M. T. CICERÓN: Libro II de “Sobre los DEBERES”

LIBRO SEGUNDO { 1 a 89}

( LA UTILIDAD EN NUESTROS ACTOS )

01—————INTRODUCCIÓN

 

CAPITULO I

La filosofía es el único consuelo de Cicerón  {pág. 83}

001.- (162) –

002.- (163) –

003.- (164) –

004.- (165) –

 

CAPITULO II

Conviene sacar algún provecho  de  las causas de las que procedenos males: alabanzas de la filosofía: sistema de los académicos

005.- (166) – […].  Y la sabiduría, según la definición de los antiguos filósofos, es la ciencia de las cosas divinas y humanas […].

006.- (167) –

007.- (168) –

008.- (169) –

02.——————DE LO ÚTIL EN SÍ

Capítulo III:

Todo lo que sea honesto es también útil: 

estas dos cosas son inseparables utilidades de la sociedad

009 (170) –  Habiendo señalado ya cinco partes del tratado de las obligaciones ó deberes: dos pertenecientes  al  decoro y a la honestidad; dos a las conveniencias de la vida, abundancia, poder y riquezas, y la quinta al juicio de la elección,  si alguna vez parece que pugnan entre sí lo útil y lo honesto, he concluido la parte de la honestidad, de que deseo hayas adquirido un conocimiento pleno […].

 

Lo útil: observaciones preliminares

 

[…] y ahora paso a tratar de lo que llamamos útil.  Acerca de esto […] las costumbres corrompidas […] separando lo útil de lo honesto, han querido establecer que alguna cosa podía ser honesta sin ser también útil, y que se hallaba asimismo alguna útil que no fuese honesta, que es el error más perjudicial que ha podido introducirse en la vida humana.

 

010.- (171) —   Los filósofos de más autoridad distinguen estas tres cosas confusas entre sí; pero sólo en el pensamiento, sin ofender en nada a la naturaleza de lo honesto ni a la severidad de su doctrina, estableciendo que todo lo que es justo es también útil, y asimismo que todo lo que es honesto es justo; de donde se concluye que todo lo que es honesto es también útil. […].

011.- (172) – De las cosas necesarias a la conservación de la vida humana, unas son inanimadas, como el oro, la plata, los frutos de la tierra y otras semejantes; otras son animadas, que tienen sus ímpetus y pasiones.  De éstas mismas, unas son participantes de razón, y otras son irracionales, como los caballos, los bueyes, las demás bestias y las abejas, cuyo trabajo contribuye con alguna utilidad a la vida de los hombres. De las participantes de razón se distinguen dos especies, unas de dioses y otras de hombres: la protección de los dioses se merece con la reverencia y santidad, y después inmediatamente quien puede ser a los hombres de más utilidad son los hombres mismos.

012.—(173) –  La misma división se hace de las cosas dañosas y perjudiciales. Mas por cuanto se cree que los dioses ni ofenden ni perjudican a nadie, exceptuando a ellos, los hombres son los que más daño pueden acarrearse a sí mismos. […].

013.—(174) –

Capítulo IV:

Utilidades del trabajo de los otros: ventajas de la sociedad.

013.– — (174)

014.–  (175)

015.– (176)

Capítulo V:

…arte de hacer a los hombres útiles a la sociedad.

016.– (177)

017.- (178) –

018.- (179) –

 

Capítulo VI:

Grande poder de la fortuna…

019.- (180) –

020.- (181) –

021.- (182) –

022.- (183) –

 

Capítulo VII:

No hay cosa más peligrosa que ser temido, ni más útil que ser amado.

023.-  (184) –

024.-  (185) –

025.-  (186) –

026.-  (187) –

Capítulo VIII:

El Imperio Romano debió todos sus aumentos a la justicia.

026.– (187)

027.-  (188) –

028.- (189) —

029.- (190) –

030.- (191) –

031.-  (192) –

 

Capítulo IX:

Medios de adquirir gloria y la confianza de los hombres.

031.– (192)

032.- (193) –

033.- (194) –

034.- (195) –

Capítulo X:

Qué cosas admiramos y cuáles despreciamos.

035.-  (196) —

036.- (197) —

037.- (198) —

Capítulo XI:

La admiración es el premio de la justicia, y la benevolencia el de la bondad.

038.- (199) —

039.- (200) —

040.- (201) —

Capítulo XII:

Razones del establecimiento de los reyes y de las leyes: medio seguro para adquirir gloria.

041.- (202) —

042.- (203) —

043.- (204) —

 

Capítulo XIII:

Qué han de precaver los jóvenes al entrar en los negocios: aplíquense a los hombres sabios.

044.- (205) —

045.- (206) —

046.- (207) —

047.- (208) —

Capítulo XIV:

..el don de la elocuencia: moderación en acusar; es más glorioso el defender a los acusados.

048.- (209) —

049.- (210) —

050.- (211) —

051.- (212) —

 

Capítulo XV:

Dos géneros de liberalidad, el dinero y los servicios personales: éstos son más honrosos.

052.- (213) —

053.- (214) —

054.- (215) —

055.- (216) —

 

Capítulo XVI:

Hombres pródigos y liberales: en los gastos se ha de buscar dignidad.

055.– (216) —

056.- (217) —

057.- (218) —

Capítulo XVII:

Dádivas necesarias alguna vez: verdadera y falsa liberalidad.

058.- (219) —

059.- (220) —

060.- (221) —

 

Capítulo XVIII:

Reglas de liberalidad: cuál es más honrosa: afabilidad en todos los negocios: justa alabanza de la hospitalidad.

061.- (222) —

062.- (223) —

063.- (224) —

064.- (225) —

Capítulo XIX:

Los juriconsultos pueden hacer bien a muchos, y más los oradores: no se ha de ofender a los que no se puede obligar.

