La religión en la obra literaria de Cervantes

Jesús G. Maestro -:

La religión en la obra literaria de Cervantes

 

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El feminismo, como histeria misógina

Con deplorable descortesía hacia los prejuicios feministas, la Naturaleza  ha tenido a bien imponer una profunda diferenciación entre los sexos, un dimorfismo sexual más acentuado en  los humanos que en los demás mamíferos. El dimorfismo no atañe solo al aspecto físico sino, y en no menor medida, a la psique, como puede observar cualquiera que tenga ojos en la cara. Abordé el tema en un artículo anterior (http://gaceta.es/pio-moa/dimorfismo-sexual-pensamiento-histerico-02042017-2116 ).

   ¿Qué caracteriza a la mujer con respecto al hombre? La maternidad. Esta no se refiere solo a los nueve meses de gestación, sino que abarca la cría y educación de la prole de modo más profundo e íntimo que la paternidad. Y moldea tanto el cuerpo femenino como su psique. En fin, la maternidad es la garantía de la conservación de la especie en la cual el papel de la mujer es más decisivo que el del varón.

   Lo anterior es una evidencia que no requiere más explicación, aunque, claro está, no todas las mujeres llegan a ser madres, pro problemas físicos o sociales o personales. Y así como lo normal es que el instinto maternal sea muy fuerte, en algunas mujeres es débil o inexistente. Un estudio en Usa mostraba que el maltrato infantil era más frecuente por parte de mujeres que de hombres, lo que se explica probablemente por las tensiones sociales y profesionales que soportan muchas madres.

    Pues bien, el feminismo, obsesionado con una igualdad que a la naturaleza no le ha parecido oportuna, y enemigo de la complementariedad de los sexos,  detesta de modo principal la maternidad, pues pocas cosas hay más desigualadoras. Y al odiar la maternidad, odian inevitablemente a la mujer, a la mujer real, de modo semejante a como los comunistas odiaban y trataban de someter al obrero real, que rara vez seguían sus consignas y doctrinas. El feminismo es en ese sentido misógino; e histérico en cuanto que se opone a la naturaleza (que según él no existe: la polaridad sexual sería un asunto “cultural”, un simple capricho de sociedades opresivas). Por ello genera histeria tanto en mujeres como en hombres, y degrada la necesaria conservación de la especie. Se ha hecho notar que los principales líderes de la UE (Alemania, Francia, Italia, Holanda o Suecia, además de Inglaterra) no tienen hijos biológicos. El dato tiene significado porque, consciente o inconscientemente, los líderes sirven de ejemplo a la sociedad.

   El aborto, por tanto aparece como un “derecho de la mujer”. El aborto es simplemente la liquidación de vidas humanas, pues no otra cosa es lo que conciben las mujeres. Observemos dos consignas típicas del feminismo y muy prodigadas (entre otras): “Si los obispos pariesen, el aborto sería un sacramento”. Es decir, que, de modo inconfesado,  ellas reconocen el aborto una especie de sacramento, algo deseable y casi obligado (ellas o ellos, porque probablemente hay más feministas hombres que mujeres, y son precisamente ellos los que imponen leyes y medidas feministas). Por cierto que no es novedad en la historia. Ha habido sectas, como la de los cátaros o albigenses, que  ya promovían el aborto, buscando el suicidio social deliberadamente.

   Otra consigna no menos reveladora: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Deciden liquidar una vida humana que, además, no procede solo de la madre, sino, en un 50%, del padre, cuyos derechos son literalmente pisoteados. De hecho, asistimos actualmente a campañas de denigración de la maternidad, la cual supone, según se dice, enormes sacrificios y costes indeseables para la mujer. El NYT lamentaba recientemente que los ingresos de las mujeres eran inferiores a los de los hombres debido a la maternidad. La idea es muy significativa: en una sociedad en la que ganar dinero es la tarea que da sentido a la vida y mide el “éxito” en ella, las mujeres quedarían en desventaja a causa de la maldita maternidad.

