M. T. CICERÓN: Libro III de “De los DEBERES”

LIBRO III   {1 a 121}

….. (Entre lo útil y lo honesto)

01————————-INTRODUCCIÓN

Capítulo I:

Del ocio de Escipión, y cuán diferente era el de Cicerón.

001.- (251)– {pág. 124}

“De Publio Scipión […], escribe Catón […] que nunca estaba menos ocioso que cuando estaba ocioso, ni más acompañado que cuando estaba solo. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. De modo que dos cosas que a otros suelen desalentar, es a saber, el ocio y la soledad, a él le estimulaban. […].

002.- (252) —

003.- (253)–  […]. Mas, habiendo aprendido de otros hombres doctos, que no solamente se debe escoger del mal el menos, sino aun de los mismos males sacar, si es posible, algún bien; por tanto, gozo de este   mi descanso, no como debiera un hombre que en otro tiempo se le dio a su patria; y no me dejo desfallecer en esta soledad, en que vivo precisado y no por mi voluntad. […].

 

004.- (254)–

 Capítulo II:

Estímulos con que exhorta Cicerón a su hijo al estudio de la filosofía.

005.- (255)–  Toda la filosofía, hijo mío Cicerón, es rica y fructuosa, pero entre todas las partes que hay en la filosofía, la más  fecunda y ubérrima es la parte que trata de  los deberes u obligaciones, de donde se sacan los preceptos de vivir horada y felizmente. […].

006.- (256)–Y así, procura hacer todos los esfuerzos de que sean capaces tu ánimo y tu trabajo –si es que es trabajo y no deleite el estudio– […].

007.- (257)— Panecio. que   más que nadie escribió en torno a los deberes, que trató con diligencia sobre los oficios, habiendo propuesto tres modos diversos sobre las obligaciones en los que los hombres suelen pararse a deliberar y aconsejarse: uno, cuando dudan si es honesto o  torpe  lo que van a ejecutar; el segundo, si es útil ó inútil; y el tercero, cómo han de gobernarse, cuando lo que tiene apariencias de honesto, no se conforma bien con lo que parece útil. Disertó sobre los puntos primero y segundo en sus tres libros, prometiendo que escribiría luego sobre el tercer punto; pero no llegó a tener efecto su promesa. […].

008.- (258)–  009.- (259)– 010.- (260)–

02———————-TRATADO GENERAL

Capítulo III:  ¿Posible conflicto entre lo útil y lo honesto?

Peligro en separar lo útil de lo honesto: hay que vivir según la regla de la naturaleza.

011.- (261)–  012.- (262)– 013.- (263)– 014.- (264)– 015.- (265)–

Capítulo IV:

Honestidad común, como obligaciones comunes: nunca se ha de comparar lo honesto con la utilidad común.

015.–(265)–016.-266)– 017.- (267)– 018.-(268)–

019.- (269)– […]. Porque ocurren frecuentemente circunstancias en que lo que de ordinario se tiene por torpe o inmoral, se halla que no lo es. Pongamos un ejemplo […]. ¿Qué delito mayor que dar muerte, no sólo a un hombre, sino a un amigo [o a un familiar]? Y pregunto, ¿será el mismo delito ser homicida de un tirano a quien se trate con familiaridad? El pueblo romano juzga que no, antes entre todas las hazañas gloriosas coloca a ésta en primer lugar. ¿Pues qué, la utilidad pesa más que la honestidad? No, por cierto; sino que la utilidad se ha seguido de la honestidad. […].

 

020.- (270)

Capítulo V:

Se ha de distinguir si lo que parece útil repugna a la honestidad. Todas las leyes tienen por fin estorbar la injusticia.

021.- (271)–  022.- 023.- 024.- 025.- 026.- (276)–

 

Capítulo VI:

La utilidad de cada uno y la de todos es la misma…

026.– (276)–  027.- 028.- 029.- 030.- (280)– 031.- 032.- (282)–

Capítulo VII:

Se ha de apetecer la honestidad como el más principal de todos los bienes.

033.- (283)– 034.- (284)–

03——————-TRATADO ESPECIAL

Capítulo VIII:

Lo que no es honesto tampoco es útil: estas dos cosas son inseparables.

035.- (285)– 036.- 037.- (287)–

Capítulo IX:

Nunca se ha de obrar mal, aunque nadie lo pueda ver ni sospechar.

038.- (288)– 039.- (289)–

Capítulo X:

No hay utilidad donde no hay honestidad a todo se ha de preferir la amistad, excepto a la justicia.

040.- (290)– 041.- 042.- 043.- 044.- 045.- (295)–

Capítulo XI:

Nunca se ha de pecar por la república: cuánta honra es para los Estados el preferir lo honesto a lo útil.

046.- (296)– 047.- 048.- 049.- (299)–

 

Capítulo XII:

En qué casos se puede dudar de si la utilidad se conforma con la honestidad…

049.– (299) 050.- (300)– 051.- 052.- 053.- (303)–

Capítulo XIII:

Dos casos en los que se puede examinar si lo que parece útil se puede comparar con lo honesto.

053.–(303)– 054.- 055.- 056.- 057.- (307)–

Capítulo XIV:

Cuán infame es añadir mentira a la disimulación: ¿Qué es dolo malo?

058.- (308)– 059.- 060.- (310)–

Capítulo XV:

Leyes de los romanos contra el dolo malo y el fraude.

061.- (311)– 062.- 063.- 064.- (314)–

Capítulo XVI:

Disposición del derecho romano para establecer la buena fe en los contratos.

065.- (315)– 066.- 067.- 068.-(318)–

Capítulo XVII:

Fraude que no se suele reputar por malo: fórmulas y reglas contra la mala fe.

068.– (318)– 069.- 070.- (320)–  071.- 072.- (322)–

Capítulo XVIII:

El artificio se opone a la ley natural: la regla de lo útil es la misma que la de lo honesto.

073.- (323)– 074.- 075.- (325)

Capítulo XIX:

Verdadera idea del hombre de bien y cuán difícil es encontrarle.

075.- (325)– 076.- 077.- 078.- (328)–

Capítulo XX:

Nunca hay causa para pecar.

079.- (329)– 080.- (330)– 081.- 082.- (332)–

Capítulo XXI:

Males que provienen del falso principio de tener por honesto lo que parece útil.

082.– (332)– 083.- 084.- 085.- (335)–

Capítulo XXII:

Nada tenían por útil   los romanos, sino lo que era honesto…

086.- (336)– 087.- 088.- (338)–

Capítulo XXIII:

Qué partido se ha de tomar en algunos casos dudosos: cuál es la obligación de un hijo si sabe que su padre conspira contra la patria.

089.- (339)– 090.- (340)– 091.- 092.- (342)–

Capítulo XXIV:

Si se deben cumplir siempre los pactos y las promesas, aun con riesgo de la vida o del decoro.

092.– (342)– 093.- (343)–

Capítulo XXV:

No todas las promesas se deben cumplir: alguna vez es justo no volver el depósito.

094.- (344)– 095.- 096.- (346)–

Capitulo XXVI:

No puede haber fortaleza donde falta la honestidad…

097.- (347)–098.- 099.- (349)–

Capitulo XXVII:

Acción de Régulo.

100.- (350)– 101.- (351)–

Capitulo XXVIII:

Todos apetecen lo útil, y esto no puede hallarse sino en la honestidad: objeciones contra Régulo y refutación de ellas

101.– (351)– 102.- 103.- (353)–

Capitulo XXIX:

Fe de juramento hecho al enemigo y a los piratas: con qué condición es válido.

104.- (354)–105.- 106.- 107.- 108.- (358)–

Capitulo XXX:

Generosidad de algunos romanos que piden ser entregados al enemigo. Lo más admirable de Régulo.

109.- (359)– 110.- (360)–

Capitulo XXXI:

No hay vínculo más sagrado que el del juramento, cuya infracción castigaban severamente los romanos.

111.- (361)– 112.- (362)–

Capitulo XXXII:

Pena de fraude y de la cobardía.