065.- (226) —

066.- (227) —

067.- (228) —

068.- (229) —

Capítulo XX:

Los beneficios son casi siempre interesados: los grandes no quieren quedar obligados: daños de las riquezas.

069.- (230) —

070.- (231) —

071.- (232) —

Capítulo XXI:

No se ha de tocar a los bienes de los particulares: no imponer tributos sin gran necesidad, y mantener la abundancia.

072.- (233) —

073.- (234) —

074.- (235) —

075.- (236) —

Capítulo XXII:

Ejemplos de desinterés, que es una virtud muy laudable: daños de usurpar los bienes ajenos.

076.- (237) —

077.- (238) —

078.- (239) —

079.- (240) —

Capítulo XXIII:

La injusticia es la ruina de los estados: alabanza de Arato: precauciones acerca de las deudas.

080.- (241) —

081.- (242) —

082.- (243) —

083.- (244) —

084.- (245) —

Capítulo XXIV:

Medios de conservar la salud y la hacienda.

084.– (245) —

085.- (246) —

086.- (247) —

087.- (248) —

03—–COMPARACIÓN E DOS COSAS ÚTILES

Capítulo XXV:

Comparación de los bienes del cuerpo con los externos.

 

088.- (249) —

89.- (250-).- {pág. 123}

 

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M. T. CICERÓN: Libro III de “De los DEBERES”

LIBRO III   {1 a 121}

….. (Entre lo útil y lo honesto)

01————————-INTRODUCCIÓN

Capítulo I:

Del ocio de Escipión, y cuán diferente era el de Cicerón.

001.- (251)– {pág. 124}

“De Publio Scipión […], escribe Catón […] que nunca estaba menos ocioso que cuando estaba ocioso, ni más acompañado que cuando estaba solo. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. Palabras dignas por cierto de un varón tan esclarecido, que declaran que él, cuando no hacía otra cosa, meditaba los negocios; y que estando solo, los trataba consigo mismo, para no estar nunca ocioso, ni necesitar algunas veces de compañía para hablar. De modo que dos cosas que a otros suelen desalentar, es a saber, el ocio y la soledad, a él le estimulaban. […].

002.- (252) —

003.- (253)–  […]. Mas, habiendo aprendido de otros hombres doctos, que no solamente se debe escoger del mal el menos, sino aun de los mismos males sacar, si es posible, algún bien; por tanto, gozo de este   mi descanso, no como debiera un hombre que en otro tiempo se le dio a su patria; y no me dejo desfallecer en esta soledad, en que vivo precisado y no por mi voluntad. […].

 

004.- (254)–

 Capítulo II:

Estímulos con que exhorta Cicerón a su hijo al estudio de la filosofía.

005.- (255)–  Toda la filosofía, hijo mío Cicerón, es rica y fructuosa, pero entre todas las partes que hay en la filosofía, la más  fecunda y ubérrima es la parte que trata de  los deberes u obligaciones, de donde se sacan los preceptos de vivir horada y felizmente. […].

006.- (256)–Y así, procura hacer todos los esfuerzos de que sean capaces tu ánimo y tu trabajo –si es que es trabajo y no deleite el estudio– […].

007.- (257)— Panecio. que   más que nadie escribió en torno a los deberes, que trató con diligencia sobre los oficios, habiendo propuesto tres modos diversos sobre las obligaciones en los que los hombres suelen pararse a deliberar y aconsejarse: uno, cuando dudan si es honesto o  torpe  lo que van a ejecutar; el segundo, si es útil ó inútil; y el tercero, cómo han de gobernarse, cuando lo que tiene apariencias de honesto, no se conforma bien con lo que parece útil. Disertó sobre los puntos primero y segundo en sus tres libros, prometiendo que escribiría luego sobre el tercer punto; pero no llegó a tener efecto su promesa. […].

008.- (258)–  009.- (259)– 010.- (260)–

02———————-TRATADO GENERAL

Capítulo III:  ¿Posible conflicto entre lo útil y lo honesto?

Peligro en separar lo útil de lo honesto: hay que vivir según la regla de la naturaleza.

011.- (261)– Porque ya se tenga por único bien  lo honesto […]; ó sea de tal suerte bien por excelencia […]; no hay disputa en que la utilidad jamás  puede repugnar a la honestidad. […].

012.- (262)– 013.- (263)–

014.- (264)– A todas estas obligaciones de que tratamos en estos libros llaman los estoicos obligaciones medias: son comunes y de mucha extensión y las pueden alcanzar muchos con medianos talentos, estudio y perseverancia. Pero el deber que ellos llaman “recto”es el más alto y de mayor perfección, que llena –como ellos dicen– toda la idea de honestidad,  y nadie sino el hombre sabio es capaz de ella. […].

 

015.- (265)–

Capítulo IV:

Honestidad común, como obligaciones comunes: nunca se ha de comparar lo honesto con la utilidad común.

015.–(265)–016.-266)– 017.- (267)–

018.-(268)– Los que miden  todas las cosas por sus propios intereses y conveniencias y no quieren reconocer la preponderancia de la honestidad, suelen comparar en sus deliberaciones lo honesto con lo que juzgan ellos por útil: no así los hombres de bien. […].

019.- (269)– […]. Porque ocurren frecuentemente circunstancias en que lo que de ordinario se tiene por torpe o inmoral, se halla que no lo es. Pongamos un ejemplo […]. ¿Qué delito mayor que dar muerte, no sólo a un hombre, sino a un amigo [o a un familiar]? Y pregunto, ¿será el mismo delito ser homicida de un tirano a quien se trate con familiaridad? El pueblo romano juzga que no, antes entre todas las hazañas gloriosas coloca a ésta en primer lugar. ¿Pues qué, la utilidad pesa más que la honestidad? No, por cierto; sino que la utilidad se ha seguido de la honestidad. […].

Norma para cuando se presente este conflicto.