   La consigna citada expone implícitamente otro aspecto del feminismo: el odio al padre, y al varón en general. Ello se debe, posiblemente, a una reacción enfermiza que se da en algunas mujeres y que Freud achacaba, de modo absurdo, a todas: la “envidia del pene”. Las feministas quieren igualar al varón en todo, eliminar la complementariedad, y como ello resulta imposible, y en el fondo suicida, cobran un odio profundo a su modelo inalcanzable, entendiendo como una injusticia social lo que es simplemente una necesidad biológica para mantener en la tierra al ser humano. Una necesidad que, casualmente, otras ideologías emparentadas con el feminismo, como ciertos ecologismos y homosexismos, miran con escepticismo o aversión, estimando la posible extinción de la especie como  algo indiferente o incluso deseable. Ya hay ideólogos al respecto. El feminismo es tan misógino como misándrico

   El odio a la función paterna ha llevado también a negar a los hijos el más elemental derecho a un padre y una madre reales, sustituidos por la burla patética de dos papás y dos mamás y equiparando a los hijos con las mascotas. Ningún homosexual que realmente ame a los niños pretenderá privar a estos de aquel derecho básico.

  El tema puede dar mucho más de sí. Durante largos años el feminismo, como otras ideologías, ha explotado un victimismo igualmente histérico, ante el que era difícil la defensa, porque criticarlo sonaba a injusticia y defensa de opresiones reales o  inventadas. Pero una cosa es la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, conseguida hace mucho, y otra estas oleadas de chifladura que están envenenando la relación entre hombres y mujeres, y que tan estrecha relación tienen con el deterioro de la salud social: aborto masivo, fracaso conyugal y familiar igualmente masivo, con repercusión sobre los niños y adolescentes sobre todo, expuesta en la expansión de la droga, de los suicidios o el alcoholismo juvenil y en otros fenómenos por el estilo.

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ANTONIO MEDRANO EN EL AULLIDO DEL LOBO.

ANTONIO MEDRANO EN EL AULLIDO DEL LOBO.

 

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Ideología de Género: ¿Homosexuales u homosexualistas?

Ideología de Género: ¿Homosexuales u homosexualistas?

POL VICTORIA

. El homosexualista, en cambio, es el homosexual militante, que hace de su condición una bandera, que libra una batalla social, y es quien intenta transformar el mundo a su imagen y semejanza.

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No es lo mismo un homosexual que un homosexualista. El primero es quien practica sexo con su par, nada más. El homosexualista, en cambio, es el homosexual militante, que hace de su condición una bandera, que libra una batalla social, y es quien intenta transformar el mundo a su imagen y semejanza.

 

La razón de escribir este artículo es por la polémica surgida a raíz de mi última publicación “El Homosexualismo en la Nueva Película de Disney”. Varias personas me increparon sobre mi dura opinión sobre el “colectivo LGTBI” y cuestionaron mi crítica a la Película La Bella y la Bestia por su fuerte componente homosexual. “No te conviene ponerte en contra de los homosexuales”, me dijeron también.

 

Hablar de todo el lobby LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales) y diferenciar entre unos y otros sería muy largo para un solo artículo, así que me centraré únicamente en responder a la acusación de ponerme “en contra de los homosexuales”, pues muy falsa acusación es.

 

El homosexual como persona decente

Con este subtítulo no quiero decir que me parezca el homosexualismo digno de aplaudir, ni bueno, ni positivo en absoluto, ni para la persona ni para la sociedad. Pero sí quiero de alguna manera defender al homosexual decente, como persona humana, como varón o como mujer que en muchos sentidos es persona de provecho para la sociedad, el homosexual que es honesto, que es trabajador, que es buen vecino y buen amigo, el ciudadano que no hace daño a nadie.

 

Lo anterior no es algo teórico o etéreo por mi parte. Lo vivo así personalmente. Tengo muchos amigos homosexuales que tienen un comportamiento decente en la sociedad. Jamás podré alabar su conducta sexual pero, por otra parte, ¿a quién puedo alabar todas sus conductas? ¿Quién hay santo entre nosotros? A cualquiera de mis amigos heterosexuales y mucho más a mí mismo puedo reprochar tal o cual conducta, pues nadie hay perfecto y todos tenemos nuestros malos hábitos, vicios y pecados. ¿Por qué habría yo de condenar a un homosexual cuando todos somos pecadores? “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”, decía Jesucristo.