113.- (363)– 114.- 115.- (365)–

Capitulo XXXIII:   La utilidad y la templanza.

No puede ser útil lo que se opone a la templanza: la doctrina de Epicuro se opone a todas las virtudes.

116.- (366).-   Resta la cuarta parte, que consiste en la decencia ó decoro, en la moderación, en la modestia, en la continencia y en la templanza. ¿ Podrá hallarse  alguna cosa útil  que se oponga a este coro de tales virtudes? Y sin embargo, [los epicúreos … juzgaban que era útil para vivir bien el buscar los deleites.]

117.- (367)–

118.- (368)–  Y respecto a estas tres virtudes se van defendiendo hábilmente. Introducen una prudencia que les suministre los deleites y les aparte del dolor. También dan su salida a la fortaleza, cuando enseñan el desprecio de la muerte y sufrimiento del dolor; hay también su templanza, con bastantes dificultades; pero a su modo, porque dicen que la intensidad del deleite consiste en la falta de dolor. Para la que no hallan salida es para la justicia, pues queda por tierra y con ella todas las virtudes relativas a la comunicación y sociedad de los hombres entre sí. Porque ni bondad, ni liberalidad, ni cortesanía o delicadeza en el  trato puede haber, como tampoco amistad, si estas virtudes no se practican por sí mismas, sino que han de subordinarse a los deleites o a la utilidad. Resumamos, pues, en pocas palabras.

 

Capítulo XXXIV:

Oposición o antagonismo  entre placer y honestidad

EPÍLOGO

119.- (369)– Reduzcamos todo  esto a un breve resumen.  Así, pues, como hemos enseñado que no es utilidad la que repugna a la honestidad, así decimos ahora que todos los deleites son opuestos a la virtud. […].

120.- (370)–

04.———————-CONCLUSIÓN

121.- (371)– Hé aquí. Marco, hijo mío, el regalo que te hace tu padre, grande en mi opinión; pero será tal como tú lo recibas. No obstante, admite estos tres libros como huéspedes entre los comentarios de Cratipo. […]. Pero escucha la voz de un padre que te habla en estos libros.

[…] Adiós, hijo mío, cree que es mucho el amor que te tengo, y que será mayor si te llevan mucha atención estos avisos y reglas de sabiduría.

{pág. 173}

 / TRATADO DE LOS DEBERES /

Biblioteca Económica de Cásicos Universales.  Año 1912.

 

 

 

 

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CICERÓN

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Cicerón: Los Seis Grandes Errores del Ser Humano

 

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Frases famosas de Cicerón

 

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Frases de Cicerón Vol. 1

 

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¿SOCIALISMUS versus INDIVIDUALISMUS?

 

…leido el texto de arriba, alguien se ufana en explicar lo siguiente:

“NATIONAL SOZIALISTISCHE DEUTSCHE ARBEITER PARTEI (NSDAP)

= Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores”

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¡La cara es el espejo del alma!

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El interés y la usura en las tradiciones religiosas

El interés y la usura en las tradiciones religiosas

Posted by mentor66 en junio 25, 2009

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La usura, entendida como la práctica de imponer al préstamo un interés financiero, tiene una existencia que se remonta 4,000 años atrás. A lo largo de la historia ha sido casi siempre condenada, a menudo prohibida ,siempre despreciada y, en la mayoría de los casos, restringida y controlada. Hoy en día, sin embargo, se distingue el interés de la usura, el primero sería la retribución , en general, del uso del dinero, y usura sería un tipo de interés moralmente injustificado.

Las críticas, sin esa distinción (al menos en sus orígenes), más virulentas han procedido siempre de las tradiciones espirituales : hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo e islam, sin olvidarnos de grandes nombres del paganismo como Platón, Aristóteles o Séneca.

1.- Recorrido histórico del concepto de interés en distintas tradiciones religiosas

A.- Hinduismo y Budismo

Las referencias más antiguas las hallamos en los textos del hinduismo, en concreto en los Vedas (2000 a. de C. – 1400 a. de C.) donde a menudo se asimila al usurero (kusidin) con cualquier prestamista de dinero a interés. Posteriormente, tanto en los sutras del hinduismo como en los jatakas del budismo, se hacen referencia al cobro de intereses, práctica por la que invariablemente se muestra el mayor de los desprecios. Esta prohibición era especialmente tajante en el caso de brahmanes y kshatriyas, las castas sacerdotal y guerrera, respectivamente.

Poco a poco, la visión negativa de la usura se va relativizando, como podemos ver en las Leyes de Manu (200 a. de C.) donde leemos que “no puede ser cobrado un interés estipulado más allá de la tasa legal; esto es lo que se denomina forma usuraria de préstamo”. Esta disolución del concepto continuó hasta la actualidad, y aunque en el mundo hindú la usura sigue siendo algo reprobable, este término ya sólo se aplica al interés cobrado por encima de los niveles socialmente aceptados.

B.- Judaísmo

En el judaísmo, la prohibición de la usura está estipulada en la Torá : “Si le prestas dinero a un miembro de mi pueblo, al pobre que vive a tu lado, no te comportarás con él como un usurero, no le exigirás interés” (Éxodo 22-24). “Si tu hermano se queda en la miseria y no tiene con qué pagarte, tu lo sostendrás como si fuese un extranjero o un huésped, y él vivirá junto a ti. No le exijas ninguna clase de interés; teme a tu Dios y déjalo vivir junto a ti como un hermano. No le prestes dinero a interés, ni le des comida a usura” (Levítico 25 : 35-38)

Sin embargo, en el Deuteronomio se establece una distinción entre el judío y el extranjero: “No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que pueda producir interés. Podrás prestar a interés al extranjero, pero no a tu compatriota, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas sus empresas, en la tierra de la que vas a tomar posesión” (Deuteronomio 23:20-21)

En otros pasajes de la Biblia encontramos también expresada una crítica a la usura : “Señor, ¿quién será huésped de tu tienda? El que no presta su dinero con usura ni acepta soborno contra el inocente” (Salmo XIV)

Además de las prohibiciones o reprobaciones estrictamente bíblicas, hay varias extensiones talmúdicas de las prohibiciones del cobro de intereses, conocidas como avat ribbit, es decir, “el polvo del interés”. Este se distingue del rubbit kezuzah, o interés adecuado sobre una cantidad o una tasa acordada entre el prestamista y el prestatario.

La palabra hebrea para interés es neshekh, que significa literalmente “mordedura”. La supresión de esta mordedura era un ideal al que se aspiraba pues por medio de ella muchos quedaban reducidos a la condición de esclavos por no pagar sus deudas. De todas formas, a pesar de la prohibición , la práctica se desarrolló de forma habitual en los tiempos bíblicos, y con el tiempo , se fue estableciendo una forma estandarizada de interés “legal” , conocida como hetter iska, que ha perdurado hasta nuestros días.

C.- Mundo pagano

Platón, en sus Leyes, consideró la usura como una enemiga del orden social, y Aristóteles la calificó en su Política de antinatural (El dinero es improductivo, “el dinero por si mismo no puede producir dinero”). Aristófanes en Las Nubes, o Plutarco , en sus Moralia, la consideraban como un robo.

En Roma, las reformas legales llevadas a cabo durante la República conocidas como Lex Genucia (340 a. de C.) prohibieron la usura y el interés. El derecho romano posterior estableció que quien hubiese contraído un préstamo estaba obligado a la restitución del tantundem, es decir , la misma cantidad prestada. Cuando la usura acabó convirtiéndose en una práctica habitual, se permitió el stipulatio usurarum, mediante el que se establecía que , junto al tantundem, el prestamista podía exigir una cantidad libremente pactada por las partes. La extensión del fenómeno obligó a la legislación romana a fijar una tasa máxima de interés, que en el año 88 a. C. era del 1% al mes

D.- Cristianismo

En lo que respecta al cristianismo, es necesario recordar que la prohibición del préstamo con interés ha sido una práctica unánime de la Iglesia católica hasta el siglo XIX. La prohibición que aparecía en el Antiguo Testamento fue retomada por los padres de la Iglesia quienes, como San Gregorio Niseno, San Juan Crisóstomo, San Agustín o Santo Tomás de Aquino, no ahorraron las críticas a esta actividad.

Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino razonando su posición muestra su rechazo al argumento de que el tiempo en que la persona tarda en pagar lo prestado justifica el cobrar interés , ya que el tiempo no es propiedad de nadie sino que ha sido designado por Dios para todos los seres humanos. “Por ello, el prestamista que cobra por el tiempo del préstamo comete un fraude,ya que le vende lo que pertenece lo mismo al deudor que a él, y va contra Dios, puesto que exige un precio por algo que Dios regaló a todos por igual”

San Basilio Magno describe en su Homilía sobre el Salmo XIV el carácter insaciable de la usura : “El pobre buscaba una ayuda y ha encontrado un enemigo. Buscaba una medicina, y ha encontrado veneno. En lugar de socorrerle en su pobreza, te has enriquecido con su miseria [….] Los perros, cuando reciben algo, se amansan, pero el usurero, cuando se guarda su dinero, se irrita aún más. No cesa de ladrar pidiendo siempre más [….] Apenas ha recibido el dinero cuando ya te está pidiendo el dinero del mes en curso. Y este dinero prestado genera un mal tras otro, y así hasta el infinito”

La iglesia ha condenado la usura al menos en nueve Concilios. En el de Nicea, en el año 325, la prohibición del cobro de intereses solo se explicitaba en el lado del clero, bajo pena de degradación eclesiástica. Más tarde, Carlomagno hizo extensiva la prohibición a toda la población en sus Capitulares. El segundo concilio de Letrán (1139) condenó de forma tajante la actividad usuraria, incluida la que se desarrolla conforme al antiguo derecho romano. Con esta medida se erradicaba cualquier tipo de interés , por pequeño que este fuera. Los usureros, clérigos o laicos, eran considerados infames, siéndoles negada la cristiana sepultura.

El tercer concilio de Letrán (1179) renovó la condena de la usura : “ [….] ordenamos que los usureros manifiestos no sean admitidos a la comunión, y que, si mueren en pecado, no sean enterrados cristianamente, y que ningún sacerdote les acepte las limosnas [….]”. Más tarde, el papa Alejandro III declaró la nulidad del testamento del usurero. Las mismas condenas se repitieron en el cuarto Concilio de Letrán (1215)

El Concilio de Viena (1311-1312) señalaba que “ofendiendo a Dios y al prójimo”, en algunas zonas estaba autorizada la usura, cuyos intereses se cobraban además de forma coercitiva. Se estableció la excomunión para todos aquellos que, mediante decretos o sentencias, respaldaran el derecho de los usureros a cobrar los intereses. En el decreto 29 podemos leer que “si alguien cayera en el error de afirmar que ejercer la usura no es pecado, disponemos que sea castigado como hereje”

La última declaración oficial de la Iglesia Católica contra la usura, entendiéndose esta como cualquier tipo de interés, aparece en la encíclica Vix Pervenit (1745) en la que el Papa Benedicto XIV condena “ese género de pecado que se llama usura y que [….] consiste en que, partiendo de un préstamo, que por su propia naturaleza pide que se restituya solo la cantidad prestada, se quiere que se restituya más de lo que se recibió. Debido a esto, cualquier cantidad que supere el capital prestado es ilícito y usurario”

Hoy en día, la iglesia católica ha admitido la distinción entre un interés moderado permitido por la ley, y la práctica usuraria, caracterizada por un interés excesivo. Este cambio de enfoque ha de ser ubicado en su época. Se pasa de una economía de necesidades a una economía de ganancias, es el momento en que surge el capital industrial y financiero. La puerta a la permisividad se abrió primero, sin embargo, por el lado de la Reforma protestante. Lutero, aunque con matices, se mostró desfavorable a la usura. Sin embargo, paradojicamente, el gran cambio tuvo lugar en los sectores más puritanos del protestantismo, En Ginebra, Calvino se declaró abiertamente partidario del interés. Desechando los pasajes del Antiguo Testamento que tratan de la usura, así como los demás precedentes al respecto, por considerarlos inaplicables a las nuevas circunstancias, afirmó que cobrar intereses sobre el capital era tan lícito como cobrar una renta por la tierra. Aunque permitió solo intereses moderados y bajo ciertas condiciones, el hecho resultante fue que una actividad considerada reprobable e ilícita durante siglos…….acababa de ser respaldada por una autoridad religiosa.

Dentro de la iglesia católica, la primera vez que se cuestionó abiertamente la doctrina original fue en 1822. Una mujer de Lyon, Francia, percibió intereses sobre el dinero que había prestado y se le negó la absolución hasta que no devolviese los ganancias ilegales. El obispo Rhedon exigió una aclaración por parte de las autoridades de Roma, quienes le respondieron : “Le informamos que la demandante recibirá una respuesta a su pregunta en el momento adecuado […] Mientras tanto, podrá recibir la absolución sacramental en tanto y en cuanto esté totalmente dispuesta a someterse a las instrucciones de la Santa Sede”. En 1830 hubo otra promesa de resolución del problema, y más tarde, en 1873, la oficina de Propaganda de la Iglesia dio a conocer una tercera promesa, pero nunca se concretó. El pecado de la usura no se derogó en forma oficial, sino que se lo dejó caer simplemente en el olvido.

Es en este entorno donde el problema de la moral cristiana sobre el interés se va a limitar a tratar de determinar la cuantía del mismo, es decir, en determinar cuando un interés es demasiado alto y tendría que ser catalogado como usura.

E.- Islam

En el Islam, la palabra que tradicionalmente se traduce por usura es riba. Este término presente en el Corán, significa literalmente “incremento”. La prohibición de la usura es doctrina coránica tal como podemos ver en la azora titulada “La vaca” : “Vosotros los que creéis, temed a Dios y renunciad a cualquier beneficio de la usura que os quede si sois creyentes. Si no lo hacéis, sabed que Dios y su enviado os ha declarado la guerra [….] Si el deudor está en apuros, concededle una prórroga hasta que se encuentre desahogado, aunque lo mejor para vosotros es que renunciéis a cobrarlo, considerándolo como una limosna “ (Corán II, 274-279)

Tambien en la azora “Los romanos” encontramos una referencia a la riba: “Y lo que deis con usura para que se incremente a costa de los bienes ajenos, no producirá incremento alguno ante Dios, mientras que lo que dais sinceramente , buscando el rostro de Dios, esos son los que verán multiplicada su recompensa” (Corán XXX, 39)

Estos principios siguen vigentes hoy en día en los países islámicos, aunque la mayoría de empresarios y hombres de negocios musulmanes reconocen que hoy en día que las transacciones basadas en intereses son algo inevitable, pero tratan de evadirse de la prohibición con estrategias como utilización de bancos no islámicos. Otra táctica usada es la conocida como “banca islámica”. Estos bancos mantienen su viabilidad económica usando el concepto islámico de “participación en las ganancias y las pérdidas”. De esta forma, los bancos se convierten en una especie de accionistas del proyecto (personal, empresarial, social…..) al cual financian.

2.- ¿Qué hay detrás de la reprobación de las tradiciones religiosas al concepto de interés?

¿No será la preocupación por la justicia social y la estabilidad la que motivó que las principales religiones se detuvieran en el tema y prohibieran en forma unánime el cobro de interés? Siguiendo a Lietaer , los efectos del interés sobre la sociedad son los siguientes :

1.- En forma indirecta, el interés fomenta la competencia sistemática entre los participantes del sistema

2.- El interés estimula en forma constante la necesidad de un crecimiento económico permanente, aun cuando los niveles de vida permanezcan estancados

3.- El interés concentra la riqueza en favor de una pequeña minoría.