020.- (270)–,  Esta regla  ha de ser muy conforme  al método y sistema de los estoicos, al cual me conformo yo en estos libros, aunque los antiguos académicos  y vuestros peripatéticos, que en otro tiempo no se distinguían entre sí, anteponen lo honesto a lo que parece útil, con todo, tratan mejor estos puntos los que nada tienen por útil que no sea honesto,y defienden que lo que es honesto ello mismo es útil.

 

Capítulo V: Regla para cuando parezca que lo útil no se compadece con lo honesto.

Se ha de distinguir si lo que parece útil repugna a la honestidad. Todas las leyes tienen por fin estorbar la injusticia.

021.- (271)–

022.- (272)– […]   Lo que es apetecer uno más para sí, antes que para los otros,  lo que le falta para pasar la vida, es un derecho a lo que no se opone la naturaleza; pero no consiente  por ningún caso que nosotros aumentemos nuestras facultades, nuestro poder y riquezas con los despojos de los demás.

 

023.- (273)–  Y no sólo por naturaleza, esto es, por derecho de las gentes, sino también por las leyes de los pueblos, que gobiernan las costumbres de las repúblicas en todas las ciudades, se establece lo mismo: que a ninguno sea lícito ofender a otro por sus comodidades, para beneficiarse a sí mismo.  A esto se dirigen las leyes; esto quieren, que se mantenga inviolable la sociedad política, reprimiendo la audacia de los enemigos de la convivencia civil con penas de muerte, con destierros, prisiones y otros castigos [como multas].

La razón natural

Y esto lo busca mucho más fuertemente la ley de naturaleza, que es la ley divina y humana; a la cual razón natural el que quisiere obedecer –que querrán todos cuantos deseen vivir según las leyes de la naturaleza– , nunca cometerá el error de apetecer para sí lo ajeno, ni tomará para sí  lo que usurpare o robare a otro.

 

024.- (274)–

025.- (275)–

026.- (276)–

 

Capítulo VI:

La utilidad de cada uno y la de todos es la misma…

026.-(276)–

Es necesario, pues, que nos persuadamos todos de que la utilidad de cada uno en particular y la utilidad universal es la misma, y que si alguno quiere usurpársela, se deshará la sociedad humana.

 

027.-(277)–028.-(278)–

029.-(279)–

Mas, por ventura, dirá alguno, ¿no podrá un sabio. Si está muriéndose de  hambre,  quitar la comida a otro hombre que no sirva para nada en la República?  De ninguna manera. Porque a ninguno le es más útil su vida misma que la conciencia de no ofender a otro por su propio interés. […].

 

–030.-(280)–

— […] Porque si uno por su comodidad quitare alguna cosa a otro que no es útil para nada, obra sin piedad contra la ley de la naturaleza; pero si otro, que con vivir puede ser de mucho provecho a la república y a la sociedad de los hombres, quitare algo a otro, por esta única causa podrá tener alguna excusa; pues fuera de este caso, cualquiera debe aguantar sus trabajos, antes que privar a otro de su comodidad.

 

031.-(281)—- […]. El abandono de la común utilidad es contra la naturaleza, porque es injusto; y así, la misma ley natural, que conserva y mantiene la utilidad de los hombres ordena que un hombre sabio, justo y esforzado tome lo que  haya menester para vivir de uno que es inútil, y no sirve más que para aumentar el número de los ciudadanos; porque si el sabio muere, faltará con él gran parte de la común utilidad, como no lo haga porque su mismo amor propio y engreimiento le dé este motivo de maltratar a los demás. […].

 

— 032.- (282)–

(…)—[…], porque nosotros no tenemos ninguna sociedad con los tiranos, sino, al  contrario,  mucha  repugnancia; ni es contra la naturaleza robar, si se puede, a un hombre a quien es glorioso dar la muerte. Y más que esta especie de hombres perjudiciales e impíos, se debe exterminar de la sociedad humana. […]

 

Capítulo VII:

Se ha de apetecer la honestidad como el más principal de todos los bienes.

033.- (283)– 034.- (284)–

03——————-TRATADO ESPECIAL

Capítulo VIII:

Lo que no es honesto tampoco es útil: estas dos cosas son inseparables.

035.- (285)–

Cuando se nos ofrece alguna especie de utilidad es preciso que su atractivo nos llame a ella; pero si mirándolo con atracción hallamos que bajo la apariencia de útil implica fealdad, entonces […] digo que se ha de […] comprender que ninguna utilidad puede haber donde haya torpeza. Pues si nada hay tan opuesto a la naturaleza (*) como la fealdad (porque la naturaleza sólo ama lo recto y constante), y nada es tan conforme a la naturaleza como la utilidad, no puede ser que a un tiempo se halle en un mismo objeto la utilidad y el pecado.

(*) Este es el argumento de Cicerón: la utilidad es conforme a la naturaleza, la torpeza es contraria a la naturaleza; luego no pueden las dos hallarse juntas.

 

 

036.- 037.- (287)–

Capítulo IX:

Nunca se ha de obrar mal, aunque nadie lo pueda ver ni sospechar.

038.- (288)–

039.- (289)–

Capítulo X:

No hay utilidad donde no hay honestidad a todo se ha de preferir la amistad, excepto a la justicia.

040.- (290)– 041.- 042.- 043.-

044. – (294)– Mas,  habiendo de sentenciar juramentado, tenga muy presente que pone a Dios por testigo, esto es –a lo que yo entiendo–,  su alma y su propia conciencia,que es el don más divino que concedió Dios al hombre. […].

– 045.- (295)–

Capítulo XI:

Nunca se ha de pecar por la república: cuánta honra es para los Estados el preferir lo honesto a lo útil.

046.- (296)– […].  A ella [la honestidad] se falta en la república muchas veces por apariencias de utilidad, como faltaron los nuestros en la asolación de Corinto; […]; pero ninguna acción cruel puede ser útil, porque la aborrece sumamente la naturaleza, […].

