella infinita y universal, la más inmediata es la de una misma nación, la de una misma tierra, la de una misma lengua, por la cual se unen estrechamente unos hombres con otros. Pero todavía es más estrecha la de una misma ciudad, porque son muchas las cosas que tienen comunes los ciudadanos, como la plaza, los templos, los paseos, los caminos, leyes, votos, privilegios y, además, los tratos, amistades y muchos negocios y contratos particulares. Aun es más de adentro la de los parientes, que reduce a un estrecho punto la sociedad universal de todos los hombres.

054.-Porque, como es propio de todos los animales el deseo de multiplicarse, la primera sociedad está en el matrimonio; la segunda, en los hijos, de que se forma una casa y un todo común, y éste es el principio de las ciudades, y como seminario de la república; síguense  después los hermanos, sus hijos y los hijos de éstos, que  no cabiendo ya en una casa, se extienden y reparten en otras, a manera de colonias.  Después, los casamientos y entronques con otras familias: de donde resultan otros muchos parientes, cuya propagación y descendencia es causa y origen de las repúblicas.

 

055.- El vínculo de la sangre es uno de los que más estrechan la unión y benevolencia de unos hombres con otros, a lo cual contribuye mucho tener en su familia los mismos monumentos, la misma religión {*} y las mismas sepulturas.

Mas, entre todas las sociedades, ninguna es más sólida y estimable que las que componen los hombres de bien, parecidos en costumbres, con la unión de la amistad. Porque la virtud (esto lo repetiré muchas veces), aun cuando la vemos en otro, nos mueve y nos hace amar a aquel en quien nos parece se halla.

{*}: Además de los sacrificios comunes de la ciudad, cada familia tenía los suyos propios, los cuales celebraban todos los dependientes de ella.

056.- Y aunque todas las virtudes tienen cierto atractivo, que nos hace amar a los que creemos adornados de ellas, principalmente causan este efecto la justicia y la generosidad. No hay cosa más amable y atractiva que la semejanza de costumbres de los buenos; porque en los que están dotados de unos mismos deseos e inclinaciones, se ve que cada uno se deleita tanto con el amigo como consigo mismo; y sucede aquello que Pitágoras tiene por el colmo de la amistad, que se haga una sola persona de muchas. También es grande la unión que resulta de los recíprocos oficios, que siendo muchos y correspondidos, unen a aquellos entre quienes pasan con una amistad muy firme y verdadera.

057.-Pero recorramos con los ojos del ánimo y de la razón todas las diferentes sociedades, y hallaremos, que la más estrecha, la que con más amor nos une, es la que tenemos los hombres con la república. Muy amados son los padres, los hijos, los parientes y los amigos; pero todos estos amores los contiene y abraza en sí el amor de la patria, por la cual, ¿qué hombre de bien dudará exponer su vida, si con esto la puede ser de provecho? Tanto  más  abominable  es la crueldad de aquellos que la han tiranizado con todo género de maldades, y que se han  ocupado  y aun ahora se ocupan en arruinarla enteramente.

058.- Mas llegando a términos de comparar qué obligaciones nos deben merecer más atención, las primeras son las de la patria y de nuestros padres, a quienes estamos obligados con especiales beneficios; luego las de los hijos y de toda la casa, que cifra únicamente en nosotros sus esperanzas, y no puede tener otro amparo alguno; después las de los parientes bien avenidos, con quienes por lo regular es común nuestra fortuna y estado. A estos de que hablamos, debemos dar los auxilios necesarios para pasar la vida. Pero la unión de la vida y el trato frecuente, los consejos, conversaciones, avisos, consuelos y algunas veces también las reprensiones, donde más cabida y ejercicio  tienen  es en la  amistad, siendo más dulce y suave la que concilia la semejanza y conformidad de las costumbres..

 

Capítulo XVIII:

Reglas que se han de observar en los servicios que se hacen a los padres y a los amigos.

059.- Mas, en la práctica de todas estas obligaciones, se ha de considerar atentamente cuál es la mayor necesidad, y lo que con nuestra ayuda y sin ella puede o no cada uno conseguir. Así se conocerá la diferencia de grados entre la amistad y parentesco, y las demás circunstancias. […].

060.-

061.-Observemos ahora que habiendo señalado al   principio   cuatro partes de la honestidad, de donde dimanan todas las acciones virtuosas y todas las obligaciones, parecen las más ilustres aquellas que proceden de la grandeza y heroísmo del ánimo, que desprecia los acontecimientos humanos. […].

—————————–DE LA FORTALEZA———————————–

Capítulo XIX:

 LA FORTALEZA DEBE APOYARSE EN LA JUSTICIA

 

Esplendor de la fortaleza. Virtudes que la han de acompañar: defectos a que suele estar sujeta.

 062.- Mas, si esta grandeza de ánimo, que se muestra en los trabajos y peligros, no está acompañada de la justicia, y si se interesa por asuntos particulares, en lugar de emplearse en servicio del bien común, no es virtud sino vicio; pues no sólo no es propio esto de la virtud, sino de la ferocidad y barbarie, que se despoja de todos los sentimientos de humanidad. Y así definen exactamente los estoicos a la fortaleza, cuando dicen que es una virtud que combate por la justicia. Por lo cual ninguno que ha adquirido reputación de hombre fuerte consigue semejante gloria con engaños y malicias, por cuanto nada puede haber honesto en faltando la justicia.

063.- A este propósito dijo muy bien Platón, que así como a la ciencia, que  no  está  acompañada de justicia le cuadra mejor el nombre de astucia que el de sabiduría, del mismo modo el ánimo, que se expone al peligro, si se mueve por sus propios intereses y no por el bien común, merece más bien el nombre de atrevido que de esforzado.  Y así a los hombres magnánimos los queremos también buenos, sencillos, amigos de la verdad, nada engañosos, ni falsos: que son las principales cualidades de la justicia.

064.-

065.-

 

Capítulo XX: 

LA MAGNANIMIDAD

Señales de la verdadera grandeza del alma: es incompatible con el deleite, con la avaricia y con la ambición.

066.- En dos cosas se experimenta especialmente el ánimo grande y esforzado: la primera en el desprecio de los bienes externos, cuando llega el hombre a estar persuadido de que nada debe admirar, apetecer ni buscar, sino lo que sea honesto y honroso, y que es indigno de su carácter rendirse ni a otro hombre ni a perturbación alguna de ánimo, ni a la fortuna; la segunda es que animado de estos sentimientos que he dicho, emprenda siempre cosas grandes, pero muy útiles y empeñadas, llenas de trabajos y dificultades, pasando por todos los peligros de la vida y de cuanto a ella pertenece.

067.- De estas dos cosas, el esplendor {*} y generosidad, y aun las utilidades, está en la segunda. Pero la causa que hace a los hombres grandes está en la primera: porque en ella resplandece aquel grado de magnanimidad que eleva los ánimos y los hace despreciar los acontecimientos humanos. Esto se demuestra por otras dos señales, si solamente se tiene por bueno lo que es honesto, y así se vive libre de toda pasión y perturbación de ánimo. Porque el estimar en poco muchas cosas que a otros parecen grandes e ilustres, despreciándolas con razones firmes y sólidas, se ha de considerar obra de un corazón magnánimo y generoso; y el aguantar y sufrir con entereza otras que parecen duras, que ocurren muchas y varias en la vida y fortuna de los hombres, de modo que en nada se aparte de  su  natural  estado ni desdiga de la dignidad de hombre prudente, se ha de juzgar por fortaleza de ánimo y gran constancia.

068.- Mas no es conforme a razón   que  el que no se rinde  al miedo no pueda resistir a los deseos, y el que muestra un pecho invencible a los trabajos, sea vencido torpemente por los deleites. [ Es razonable pensar que quien vence al miedo puede resistir los deseos, y el que muestra un pecho invencible a los trabajos no es vencido torpemente por los deleites]. Y así se ha de evitar esto y huir de la codicia del dinero, pues no hay cosa que más indique la bajeza y abatimiento del ánimo que el amor a las riquezas; nada más honesto y magnánimo que despreciarlas, si no las tenemos, y si las tenemos, emplearlas en ser liberales y bienhechores. Se ha de evitar también la ambición de gloria—como dije arriba–, porque quita la libertad, la cual debe ser el mayor empeño de los hombres fuertes y magnánimos. Tampoco se han de desear los mandos, antes por mejor decir, no se deben aceptar algunas veces, y otras se deben renunciar generosamente.

069.- Nuestro principal cuidado ha de ser vivir libres siempre de todas las pasiones, deseos, inquietudes, tristeza, ira y alegría demasiada, para poder conservar la serenidad y tranquilidad de espíritu, la cual produce juntamente constancia y dignidad. Pero ha habido y hay muchos que, buscando este sosiego y tranquilidad, se han apartado de los negocios públicos y se han entregado al sosiego y retiro. Entre éstos, algunos filósofos de gran mérito y muchos hombres de autoridad y de costumbres severas, no pudiendo sufrir la relajación de sus pueblos y de los ciudadanos poderosos, y otros han pasado su vida en los campos, gustosos y divertidos con su hacienda.