 

Esta defensa del “homosexual decente” la hago por todos aquellos que viven su sexualidad, aunque contra-natura, de manera discreta. Que su conducta sea privada hace toda la diferencia con el militante homosexualista que más tarde describiremos. Hay miles y miles de homosexuales por el mundo que no se meten con nadie, que viven su vida tranquila sin perturbar a los demás, aportando a la sociedad en tantos ámbitos de modo positivo. Me consta, pues conozco personalmente a muchos de ellos, y cuando van a mi casa encuentran a un amigo.

 

El homosexualista como enemigo declarado de la sociedad

Mis enemigos no son los homosexuales sino los homosexualistas, y en general el Lobby LGTBI y cualquier otro grupo de presión que se le parezca. No enemigos personales, sino enemigos intelectuales, valga la pena aclarar.

 

Los homosexualistas promueven la homosexualidad mediante la ingeniería social. Da igual si es a través de una película de Disney, o si es a través de los canales de televisión, o si lo hacen con marchas y propaganda política, o si es a través de los manuales educativos, o si lo imponen a la fuerza mediante la legislación de los políticos vendidos al poder financiero y mediático de los lobbies de presión. En cualquier caso el objetivo es el mismo: imponer su ideología de género totalitaria mediante la ingeniería social.

 

El homosexualista no se conforma con ser homosexual y practicar su tendencia de manera privada. El homosexualista tiene una necesidad de justificación, posee un complejo de inferioridad, padece de una profunda carencia de estabilidad psicológica, todo lo cual lo disfraza de una supuesta “reivindicación de derechos”, a lo cual se añade en muchos casos un odio visceral, un resentimiento psíquico y una tendencia a la provocación, y tal cóctel produce a un activista gay o lésbico. Su militancia se suele volver radical, rencorosa, y algunas veces hasta violenta.

 

En dicha ingeniería social, el Lobby LGTBI quiere transformar la sociedad a su manera bajo todos los medios que estén a su alcance. No es “más derechos” lo que quieren, o al menos no derechos legítimos. Lo que buscan es dominar. Lo que quieren es exterminar al que sea diferente, e imponer que todo el mundo piense como ellos. No necesariamente quieren que absolutamente todo el mundo se vuelva lesbiana, gay, transexual, bisexual, intersexual (o demás conductas que le añadan a la sopa de letras LGTBIXYZetc a medida que se les vayan ocurriendo nuevas ampliaciones de las siglas), no necesariamente, pero sí desean que los pocos heterosexuales que queden estén completamente sometidos a su ideología totalitaria y a su modelo de sociedad.

 

Permitirán la existencia de heterosexuales, sí, pero siempre y cuando renuncien por completo a pensar que esa es la manera correcta de vivir la sexualidad. Por eso yo, y muchos otros, no cabemos en su mundo dictador. No se nos permite pensar que el varón y la mujer y su mutua complementariedad es lo que la Naturaleza dictó para el bien del ser humano. Pronto seremos marginados de la vida social por cuenta de la dictadura homosexualista. Así es como el poderoso Lobby LGTBI y los homosexualistas le han declarado la guerra a la sociedad natural y libre.

 

La perversión de hacerse las víctimas para vivir del cuento

Son muchos quienes han comprado el discurso LGTBI que este peligroso lobby ha difundido, entre otras cosas, para “vivir del cuento”. Sí. Su objetivo es crear una dictadura anti-heterosexual, ciertamente, pero no solamente. También es crear una estructura institucional donde puedan vivir del cuento. La estrategia de hacerse las víctimas es óptima para sacarle recursos al Estado y a la sociedad. Y muchos, homosexuales y heterosexuales, les han comprado el discurso victimista, lo cual les permite vivir de subvenciones gubernamentales.

 

Tenga en cuenta el lector que no me refiero a “los homosexuales decentes”. Lo que afirmo es que en el poderoso lobby LGTBI se hacen las víctimas para vivir del cuento. No son los homosexuales sino los homosexualistas quienes lo hacen. Aquellos que militan para culpabilizarnos a todos los demás, y con su discurso hacernos sentir como los crueles verdugos, mientras ellos son los mansos corderitos a los que hay que subvencionar con dinero público para vivir del cuento. Así, son millonarias las transferencias de recursos estatales que cada vez más se destinan a financiar las asociaciones homosexualistas. Hoy día son miles de personas las que tienen sueldos y viven “del cuento”, a costa de chupar recursos que anteriormente iban para los hambrientos, para los niños huérfanos y para los ancianos desamparados. Ahora van para el lobby homosexualista, que a medida que gana terreno necesita extraer más dinero público para terminar de ganar su guerra y para dar de comer a su ejército de militantes.