047.- (297)–

048.- (298)–  Los atenienses, no pudiendo resistir el poder de los persas y habiéndose determinado a abandonar la ciudad dejando sus hijos y mujeres en Trecene y salir a defender con su armada la libertad de Grecia, apedrearon a un hombre llamado Cirsilo, que les aconsejaba se quedasen en Atenas y abrieran las puertas a Jerjes. […].

049.- (299)– Después de la victoria que alcanzaron de los persas, dijo Temístocles en una junta, que había concebido un proyecto útil a la república, pero que no había necesidad de publicarle, y así pidió que se nombrase a un sujeto a quien comunicársele. Nombró el pueblo a Arístides, a quien Temístocles dijo que era muy fácil poner fuego, sin que lo sintiese nadie, a la armada de los lacedemonios, que había anclado en puerto de Giteo; hecho lo cual quedarían necesariamente muy quebrantadas sus fuerzas. Luego que oyó esto Arístides, se volvió al pueblo, que estaba en gran expectación, y dijo que el proyecto que ofrecía Temístocles era sumamente útil, pero nada honesto, y los atenienses, juzgando que no siendo honesto tampoco podía ser útil, despreciaron el asunto por sólo el dicho de Arístides, aun antes de haberlo oído. […].

 

Capítulo XII:

En qué casos se puede dudar de si la utilidad se conforma con la honestidad…

049.- (299)– Queda, pues, asentado que nunca puede ser útil lo que no es honesto, aun cuando se consiguiera lo que parece útil, porque sólo el pensar que es útil aquello que es torpe, es cosa lastimosa.

050.- (300)– […].  Si un hombre de bien –por ejemplo—condujese a Rodas desde Alejandría gran porción de trigo en tiempo de escasez y hambre, y de mucha carestía de él, sabiendo el mismo que se habían ya embarcado otros mercaderes en Alejandría, y habiendo también visto las naves cargadas de trigo para Rodas, ¿les diría esto a los rodios, o venderá su género al mayor precio que pueda?

[…].

051.- (301)— En casos como éste sigue una opinión Diógenes Babilonio, célebre estoico, y otra su discípulo Antípatro, hombre muy agudo y sutil filósofo.  Antípatro es de parecer que lo debe descubrir todo, de suerte que el comprador nada ignore de lo que sepa el que vende.  Diógenes dice que en declarando, como debe, el vendedor los defectos que manda el derecho civil, en lo demás obre sin engañar, y puesto que él está a vender, venda lo mejor que pueda. Yo lo he traído, lo he desembarcado, vendo mi hacienda no más caro que los  otros, y aun más barato, si hubiere abundancia: ¿A quién se hace injusticia?

 

052.- (302)— Fúndase por otra parte la razón de Antípatro, respondiendo: “¿Qué dices? Tú que debes mirar por los hombres y por la conservación de la sociedad humana, que has nacido con esta ley y que tienes estos principios naturales que seguir y guardar, es decir, que tu utilidad sea la común, y ésta la tuya mutuamente: ¿ocultarás a los hombres una cosa que cede en su provecho y abundancia?”

Mas acaso respondiera Diógenes: “Una cosa es encubrir y otra callar: yo nada te oculto si no te digo ahora cuál es la naturaleza de los dioses, o cuál es el sumo y verdadero bien, que te podría ser de más provecho si lo supieras, que la utilidad del trigo; pero yo no estoy obligado a decirte todo lo que a ti te importa saber.”

 

053.- (303)–“Sí lo estás por cierto –dirá Antípatro– , pues que sabes muy bien  que es la naturaleza quien une a todos los hombres con el vínculo de la sociedad.”

“Muy bien lo sé –responderá Diógenes–; ¿pero por ventura es el espíritu de esta sociedad que el hombre nada tenga suyo propio? Si esto es así, aún es injusticia el que se venda cosa alguna, sino darlo todo.”

[…].

050.- (300)– 051.- 052.- 053.- (303)–

Capítulo XIII:

Dos casos en los que se puede examinar si lo que parece útil se puede comparar con lo honesto.

053.-(303)–

054.- (304)—Supongamos que un hombre de bien vende una casa por algunas faltas que tiene, que sólo él las sabe y los demás ignoran, como que es malsana, que se crían sabandijas en todas sus piezas […].  Pregunto: si el vendedor no lo ha advertido  a quien la quiere comprar y la vendiere en mucho más de lo que él se imaginaba, ¿pecará contra la justicia? Antípatro dice que sí. Porque ¿qué es no enseñar el camino al que va errado –lo cual está condenado por las execraciones de Atenas–, y esto lo es, dejando que el comprador se precipite y que incurra por ignorancia en un grande engaño?  Aún es peor que no enseñar el camino. Porque es guiar con cierta ciencia  a un error al que no sabe.

055.- (305)— Diógenes, al contrario: ¿Pues acaso te obligó a  comprarla  el que aun no te habló de ella?  Él puso su casa en venta, porque no le agradaba; tú la compraste porque te agradaba. Pues si uno que saca a vender una casa por buena y bien fabricada, no se juzga que engaña, aunque no sea buena ni bien hecha, mucho menos el que no la ha alabado. Porque donde interviene el juicio del comprador, ¿qué engaño puede haber de parte del que vende? […]. ¿Qué mayor necedad que publicar el vendedor las faltas de la casa que vende? […].

056.- (306)—

057.- (307)–  Soy de sentir que ni el conductor del trigo debió ocultar a los rodios la especie de la conducción de los otros, ni el que vende la casa sus defectos a los compradores. […].

Capítulo XIV:

Cuán infame es añadir mentira a la disimulación: ¿Qué es dolo malo?

058.- (308)–

059.- (309)–

060.- (310)– […]  Aquilio, […] cuando le preguntaban qué era dolo malo respondía: “Dar a entender una cosa y hacer otra” […].

Capítulo XV:

Leyes de los romanos contra el dolo malo y el fraude.