070.-

Capítulo XXI:

La vida retirada excluye la ambición: quiénes han de tener los cargos del gobierno; qué prendas les han de adornar; qué defectos han de evitar.

070.– 071.- 072.- 073.-

Capítulo XXII:

 LAS GESTAS DE LA GUERRA Y LAS OBRAS DE LA PAZ

Las acciones de cabeza y consejo son más útiles que las de la guerra, aunque no de tanto esplendor.

074.- Mas, por cuanto la mayor parte de los hombres juzgan más gloriosos los hechos militares que los políticos, hemos de desvanecer esta opinión; porque muchas veces ha hecho tomar las  armas  el  solo  deseo  de  gloria,  a lo que comúnmente están expuestos los genios y espíritus superiores; y más cuando sus talentos son propios para la milicia y tienen fuego de soldados. Pero si queremos juzgar a la luz de la verdad, hallaremos muchas empresas del gobierno civil y político mayores y más ilustres que las del gobierno militar; […].

075.- 076.- 077.- 078.-

Capítulo XXIII:

Cualidades que forman un grande hombre: prudencia, justicia y fortaleza.

079.- Aquella virtud que buscamos en la magnanimidad, resulta de las fuerzas del ánimo, no de las del cuerpo. Pero también   se ha de ejercitar el cuerpo y acostumbrarle a que se sujete al consejo y obedezca a la razón en la ejecución de las cosas y en la tolerancia del trabajo. Mas esta virtud de que hablamos depende toda del ánimo, de sus sentimientos y del juicio: en lo que no son menos útiles los que gobiernan en paz la república, que los que dirigen la guerra. […].

080.- […]. Ha de emprenderse la guerra de modo que no lleve otro fin propuesto que la paz. Por último, es obligación del ánimo constante y fuerte no perturbarse en los casos adversos, ni de caer de su estado, digámoslo así, por alucinarse, sino estar siempre sobre sí y no apartarse de la razón.

081.- Mas, aunque estas son propiedades de ánimos grandes, es también propio de  mucho  entendimiento el prevenir con el pensamiento lo venidero, y tener formado juicio de lo que por una y otra parte puede acontecer, y lo que se ha de hacer en cualquier acontecimiento; de forma que nada nos sorprenda y nos veamos a decir: Nunca tal pensara. Lo cual cabe únicamente en un ánimo grande y sublime, que sólo se fía y se funda en la razón y prudencia. Pero salir al campo temerariamente y venir a las manos con el enemigo {*}, esto toca en inhumanidad y se acerca más a la ferocidad de las bestias: aunque, cuando lo pida la ocasión, se ha de mostrar también el valor del brazo, y anteponer la muerte a la esclavitud y a la deshonra.

{*}:

http://etimologias.dechile.net/?enemigo

La palabra “inimicus” (in-amicus)   en latín significa “no amigo” y se refería a las enemistades personales y privadas, siendo, entre los romanos, la voz hostis  la que designaba a los pueblos o ejércitos hostiles y también a la persona declarada enemigo público. (De hostis, derivan hostil, hostilizar, hostilidades y hueste).

Capítulo XXIV:

Regla de la humanidad: prudencia al exponerse al peligro: sacrificar a la patria la propia gloria y reputación.

 

082.- Cuando se ha de arruinar una  ciudad  y entregar al saqueo los soldados, se ha de considerar atentamente que no se ensangriente la crueldad por falta de maduro consejo. La obligación del hombre fuerte y magnánimo en tal caso es que, bien pensadas las cosas, sean castigados sólo los delincuentes, conservar el pueblo y mantener la justicia y rectitud en todo acontecimiento. […].

083.- Nunca hemos de hacer por donde nos tengan por tímidos y cobardes huyendo de los peligros; mas, también debemos ser cautos en no exponernos a ellos sin motivo, que es la mayor necedad. […].

084.- Mas, ha habido muchos hombres que, estando prontos a exponer sus riquezas y a derramar su sangre por la patria, no serían capaces de aventurar ni la más mínima parte de su fama en la mayor urgencia de la república: como Calicrátidas, que habiendo sido general de los lacedemonios en la guerra del Peloponeso y ejecutado en ella singulares hazañas, lo echó todo a perder por no reducirse al parecer de los que le aconsejaban que apartase su flota de las islas Arginusas y no viniese a las manos con los atenienses. A cuyo consejo respondía él que los lacedemonios, si perdían aquella armada, podían levantar otra; pero huir él, no podía sin deshonra suya. Al fin esta pérdida pudo tolerarse.  […].

 

Capítulo XXV:

Reglas que han de observar los que gobiernan y los que administran justicia.

085.- Los que se consagran al gobierno del estado tengan muy presentes siempre estas dos máximas de Platón: la primera, que han de mirar de tal manera por el bien de los ciudadanos, que  refieran  a este fin todas sus acciones, olvidándose de sus propias conveniencias; la segunda, que su cuidado y vigilancia se extienda a todo el cuerpo de la república, no sea que por mostrarse celosos con una parte, desatiendan las demás.  […]. Porque, los que se desvelan por una parte de los ciudadanos y descuidan la otra, introducen el mayor perjuicio en el gobierno, que es la sedición y discordia: de donde nace que tomen unos el partido del pueblo, otros el   de la nobleza y muy pocos el del común.

086.-

087.- […]. Mas, también enseña el mismo Platón que se juzgue por enemigos [hostis] de la patria a los que toman las armas contra ella; pero no a los que   pretenden  que prevalezca su dictamen en las materias de gobierno. […].

088.- 089.-

Capitulo XXVI:

MODOS DE COMPORTARSE EN LAS PROSPERIDADES

Ecuanimidad y modestia, dos prendas muy necesarias en los puestos elevados.

 090.-En las prosperidades, cuando la fortuna lisonjea nuestros deseos, hemos de huir mucho de la soberbia, encono y arrogancia, porque es prueba de flaqueza de ánimo de saber moderarse, así en lo favorable como en lo adverso, y es muy laudable la igualdad en toda la vida, y un mismo carácter siempre, un mismo semblante, como tenemos el ejemplo en Sócrates y en Cayo Lelio. […].

 

091.-

092.- MAGNANIMIDAD EN LA VIDA PRIVADA

 

————————DE LA TEMPLANZA—————————

 

Capitulo XXVII:

 Utilidades de la templanza. Decoro inseparable de la honestidad.

093.-Síguese que tratemos ahora de la cuarta y última parte de la honestidad, en que se reconoce la vergüenza, y todo el lustre y ornato, por decirlo así, de la vida: que es la  templanza, la modestia, la sujeción de las pasiones y la moderación de todas las cosas. Aquí se contiene lo que […] en latín podemos decir decorum.

094.-  Este decoro es de tal naturaleza, que no puede separarse de la honestidad; porque todo lo que es decente, es también honesto, y todo lo que es honesto, es igualmente decoroso. […]. Del mismo modo, todo lo que es justo es decoroso y al contrario lo injusto, como vicio, es indecoroso. Lo mismo puede decirse de la fortaleza: las acciones que demuestran ánimo varonil y grande,  parecen  y  son  dignas  del decoro y del hombre; las que no le demuestran, son malas, y por lo mismo, indecorosas.

095.- Y así, este decoro, de que hablo, pertenece a todas las partes de la honestidad, y de una manera tan clara y perceptible, que para conocerle no es necesario una muy aguda penetración, sino que está a la vista.  Porque  en todas las virtudes hay cierto decoro, que se puede distinguir más bien con el pensamiento que separarle real y verdaderamente. Al modo que la hermosura y buena disposición del cuerpo es inseparable de la buena salud, asimismo el decoro de que hablamos se confunde con la virtud, y sólo se distingue con el entendimiento. […].

096.-

Capitulo XXVIII:

Decoro, del cual nace la gracia, el placer y la hermosura.

097.-   098.- 099.- 100.- 101.-

Capitulo XXIX:

DEL DECORO EN GENERAL

Subordinación de los apetitos a la razón. De los juegos y chanzas.

101.– En todas nuestras acciones hemos de evitar la precipitación y pereza, no haciendo cosa alguna de que no se pueda dar una razón digna de ser atendida; porque casi consiste en esto toda la fuerza de la obligación.

102.- Para esto es menester que los apetitos obedezcan a la razón, que ni se adelanten a ella ni  la  abandonen por debilidad o pereza, y que estén siempre sosegados y libres de toda perturbación de ánimo. […].

103.- 104.-

Capitulo XXX:

Dignidad del hombre: obligaciones que prescribe: diversidad de caracteres.