No es este el sitio para preparar una disertación sobre estos efectos, pero si dejar unos pequeños bosquejos y algunas cuestiones abiertas al hilo de ellos :

1.-El sistema monetario actual (basado en la valorización del tiempo en forma de interés) nos obliga a  incurrir en una deuda colectiva, y a competir entre los integrantes de la comunidad, con el único fin de obtener los medios para realizar intercambios entre nosotros y reponer los intereses generados. ¿Es esto lo natural? ¿Qué es lo natural humano, la competencia o la cooperación?

2.-Ese sistema monetario precisa un crecimiento continuo para que se puedan pagar los intereses, y se establece como una rutina en nuestras vidas. Es la tasa de interés la que establece el nivel promedio de crecimiento necesario para mantenerse en el mismo lugar. La pregunta que nos surge es : ¿Es posible el crecimiento infinito en un mundo finito (nuestro único planeta Tierra)?

El Centavo de José y la imposibilidad matemática del interés compuesto

El interés indefinidamente compuesto es una imposibilidad matemática en el mundo real. Por ejemplo, si José hubiera invertido un centavo de dólar con un interés del 4% el día de nacimiento de Jesucristo, para el día de la independencia norteamericana su valor habría aumentado hasta ser igual al de una bola de oro con el peso de la mitad del planeta Tierra. En la actualidad, tendría el valor de 2252 bolas de oro del peso de la Tierra

Si el interés compuesto hubiera sido del 5%, en el año 2002 el centavo de José habría alcanzado el increible valor de 470 mil millones de bolas de oro del peso de la Tierra

3.-Un tercer efecto sistemático del interés en la sociedad es la transferencia continua de riqueza de una gran mayoría a una pequeña y selecta minoría. Las personas y organizaciones más ricas son dueñas de activos que devengan intereses, y van a recibir una renta permanente de cualquiera que precise un préstamo a fin de obtener el medio de cambio (dinero) necesario para cumplir con el pago de interés. Son numerosos los estudios que muestran la transferencia de riqueza del 80% inferior de la población al 10% superior dentro de los paises occidentales (por no entrar a hablar de los desequilibrios norte-sur). El resultado acumulativo de este proceso explica el apabullante desequilibrio en la distribución de la riqueza a nivel mundial y haciéndose mayor cada vez el “gap” en estos últimos años. Esta diferencia es por entero independiente del grado de inteligencia o laboriosidad de los participantes, que es el argumento clásico para justificar las grandes diferencias en materias de ingresos. Y si es gravísimo la cantidad de gente por debajo de los niveles de pobreza, lo es más cuando los que están mejor tampoco digamos que estén/estemos muy bien (los medicamentos antidepresivos y ansiolíticos están en las partes más altas de la lista de medicamentos más prescritos).

A modo de conclusión, decir que las religiones han tenido originariamente el objetivo de la búsqueda de  justicia social y distribución de la riqueza. Cuando atacan las transacciones que comportan intereses , el propósito es proteger al individuo económicamente débil de una forma u otra contra el poderoso (en riqueza) que puede aprovecharse de él a través del mecanismo del interés. Independientemente de sus diferentes interpretaciones, podemos decir que la actitud que siempre dominó en el cuerpo doctrinal de las religiones con respecto al tipo de interés fue el temor a la arbitrariedad en las decisiones de aquellos que detentaban el poder político y económico con respecto a los menos favorecidos

Anexo : Alternativas al sistema monetario basado en el tipo de interés

Sin ánimo de ser exhaustivo, traigo aquí un catálogo de diferentes propuestas que se están moviendo socialmente con el objeto de modificar radicalmente (en el sentido, de ir hasta las raíces), el sistema monetario actual para poner la economía al servicio del individuo y no al revés:

  • Banca ética : En palabras de Peter Blom, CEO internacional de Triodos Bank, se trata de modificar el antiguo modelo bancario, que entiende la Banca como un negocio que busca el máximo beneficio a corto plazo para sus accionistas, a un modelo donde la banca sea un agente social que elija sus inversiones preocupado por su impacto sobre la naturaleza, las personas y los problemas a los que nos enfrentamos ”. Yo diría que el negocio entonces es la búsqueda del máximo beneficio a largo plazo y no solo para sus accionistas, sino para la sociedad en total. En España aparte de Triodos (el más consolidado) hay otras iniciativas como Fiare, Coop 57, Oikocredit
  • Bancos de tiempo :  Constituyen un acuerdo dentro de una comunidad para utilizar algo (horas de servicio) como medio de pago. Al llegarse al acuerdo, se crea literalmente dinero que puede ser incluso impreso de la misma forma que la moneda actual (ejemplos de estas denominadas “monedas complementarias” ya se han implementado en numerosos territorios fomentando una economía más basada en lo local : Chiemgauer, Ithaca hours, LETS)
  • Dinero sin inflación ni tasas de interés (Margrit Kennedy) : El sistema monetario debería considerarse un servicio público, por lo tanto es ilegal un sistema en el cual el 10% de la población continuamente recibe más de lo que paga por dicho servicio a expensas del resto que recibe menos de lo que paga. Muy esquematicamente, Margrit Kennedy propone reemplazar el interés por una tasa sobre el dinero inmovilizado (es a lo que denomina oxidación) como incentivo para la circulación lo cual provee al sistema de un ímpetu semejante al del interés. Desaparecería con ello, los múltiples reembolsos de intereses, el crecimiento malsano del sistema económico y las ventajas unilaterales que proporcionan a los prestamistas en la actualidad.
  • Los liberales de la escuela de economía austriaca proponen el restablecimiento de un patrón físico (oro, aunque podría ser la energía, por ejemplo) donde la creación de dinero esté sujeta al límite de esos bienes físicos junto con un coeficiente de reserva de depósitos del 100% para la eliminación del concepto de creación de “dinero bancario”. Es necesario recordar que hasta el año 1971, se podía acudir a la Reserva Federal americana a exigir 1 onza de oro por cada 35 dólares que tuvieras en billetes americanos. Al perder ese ancla, hemos llegado al desborde de creación de dinero bancario/financiero que ha provocado la actual crisis mundial . Pero ese es otro tema………

Bibliografía

  • “La crítica de la usura en la tradición”, Artículo de Andrés Guijarro en la revista The ecologist , nº 31 , Invierno 2007
  • “El futuro del dinero”, Bernard Lietaer, Longseller, Buenos Aires, 2005
  • “Fuera de los pobres no hay salvación”, Jon Sobrino, Trotta, Marzo 2007

 