 

En ese orden de cosas, ¿cómo es posible que la mayoría del pueblo madrileño se deje robar recursos para financiar el Día del Orgullo Gay de Madrid? Porque ha sido tan potente el discurso de los homosexualistas, y tan débil el criterio de la gente, que han conseguido que transcurra ese evento con toda normalidad. Se reúne un grupo de homosexualistas militantes para celebrar su fiesta del “orgullo gay”, pero no con su propio dinero, sino con el dinero de los demás. Los heterosexuales le tienen que pagar la fiesta a los homosexuales, así por que sí. Pero, ¿con qué derecho? ¿Se imagina el lector que yo montara una fiesta heterosexual pero a condición de obligar que la pagaran los homosexuales? Qué extraño, yo pensaba que lo normal es que cada uno se pagara su propia fiesta. Pero ese ¡no es el criterio de los homosexualistas! En su afán dictatorial, quieren que de los impuestos de todos se pague su propia fiesta sectaria, fiesta en donde además abundan los insultos y agresiones contra buena parte de la población de la que precisamente están chupando su dinero. Pero aquí no pasa nada, pues casi todos han comprado la retórica homosexualista dictatorial.

 

La deuda social para con los homosexuales

Eso significa, me increparán, que ¿los homosexuales nunca han sido perseguidos y victimizados y que no tienen derecho a una reivindicación social? Pues no es eso. Ha habido… ¿homosexuales maltratados?, sí, desde luego. Y ninguna persona merece maltrato injusto. Pero señor/a lector/a, no se deje engañar. Ha habido heterosexuales maltratados también. Ha habido varones maltratados y mujeres maltratadas. Ha habido niños maltratados y ancianos maltratados. Ha habido gitanos maltratados y noruegos maltratados. Ha habido mongólicos maltratados y superdotados maltratados. ¿Y qué? ¿Entonces los superdotados del mundo deberían formar un lobby de presión para exigir una “deuda social” y vivir del cuento? ¿Los gitanos tendrían derecho a exigir subvenciones del gobierno que porque muchos españoles hacen chistes sobre gitanos? ¿Qué cualquiera que forme un “colectivo” y diga que ha sido víctima pueda vivir del cuento? Pero… ¿nos hemos vuelto locos?

 

No señores, esto es inadmisible. Si Fulanito A, sea gitano, superdotado u homosexual, da igual, se ha sentido agredido por Sultanito B, que Fulanito A denuncie a Sultanito B y vayan a juicio. Así de sencillo. Persona concreta a persona concreta. Eso es lo normal. Pero en este mundo viciado, en esta doctrina de la dictadura homosexualista, ¿cómo así que los demás tenemos una “deuda social” con ellos? Por eso se inventaron el término “colectivos”, para suprimir la responsabilidad individual y categorizar a la población de modo que pudieran crear conflicto social. Oiga, señor homosexualista, yo a usted nunca lo he maltratado y siempre lo he tratado con respeto, entonces, ¿de dónde viene que yo le tengo que pagar su “fiesta del orgullo gay” con mis impuestos?, ¿cuál “deuda social” tengo yo con usted?, ¿acaso me vio cara de tonto? Lamentablemente, sí nos vieron cara de tontos.

 

¿Contra los homosexuales?

Es muy importante distinguir. Una cosa es un homosexual y otra cosa es un militante de la ideología de género (en este artículo me refiero sobre todo a homosexualistas, pero funcionaría igual con los demás miembros de lobby, pues no es lo mismo un transexual que un transexualista). Mis amigos homosexuales nada tienen que ver con los LGTBI, son gente decente, que vive su vida normal (normal dentro de lo que cabe, claro), ciudadanos que trabajan, que viven de su trabajo, que aportan a la sociedad en múltiples aspectos y que no fastidian a los demás. Estos varones y mujeres homosexuales, a pesar de su propia práctica contra-natura, se distancian de los llamados “colectivos LGTBI”, desprecian sus discursos victimistas y su retórica de odio, sus activismos intolerantes, sus asociaciones, sus lobbies, sus grupos de presión totalitarios y violentos, y desde luego les molesta que vivan del cuento a costa del trabajo productivo de los demás. Son simplemente homosexuales, y ya está, viven su vida tranquila y no tienen ningún interés de militar en un “gay parade” de San Francisco ni en un “día del orgullo gay” de Madrid. De hecho les repele y avergüenza toda esa estrambótica parafernalia donde no se sabe qué intentan demostrar.