105.- Para distinguir bien en cualquier acontecimiento lo que pide la obligación, conviene tener siempre delante cuánto se aventaja la naturaleza del hombre a la de los demás animales. Estos nada conocen sino el deleite, y a él les conduce impetuosamente su instinto; pero el entendimiento del hombre se alimenta de lo que piensa y aprende, está siempre ocupado en inquirir o hacer algo, y se deleita en ver y oír cosas nuevas: de modo que, aunque haya alguno más inclinado a los deleites, como no sea del todo semejante a los irracionales –porque hay muchos que sólo son hombres en el nombre–, sino que les quede algún sentimiento más noble que del bruto, aunque esté dominado por esta pasión, oculta con disimulo su apetito por su propia vergüenza.

106.-

107.- DEL DECORO EN PARTICULAR

108.- 109.-

Capitulo XXXI:

Conozca y cultive cada uno de sus disposiciones naturales.

110.- El modo más seguro y fácil de guardar el decoro que buscamos, es atenerse cada uno a su propio y natural carácter, fuera de lo malo, y dirigir de tal manera nuestras acciones, que en nada nos empeñemos contra el orden general de la naturaleza; antes guardándole, sigamos nuestro propio natural, midiendo por sus reglas nuestras acciones, aunque otras cosas extrañas nos parezcan más grandes y mejores. […].

111.- 112.- 113.- 114.-

Capitulo XXXII:

Diferencia de los estados (civiles): elección de un modo de vida.

115.- 116.- 117.- 118.-

Capitulo XXXIII:

Pensar bien qué modo de vida se toma y no mudar con facilidad.

119.- 120.- 121.-

Capitulo XXXIV:

Diversidad de obligaciones según los diferentes   estados   y   edades.

122.-[…]. Al mozo, pues, corresponde reverenciar a los ancianos y escoger de ellos los mejores y más acreditados, para que les sirvan de apoyo y consejo en su conducta; porque la impericia de los jóvenes se ha de formar y dirigir por la experiencia y prudencia de los viejos. Principalmente se les ha de apartar muy lejos de las liviandades, y ejercitarles en el trabajo y tolerancia del ánimo y del cuerpo, para que igualmente sean capaces de gobernar con espíritu los negocios políticos y militares. […].

123.-En los viejos, al paso de que han de ser menos los ejercicios del cuerpo, se han de aumentar los del ánimo. Su principal ocupación ha de ser ayudar en gran manera a sus amigos, a los mozos, y en especial a la república en su consejo y prudencia. Mas ningún defecto evitará el viejo con más cuidado que la desidia y flojedad. […].

124.- 125.-

Capitulo XXXV:

En qué consiste el decoro: reglas de la vergüenza dictadas por la naturaleza.

126.- 127.- 128.- 129.-

Capitulo XXXVI:

DE LA BELLEZA

Dos especies de hermosura: observaciones referentes a todo el porte exterior.

130.- Pues como haya dos géneros de hermosura, en uno de los cuales sobresale la gracia y en otro la dignidad, debemos considerar la primera como propio de la mujer y la segunda del hombre. Y así el varón debe apartar de sí todo adorno indigno del hombre y evitar cualquier defecto semejante en el gesto y movimientos del cuerpo; pues aún en la palestra hay a veces movimientos afectados que enfadan, y también ofenden en los farsantes o histriones los gestos importunos y afectados y tanto en el gesto como en los movimientos sólo resulta agradable todo lo que es sencillo y natural. La dignidad del rostro se conserva con el buen color, y éste con los ejercicios del cuerpo. También se ha de procurar la limpieza no demasiada, exquisita y afectada, sino cuanto manifieste que se evita todo descuido grosero e inculto o inurbano. Lo mismo se ha de observar en el vestido {* en los ejercicios en el Campo de Marte, Hor, Od, 1,8}, en el cual, como en todo lo demás, es muy recomendable la  justa medianía.

131.- También en el andar es menester precaución, de modo que ni vayamos con tanta lentitud como los que llevan en las procesiones las estatuas de los dioses, ni tan de prisa, que nos apresuremos demasiado; con lo cual falta el aliento y se demuda y altera todo el rostro;  cosa que manifiesta bastante que  falta  gravedad de espíritu. Pero mucho más se ha de procurar que los movimientos del ánimo correspondan con la naturaleza; lo cual conseguiremos estando prevenidos para no caer en perturbaciones ni flaquezas;  y atentos con todo el ánimo a la conservación del decoro.

132.-  Los movimientos del ánimo son de dos maneras: unos del entendimiento y otros del apetito. El entendimiento se ocupa en la investigación de la verdad; el apetito impele a obrar. Es, pues, necesario tener el pensamiento ocupado en las ideas mejores y a la voluntad sujeta en todo a la razón.

 

Capitulo XXXVII: 

 …DEL DECORO EN EL DISCURSO

Reglas sobre la pronunciación, así en el discurso público como en la conversación.

132.–  Hay,  además,  en el lenguaje que el discurso es de mucha consideración, dos maneras o funciones diferentes, una que pertenece a la oratoria y otra a la conversación familiar. La oratoria se emplea  principalmente  en los debates judiciales, en las asambleas populares, en el Senado; la conversación, en las reuniones, conferencias, encuentros de amigos, en los convites. De los discursos públicos y oratoria dan preceptos los retóricos; de las conversaciones no, aunque estoy por decir  que  acerca de ellas se podrían dar preceptos. […]. Por más que, existiendo preceptos sobre la elocuencia, palabras y sentencias, los preceptos de los retóricos  muy bien pudieran acomodarse a la conversación familiar.

133.- 134.- 135.-

Capitulo XXXVIII:

Reglas para las reprensiones y para la conversación.

136.- 137.-

Capitulo XXXIX: DEL DECORO EN LA VIVIENDA 

Cuál ha de ser la casa de un sujeto   de consideración.

138.- 139.- 140.- 141.-

Capitulo XL:

 DEL ORDEN DE LAS ACCIONES SEGÚN LAS CIRCUNSTANCIAS

 

¿Qué es el orden? Cuánto mudan las circunstancias la naturaleza de las acciones.

142.- Ya es tiempo de que tratemos del orden de las cosas y de la oportunidad del tiempo, en cuyo conocimiento se aquello que los  griegos llaman eutaxia; no lo que entendemos nosotros por modo, en que va incluida la moderación, sino esa virtud consiste en la observación del orden. […].

143.-  144.-  145.-

Capitulo XLI:

Se han de evitar incluso las menores faltas, arreglar su exterior, tomar consejo en las cosas dudosas y respetar la virtud, dondequiera que se halle.

146.- 147.- 148.-

149.-[…]. Por último, estamos obligados a honrar y reverenciar a aquellos sujetos cuya vida se ha empleado siempre en negocios graves y honestos, que son amantes de la patria, que la han servido o la sirven actualmente, y a las personas que tienen algún oficio o cargo público; debemos hacer mucha estimación de la vejez, obedecer a los magistrados, distinguir al ciudadano del extranjero, y en éste hacer diferencia de si vive como un sujeto particular o como público, y, en una palabra, por no discurrir menudamente de cada uno, estamos obligados a reverenciar, observar y mantener las leyes generales de la sociedad humana.

Capitulo XLII:

 MEDIOS DIGNOS E INDIGNOS DE GANANCIAS

Dos géneros de ganancias: uno honrado y otro mecánico.

150.- […]. En primer lugar, condenamos todo oficio odioso, como es el de los cobradores y usureros. También es bajo y servil el de los jornaleros y de todos aquellos a quienes se compra, no sus artes, sino su trabajo; porque en éstos su propio salario es título de servidumbre. Asímismo se ha de tener por oficio bajo el comercio de los que compran a otros para volver a vender; pues no pueden tener algún lucro sin mentir mucho, y no hay vicio más feo que la mentira. […].

151.- […]. Mas aquellas artes que suponen mayores talentos, y que producen también bastantes utilidades, como la arquitectura, la medicina y todo conocimiento de cosas honestas, son de honor y dan  estimación   a  aquéllos   a quienes corresponden por su esfera.  […].   Mas,    son  de  entre todos los oficios por donde se adquiere alguna cosa, el más abundante, más delicioso y propio de un hombre de bien, es la agricultura […].

—-COMPARACIÓN DE DOS COSAS HONESTAS—

Capitulo XLIII: 

Epílogo de todo lo dicho: comparación de las obligaciones y cuáles se han de preferir.

152.-[…] Porque derivándose todo lo honesto de estas cuatro fuentes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, es preciso balancearlas muchas veces para distinguir bien la obligación.

153.- 154.- 155.-

Capitulo XLIV:

El estudio ha de tener por fin el bien de la sociedad.

155.–   156.-   157.-   158.-

————CONCLUSIÓN———-

Capítulo  XLV:

No se ha de anteponer el provecho de la sociedad a las obligaciones del pudor: grados de las obligaciones.