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MARCO TULIO CICERON

BIOGRAFÍA Y LABOR POLÍTICA

Busto de Marco Tulio Cicerón

Marco Tulio Cicerón representa como ningún otro la unión entre un autor literario de calidad deslumbrante y un político de enorme influencia en el devenir histórico de la República romana. Por este motivo, Cicerón merece un puesto de excepción, tanto en los manuales de historia de la literatura latina como en los tratados de teoría política romana.
Cicerón nació en la ciudad latina de Arpino en el 106 a.C., [593 de Roma] un año antes de Cayo Mario desempeñara el primero de sus siete consulados. Los Tulios de Arpino eran una familia del ordo equester que había desempeñado altos cargos de la administración municipal, pero que jamás habían logrado dar el salto a la gran política de Roma. El padre de Cicerón logró, sin embargo, que sus dos hijos, Marco y Quinto, se educaran en Roma desde niños compartiendo aprendizaje y vivencias con los hijos de la alta aristocracia de la Urbe. Aunque sabemos muy poco de la infancia y la primera juventud de Cicerón, él mismo nos cuenta en sus escritos que aprendió retórica y teoría política de la mano de algunos de los mejores oradores de su tiempo, Mucio Escévola, Marco Craso y Marco Antonio el Orador.
Tras desempeñar algunas magistraturas menores y haber cumplido un corto y poco glorioso servicio militar durante los años de la Guerra Itálica, Cicerón alcanzó la primera magistratura de importancia en su cursus honorum, la cuestura. Como cuestor, Cicerón sirvió a las órdenes del gobernador de Sicilia, desempeñando su labor de forma pulcra y honrada, y logrando con ello una gran red de clientes en esta isla. Gracias a su relación con los sicilianos, Cicerón logró su primera gran victoria judicial como abogado y orador en el proceso contra Cayo Verres, antiguo gobernador de Sicilia que había expoliado la isla y a sus habitantes durante su mandato.
Su buena labor como cuestor y, ante todo, su creciente fama como abogado y orador, le valieron la obtención de las siguientes magistraturas. De su año como edil sabemos que Cicerón se mostró un administrador riguroso y poco dado a los gastos innecesarios, aunque esto le acarreara fama de ávaro. Como pretor, el Arpinate se puso al servicio de uno de los hombres más poderosos del momento, Cneo Pompeyo, una relación beneficiosa que cultivó y trató de conservar a lo largo de toda su vida. Fue en el año de su pretura cuando Cicerón escribió su discurso en defensa de la propuesta de ley del tribuno Manilio, que trataba de conseguir para Pompeyo un mando en la guerra contra Mitrídates, rey del Ponto y principal enemigo de Roma desde décadas atrás.
En el año 64 a.C., Cicerón acometió una de las más arduas empresas políticas que emprendería en su vida: la obtención del consulado. Para un hombre como Cicerón, que no podía presumir de contar entre sus ancestros con ningún nombre que hubiera alcanzado la categoría de cónsul, ser elegido para dicha magistratura era un objetivo casi imposible. Muy pocos homines novi habían conseguido la proeza de ser los primeros de su familia en alcanzar el consulado. Sin embargo, Cicerón contaba con su prestigio como abogado y orador, con una extensa red de clientes entre la plebe de Italia y las provincias, y, ante todo, con el apoyo de Cneo Pompeyo Magno. Con estas credenciales, Cicerón presentó su candidatura y, contra todo pronóstico, fue elegido como primer cónsul para el año 63 a.C.
El principal problema al que tuvo que hacer frente el cónsul Cicerón fue un intento de golpe de estado conocido como la Conjura de Catilina. Lucio Sergio Catilina era un aristócrata empobrecido que, tras haber intentado varias veces ser nombrado cónsul de forma infructuosa, organizó una trama para hacerse con el poder en la que estaban implicados algunos nobles y caballeros. Cicerón supo de la existencia de esta conjura por medio de varios confidentes, gracias a los cuales el cónsul pudo actuar para evitar que ésta lograse sus objetivos. El primer paso de Cicerón consistió en denunciar ante el Senado las intenciones de Catilina, para lo cual compuso y pronunció una serie de discursos, sus célebres Catilinarias, mediante los cuales denunció las intenciones de los golpistas. Catilina escapó de Roma y logró ponerse al frente de un ejército; otros de sus cómplices no tuvieron tanta suerte y fueron arrestados y ejecutados por orden del cónsul Cicerón. Las tropas de Catilina fueron finalmente derrotadas por un ejército dirigido por el otro cónsul, Marco Antonio Híbrida, con lo que la conjura quedó abortada. Cicerón llegó en este momento a la cúspide de su gloria, siendo saludado como padre de la patria por el resto de senadores.
Poco duró, sin embargo, la gloria de Cicerón. Una vez abandonó el consulado, todos sus enemigos trataron de hacerle caer en desgracia. Publio Clodio, un aristócrata que había cimentado su carrera política en el populismo y el apoyo de la plebe, logró que Cicerón fuera condenado al exilio en el año 58 a.C., acusado de haber condenado a muerte a los partidarios de Catilina sin dejar que éstos fueran juzgados previamente. El exilio supuso la experiencia más amarga para un hombre que, como Cicerón, había basado toda su felicidad en su carrera política. Además de conseguir su alejamiento de la ciudad, Publio Clodio logró que las propiedades de Cicerón fueran confiscadas: su casa en el Palatino fue destruida, varias de sus fiincas arrasadas y sometidas al pillaje. En estas circunstancias, lejos de su familia, lejos de sus amigos y, ante todo, lejos de Roma, Cicerón languideció en varias localidades de Grecia y Oriente hasta que el Senado revocó la condena y el Arpinate pudo regresar a la Urbe.
En los años que siguieron a su vuelta del exilio, Cicerón trató sin éxito de recuperar su papel de primera figura política. Pese a sus esfuerzos, el tiempo de los oradores había pasado, y eran ya los grandes generales, con César y Pompeyo al frente, los que marcaban la pauta política. El Arpinate ocupó cargos de importancia menor, como el de gobernador de Cilicia, pero nunca logró que su influencia volviera a ser la misma.
Al poco tiempo del de Cicerón regreso de Cilicia, estalló la guerra civil entre César y Pompeyo. El orador tardó un tiempo en tomar partido debido a que le unían lazos de amistad con ambos generales. Finalmente, el hecho de que la mayoría de los senadores hubiera abrazado la causa de Pompeyo hizo que Cicerón diera la espalda a César y partiera de Roma para unirse a los ejércitos pompeyanos. No fue la suya, sin embargo, una decisión firme, pues en todo momento se mostró disconforme con la marcha de los acontecimientos. Tras la batalla de Farsalia, en la que las tropas de César derrotaron a las de Pompeyo, Cicerón regresó a Roma, confiando en que el vencedor le concediera su perdón.
César, como vencedor de la guerra civil, inició en este momento un proceso de acumulación de poderes que repugnó a muchos aristócratas romanos, temerosos de que la República romana acabara convertida en una monarquía. Pese a ser un republicano convencido, Cicerón no hizo causa activa contra la dictadura de César, limitándose a mostrar su desacuerdo en el ámbito de la intimidad, en sus cartas privadas y en reuniones con sus amigos. Cuando un grupo de aristócratas encabezados por Bruto y Casio tramaron el asesinato de César, dejaron a Cicerón al margen, pues no confiaban en su carácter dubitativo y poco seguro. Es muy probable, por tanto, que el asesinato de César cogiera a Cicerón por sorpresa, algo que no le impidió apresurarse en alabar con todas sus fuerzas a los aristócratas que habían acabado con el tirano.
Tras el asesinato de César comienza el último periodo de la vida de Cicerón. La muerte de la mayoría de senadores ancianos, bien por vejez, bien por causa de la guerra civil, hacía del Arpinate uno de los nobles romanos con más experiencia en la política republicana, un papel del que el propio Cicerón era muy consciente. Pese a sus esfuerzos por lograr que las instituciones de la República volvieran a su funcionamiento habitual, la guerra civil no tardó en volver a estallar, esta vez entre los herederos de César y sus asesinos. Mientras en el anterior conflicto Cicerón había mostrado una actitud poco decidida, en esta ocasión el Arpinate se puso a la cabeza de quienes defendían la legalidad republicana, representada, a juicio del orador, en Bruto y Casio, los asesinos de César. Cicerón puso en este momento toda la Cicerón ante el Senadofuerza de su oratoria al servicio de la República, y para ello atacó al que consideraba el mayor enemigo de la libertad de Roma, el general Marco Antonio. En sus célebres Filípicas, Cicerón atacó a Antonio por su crueldad, por sus vicios, por su ambición y por su negativa a licenciar unas tropas que eran una amenaza constante para la República. Estos discursos contra Marco Antonio representan el momento de máximo esplendor de la oratoria latina, además del canto de cisne de Marco Tulio Cicerón.
La suerte, sin embargo, no sonrió al Arpinate. En la batalla de Filipos se enfrentaron las tropas de los herederos de César, con Antonio y Octaviano al frente, con los ejércitos de Bruto y Casio. Estos últimos fueron derrotados, y Roma quedó en manos de los cesarianos. La primera medida que tomaron los nuevos amos de Roma fue la publicación de unas listas de enemigos a los que había que eliminar. Marco Antonio se aseguró de que el nombre de Cicerón apareciera el primero de la lista. El orador trató de escapar de Italia, pero una vez más su carácter dubitativo le impidió llegar demasiado lejos. Los hombres de Antonio le dieron alcance a pocos días de marcha desde Roma. Cicerón fue ejecutado; su cabeza y sus manos fueron enviadas a Antonio para que las exhibiera en el Foro como un trofeo de guerra personal.
De este modo terminó sus días Marco Tulio Cicerón. Su nombre, sin embargo, perduró en las generaciones posteriores como símbolo de lucha por la libertad y contra la tiranía.