061.- (311)– Así que siendo verdadera la definición de Aquilio, se ha de apartar de todas nuestras acciones el engaño y la disimulación. De modo que el hombre de bien no fingirá ni callará cosa alguna por comprar ni vender con más conveniencia. […]. / El dolo malo consiste, según dice Aquilio, en el fingimiento y simulación. Esto supuesto, se ha de desterrar de cualquier contrato toda mentira, de manera que ni el vendedor  use de fraude con el comprador, ni tampoco éste contra el que le vendiere algo, y si se avocaren las dos partes, basta una sola palabra del uno y del otro.

062.- (312)– […].

063.-(313)–

064.- (314)–

 

Capítulo XVI:

 Disposición del derecho romano para establecer la buena fe en los contratos.

065.- (315)– Respecto a los bienes raíces ordena entre nosotros el derecho civil que el vendedor advierta todas las faltas que sepa de aquello que vende.[…].

066.-(316)–

067.-(317)–

068.-(318)–

Capítulo XVII:

Fraude que no se suele reputar por malo: fórmulas y reglas contra la mala fe.

068.– (318)– Mas, de una manera impiden estas astucias las leyes y de otra los filósofos. Las leyes, en cuanto pueden convencer con los hechos; los filósofos, por medio del entendimiento y la razón, la cual pide que nada se haga con asechanzas, con disimulación ó con falacia. […].

069.- (319)–

(070.- (320)–

071.-(321)–

072.- (322)–

Capítulo XVIII:

El artificio se opone a la ley natural: la regla de lo útil es la misma que la de lo honesto.

073.- (323)–

074.-(324)–

075.- (325)–

Capítulo XIX:

Verdadera idea del hombre de bien y cuán difícil es encontrarle.

075.- (325)–

076.- (326)– Mas, si alguno quisiere desenvolver con reflexión la idea que naturalmente tiene impresa en su ánimo, él mismo se informará, que el hombre de bien es aquel que aprovecha a los más que puede  y a nadie hace daño sino a quien le  provoca con injuria. ¿Y qué, no hace daño aquel que como por encantamiento borra el nombre de los verdaderos herederos por introducir el suyo? Mas, por ventura dirá alguno, ¿no ha de hacer lo que es útil y lo que importa? Antes se ha de persuadir que nada es útil ni importante si es injusto. El que no está en esta inteligencia, no puede ser hombre de bien.

077.- (327)–

078.- (328)–

 

Capítulo XX:

Nunca hay causa para pecar.

079.- (329)–

080.- (330)–

081.- (331)–

082.- (332)–

Capítulo XXI:

Males que provienen del falso principio de tener por honesto lo que parece útil.

082.- (332)–

083.- (333)–

084.-(334)–

085.- (335)–

  Capítulo XXII:

 

Nada tenían por útil   los antiguos romanos, sino lo que era honesto…

086.- (336)–

087.-(337)–

088.- (338)–

Capítulo XXIII:

Qué partido se ha de tomar en algunos casos dudosos: cuál es la obligación de un hijo si sabe que su padre conspira contra la patria.

089.- (339)–

090.- (340)–[…]  Y   qué (diremos) ¿si un padre roba los templos y mina la tierra para llegar al erario, le delatará su hijo a los jueces? No debe hacer semejante cosa, antes defenderle si le acusaren. ¿Pues no es primero la obligación de la patria que todas las demás? Es cierto; pero también conduce a la misma patria tener ciudadanos piadosos para con los padres. ¿Y si (un padre) aspirare a erigirse en tirano ó vender la patria, callará el hijo?  Antes bien interpondrá sus ruegos para que no lo haga: y si esto no aprovechare, le reprenderá, y amenazará; y al fin, si viere a la patria en inminente peligro, deberá sacrificar al padre a la conservación y seguridad de la patria.

091.- (341)—Pregunta  también  si un sabio hubiere tomado unas monedas falsas por buenas sin saberlo, si sabido las podrá pagar por buenas a un acreedor suyo. Diógenes dice que puede; Antípatro dice que no, que es a lo que más me inclino. […].

092.- (342)– Si alguno vende oro creyendo que no es sino oropel, ¿le desengañará    un hombre de bien de que es oro, o le comprará por un dinero lo que vale mil? Bien patente está en esta parte mi sentir y la contraposición de los dos filósofos, de que arriba he hecho mención.

Capítulo XXIV:

Si se deben cumplir siempre los pactos y las promesas, aun con riesgo de la vida o del decoro.

092.- (342)–

093.- (343)–

Capítulo XXV:

No todas las promesas se deben cumplir: alguna vez es justo no volver el depósito.

094.- (344)– Tampoco se deben cumplir aquellas promesas que no sean en provecho de quienes se han ofrecido.  Había prometido el Sol –volviendo a las fábulas—a su hijo Faetonte hacer lo que le pidiese: […].

095.- (345)— ¿Y Agamenón?: Habiendo ofrecido a la  diosa  Diana sacrificarle la cosa más hermosa que hubiese nacido aquel año en su reino, sacrificó a su hija Ifigenia, que fue la más hermosa que nació: promesa más digna de faltar a ella que cometer  una maldad tan abominable.

Así que no siempre se deben cumplir las promesas, como ni pagar los depósitos. Si alguno depositó en ti una espada estando en su sano juicio y te la pide furioso, será pecado el dársela, y el no dársela cumplir con la obligación. Y   si  uno, que depositó en ti su dinero, declara guerra a la patria, le restituirás el depósito? Juzgo que no debes, porque faltarías al amor tan grande que debes a la patria. Así, muchas   cosas,  que  naturalmente  parecen honestas, dejan de serlo según las circunstancias: el hacer lo prometido, cumplir los pactos, pagar los depósitos, cambiada la utilidad se hacen torpes. […].