159.-    160.-

161.- {pág. 83}

De estos principios, tratados brevemente, se advierte que, no sólo examinan los hombres si una cosa es honesta o torpe, sino también cuando se ofrecen dos honestas, cuál lo es más […]

&&&&&&&& (pág. 83) &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 

  

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M. T. CICERÓN: Libro II de “Sobre los DEBERES”

LIBRO SEGUNDO { 1 a 89}

( LA UTILIDAD EN NUESTROS ACTOS )

01—————INTRODUCCIÓN

 

CAPITULO I

La filosofía es el único consuelo de Cicerón  {pág. 83}

001.- (162) –

002.- (163) –

003.- (164) –

004.- (165) –

 

CAPITULO II

Conviene sacar algún provecho  de  las causas de las que procedenos males: alabanzas de la filosofía: sistema de los académicos

005.- (166) – […].  Y la sabiduría, según la definición de los antiguos filósofos, es la ciencia de las cosas divinas y humanas […].

006.- (167) –

007.- (168) –

008.- (169) –

02.——————DE LO ÚTIL EN SÍ

Capítulo III:

Todo lo que sea honesto es también útil: 

estas dos cosas son inseparables utilidades de la sociedad

009 (170) –  Habiendo señalado ya cinco partes del tratado de las obligaciones ó deberes: dos pertenecientes  al  decoro y a la honestidad; dos a las conveniencias de la vida, abundancia, poder y riquezas, y la quinta al juicio de la elección,  si alguna vez parece que pugnan entre sí lo útil y lo honesto, he concluido la parte de la honestidad, de que deseo hayas adquirido un conocimiento pleno […].

 

Lo útil: observaciones preliminares

 

[…] y ahora paso a tratar de lo que llamamos útil.  Acerca de esto […] las costumbres corrompidas […] separando lo útil de lo honesto, han querido establecer que alguna cosa podía ser honesta sin ser también útil, y que se hallaba asimismo alguna útil que no fuese honesta, que es el error más perjudicial que ha podido introducirse en la vida humana.

 

010.- (171) —   Los filósofos de más autoridad distinguen estas tres cosas confusas entre sí; pero sólo en el pensamiento, sin ofender en nada a la naturaleza de lo honesto ni a la severidad de su doctrina, estableciendo que todo lo que es justo es también útil, y asimismo que todo lo que es honesto es justo; de donde se concluye que todo lo que es honesto es también útil. […].

011.- (172) – De las cosas necesarias a la conservación de la vida humana, unas son inanimadas, como el oro, la plata, los frutos de la tierra y otras semejantes; otras son animadas, que tienen sus ímpetus y pasiones.  De éstas mismas, unas son participantes de razón, y otras son irracionales, como los caballos, los bueyes, las demás bestias y las abejas, cuyo trabajo contribuye con alguna utilidad a la vida de los hombres. De las participantes de razón se distinguen dos especies, unas de dioses y otras de hombres: la protección de los dioses se merece con la reverencia y santidad, y después inmediatamente quien puede ser a los hombres de más utilidad son los hombres mismos.

012.—(173) –  La misma división se hace de las cosas dañosas y perjudiciales. Mas por cuanto se cree que los dioses ni ofenden ni perjudican a nadie, exceptuando a ellos, los hombres son los que más daño pueden acarrearse a sí mismos. […].

013.—(174) –

Capítulo IV:

Utilidades del trabajo de los otros: ventajas de la sociedad.

013.– — (174)

014.–  (175)

015.– (176)

Capítulo V:

…arte de hacer a los hombres útiles a la sociedad.

016.– (177)

017.- (178) –

018.- (179) –

 

Capítulo VI:

Grande poder de la fortuna…

019.- (180) –

020.- (181) –

021.- (182) –

022.- (183) –

 

Capítulo VII:

No hay cosa más peligrosa que ser temido, ni más útil que ser amado.

023.-  (184) –

024.-  (185) –

025.-  (186) –

026.-  (187) –

Capítulo VIII:

El Imperio Romano debió todos sus aumentos a la justicia.

026.– (187)

027.-  (188) –

028.- (189) —

029.- (190) –

030.- (191) –

031.-  (192) –

 

Capítulo IX:

Medios de adquirir gloria y la confianza de los hombres.

031.– (192)

032.- (193) –

033.- (194) –

034.- (195) –

Capítulo X:

Qué cosas admiramos y cuáles despreciamos.

035.-  (196) —

036.- (197) —

037.- (198) —

Capítulo XI:

La admiración es el premio de la justicia, y la benevolencia el de la bondad.

038.- (199) —

039.- (200) —

040.- (201) —

Capítulo XII:

Razones del establecimiento de los reyes y de las leyes: medio seguro para adquirir gloria.

041.- (202) —

042.- (203) —

043.- (204) —

 

Capítulo XIII:

Qué han de precaver los jóvenes al entrar en los negocios: aplíquense a los hombres sabios.

044.- (205) —

045.- (206) —

046.- (207) —

047.- (208) —

Capítulo XIV:

..el don de la elocuencia: moderación en acusar; es más glorioso el defender a los acusados.

048.- (209) —

049.- (210) —

050.- (211) —

051.- (212) —

 

Capítulo XV:

Dos géneros de liberalidad, el dinero y los servicios personales: éstos son más honrosos.

052.- (213) —

053.- (214) —

054.- (215) —

055.- (216) —

 

Capítulo XVI:

Hombres pródigos y liberales: en los gastos se ha de buscar dignidad.

055.– (216) —

056.- (217) —

057.- (218) —

Capítulo XVII:

Dádivas necesarias alguna vez: verdadera y falsa liberalidad.

058.- (219) —

059.- (220) —

060.- (221) —

 

Capítulo XVIII:

Reglas de liberalidad: cuál es más honrosa: afabilidad en todos los negocios: justa alabanza de la hospitalidad.

061.- (222) —

062.- (223) —

063.- (224) —

064.- (225) —

Capítulo XIX:

Los juriconsultos pueden hacer bien a muchos, y más los oradores: no se ha de ofender a los que no se puede obligar.

065.- (226) —

066.- (227) —

067.- (228) —

068.- (229) —

Capítulo XX:

Los beneficios son casi siempre interesados: los grandes no quieren quedar obligados: daños de las riquezas.

069.- (230) —

070.- (231) —

071.- (232) —

Capítulo XXI:

No se ha de tocar a los bienes de los particulares: no imponer tributos sin gran necesidad, y mantener la abundancia.

072.- (233) —

073.- (234) —

074.- (235) —

075.- (236) —

Capítulo XXII:

Ejemplos de desinterés, que es una virtud muy laudable: daños de usurpar los bienes ajenos.

076.- (237) —

077.- (238) —

078.- (239) —

079.- (240) —

Capítulo XXIII:

La injusticia es la ruina de los estados: alabanza de Arato: precauciones acerca de las deudas.

080.- (241) —

081.- (242) —

082.- (243) —

083.- (244) —

084.- (245) —

Capítulo XXIV:

Medios de conservar la salud y la hacienda.

084.– (245) —

085.- (246) —

086.- (247) —

087.- (248) —

03—–COMPARACIÓN E DOS COSAS ÚTILES

Capítulo XXV:

Comparación de los bienes del cuerpo con los externos.

 

088.- (249) —

89.- (250-).- {pág. 123}

 

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M. T. CICERÓN: Libro III de “De los DEBERES”

LIBRO III   {1 a 121}

….. (Entre lo útil y lo honesto)

01————————-INTRODUCCIÓN

Capítulo I:

Del ocio de Escipión, y cuán diferente era el de Cicerón.

001.- (251)– {pág. 124}

“De Publio Scipión […], escribe Catón […] que nunca estaba menos ocioso que cuando estaba ocioso, ni más acompañado que cuando estaba solo. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. De modo que dos cosas que a otros suelen desalentar, es a saber, el ocio y la soledad, a él le estimulaban. […].

002.- (252) —

003.- (253)–  […]. Mas, habiendo aprendido de otros hombres doctos, que no solamente se debe escoger del mal el menos, sino aun de los mismos males sacar, si es posible, algún bien; por tanto, gozo de este   mi descanso, no como debiera un hombre que en otro tiempo se le dio a su patria; y no me dejo desfallecer en esta soledad, en que vivo precisado y no por mi voluntad. […].

 

004.- (254)–

 Capítulo II:

Estímulos con que exhorta Cicerón a su hijo al estudio de la filosofía.

005.- (255)–  Toda la filosofía, hijo mío Cicerón, es rica y fructuosa, pero entre todas las partes que hay en la filosofía, la más  fecunda y ubérrima es la parte que trata de  los deberes u obligaciones, de donde se sacan los preceptos de vivir horada y felizmente. […].

006.- (256)–Y así, procura hacer todos los esfuerzos de que sean capaces tu ánimo y tu trabajo –si es que es trabajo y no deleite el estudio– […].

007.- (257)— Panecio. que   más que nadie escribió en torno a los deberes, que trató con diligencia sobre los oficios, habiendo propuesto tres modos diversos sobre las obligaciones en los que los hombres suelen pararse a deliberar y aconsejarse: uno, cuando dudan si es honesto o  torpe  lo que van a ejecutar; el segundo, si es útil ó inútil; y el tercero, cómo han de gobernarse, cuando lo que tiene apariencias de honesto, no se conforma bien con lo que parece útil. Disertó sobre los puntos primero y segundo en sus tres libros, prometiendo que escribiría luego sobre el tercer punto; pero no llegó a tener efecto su promesa. […].