CICERÓN COMO ORADOR. LOS DISCURSOS.

Aunque la obra de Cicerón abarcó muchos géneros, fue la oratoria el que le llevó a sobresalir entre sus coetáneos y el que le sitúa hoy en un puesto de excepción en el marco de la literatura universal. Conservamos un total de cincuenta y ocho discursos de Cicerón, de forma íntegra o casi íntegra, aunque tenemos noticias y fragmentos de muchos otros que, por desgracia, se han perdido de forma aparentemente definitiva.
El estilo retórico de Cicerón es uno de los más cuidados y pulidos de toda la retórica latina. En ellos, el orador pone en práctica todos los principios desarrollados por la oratoria griega: división del discurso en partes muy marcadas, adecuación del tono y los periodos sintácticos a cada una de las partes…
Podemos diferenciar sus discursos en privados (aquéllos que pronunció para defender causas particulares como abogado) y políticos (aquéllos que pronunció ante alguna asamblea o comicio).

-Discursos privados

Cicerón logró desde muy joven una notable fama como abogado, un trampolín desde el que pudo saltar, no sin dificultades, a lo más alto de la política romana. Al comienzo de su carrera, la primacía en cuanto a la oratoria forense la tenía Hortensio, pero muy pronto el joven Cicerón eclipsó a este aristócrata y se convirtió en el letrado más prestigioso y deseado por los ciudadanos que tenían que defender una causa ante los tribunales. La preferencia de Cicerón fue siempre actuar como abogado defensor, un papel en el que se sentía más a gusto que en el de fiscal de la acusación. Por este motivo, la mayoría de los discursos que hemos conservado son defensivos. Sólo al comienzo de su carrera o cuando los lazos personales o las obligaciones políticas le llevaron a ello, Cicerón aceptó ejercer el papel de acusador, un papel en el que, incluso contra su voluntad, alcanzó grandes éxitos.

In Verrem

Una serie de discursos que supusieron el salto definitivo a la fama de Cicerón como abogado y como orador. Tras haber ejercido con honradez y entrega el cargo de cuestor en Sicilia en el año 76 a.C., Cicerón se ganó en la isla una gran red de clientes y amigos. Por este motivo, cuando los sicilianos llevaron a los tribunales al gobernador Cayo Verres, eligieron a Marco Tulio Cicerón para que representara sus intereses. El encargo era todo un reto, habida cuenta de que Verres formaba parte de la aristocracia más poderosa surgida tras la dictadura de Sila y que el encargado de defenderle era Hortensio, el mejor orador de su tiempo. Sin embargo, el joven Cicerón supo doblegar con la fuerza de su oratoria todos estas dificultades, logrando que Verres perdiera el proceso y aumentando de este modo su propio prestigio. De los cinco discursos que hemos conservado, no todos llegaron a pronunciarse, pues la causa de la defensa, abrumada ante la gran cantidad de pruebas que Cicerón presentó en sus primeras intervenciones, decidió retirarse como mal menor que atenuara la condena de Verres.

Pro Milone

Una de las piezas oratorias más conocidas y de más perfecto acabado de toda la obra de Cicerón. Milón era un aristócrata conservador que había decidido oponerse al populista Clodio con sus mismas armas: reclutamiento de bandas y enfrentamientos callejeros para desestabilizar la situación en Roma. Tras numerosas luchas, se produjo un encuentro fortuito entre Clodio y Milón, acompañados de sendos séquitos armados. En la lucha que siguió al encuentro, Clodio perdió la vida, y Milón fue acusado de su muerte. Cicerón, satisfecho al ver que su antiguo enemigo había sido suprimido, se apresuró a defender al promotor del asesinato poniéndose a su servicio como abogado. Sin embargo, la situación en distaba mucho de ser idónea para que se desarrollara un juicio limpio sin presiones. El clima de violencia obligó a Pompeyo a ocupar con sus tropas los principales puntos de la ciudad, y fue en ese contexto en el que se celebró el juicio. Cicerón intentó en su discurso poner de relieve la inocencia de su defendido, algo complejo habida cuenta de que todos los indicios apuntaban a su implicación directa en la muerte de Clodio. El juicio se saldó con la condena de Milón, aunque para entonces el aristócrata ya había partido al exilio.
Cicerón fracasó en su objetivo de salvar a Milón de la condena, pero consiguió elaborar para ello uno de sus más cuidados y célebres discursos. El Pro Milone que nosotros conocemos es, de hecho, una reelaboración del discurso original pronunciado ante los tribunales, un texto en el cual Cicerón pudo poner todo su arte retórico con calma y tiempo. El propio Milón al leer aquel discurso desde el exilio exclamó que, de haber sido aquella versión la pronunciada, él mismo continuaría sin duda en Roma.
Discursos cesarianos
Bajo este nombre suelen agruparse los discursos que Cicerón pronunció durante el tiempo de la dictadura de César, un periodo durante el cual el Arpinate se retiró de la vida política. Sólo rompió su retiro para interceder ante el dictador por algunos de sus amigos condenados o en riesgo de serlo, como era el caso de Marcelo, aristócrata en el exilio por haber apoyado a Pompeyo en la guerra civil, o el rey Deyotaro, monarca oriental que se había opuesto a César durante a contienda.

-Discursos públicos

De lege Manilia

Siendo Cicerón pretor, se debatió en Roma la necesidad de entregar a Cneo Pompeyo un mando extraordinario para acabar con la guerra que enfrentaba desde décadas atrás a Roma con el rey del Ponto Mitrídates VI. Tal concesión era defendida por una propuesta de ley llevada a la asamblea por el tribuno de la plebe Manilio, uno de los hombres de Pompeyo en Roma. Cicerón aprovechó esta ocasión para congraciarse con el general y su círculo de influencia, y pronunció un largo discurso en el que alababa los éxitos de Pompeyo y la necesidad de que la República le concediera todo cuanto éste necesitara para acabar con la guerra en Oriente. En su discurso, Cicerón desgrana toda una serie de argumentos: la necesidad de defender las ricas provincias orientales, la perfidia de Mitrídates, la incapacidad de los generales que hasta el momento habían dirigido las campañas… El resultado de este genial discurso fue la aprobación de la ley Manilia, la concesión a Pompeyo del mando en la guerra contra Mitrídates y la entrada definitiva de Cicerón en el círculo de los políticos pompeyanos.

De lege agraria I-III

Al comienzo de su consulado, Cicerón tuvo que hacer frente a una propuesta de ley que amenazaba uno de los que para él eran los principios básicos de la República: la integridad del erario público. Un tribuno de la plebe, Servilio Rulo, pretendía hacer aprobar una ley agraria según la cual se repartirían entre la plebe las tierras de ager publicus que quedaban en manos de Roma. Cicerón consideraba que cualquier ley agraria era un atentado contra el Estado y contra la propiedad privada, motivo por el cual puso todo el poder de su oratoria contra la rogatio del tribuno de la plebe. El resultado son tres discursos (hemos perdido alguno de los que conformaba el total de los pronunciados), ante el pueblo y ante el Senado, en los que Cicerón demuestra su maestría a la hora de adaptar sus argumentos al público que conformaba su auditorio. El resultado fue la retirada de la propuesta de ley y un fortalecimiento considerable de la autoridad del cónsul.