096.- (346)– Mas, por cuanto en el primer libro propusimos cuatro principios de honestidad de donde procedían las obligaciones, no saldremos de la materia, enseñando cuánto se oponen a la virtud aquellas cosas que parecen útiles y no lo son. Ya hemos hablado de la prudencia, a la cual pretende imitar la malicia, y también de la justicia, que siempre es útil. Restan las otras dos partes de la honestidad, de las cuales una resplandece en la grandeza y excelencia de un ánimo ilustre, y otra en la conformación y moderación de la modestia y templanza.

Capitulo XXVI:

No puede haber fortaleza donde falta la honestidad…

097.- (347)–

098.- (348)—

Capítulo XXVII:

099.- (349)– […] Marco Atilio Régulo, siendo cónsul la segunda vez, fue hecho prisionero en África, dando en una celda que le puso Jantipo Lacedemonio, capitán de las tropas de que era general Amilcar, padre de Anibal.  A éste (Marco Atilio Régulo) enviaron los cartagineses al Senado de Roma, con la pretensión de que les devolviesen unos prisioneros  suyos de cuenta, juramentado que si no alcanzaba su libertad, había de volver él mismo a Cartago. Llegado que fue a Roma, bien conocía una utilidad aparente, pero la juzgó por falsa, como el suceso lo declara. Esta,  consistía en quedarse en su patria, vivir con su mujer y sus hijos, y gozar en Roma los honores de su dignidad consular, tomando la desgracia que había tenido en la guerra por uno de los comunes acontecimientos que suelen suceder. ¿Quién negará que ésto es útil? ¿Qué diremos? La grandeza de ánimo y la fortaleza lo niegan.

Acción de Régulo.

100.- (350)–  ¿Son acaso menester  más fuertes autoridades?  Porque el carácter propio de estas virtudes es no temer nada, despreciar todos los acontecimientos humanos y no creer que en esta vida haya alguna desgracia intolerable.  Veamos qué hizo Régulo. Llegó al Senado; expuso su embajada; se excusó de decir su parecer, creyendo que él no era senador mientras estaba obligado al juramento del enemigo. Y aún más {¡oh insensato, y enemigo de su propia utilidad! dirá alguno}, dijo que no era conveniente a la república que se restituyesen los cautivos, por ser jóvenes y buenos capitanes, y él un viejo ya cansado de la edad. Y habiendo prevalecido su parecer, se quedaron en Roma los cautivos y él se volvió a Cartago, sin que el amor de la patria ni los ruegos de sus amigos fuesen parte para detenerle. No se le ocultaba que iba a entregarse a un bárbaro cruel y a unos castigos terribles; pero era para él más poderosa la obligación del juramento. Y así tuvo mejor causa, muerto por una continua vigilia (*) que si hubiera quedado en Roma viejo y cautivo, consular y perjuro.

(*): Le cortaron los párpados para que no pudiese cerrar los ojos. Tuditano dice que le mataron, no dejándole dormir en mucho tiempo, Vease Gelio, lib. VI, c. IV.

101.- (351)– Pero necio, dirán, que no contento con no apoyar la pretensión de Cartago, persuadió lo contrario. ¿Cómo necio? ¿Cuándo se trataba del interés de la patria?  ¿Pues puede ser útil a un particular cosa que no sea útil a la patria?

Capitulo XXVIII:

Todos apetecen lo útil, y esto no puede hallarse sino en la honestidad: objeciones contra Régulo y refutación de ellas.

101.-(351)– Se echan por tierra todos los principios naturales, separando la honestidad de la utilidad. Todos buscamos la utilidad (**): este deseo nos arrastra y no podemos resistirle.  […]. Mas, porque no podemos encontrar la utilidad sino en la alabanza, en los honores y en la honestidad, damos el primer lugar a estas cosas, que […] no nos dejan ver más que el interés y no la virtud.

102.- (352)—Pero, dirá alguno: ¿qué, tanta es la fuerza del juramento? ¿Tememos la ira de Júpiter? Júpiter ni se enoja ni  hace daño a nadie. Ésta es la común opinión de todos los filósofos (***), así de los que dicen que Dios, contenido en sí mismo, ni obra ni quiere que obren los hombres, como de los que asientan que es un Ser que está continuamente en acción.  Y bien: ¿qué más daño  le  hubiera  podido  causar  la  ira  de Dios, que lo que se acarreó él a sí mismo? Luego no hubo una tan poderosa fuerza de religión, que excediese a la utilidad. ¿Acaso la acción era torpe? Lo primero, del mal el menos. ¿Pues era tan mal esta torpeza como el martirio del enemigo?  Además,  el verso de Accio:

“Quebrantaste la fe: ningún derecho / Doy ni he dado jamás a hombre perjuro”.

103.- (353)–  Que aunque sean palabras de un rey impío, son de mucha consideración.

Añaden también  que, a la manera que decimos nosotros que muchas cosas parecen útiles y no lo son, así también dicen ellos de las cosas honestas: como en la acción de Régulo, parece honesto haber vuelto conscientemente a un suplicio por guardar la fe del juramento; pero deja de serlo, porque una promesa hecha a un enemigo violentamente, no se debe ratificar. Y, además, dicen que una cosa que antes no parecía honesta, viene a serlo después, si es mucha su utilidad. Esto es lo que comúnmente se opone a la acción de Régulo.  Veamos lo primero.

(***): Doctrina de los estoicos y epicúreos, que juzgan que Dios no quiere ni puede hacer daño, por no tener sino virtud benéfica y saludable: como dice Séneca, lib. I, “de Ira”, cap. XXVII. De aquí nace el argumento contra Régulo.

Capitulo XXIX:

Fe de juramento hecho al enemigo y a los piratas: con qué condición es válido.