 

“No te conviene ponerte en contra de los homosexuales”, me dijeron algunos. Contesto: yo nunca me pongo en contra de los homosexuales. Los amo como amo a cualquier otro ser humano, en mi condición de cristiano. Lo que jamás aceptaré es someterme a la dictadura homosexualista, ni a la ingeniería social, ni a la violencia (física y no física) del peligroso lobby LGTBI.

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FUENTE:

http://gaceta.es/pol-victoria/ideologia-genero-homosexuales-u-homosexualistas-02052017-0951

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DANUTA

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El escritor que inspira a Le Pen y a Bannon

Jean Raspail, autor de ‘El campamento de los santos’ (1973), la novela que admira la extrema derecha francesa, defiende la visión de una Europa asediada

Fila de refugiados esperando ser evacuados del campamento de Calais, en octubre de 2016.
Fila de refugiados esperando ser evacuados del campamento de Calais, en octubre de 2016. FRANCOIS LO PRESTI AFP

Un día, mirando al Mediterráneo desde una casa con vistas al mar en el sur de Francia, Jean Raspail tuvo una iluminación. “Pensé: ‘¿Y si ellos llegasen?”, recuerda. “A partir del momento en que la frase me vino, el libro se construyó casi sin que yo interviniese”.

La novela, El campamento de los santos, se publicó en francés en 1973. Muchos lectores han visto en ella un hábil artefacto ficticio que canaliza ideas radicales, incluso racistas. Al reeditarse en 2011, el Nouvel Observateur lo describió como un libro que, “sin ambigüedad, tanto por el vocabulario como por el imaginario, se sitúa en lo más íntimo del fascismo”. El crítico de Libération lo calificó de “odiosamente racista”. Otros lo han leído como un texto profético. Admirada por Ronald Reagan en los ochenta y citada en los noventa por el politólogo Samuel Huntington en El choque de las civilizaciones, la novela vive un renacimiento. La nueva derecha encuentra en ella un libro de culto en el que cree ver una anticipación de los tiempos actuales.

El escritor Jean Raspail, en su casa.ampliar foto
El escritor Jean Raspail, en su casa. MARC BASSET

Steve Bannon, el consejero áulico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, menciona el título para describir un Occidente invadido por los inmigrantes. Marine Le Pen, la candidata del Frente Nacional a la presidencia de Francia, recomienda su lectura para entender la “sumersión migratoria” que en su opinión vive el país.

El campamento de los santos, título sacado del Apocalipsis, imagina qué ocurriría si un millón desamparados desembarcasen en la costa francesa. Los habitantes de la región huyen hacia el norte. El presidente de la República renuncia a las órdenes de defender el territorio nacional. Las resistencias ceden.

“Hay que cerrar las fronteras pero, ¿quién soy yo para decir esto?”

A sus 92 años, Raspail, un autor de obra amplia y apreciada por la crítica y el público, no deja de alegrarse por la renovada actualidad de su novela más conocida y más polémica. Escucharlo en su apartamento del distrito XVII de París es adentrarse en una visión extrema del mundo, anclada en los márgenes de la derecha francesa más tradicional, pero significativa por cuanto su relato ha ayudado a modelar el pensamiento de personas que dirigen o aspiran a dirigir potencias occidentales.

“Sin quererlo, por una especie de misterio, preví algo que está ocurriendo”, dice. “No digo que hubiese una intervención divina, pero ocurrió algo. Estoy orgulloso de haberla escrito, porque es un aviso de que fui el único en hacer. Es un libro que fue y es muy útil”.

“Atención”, clama en otro momento. “El motivo principal del libro, en el fondo, no es la invasión de Occidente por el Tercer Mundo. En realidad, es una novela que describe la cobardía, la debilidad, la ausencia de ideales, la decadencia total en la que Occidente, es decir, nuestra Europa, está hundida desde hace un tiempo ya. Tenemos delante a un montón de personas con motivos potentes, y los dejamos entrar en masa por una especie de indiferencia triste”. Raspail, católico, identifica al Papa Francisco con la laxitud occidental ante la inmigración. Prefiere a Benedicto XVI, a quien rinde homenaje en una posdata a la última edición de El campamento de los santos.