Cicerón denuncia ante el Senado la conjura de CatilinaIn Catilinam I-IV

El momento álgido del consulado de Cicerón llegó con el descubrimiento de la conjura de Catilina (ver biografía). Ante la amenaza que pendía sobre la República, el cónsul utilizó sus discursos para hacer ver a los senadores la necesidad absoluta de actuar de forma enérgica contra los conjurados para evitar que estos redujeran a cenizas la ciudad de Roma. En sus cuatro discursos contra Catilina, Cicerón va desgranando la perfidia de este personaje junto con sus intenciones criminales. El resultado fue la huida de Catilina para reunirse con las tropas que le aguardaban al norte de Roma y la inmediata detención y condena a muerte de sus principales seguidores. Gracias a esto, Cicerón fue saludado como salvador de Roma y padre de la patria. Los discursos contra Catilina se cuentan entre las piezas más célebres de toda la literatura latina, hasta el punto de que varias generaciones de estudiantes aprendieron sus primeros rudimentos de latín sobre este texto, hoy considerado ya un clásico inmortal.

Discursos tras el regreso del exilio

Como hemos detallado en su biografía, Cicerón sufrió un duro exilio debido a las maniobras de Clodio para apartarlo del poder. Acusado de haber condenado a muerte a ciudadanos romanos sin juicio previo, el Arpinate fue condenado a abandonar Roma e Italia durante un periodo indeterminado de tiempo, y sólo la caída de Clodio permitió que se facilitara su regreso. Durante su ausencia, sin embargo, sus enemigos habían logrado confiscar todos sus bienes, y entre ellos el más preciado, su casa del Palatino. Clodio había ordenado derribar la casa de Cicerón y construir en su lugar un templo dedicado a la diosa Libertad. Tras su regreso, el orador hizo grandes esfuerzos para que sus bienes le fueran restituidos, y para ello pronunció varios discursos sobre diversos temas, ante el Senado y ante las asambleas.

Filípicas

Los catorce discursos conocidos como “Filípicas” suponen el momento cumbre de la producción retórica de Cicerón. Nunca antes, el Arpinate había estado tan a la altura de las circunstancias históricas ni había puesto tanta energía en una causa como la que desarrolló en estos tiempos. Las “Filípicas” son los discursos que Cicerón pronunció para atacar a Marco Antonio después de que éste tratara de monopolizar en su favor la herencia de César para asegurarse una parcela de poder en la República. Su nombre proviene de la semejanza de estos discursos con los pronunciados por el orador ateniense Demóstenes en los que atacaba al rey Filipo de Macedonia en el siglo IV a.C. En esta ocasión, sin embargo, la oratoria de Cicerón so sirvió para salvarle ni a él ni a la República romana. El joven Octavio, que se había puesto en un primer momento del lado de Cicerón, le traicionó y firmó una alianza con Marco Antonio y Lépido, formando el llamado “segundo triunvirato”. La unión de estos tres personajes les llevó a hacerse con todo el poder en Roma y a poder desatar a su capricho una cruel represión contra sus enemigos. Antonio no olvidó las acusaciones e insultos vertidos contra él en las Filípicas, y se aseguró de que el nombre de Cicerón figurara el primero en una larga lista de personas que debían ser ejecutadas.

OBRAS TEÓRICAS Y FILOSÓFICAS

En su obra filosófica, Cicerón apenas hace ningún aporte original. El Arpinate se limita a hacer una síntesis personal de los principios de diversas corrientes de la filosofía helenística, especialmente el platonismo, mientras critica las posturas extremas de los epicúreos y los estoicos. El mérito de Cicerón en el campo de la filosofía consiste en su capacidad para adaptar a la lengua latina conceptos complejos que no tenían modo de ser expresados antes de él, una labor que resultó fundamental para el desarrollo de la filosofía posterior y, ante todo, del cristianismo occidental.

Las obras teóricas de Cicerón son un intento de reflexionar acerca de sus principales obsesiones vitales: la política y la oratoria. A la oratoria le dedicó un gran número de obras, comenzando a reflexionar acerca de este tema desde muy joven. A la política le dedicó una gran obra que, por desgracia, hemos perdido en gran parte, el De Republica, así como un diálogo dedicado al sistema legislativo y jurídico romano, el De legibus.

De Republica

En esta obra, Cicerón sigue en su línea habitual de copiar el estilo literaria y discursivo de Platón. Como el ateniense había hecho en su “República”, Cicerón simula un diálogo ficticio en el que Escipión Emiliano y los miembros de su círculo debaten acerca de cuál es la mejor forma de organizar el Estado. Por desgracia, no es mucho lo que hemos conservado de esta obra, sin duda una de las más interesantes de Cicerón. Uno de sus pasajes adquirió gran celebridad durante la Edad Media y por este motivo se salvó de la desaparición: el llamado Sueño de Escipión. En él, Escipión Emiliano cuenta un sueño en el que se le aparece su antepasado (por adopción), Escipión Africano y las revelaciones que éste le hace acerca del futuro de la República romana.

De legibus

El diálogo “De legibus” muestra una conversación ficticia entre el propio Cicerón, su hermano Quinto y su gran amigo Ático. El tema del debate es el espíritu de las leyes romanas, la forma en la que éstas son aprobadas por las asambleas, la influencia del Senado, los poderes de los magistrados, la legitimidad de las diversas instituciones… Gracias a esta obra conocemos una gran cantidad de detalles acerca de las formas de gobierno y las leyes en la República romana, así como de la mentalidad que subyacía bajo las mismas.

De finibus bonorum et malorum

En esta obra, Cicerón reflexiona sobre cuestiones éticas a la luz de las principales corrientes filosóficas de su tiempo, fundamentalmente el epicureísmo, que él mismo despreciaba, el estoicismo y las el platonismo.

De officiis

El más personal de todos los libros filosóficos de Cicerón y aquel en el que refleja más de sus propias reflexiones. Lo escribió en un momento especialmente fecundo de su vida: los últimos meses del año 44 a.C. Tras el asesinato de César, Roma se vio inmersa en un nuevo conflicto civil, y fueron muchos los que se volvieron en busca de una figura política con experiencia que guiara a la República en ese trance. Fue el momento que Cicerón había esperado durante años. Mientras pronunciaba sus Filípicas para denunciar las intenciones tiránicas de Marco Antonio, el Arpinate escribió esta obra filosófica, su legado final. En ella reflexiona sobre la virtud desde el punto de vista teórico y sobre cómo estos principios deben aplicarse en la práctica.

Cato Maior De senectute

Cicerón nunca ocultó su admiración hacia la figura de Catón el Viejo, un romano severo y estoico que consagró su vida a servir la República y a cultivar sus tierras según el modelo de virtud del hombre arcaico. Tomando a Catón como ejemplo, Cicerón traza un panorama de las ventajas de la vejez frente a la juventud, una obra que busca ser un consuelo para aquellos que ven que sus fuerzas se marchitan y su vigor físico desaparece.

Laelius de amicitia

Un tratado sobre la amistad desde el punto de vista romano, entendida como una relación social entre iguales que deciden darse un apoyo mutuo en la vida privada y en la pública. Como protagonista del diálogo, Cicerón escoge a Cayo Lelio, que en presencia de sus dos yernos, Fanio y Escévola, va desgranando su propia visión de la amistad en base a la que fue su relación con el gran Escipión Emiliano.

De natura deorum

En este diálogo, Cicerón reflexiona acerca de la religión desde el punto de vista de los epicúreos, representados por Cayo Coya, y los estoicos, representados por Lucilio Balbo. Al modo de los diálogos platónicos, Cicerón deja que los dos personajes desgranen sus argumentos para después pasar a rebatirlos y llegar a una conclusión final.

De divinatione

Un pequeño tratado escrito en los primeros meses del año 44 a.C., una época en la que la dictadura de César obligó a Cicerón a retirarse de la vida pública para evitar enfrentarse de forma directa con el que él consideraba un tirano. En esta obra, Cicerón defiende la posibilidad real de que los sacerdotes puedan adivinar el futuro por diversos medios, ya sea el análisis del vuelo de las aves, de las entrañas de las víctimas sacrificadas o de determinados sueños.Busto de Marco Tulio Cicerón

De oratore

En este tratado, escrito también en forma de diálogo ficticio situado en el 91 a.C., Cicerón habla de cómo debe ser la educación de un orador y reflexiona acerca de los principios morales que éste debe seguir para hacer buen uso de la retórica.