008.- (258)–  009.- (259)– 010.- (260)–

02———————-TRATADO GENERAL

Capítulo III:  ¿Posible conflicto entre lo útil y lo honesto?

Peligro en separar lo útil de lo honesto: hay que vivir según la regla de la naturaleza.

011.- (261)– Porque ya se tenga por único bien  lo honesto […]; ó sea de tal suerte bien por excelencia […]; no hay disputa en que la utilidad jamás  puede repugnar a la honestidad. […].

012.- (262)– 013.- (263)–

014.- (264)– A todas estas obligaciones de que tratamos en estos libros llaman los estoicos obligaciones medias: son comunes y de mucha extensión y las pueden alcanzar muchos con medianos talentos, estudio y perseverancia. Pero el deber que ellos llaman “recto”es el más alto y de mayor perfección, que llena –como ellos dicen– toda la idea de honestidad,  y nadie sino el hombre sabio es capaz de ella. […].

 

015.- (265)–

Capítulo IV:

Honestidad común, como obligaciones comunes: nunca se ha de comparar lo honesto con la utilidad común.

015.–(265)–016.-266)– 017.- (267)–

018.-(268)– Los que miden  todas las cosas por sus propios intereses y conveniencias y no quieren reconocer la preponderancia de la honestidad, suelen comparar en sus deliberaciones lo honesto con lo que juzgan ellos por útil: no así los hombres de bien. […].

019.- (269)– […]. Porque ocurren frecuentemente circunstancias en que lo que de ordinario se tiene por torpe o inmoral, se halla que no lo es. Pongamos un ejemplo […]. ¿Qué delito mayor que dar muerte, no sólo a un hombre, sino a un amigo [o a un familiar]? Y pregunto, ¿será el mismo delito ser homicida de un tirano a quien se trate con familiaridad? El pueblo romano juzga que no, antes entre todas las hazañas gloriosas coloca a ésta en primer lugar. ¿Pues qué, la utilidad pesa más que la honestidad? No, por cierto; sino que la utilidad se ha seguido de la honestidad. […].

Norma para cuando se presente este conflicto.

020.- (270)–,  Esta regla  ha de ser muy conforme  al método y sistema de los estoicos, al cual me conformo yo en estos libros, aunque los antiguos académicos  y vuestros peripatéticos, que en otro tiempo no se distinguían entre sí, anteponen lo honesto a lo que parece útil, con todo, tratan mejor estos puntos los que nada tienen por útil que no sea honesto,y defienden que lo que es honesto ello mismo es útil.

 

Capítulo V: Regla para cuando parezca que lo útil no se compadece con lo honesto.

Se ha de distinguir si lo que parece útil repugna a la honestidad. Todas las leyes tienen por fin estorbar la injusticia.

021.- (271)–

022.- (272)– […]   Lo que es apetecer uno más para sí, antes que para los otros,  lo que le falta para pasar la vida, es un derecho a lo que no se opone la naturaleza; pero no consiente  por ningún caso que nosotros aumentemos nuestras facultades, nuestro poder y riquezas con los despojos de los demás.

 

023.- (273)–  Y no sólo por naturaleza, esto es, por derecho de las gentes, sino también por las leyes de los pueblos, que gobiernan las costumbres de las repúblicas en todas las ciudades, se establece lo mismo: que a ninguno sea lícito ofender a otro por sus comodidades, para beneficiarse a sí mismo.  A esto se dirigen las leyes; esto quieren, que se mantenga inviolable la sociedad política, reprimiendo la audacia de los enemigos de la convivencia civil con penas de muerte, con destierros, prisiones y otros castigos [como multas].

La razón natural

Y esto lo busca mucho más fuertemente la ley de naturaleza, que es la ley divina y humana; a la cual razón natural el que quisiere obedecer –que querrán todos cuantos deseen vivir según las leyes de la naturaleza– , nunca cometerá el error de apetecer para sí lo ajeno, ni tomará para sí  lo que usurpare o robare a otro.

 

024.- (274)–

025.- (275)–

026.- (276)–

 

Capítulo VI:

La utilidad de cada uno y la de todos es la misma…

026.-(276)–

Es necesario, pues, que nos persuadamos todos de que la utilidad de cada uno en particular y la utilidad universal es la misma, y que si alguno quiere usurpársela, se deshará la sociedad humana.

 

027.-(277)–028.-(278)–

029.-(279)–

Mas, por ventura, dirá alguno, ¿no podrá un sabio. Si está muriéndose de  hambre,  quitar la comida a otro hombre que no sirva para nada en la República?  De ninguna manera. Porque a ninguno le es más útil su vida misma que la conciencia de no ofender a otro por su propio interés. […].

 

–030.-(280)–

— […] Porque si uno por su comodidad quitare alguna cosa a otro que no es útil para nada, obra sin piedad contra la ley de la naturaleza; pero si otro, que con vivir puede ser de mucho provecho a la república y a la sociedad de los hombres, quitare algo a otro, por esta única causa podrá tener alguna excusa; pues fuera de este caso, cualquiera debe aguantar sus trabajos, antes que privar a otro de su comodidad.

 

031.-(281)—- […]. El abandono de la común utilidad es contra la naturaleza, porque es injusto; y así, la misma ley natural, que conserva y mantiene la utilidad de los hombres ordena que un hombre sabio, justo y esforzado tome lo que  haya menester para vivir de uno que es inútil, y no sirve más que para aumentar el número de los ciudadanos; porque si el sabio muere, faltará con él gran parte de la común utilidad, como no lo haga porque su mismo amor propio y engreimiento le dé este motivo de maltratar a los demás. […].

 

— 032.- (282)–

(…)—[…], porque nosotros no tenemos ninguna sociedad con los tiranos, sino, al  contrario,  mucha  repugnancia; ni es contra la naturaleza robar, si se puede, a un hombre a quien es glorioso dar la muerte. Y más que esta especie de hombres perjudiciales e impíos, se debe exterminar de la sociedad humana. […]

 

Capítulo VII:

Se ha de apetecer la honestidad como el más principal de todos los bienes.

033.- (283)– 034.- (284)–

03——————-TRATADO ESPECIAL

Capítulo VIII:

Lo que no es honesto tampoco es útil: estas dos cosas son inseparables.

035.- (285)–

Cuando se nos ofrece alguna especie de utilidad es preciso que su atractivo nos llame a ella; pero si mirándolo con atracción hallamos que bajo la apariencia de útil implica fealdad, entonces […] digo que se ha de […] comprender que ninguna utilidad puede haber donde haya torpeza. Pues si nada hay tan opuesto a la naturaleza (*) como la fealdad (porque la naturaleza sólo ama lo recto y constante), y nada es tan conforme a la naturaleza como la utilidad, no puede ser que a un tiempo se halle en un mismo objeto la utilidad y el pecado.

(*) Este es el argumento de Cicerón: la utilidad es conforme a la naturaleza, la torpeza es contraria a la naturaleza; luego no pueden las dos hallarse juntas.

 

 

036.- 037.- (287)–

Capítulo IX:

Nunca se ha de obrar mal, aunque nadie lo pueda ver ni sospechar.

038.- (288)–

039.- (289)–

Capítulo X:

No hay utilidad donde no hay honestidad a todo se ha de preferir la amistad, excepto a la justicia.

040.- (290)– 041.- 042.- 043.-

044. – (294)– Mas,  habiendo de sentenciar juramentado, tenga muy presente que pone a Dios por testigo, esto es –a lo que yo entiendo–,  su alma y su propia conciencia,que es el don más divino que concedió Dios al hombre. […].

– 045.- (295)–

Capítulo XI:

Nunca se ha de pecar por la república: cuánta honra es para los Estados el preferir lo honesto a lo útil.

046.- (296)– […].  A ella [la honestidad] se falta en la república muchas veces por apariencias de utilidad, como faltaron los nuestros en la asolación de Corinto; […]; pero ninguna acción cruel puede ser útil, porque la aborrece sumamente la naturaleza, […].

047.- (297)–

048.- (298)–  Los atenienses, no pudiendo resistir el poder de los persas y habiéndose determinado a abandonar la ciudad dejando sus hijos y mujeres en Trecene y salir a defender con su armada la libertad de Grecia, apedrearon a un hombre llamado Cirsilo, que les aconsejaba se quedasen en Atenas y abrieran las puertas a Jerjes. […].

049.- (299)– Después de la victoria que alcanzaron de los persas, dijo Temístocles en una junta, que había concebido un proyecto útil a la república, pero que no había necesidad de publicarle, y así pidió que se nombrase a un sujeto a quien comunicársele. Nombró el pueblo a Arístides, a quien Temístocles dijo que era muy fácil poner fuego, sin que lo sintiese nadie, a la armada de los lacedemonios, que había anclado en puerto de Giteo; hecho lo cual quedarían necesariamente muy quebrantadas sus fuerzas. Luego que oyó esto Arístides, se volvió al pueblo, que estaba en gran expectación, y dijo que el proyecto que ofrecía Temístocles era sumamente útil, pero nada honesto, y los atenienses, juzgando que no siendo honesto tampoco podía ser útil, despreciaron el asunto por sólo el dicho de Arístides, aun antes de haberlo oído. […].