 

Minorías amenazadas

“Mis ancestros eran católicos, estoy en un país que es cristiano desde hace siglos. ¿Por qué quiere que cambie? Formo parte de una cadena. Y en una cadena hay eslabones. Si rompe el eslabón se estropea todo. No tenemos derecho de romperlo”. Es una idea —la de la cadena hecha de eslabones irrompibles— que Raspail repitirá a lo largo de la entrevista.

POLÍTICA, LITERATURA Y AMISTAD

Jean Raspail conoce bien a la familia de Le Pen, a Marine y a su padre, el viejo líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen. “Ella me tutea, yo la tuteo, la conozco desde que ella tenía cuatro años”, dice. “Y conozco muy bien a su padre. Hace tiempo que no nos vemos. Éramos como una fratría. Una banda de compañeros”.

Entre los escritores más jóvenes, admira a Michel Houellebecq. “Considero que es un escritor bastante considerable, porque ha querido interpretar la época en la que vivimos”. La última novela de Houellebecq, Sumisión, imagina a un musulmán a la presidencia de Francia. “No se equivoca”, dice Raspail. “Puede suceder. Y todo el mundo lo encuentra perfecto”.

Al abordar el delicado asunto del racismo omnipresente en un relato que opone a la llamada raza banca con los invasores de piel oscura, el autor que ha inspirado a Bannon y Le Pen responde sin disimulos. Raspail, autor de libros de viajes e incansable explorador en su juventud, evoca sus encuentros con tribus aisladas en Tierra de Fuego, en Japón o en América del Norte: “Toda etnia amenazada por el progreso y la invasión por otros, toda etnia minoritaria que se adapta está perdida, y toda etnia minoritaria que no se adapta está perdida. No hay solución”. “Y creo que ahora los blancos…”, continúa. Pero se interrumpe a sí mismo para quejarse: “Me gustaría que me dejasen en paz y poder pronunciar las palabras que me apetezcan, que no son palabras insultantes”. Se refiere a blancos. Después retoma el hilo: “Somos una minoría que cada vez será más minoritaria”. La tribu al borde de la extinción.

A la pregunta sobre si él tiene una solución, responde: “Yo no soy un intelectual. Simplemente un escritor. Pero tengo convicciones. Hay que cerrar enteramente las fronteras pero, ¿quién soy yo para decir esto?”.

Al final de El campamento de los santos, el narrador habla de “la incompatibilidad de las razas cuando comparten un mismo medio ambiente”.

“No retiro ni una palabra de esta frase. ¿Quiere decirme si en Estados Unidos les va tan bien, si el melting pot entre los negros y los blancos funciona?”, comenta Raspail tras releer la frase. “Toda civilización aguanta porque de siglo en siglo, de año en año y de día en día las cosas se transmiten intactas. Son los eslabones de la cadena. Si rompes el eslabón todo se fastidia”. Ante las evidencias científicas sobre la inexistencia de las razas, responde: “De esto no sé nada. Caemos en asuntos de especialistas”.

Cuando se despide, y mientras cierra la puerta del ascensor, repite, como un mensaje y una advertencia: “Y no se olvide del eslabón: no hay que romper los eslabones de la cadena”.

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FUENTE:

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/08/actualidad/1491668924_797110.html

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GILBERTO K. CHESTERTON

 

GILBERTO K. CHESTERTON

GILBERTO K. CHESTERTON
“No existe, como se imaginan los pacifistas y los necios, la menor inconsecuencia entre amar a los hombres y combatir contra ellos, mientras se les combata noblemente y por una causa justa”.

 

 

http://www.traditioninaction.org/books.htm#olofgs

 

http://spanish.xinhuanet.com/2017-03/23/c_136151074.htm

10 AFIRMACIONES DE GEORGE ORWELL QUE SE ESTÁN CUMPLIENDO HOY EN DÍA

 

UCRANIA ACUSA A RUSIA DEL ASESINATO DE EXDIPUTADO RUSO CONTRARIO A PUTIN EN KIEV (info adicional al final)

https://mundo.sputniknews.com/foto/201703231067814984-gran-guerra-patria-urss-foto/

 

 

 

 

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