104.- (354)– Dicen que no se debió temer la ira  de  Júpiter, que no se enoja ni daña a nadie.  Esta razón no es más poderosa contra el juramento de Régulo que contra todos los demás: fuera de que no se debe mirar al temor sino a la fuerza de él. Porque el juramento es una afirmación religiosa, y la promesa que se hace poniendo a Dios por testigo, se debe cumplir. Consideremos en la promesa no ya la ira de los dioses, que no  es ninguna, sino la justicia y la fidelidad. Bien dijo Ennio:

“¡Oh, fe divinal que  hasta el Cielo vuelas,  / Y por ti jura Jupiter supremo!

Luego el que quebranta un juramento, ofende a la fe, a quien nuestros antepasados –como dice Catón—colocaron en el capitolio al  lado de Júpiter.

105.- (355) – Pero no podía haber traído mayor daño a Régulo la ira de Dios, que se hizo él a sí mismo.  Dicen bien, si no hay otro mal que el dolor: pero asientan filósofos de grande autoridad, que no solamente no es el dolor el mayor mal, sino que en él radica  el mayor testimonio que se puede encontrar de su doctrina; porque  ¿dónde le hallaremos más fuerte que en este hombre principal de Roma, que por cumplir la fe del juramento, se entregó al martirio voluntariamente? Porque lo otro, que de dos males hemos de escoger el menor, quiere decir que demos antes en la torpeza que en la calamidad, ¿y dónde hay mayor mal que la torpeza, la cual, si nos desagrada y ofende en la deformidad del cuerpo, ¿cuánto más deberá  ofendernos  en  la del alma?

106.- (356) – Y así, según los que tratan la moral con más rigidez, sólo es mal la torpeza, y los más mitigados no dudan llamarla el mayor mal. Porque el verso de Accio:

“Ni la dí, ni la doy a hombre perjuro”,

está dicho conforme al carácter de Atreo, de quien hablaba.  Pero admitiendo que es nula la fe jurada a un infiel, nunca faltarán pretextos y excusas al perjuro. Se ha de guardar muchas veces con el enemigo el derecho de la guerra y la fe prometida.

107.- (357)–Lo que se ha jurado, de suerte que el entendimiento conciba que debe hacerse, se ha de cumplir: lo que no se ha jurado así, no hay perjurio en no cumplirlo.  Por ejemplo: si a unos piratas se hiciese promesa de tanto dinero por la vida y no se les pagase, no hay perjuicio, aunque se prometiese con juramento. Porque los piratas no son enemigos justos, sino enemigos comunes de todo el género humano, con los cuales no hay de común palabra ni fe alguna;

108.- (358)– pues no es perjurar en falso, sino que el perjurio consiste en faltar a un juramento hecho de todo corazón y según las fórmulas acostumbradas.

Juró mi lengua, no la intención mía,   dijo sabiamente Eurípides. No debía Régulo descomponer, faltando al juramento, las condiciones y pactos de la guerra, porque entonces se trataba con un enemigo justo y legítimo, declarado tal por el derecho fecial y por otras muchas leyes, sin cuyo fundamento nunca el Senado hubiera entregado hombres muy principales a los enemigos. (****)

(****): Así fueron entregados a los Samnitas, desnudos y atados, los cónsules, legados, cuestores y los tribunos de la plebe, porque habían hecho con ellos una paz deshonrosa, cuando las horcas de Caudio, sin orden del P. Romano. Vease T. Liv. 1. IX, c. x.

……………………………………………………………………………………………………………

 

Capitulo XXX:

Generosidad de algunos romanos que piden ser entregados al enemigo. Lo más admirable de Régulo.

109.- (359)– Tito Veturio y Esp. Postumio, siendo segunda vez consules, por haber hecho la paz con los samnitas, sin acuerdo del Senado y del pueblo, después de la desgraciada batalla de Caudio, y de haber consentido que pasasen las legiones romanas bajo el yugo, fueron entregados a los enemigos. Y en este tiempo corrieron la misma fortuna Tib.  Numidio y Q. Melio para anular este tratado, de que fueron autores, siendo tribunos de la plebe, y aconsejó y esforzó esta resolución el mismo Postumio, que debía ser entregado. […].

110.- (360)–  […]. Pero, porque juzgó que no era esto útil a la patria, tuvo por honesto sufrir y padecer el castigo. Porque lo otro, de que una cosa siendo muy útil viene a ser honesta, digo que antes lo es el que no se haga. Porque no hay cosa útil, si no es honesta, ni puede serlo por ser útil, sino por ser honesta viene a ser útil.

Capitulo XXXI:

 

No hay vínculo más sagrado que el del juramento, cuya infracción castigaban severamente los romanos.

 

111.- (361)– […]. Mas de toda la  alabanza que merece la acción de Régulo, lo que causa mayor admiración es el haber aconsejado que no se restituyesen los prisioneros. Porque el haber vuelto, al presente es cierto que admira; pero en aquellos tiempos no pudo hacer otra cosa, y así esta alabanza no tanto es suya propia como de aquellos tiempos. Porque quisieron nuestros antepasados, que para obligar la fe de los hombres no hubiese vínculo más estrecho que el juramento. […].

112.- (362)–

Capitulo XXXII:

 

Pena de fraude y de la cobardía.

 

113.- (363)– Mas así como se debe alabar a Régulo por la fidelidad con que guardó el juramento, se ha de vituperar a aquellos diez que, después de la batalla de Canas, envió Anibal al Senado, juramentados de que volverían a los mismos reales, de que acababan de apoderarse los cartagineses, si no salían de Roma con la pretensión de que redimiesen a los prisioneros, si es que no volvieron, acerca de los cuales no están conformes los escritores. […].

114.- (304)–

115.- (365)– […]. Mas, concluyamos ya este punto, por ser cosa clara que las acciones de cobardía y bajeza –como hubiera sido la de Régulo, si hubiera sentenciado lo que a él era provechoso y no a la república, o si hubiera quedado en Roma–, no son útiles, porque son malas, feas y vergonzosas.

 

Capitulo XXXIII:

 

La utilidad y la templanza.