 

Capítulo XII:

En qué casos se puede dudar de si la utilidad se conforma con la honestidad…

049.- (299)– Queda, pues, asentado que nunca puede ser útil lo que no es honesto, aun cuando se consiguiera lo que parece útil, porque sólo el pensar que es útil aquello que es torpe, es cosa lastimosa.

050.- (300)– […].  Si un hombre de bien –por ejemplo—condujese a Rodas desde Alejandría gran porción de trigo en tiempo de escasez y hambre, y de mucha carestía de él, sabiendo el mismo que se habían ya embarcado otros mercaderes en Alejandría, y habiendo también visto las naves cargadas de trigo para Rodas, ¿les diría esto a los rodios, o venderá su género al mayor precio que pueda?

[…].

051.- (301)— En casos como éste sigue una opinión Diógenes Babilonio, célebre estoico, y otra su discípulo Antípatro, hombre muy agudo y sutil filósofo.  Antípatro es de parecer que lo debe descubrir todo, de suerte que el comprador nada ignore de lo que sepa el que vende.  Diógenes dice que en declarando, como debe, el vendedor los defectos que manda el derecho civil, en lo demás obre sin engañar, y puesto que él está a vender, venda lo mejor que pueda. Yo lo he traído, lo he desembarcado, vendo mi hacienda no más caro que los  otros, y aun más barato, si hubiere abundancia: ¿A quién se hace injusticia?

 

052.- (302)— Fúndase por otra parte la razón de Antípatro, respondiendo: “¿Qué dices? Tú que debes mirar por los hombres y por la conservación de la sociedad humana, que has nacido con esta ley y que tienes estos principios naturales que seguir y guardar, es decir, que tu utilidad sea la común, y ésta la tuya mutuamente: ¿ocultarás a los hombres una cosa que cede en su provecho y abundancia?”

Mas acaso respondiera Diógenes: “Una cosa es encubrir y otra callar: yo nada te oculto si no te digo ahora cuál es la naturaleza de los dioses, o cuál es el sumo y verdadero bien, que te podría ser de más provecho si lo supieras, que la utilidad del trigo; pero yo no estoy obligado a decirte todo lo que a ti te importa saber.”

 

053.- (303)–“Sí lo estás por cierto –dirá Antípatro– , pues que sabes muy bien  que es la naturaleza quien une a todos los hombres con el vínculo de la sociedad.”

“Muy bien lo sé –responderá Diógenes–; ¿pero por ventura es el espíritu de esta sociedad que el hombre nada tenga suyo propio? Si esto es así, aún es injusticia el que se venda cosa alguna, sino darlo todo.”

[…].

050.- (300)– 051.- 052.- 053.- (303)–

Capítulo XIII:

Dos casos en los que se puede examinar si lo que parece útil se puede comparar con lo honesto.

053.-(303)–

054.- (304)—Supongamos que un hombre de bien vende una casa por algunas faltas que tiene, que sólo él las sabe y los demás ignoran, como que es malsana, que se crían sabandijas en todas sus piezas […].  Pregunto: si el vendedor no lo ha advertido  a quien la quiere comprar y la vendiere en mucho más de lo que él se imaginaba, ¿pecará contra la justicia? Antípatro dice que sí. Porque ¿qué es no enseñar el camino al que va errado –lo cual está condenado por las execraciones de Atenas–, y esto lo es, dejando que el comprador se precipite y que incurra por ignorancia en un grande engaño?  Aún es peor que no enseñar el camino. Porque es guiar con cierta ciencia  a un error al que no sabe.

055.- (305)— Diógenes, al contrario: ¿Pues acaso te obligó a  comprarla  el que aun no te habló de ella?  Él puso su casa en venta, porque no le agradaba; tú la compraste porque te agradaba. Pues si uno que saca a vender una casa por buena y bien fabricada, no se juzga que engaña, aunque no sea buena ni bien hecha, mucho menos el que no la ha alabado. Porque donde interviene el juicio del comprador, ¿qué engaño puede haber de parte del que vende? […]. ¿Qué mayor necedad que publicar el vendedor las faltas de la casa que vende? […].

056.- (306)—

057.- (307)–  Soy de sentir que ni el conductor del trigo debió ocultar a los rodios la especie de la conducción de los otros, ni el que vende la casa sus defectos a los compradores. […].

Capítulo XIV:

Cuán infame es añadir mentira a la disimulación: ¿Qué es dolo malo?

058.- (308)–

059.- (309)–

060.- (310)– […]  Aquilio, […] cuando le preguntaban qué era dolo malo respondía: “Dar a entender una cosa y hacer otra” […].

Capítulo XV:

Leyes de los romanos contra el dolo malo y el fraude.

061.- (311)– Así que siendo verdadera la definición de Aquilio, se ha de apartar de todas nuestras acciones el engaño y la disimulación. De modo que el hombre de bien no fingirá ni callará cosa alguna por comprar ni vender con más conveniencia. […]. / El dolo malo consiste, según dice Aquilio, en el fingimiento y simulación. Esto supuesto, se ha de desterrar de cualquier contrato toda mentira, de manera que ni el vendedor  use de fraude con el comprador, ni tampoco éste contra el que le vendiere algo, y si se avocaren las dos partes, basta una sola palabra del uno y del otro.

062.- (312)– […].

063.-(313)–

064.- (314)–

 

Capítulo XVI:

 Disposición del derecho romano para establecer la buena fe en los contratos.

065.- (315)– Respecto a los bienes raíces ordena entre nosotros el derecho civil que el vendedor advierta todas las faltas que sepa de aquello que vende.[…].

066.-(316)–

067.-(317)–

068.-(318)–

Capítulo XVII:

Fraude que no se suele reputar por malo: fórmulas y reglas contra la mala fe.

068.– (318)– Mas, de una manera impiden estas astucias las leyes y de otra los filósofos. Las leyes, en cuanto pueden convencer con los hechos; los filósofos, por medio del entendimiento y la razón, la cual pide que nada se haga con asechanzas, con disimulación ó con falacia. […].

069.- (319)–

(070.- (320)–

071.-(321)–

072.- (322)–

Capítulo XVIII:

El artificio se opone a la ley natural: la regla de lo útil es la misma que la de lo honesto.

073.- (323)–

074.-(324)–

075.- (325)–

Capítulo XIX:

Verdadera idea del hombre de bien y cuán difícil es encontrarle.

075.- (325)–

076.- (326)– Mas, si alguno quisiere desenvolver con reflexión la idea que naturalmente tiene impresa en su ánimo, él mismo se informará, que el hombre de bien es aquel que aprovecha a los más que puede  y a nadie hace daño sino a quien le  provoca con injuria. ¿Y qué, no hace daño aquel que como por encantamiento borra el nombre de los verdaderos herederos por introducir el suyo? Mas, por ventura dirá alguno, ¿no ha de hacer lo que es útil y lo que importa? Antes se ha de persuadir que nada es útil ni importante si es injusto. El que no está en esta inteligencia, no puede ser hombre de bien.

077.- (327)–

078.- (328)–

 

Capítulo XX:

Nunca hay causa para pecar.

079.- (329)–

080.- (330)–

081.- (331)–

082.- (332)–

Capítulo XXI:

Males que provienen del falso principio de tener por honesto lo que parece útil.

082.- (332)–

083.- (333)–

084.-(334)–

085.- (335)–

  Capítulo XXII:

 

Nada tenían por útil   los antiguos romanos, sino lo que era honesto…

086.- (336)–

087.-(337)–

088.- (338)–

Capítulo XXIII:

Qué partido se ha de tomar en algunos casos dudosos: cuál es la obligación de un hijo si sabe que su padre conspira contra la patria.

089.- (339)–

090.- (340)–[…]  Y   qué (diremos) ¿si un padre roba los templos y mina la tierra para llegar al erario, le delatará su hijo a los jueces? No debe hacer semejante cosa, antes defenderle si le acusaren. ¿Pues no es primero la obligación de la patria que todas las demás? Es cierto; pero también conduce a la misma patria tener ciudadanos piadosos para con los padres. ¿Y si (un padre) aspirare a erigirse en tirano ó vender la patria, callará el hijo?  Antes bien interpondrá sus ruegos para que no lo haga: y si esto no aprovechare, le reprenderá, y amenazará; y al fin, si viere a la patria en inminente peligro, deberá sacrificar al padre a la conservación y seguridad de la patria.

091.- (341)—Pregunta  también  si un sabio hubiere tomado unas monedas falsas por buenas sin saberlo, si sabido las podrá pagar por buenas a un acreedor suyo. Diógenes dice que puede; Antípatro dice que no, que es a lo que más me inclino. […].