Orator

El último de los escritos de retórica que escribió Cicerón. En él, el Arpinate hace una introducción acerca de las diversas fases de creación de un discurso, para después, tras una petición ficticia de Marco Junio Bruto, pasar a describir las cualidades que deberían adornar al orador perfecto.

Brutus

Este pequeño tratado es una joya para la reconstrucción de la historia de la retórica en Roma. En él, Cicerón hace un corto relato cronológico en el que habla de los mejores oradores de cada generación, desde los orígenes del discurso en Roma hasta sus propios días. Gracias a esta obra hemos conservado numerosos datos biográficos de personajes muy importantes en la historia de la República romana.

LAS CARTAS

Las cartas de Cicerón son una de las grandes joyas que nos ha legado la Antigüedad. Aunque no conocemos con exactitud el proceso de su conservación, es muy probable que éstas comenzaran a circular publicadas desde la misma muerte del Arpinate, y que el responsable de su publicación no fuera otro que su gran amigo Ático. Perdidas durante toda la Edad Media, su recuperación fue uno de los mayores aciertos de los humanistas italianos.
Si en los discursos y obras teóricas encontramos al Cicerón político y al personaje público, en sus cartas descubrimos al ser humano. Al amigo que sufre por la traición, al padre preocupado por la suerte de sus hijos, al suegro desesperado por la actitud de su yerno. Encontramos a un Cicerón tan humano que es contradictorio, mezquino en ocasiones, tierno muy a menudo, iracundo y testarudo. Es en las cartas donde late la verdadera esencia del hombre que fue Cicerón.
Las cartas han sido agrupadas para su edición y publicación dependiendo de su destinatario.

-16 libros de Epistulae ad Familiares, escritas a un gran número de amigos, conocidos y clientes de todo tipo entre los cuales se cuentan algunos de los más importantes personajes de la historia de la República romana, como Pompeyo y César. Los datos que encontramos en estas epístolas resultan esenciales para entender el juego político de los años que van desde el consulado de Cicerón hasta su muerte a manos de los esbirros de Marco Antonio.

-16 libros de Epistulae ad Atticum, dirigidas a su gran amigo Pomponio Ático. Este personaje, un acaudalado caballero que renunció a la vida política en aras de una vida tranquila y próspera, fue el gran confidente de Cicerón, el receptor de sus cartas más sinceras y desgarradas. En el amargo trance del exilio, fue Ático quien recibió las quejas y reproches más amargos por parte de Cicerón. Tras la muerte de su hija Tulia, Ático fue el oído siempre dispuesto a escuchar los lamentos de un padre destrozado. Choca observar que, si es cierto que fue Ático el que publicó las cartas de Cicerón, en estas epístolas encontremos la intimidad de un Cicerón que difícilmente habría dado su consentimiento a la publicación de tan delicados documentos. Dado que no conservamos las respuestas de Ático, es probable que él mismo las destruyera para salvaguardar su posicionamiento político en una época tan controvertida como fueron los inicios del principado de Augusto.

-3 libros de Epistulae ad Quintum fratrem, dirigidas a su hermano Quinto Tulio Cicerón. Aunque la relación entre ambos pasó por momentos difíciles, Quinto siempre mantuvo un profundo respeto hacia la figura de su hermano Marco. Las cartas entre ambos hermanos muestran una tierna complicidad de dos políticos que se intercambian consejos y advertencias, aunque fuera siempre el mayor el que tuviera la última palabra. Especialmente difícil fue para Quinto la decisión de abandonar a César, junto al que había luchado en la Galia, para seguir a su hermano en pos de Pompeyo. Esta situación generó no pocos enfrentamientos entre ambos, enfrentamientos que quedaron plasmados en su intercambio epistolar.

-9 libros de Epistulae ad Marcum Brutum, con Bruto, el asesino de César, como su destinatario. Entre este personaje y Cicerón se desarrolló una profunda amistad basada en el respeto que el primero sentía por el orador. No se oculta, sin embargo, que estas relaciones no fueron siempre tan estrechas, pues en la época en la que Cicerón fue gobernador de Cilicia tuvo que parar los pies a Bruto para evitar sus abusos sobre algunas poblaciones orientales.

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FUENTE:

http://portalclasico.com/marco-tulio-ciceron

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Marco Tulio Cicerón

(Arpino, actual Italia, 106 a.C. – Formies, id., 43 a.C.) Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma.

Posteriormente se embarcó rumbo a Grecia con el objetivo de continuar su formación filosófica y política. Abierto a todas las tendencias, fue discípulo del epicúreo Fedro y del estoico Diodoto, siguió lecciones en la Academia y fue a encontrar a Rodas al maestro de la oratoria, Molón de Rodas, y al estoico Posidonio.

De vuelta en Roma, prosiguió su carrera política, y en el lapso de trece años consiguió las más altas distinciones. Empezó como cuestor en Sicilia en el 76 a.C., y en el 70 a.C. aceptó defender a los sicilianos oprimidos por el antiguo magistrado Verres, para quien sus alegatos (Verrinaes) supusieron la condena, lo cual lo hizo muy popular entre la plebe y contribuyó a consolidar su fama de abogado.

Decidido partidario del republicanismo, admitía la necesidad de un hombre fuerte para dotar de estabilidad al Estado, figura que reconocía en Pompeyo; sus simpatías por él, sin embargo, no fueron siempre correspondidas. Su carrera política fue fulgurante: en un año fue elegido edil, en el 66 a.C. pretor, cargo desde el que propulsó un acercamiento entre caballeros y senadores (concordia ordinum), y dos años después obtuvo la elección de cónsul del Senado.

Desde esta posición, hizo fracasar la reforma agraria propuesta por Rullo, hizo frente a los populares, liderados por Craso y Julio César, y llevó a cabo una de las batallas más dramáticas y peligrosas de su carrera: su oposición a la conspiración de Catilina. Derrotado en las elecciones, Catilina se disponía a promover levantamientos para instaurar una dictadura. Los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón ante el Senado a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores constituyen la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo.

Sin embargo, su actuación acabó por significarle el exilio años más tarde, cuando Clodio, elegido tribuno de la plebe (58 a.C.) gracias a César, consiguió el reconocimiento de una ley que sancionaba con la pena de muerte a todo ciudadano romano que hubiera hecho ejecutar a otro sin el previo consentimiento del pueblo. Tras buscar, sin éxito, el apoyo de Pompeyo, Cicerón marchó al exilio.

Regresó a Roma apenas un año y medio más tarde, pero para entonces su carrera política estaba prácticamente acabada, situación que pareció hacerse definitiva con la dictadura de Julio César (48-44 a.C.). Sólo cuando Julio César fue asesinado, Cicerón volvió a la escena política para promover la restauración del régimen republicano. En un principio, mientras Marco Antonio aún no se había afianzado en el cargo, gozó de cierto poder y consiguió la amnistía para los asesinos de César, pero apenas aquél se sintió seguro, Cicerón se encontró con una fuerte resistencia, a la que hizo frente verbalmente con las catorce Filípicas.

En vano intentó entonces aliarse con Octavio Augusto, hijo de César, contra Marco Antonio: tras la batalla de Módena, Octavio se reconcilió con Marco Antonio y unió sus fuerzas con las de éste y con el ejército de Lépido para la formación del segundo triunvirato (43 a.C.). Ese mismo año, Cicerón fue apresado y ejecutado. [año 710 de Roma].

Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, Cicerón mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y complejos períodos, aunque perfectamente enlazados (De divinatione).

FUENTE:

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/ciceron.htm

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La religión en la obra literaria de Cervantes

Jesús G. Maestro -:

La religión en la obra literaria de Cervantes

 

https://www.youtube.com/watch?v=pxAFvw3nvnU&t=342s

 

https://youtu.be/pxAFvw3nvnU

 

 

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