 

No puede ser útil lo que se opone a la templanza: la doctrina de Epicuro se opone a todas las virtudes.

 

116.- (366).-   Resta la cuarta parte, que consiste en la decencia ó decoro, en la moderación, en la modestia, en la continencia y en la templanza. ¿Podrá hallarse  alguna cosa útil  que se oponga a este coro de tales virtudes? Los discípulos de Aristipo, que se llamaban cirenaicos y anicerios [+], colocaron en los deleites el sumo bien y atribuyeron sus respetos a la virtud, en cuanto fuese causa eficiente de los deleites; pero decaídos éstos, florece ahora Epicuro, que es como el promotor y autor de esta sentencia. Con éstos hemos de mantener nuestro campo de batalla, si estamos determinados a guardar y defender la honestidad.

[+]: Aristipo nació en Cirene de Africa; fue su discípulo Anicerio: aquel instituyó una escuela y éste la extendió con poca mutación. Pero ya se habían perdido en tiempo de Cicerón las escuelas de los cirenaicos y anicerios. Los que entonces florecían eran los epicúreos, los cuales juzgaban que era útil para vivir bien el buscar los deleites.]

 

117.- (367)-,

118.- (368)–  Mas al fin, en cuanto a estas tres virtudes, no dejan de discurrir con alguna agudeza; porque introducen más prudencia que les suministre los deleites y les aparte del dolor. También dan su salida a la fortaleza, cuando enseñan el desprecio de la muerte y sufrimiento del dolor; hay también su templanza, con bastantes dificultades; pero a su modo, porque dicen que la intensidad del deleite consiste en la falta de dolor. Para la que no hallan salida es para la justicia, pues queda por tierra y con ella todas las virtudes relativas a la comunicación y sociedad del género humano. Porque ni bondad, ni liberalidad, ni cortesanía o delicadeza en el  trato puede haber, como tampoco amistad, si estas virtudes no se practican por sí mismas, sino que han de subordinarse a los deleites o a la utilidad.

Capítulo XXXIV:

Oposición o antagonismo  entre placer y honestidad

 

EPÍLOGO

 

119.- (369)– Reduzcamos todo   esto a un breve resumen.  Así, pues, como hemos enseñado que no es utilidad la que repugna a la honestidad, así decimos ahora que todos los deleites son opuestos a la virtud. […].

 

120.- (370)—Queda dicho anteriormente cómo se ha de juzgar de las cosas, cuando lo que parece útil repugna a la virtud; pero si del deleite se dijere también que tiene apariencias de útil, no puede tener unión alguna con la honestidad. Porque concediendo algo al deleite, que podrá ser de sainete ó condimento, de utilidad ciertamente nada puede tener.

 

 

04.———————-CONCLUSIÓN

121.- (371)– Hé aquí. Marco, hijo mío, el presente que te hace tu padre, grande en mi opinión; pero será tal como tú lo recibas. No obstante, admite estos tres libros como huéspedes entre los comentarios de Cratipo. […]. Pero escucha la voz de un padre que te habla en estos libros, y emplea en ellos todo el tiempo que pudieres, que podrás cuanto quieras.

[…] Adiós, hijo mío, cree que es mucho el amor que te tengo, y que será mayor si te llevan mucha atención estos avisos y reglas de sabiduría.

 

 

{pág. 173}    FIN DE “LOS DEBERES”
 / TRATADO DE LOS DEBERES /
Biblioteca Económica de Cásicos
Universales. 
Año 1912.
 

 

 

 

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Gustavo Bueno – En torno a la Ideología y Filosofía de la Democracia

YO ESTUVE ALLI:

…en la Lección de D. Gustavo Bueno en los I Encuentros de Filosofía (2003) organizados por Nodulo Materialista en Madrid.

https://youtu.be/1wkuaRNjbUc

https://www.youtube.com/watch?v=1wkuaRNjbUc&feature=share

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Pedro Varela, en Barcelona, comenta la crisis

 

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CICERÓN

https://www.youtube.com/watch?v=31xQOpZ1sOY

Cicerón: Los Seis Grandes Errores del Ser Humano

 

https://youtu.be/31xQOpZ1sOY

&&&

Frases famosas de Cicerón

 

https://www.youtube.com/watch?v=6Fr8bxNrXng

https://youtu.be/6Fr8bxNrXng

$$$$$$$$$

https://www.youtube.com/watch?v=Z1FjNBYzacU

 

https://www.youtube.com/watch?v=tWP82oq9ioQ

 

Frases de Cicerón Vol. 1

 

https://youtu.be/Z1FjNBYzacU

https://www.youtube.com/watch?v=flNbG3gJWEY

https://www.youtube.com/watch?v=Z1FjNBYzacU

 

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El idioma español es imperial y también filosófico

https://www.youtube.com/watch?v=cwNDNMik20k&feature=youtu.be

El español es una lengua filosófica e imperial.

 

https://youtu.be/cwNDNMik20k

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Reyes Mate comenta un libro de Jürgen HABERMAS

EL PAIS, ( Madrid 7 enero 1990 ) publicó un artículo cuyo autor es Reyes Mate, un colaborador habitual del diario de PRISA. 

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…Por su parte, Jaume Farrerons, filósofo y polítólogo  reproduce en facebook el citado artículo de Mate Reyes  a cuyos “argumentos” promete darles “un repaso”, como él mismo escribe en facebook.es

 

FUENTE: cuenta de JAUME FARRERONS, en facebook.es

el día 16 de octubre  de 2017

Este es el primer comentario en respuesta a la invitación de Jaume Farrerons:

Carlos Bohórquez Dominguez Osea que lo único que puede ser “identiditario” en Alemania es lo que pasó después del 45, con una Alemania derrotada y humillada. Todo lo anterior no es posible siquiera retomarlo, y ¿por qué desde kierkegaard, y no Hegel o Fichte? Ahh si… es que ellos precedieron esa máquina diabólica del nazismo.

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