092.- (342)– Si alguno vende oro creyendo que no es sino oropel, ¿le desengañará    un hombre de bien de que es oro, o le comprará por un dinero lo que vale mil? Bien patente está en esta parte mi sentir y la contraposición de los dos filósofos, de que arriba he hecho mención.

Capítulo XXIV:

Si se deben cumplir siempre los pactos y las promesas, aun con riesgo de la vida o del decoro.

092.- (342)–

093.- (343)–

Capítulo XXV:

No todas las promesas se deben cumplir: alguna vez es justo no volver el depósito.

094.- (344)– Tampoco se deben cumplir aquellas promesas que no sean en provecho de quienes se han ofrecido.  Había prometido el Sol –volviendo a las fábulas—a su hijo Faetonte hacer lo que le pidiese: […].

095.- (345)— ¿Y Agamenón?: Habiendo ofrecido a la  diosa  Diana sacrificarle la cosa más hermosa que hubiese nacido aquel año en su reino, sacrificó a su hija Ifigenia, que fue la más hermosa que nació: promesa más digna de faltar a ella que cometer  una maldad tan abominable.

Así que no siempre se deben cumplir las promesas, como ni pagar los depósitos. Si alguno depositó en ti una espada estando en su sano juicio y te la pide furioso, será pecado el dársela, y el no dársela cumplir con la obligación. Y   si  uno, que depositó en ti su dinero, declara guerra a la patria, le restituirás el depósito? Juzgo que no debes, porque faltarías al amor tan grande que debes a la patria. Así, muchas   cosas,  que  naturalmente  parecen honestas, dejan de serlo según las circunstancias: el hacer lo prometido, cumplir los pactos, pagar los depósitos, cambiada la utilidad se hacen torpes. […].

096.- (346)– Mas, por cuanto en el primer libro propusimos cuatro principios de honestidad de donde procedían las obligaciones, no saldremos de la materia, enseñando cuánto se oponen a la virtud aquellas cosas que parecen útiles y no lo son. Ya hemos hablado de la prudencia, a la cual pretende imitar la malicia, y también de la justicia, que siempre es útil. Restan las otras dos partes de la honestidad, de las cuales una resplandece en la grandeza y excelencia de un ánimo ilustre, y otra en la conformación y moderación de la modestia y templanza.

Capitulo XXVI:

No puede haber fortaleza donde falta la honestidad…

097.- (347)–

098.- (348)—

Capítulo XXVII:

099.- (349)– […] Marco Atilio Régulo, siendo cónsul la segunda vez, fue hecho prisionero en África, dando en una celda que le puso Jantipo Lacedemonio, capitán de las tropas de que era general Amilcar, padre de Anibal.  A éste (Marco Atilio Régulo) enviaron los cartagineses al Senado de Roma, con la pretensión de que les devolviesen unos prisioneros  suyos de cuenta, juramentado que si no alcanzaba su libertad, había de volver él mismo a Cartago. Llegado que fue a Roma, bien conocía una utilidad aparente, pero la juzgó por falsa, como el suceso lo declara. Esta,  consistía en quedarse en su patria, vivir con su mujer y sus hijos, y gozar en Roma los honores de su dignidad consular, tomando la desgracia que había tenido en la guerra por uno de los comunes acontecimientos que suelen suceder. ¿Quién negará que ésto es útil? ¿Qué diremos? La grandeza de ánimo y la fortaleza lo niegan.

Acción de Régulo.

100.- (350)–  ¿Son acaso menester  más fuertes autoridades?  Porque el carácter propio de estas virtudes es no temer nada, despreciar todos los acontecimientos humanos y no creer que en esta vida haya alguna desgracia intolerable.  Veamos qué hizo Régulo. Llegó al Senado; expuso su embajada; se excusó de decir su parecer, creyendo que él no era senador mientras estaba obligado al juramento del enemigo. Y aún más {¡oh insensato, y enemigo de su propia utilidad! dirá alguno}, dijo que no era conveniente a la república que se restituyesen los cautivos, por ser jóvenes y buenos capitanes, y él un viejo ya cansado de la edad. Y habiendo prevalecido su parecer, se quedaron en Roma los cautivos y él se volvió a Cartago, sin que el amor de la patria ni los ruegos de sus amigos fuesen parte para detenerle. No se le ocultaba que iba a entregarse a un bárbaro cruel y a unos castigos terribles; pero era para él más poderosa la obligación del juramento. Y así tuvo mejor causa, muerto por una continua vigilia (*) que si hubiera quedado en Roma viejo y cautivo, consular y perjuro.

(*): Le cortaron los párpados para que no pudiese cerrar los ojos. Tuditano dice que le mataron, no dejándole dormir en mucho tiempo, Vease Gelio, lib. VI, c. IV.

101.- (351)– Pero necio, dirán, que no contento con no apoyar la pretensión de Cartago, persuadió lo contrario. ¿Cómo necio? ¿Cuándo se trataba del interés de la patria?  ¿Pues puede ser útil a un particular cosa que no sea útil a la patria?

Capitulo XXVIII:

Todos apetecen lo útil, y esto no puede hallarse sino en la honestidad: objeciones contra Régulo y refutación de ellas.

101.-(351)– Se echan por tierra todos los principios naturales, separando la honestidad de la utilidad. Todos buscamos la utilidad (**): este deseo nos arrastra y no podemos resistirle.  […]. Mas, porque no podemos encontrar la utilidad sino en la alabanza, en los honores y en la honestidad, damos el primer lugar a estas cosas, que […] no nos dejan ver más que el interés y no la virtud.

102.- (352)—Pero, dirá alguno: ¿qué, tanta es la fuerza del juramento? ¿Tememos la ira de Júpiter? Júpiter ni se enoja ni  hace daño a nadie. Ésta es la común opinión de todos los filósofos (***), así de los que dicen que Dios, contenido en sí mismo, ni obra ni quiere que obren los hombres, como de los que asientan que es un Ser que está continuamente en acción.  Y bien: ¿qué más daño  le  hubiera  podido  causar  la  ira  de Dios, que lo que se acarreó él a sí mismo? Luego no hubo una tan poderosa fuerza de religión, que excediese a la utilidad. ¿Acaso la acción era torpe? Lo primero, del mal el menos. ¿Pues era tan mal esta torpeza como el martirio del enemigo?  Además,  el verso de Accio:

“Quebrantaste la fe: ningún derecho / Doy ni he dado jamás a hombre perjuro”.

103.- (353)–  Que aunque sean palabras de un rey impío, son de mucha consideración.

Añaden también  que, a la manera que decimos nosotros que muchas cosas parecen útiles y no lo son, así también dicen ellos de las cosas honestas: como en la acción de Régulo, parece honesto haber vuelto conscientemente a un suplicio por guardar la fe del juramento; pero deja de serlo, porque una promesa hecha a un enemigo violentamente, no se debe ratificar. Y, además, dicen que una cosa que antes no parecía honesta, viene a serlo después, si es mucha su utilidad. Esto es lo que comúnmente se opone a la acción de Régulo.  Veamos lo primero.

(***): Doctrina de los estoicos y epicúreos, que juzgan que Dios no quiere ni puede hacer daño, por no tener sino virtud benéfica y saludable: como dice Séneca, lib. I, “de Ira”, cap. XXVII. De aquí nace el argumento contra Régulo.

Capitulo XXIX:

Fe de juramento hecho al enemigo y a los piratas: con qué condición es válido.

104.- (354)– Dicen que no se debió temer la ira  de  Júpiter, que no se enoja ni daña a nadie.  Esta razón no es más poderosa contra el juramento de Régulo que contra todos los demás: fuera de que no se debe mirar al temor sino a la fuerza de él. Porque el juramento es una afirmación religiosa, y la promesa que se hace poniendo a Dios por testigo, se debe cumplir. Consideremos en la promesa no ya la ira de los dioses, que no  es ninguna, sino la justicia y la fidelidad. Bien dijo Ennio:

“¡Oh, fe divinal que  hasta el Cielo vuelas,  / Y por ti jura Jupiter supremo!

Luego el que quebranta un juramento, ofende a la fe, a quien nuestros antepasados –como dice Catón—colocaron en el capitolio al  lado de Júpiter.

105.- (355) – Pero no podía haber traído mayor daño a Régulo la ira de Dios, que se hizo él a sí mismo.  Dicen bien, si no hay otro mal que el dolor: pero asientan filósofos de grande autoridad, que no solamente no es el dolor el mayor mal, sino que en él radica  el mayor testimonio que se puede encontrar de su doctrina; porque  ¿dónde le hallaremos más fuerte que en este hombre principal de Roma, que por cumplir la fe del juramento, se entregó al martirio voluntariamente? Porque lo otro, que de dos males hemos de escoger el menor, quiere decir que demos antes en la torpeza que en la calamidad, ¿y dónde hay mayor mal que la torpeza, la cual, si nos desagrada y ofende en la deformidad del cuerpo, ¿cuánto más deberá  ofendernos  en  la del alma?

106.- (356) – Y así, según los que tratan la moral con más rigidez, sólo es mal la torpeza, y los más mitigados no dudan llamarla el mayor mal. Porque el verso de Accio:

“Ni la dí, ni la doy a hombre perjuro”,

está dicho conforme al carácter de Atreo, de quien hablaba.  Pero admitiendo que es nula la fe jurada a un infiel, nunca faltarán pretextos y excusas al perjuro. Se ha de guardar muchas veces con el enemigo el derecho de la guerra y la fe prometida.

107.- (357)–Lo que se ha jurado, de suerte que el entendimiento conciba que debe hacerse, se ha de cumplir: lo que no se ha jurado así, no hay perjurio en no cumplirlo.  Por ejemplo: si a unos piratas se hiciese promesa de tanto dinero por la vida y no se les pagase, no hay perjuicio, aunque se prometiese con juramento. Porque los piratas no son enemigos justos, sino enemigos comunes de todo el género humano, con los cuales no hay de común palabra ni fe alguna;

108.- (358)– pues no es perjurar en falso, sino que el perjurio consiste en faltar a un juramento hecho de todo corazón y según las fórmulas acostumbradas.

Juró mi lengua, no la intención mía,   dijo sabiamente Eurípides. No debía Régulo descomponer, faltando al juramento, las condiciones y pactos de la guerra, porque entonces se trataba con un enemigo justo y legítimo, declarado tal por el derecho fecial y por otras muchas leyes, sin cuyo fundamento nunca el Senado hubiera entregado hombres muy principales a los enemigos. (****)

(****): Así fueron entregados a los Samnitas, desnudos y atados, los cónsules, legados, cuestores y los tribunos de la plebe, porque habían hecho con ellos una paz deshonrosa, cuando las horcas de Caudio, sin orden del P. Romano. Vease T. Liv. 1. IX, c. x.

……………………………………………………………………………………………………………

 

Capitulo XXX:

Generosidad de algunos romanos que piden ser entregados al enemigo. Lo más admirable de Régulo.

109.- (359)– Tito Veturio y Esp. Postumio, siendo segunda vez consules, por haber hecho la paz con los samnitas, sin acuerdo del Senado y del pueblo, después de la desgraciada batalla de Caudio, y de haber consentido que pasasen las legiones romanas bajo el yugo, fueron entregados a los enemigos. Y en este tiempo corrieron la misma fortuna Tib.  Numidio y Q. Melio para anular este tratado, de que fueron autores, siendo tribunos de la plebe, y aconsejó y esforzó esta resolución el mismo Postumio, que debía ser entregado. […].

110.- (360)–  […]. Pero, porque juzgó que no era esto útil a la patria, tuvo por honesto sufrir y padecer el castigo. Porque lo otro, de que una cosa siendo muy útil viene a ser honesta, digo que antes lo es el que no se haga. Porque no hay cosa útil, si no es honesta, ni puede serlo por ser útil, sino por ser honesta viene a ser útil.

Capitulo XXXI:

 

No hay vínculo más sagrado que el del juramento, cuya infracción castigaban severamente los romanos.

 

111.- (361)– […]. Mas de toda la  alabanza que merece la acción de Régulo, lo que causa mayor admiración es el haber aconsejado que no se restituyesen los prisioneros. Porque el haber vuelto, al presente es cierto que admira; pero en aquellos tiempos no pudo hacer otra cosa, y así esta alabanza no tanto es suya propia como de aquellos tiempos. Porque quisieron nuestros antepasados, que para obligar la fe de los hombres no hubiese vínculo más estrecho que el juramento. […].

112.- (362)–

Capitulo XXXII:

 

Pena de fraude y de la cobardía.

 

113.- (363)– Mas así como se debe alabar a Régulo por la fidelidad con que guardó el juramento, se ha de vituperar a aquellos diez que, después de la batalla de Canas, envió Anibal al Senado, juramentados de que volverían a los mismos reales, de que acababan de apoderarse los cartagineses, si no salían de Roma con la pretensión de que redimiesen a los prisioneros, si es que no volvieron, acerca de los cuales no están conformes los escritores. […].

114.- (304)–

115.- (365)– […]. Mas, concluyamos ya este punto, por ser cosa clara que las acciones de cobardía y bajeza –como hubiera sido la de Régulo, si hubiera sentenciado lo que a él era provechoso y no a la república, o si hubiera quedado en Roma–, no son útiles, porque son malas, feas y vergonzosas.

 

Capitulo XXXIII:

 

La utilidad y la templanza.

 

No puede ser útil lo que se opone a la templanza: la doctrina de Epicuro se opone a todas las virtudes.

 

116.- (366).-   Resta la cuarta parte, que consiste en la decencia ó decoro, en la moderación, en la modestia, en la continencia y en la templanza. ¿Podrá hallarse  alguna cosa útil  que se oponga a este coro de tales virtudes? Los discípulos de Aristipo, que se llamaban cirenaicos y anicerios [+], colocaron en los deleites el sumo bien y atribuyeron sus respetos a la virtud, en cuanto fuese causa eficiente de los deleites; pero decaídos éstos, florece ahora Epicuro, que es como el promotor y autor de esta sentencia. Con éstos hemos de mantener nuestro campo de batalla, si estamos determinados a guardar y defender la honestidad.

[+]: Aristipo nació en Cirene de Africa; fue su discípulo Anicerio: aquel instituyó una escuela y éste la extendió con poca mutación. Pero ya se habían perdido en tiempo de Cicerón las escuelas de los cirenaicos y anicerios. Los que entonces florecían eran los epicúreos, los cuales juzgaban que era útil para vivir bien el buscar los deleites.]

 

117.- (367)-,

118.- (368)–  Mas al fin, en cuanto a estas tres virtudes, no dejan de discurrir con alguna agudeza; porque introducen más prudencia que les suministre los deleites y les aparte del dolor. También dan su salida a la fortaleza, cuando enseñan el desprecio de la muerte y sufrimiento del dolor; hay también su templanza, con bastantes dificultades; pero a su modo, porque dicen que la intensidad del deleite consiste en la falta de dolor. Para la que no hallan salida es para la justicia, pues queda por tierra y con ella todas las virtudes relativas a la comunicación y sociedad del género humano. Porque ni bondad, ni liberalidad, ni cortesanía o delicadeza en el  trato puede haber, como tampoco amistad, si estas virtudes no se practican por sí mismas, sino que han de subordinarse a los deleites o a la utilidad.

Capítulo XXXIV:

Oposición o antagonismo  entre placer y honestidad

 

EPÍLOGO

 

119.- (369)– Reduzcamos todo   esto a un breve resumen.  Así, pues, como hemos enseñado que no es utilidad la que repugna a la honestidad, así decimos ahora que todos los deleites son opuestos a la virtud. […].

 

120.- (370)—Queda dicho anteriormente cómo se ha de juzgar de las cosas, cuando lo que parece útil repugna a la virtud; pero si del deleite se dijere también que tiene apariencias de útil, no puede tener unión alguna con la honestidad. Porque concediendo algo al deleite, que podrá ser de sainete ó condimento, de utilidad ciertamente nada puede tener.

 

 

04.———————-CONCLUSIÓN

121.- (371)– Hé aquí. Marco, hijo mío, el presente que te hace tu padre, grande en mi opinión; pero será tal como tú lo recibas. No obstante, admite estos tres libros como huéspedes entre los comentarios de Cratipo. […]. Pero escucha la voz de un padre que te habla en estos libros, y emplea en ellos todo el tiempo que pudieres, que podrás cuanto quieras.

[…] Adiós, hijo mío, cree que es mucho el amor que te tengo, y que será mayor si te llevan mucha atención estos avisos y reglas de sabiduría.

 

 

{pág. 173}    FIN DE “LOS DEBERES”
 / TRATADO DE LOS DEBERES /
Biblioteca Económica de Cásicos
Universales. 
Año 1912.
 

 

 

 

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Gustavo Bueno – En torno a la Ideología y Filosofía de la Democracia

YO ESTUVE ALLI:

…en la Lección de D. Gustavo Bueno en los I Encuentros de Filosofía (2003) organizados por Nodulo Materialista en Madrid.

https://youtu.be/1wkuaRNjbUc

https://www.youtube.com/watch?v=1wkuaRNjbUc&feature=share

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Pedro Varela, en Barcelona, comenta la crisis

 

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CICERÓN

https://www.youtube.com/watch?v=31xQOpZ1sOY

Cicerón: Los Seis Grandes Errores del Ser Humano

 

https://youtu.be/31xQOpZ1sOY

&&&

Frases famosas de Cicerón

 

https://www.youtube.com/watch?v=6Fr8bxNrXng

https://youtu.be/6Fr8bxNrXng

$$$$$$$$$

https://www.youtube.com/watch?v=Z1FjNBYzacU

 

https://www.youtube.com/watch?v=tWP82oq9ioQ

 

Frases de Cicerón Vol. 1

 

https://youtu.be/Z1FjNBYzacU

https://www.youtube.com/watch?v=flNbG3gJWEY

https://www.youtube.com/watch?v=Z1FjNBYzacU

 

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