MARCO TULIO CICERON: De Officiis. (Sobre los Deberes)

MARCO TULIO CICERÓN:   Nació en el año 648 ab Urbe Condita (-106 a. de C.)  en Arpinum, y murió en el 711 de la Fundación de Roma (año 43 a. de C.).

Su tratado “De los Deberes”, compuesto para su hijo, joven aún, que estudiaba en Atenas, está dividido en tres libros, que tratan sucesivamente de lo honesto, de lo útil y de su comparación.

El diálogo “Sobre la vejez” y el diálogo “Sobre la amistad”, junto a “Las paradojas” y “El sueño de Escipión” complementan al tratado “De los Deberes”.

…se retiró Cicerón a escribir estos libros, por los años 709 y 710, de la Fundación de Roma.

TRATADO DE LOS DEBERES.       CICERÓN.            Paris  –  Buenos Aires, 1912.

Sociedad de ediciones Louis-Michaud

287 pág 19×12 cm / Biblioteca económica de clásicos universales / Tratado de los deberes; Diálogos de la vejez y de la amistad; Las paradojas; El sueño de Escipión.

Traducción corregida de Manuel de Valbuena

1 a 161…(161) / …. 162 a 250…(89) /… 251  a  371 (121)

 

LIBRO   I ……. {1 a 161}

—————- INTRODUCCIÓN ———————–

———————–PROEMIO —————————————-

 (La honestidad en nuestra vida y en nuestros actos)

{pág 11}

Capítulo I:

 Cicerón exhorta a su hijo a que asocie el conocimiento de la lengua latina con la del griego, y la filosofía con el estilo forense.

 

001.- Aunque es muy natural, hijo mío Marco, que al cabo de un año que estás siguiendo las enseñanzas de Crátipo, y esto en Atenas, abundes en preceptos y máximas   filosóficas,[…] no obstante, así como yo asocié siempre el estudio de la lengua latina con el de la griega, con gran utilidad mía, no solamente en la filosofía, sino también  en la oratoria, me parece que debes tú hacer lo mismo para conseguir pericia igual en el género filosófico y en el oratorio. […].

002.- 003.- 004.-

Capítulo II:

A cuánto se extiende el tratado de las obligaciones…

005.– Habiendo determinado escribir ahora alguna obra para tu instrucción, y otras muchas más adelante, he preferido empezar  principalmente por un asunto que fuese el más a propósito para tu edad juvenil y más correspondiente a mi autoridad.  Aunque hay muchas cosas de argumento filosófico importante y útil, son a mi juicio los preceptos sobre las obligaciones o deberes lo que más nos interesa conocer. […].

006.- […]. Pero hay algunas escuelas filosóficas que con los límites que establecen para el sumo bien y para el sumo mal alteran todo el concepto de los deberes.{*} Pues quienes establecen el sumo bien de forma que no se halla unido a la virtud y lo miden por su propia utilidad y no por la honestidad [los epicureos], éstos, si van siempre conformes con sus principios y en ocasiones no se dejan llevar por la bondad de la naturaleza, no podrán cultivar ni la amistad, ni la justicia, ni la liberalidad. Ni puede ser fuerte en modo alguno quien piensa que el dolor es el mal supremo, ni tampoco puede ser temperante quien pone el bien supremo en los deleites.

{*}{los epicúreos,que determinan el mal por el dolor y el bien por el deleite, perturban y corrompen los deberes }

06.-

Capítulo III:

DEFINICIÓN DEL DEBER

División de los deberes, y los motivos de deliberación acerca de la elección de ellos.

[…]. 007.- – Todo el tratado de las obligaciones se puede reducir a dos puntos principales: el primero el que pertenece al sumo bien y el segundo el que pertenece a los preceptos a los que debe conformarse la conducta de nuestra vida. Al primer punto  pertenecen los ejemplos siguientes: si todas las  obligaciones son perfectas, o si unas son más importantes que otras, y otros ejemplos semejantes. Respecto a los preceptos que se prescriben  sobre las obligaciones, aunque naturalmente pertenezcan al sumo bien, con todo, no se percibe suficientemente esta relación, porque parece que corresponden más a la información de la vida común, y de tales preceptos es de los que vamos a tratar en estos libros.

 

Capítulo IV:

ORIGEN Y CONCEPTO DE LO HONESTO

Instinto de conservación, común a todos los animales; amor de la verdad y del orden,propio del hombre.

011.- En primer lugar, la naturaleza ha dotado a todos todos los animales del instinto de conservar su vida y su cuerpo, de huir de todo lo que les parezca perjudicial, de buscar y prevenir lo necesario para mantenerse, como el alimento, el albergue y otras cosas semejantes. También ha inspirado a todos los animales el apetito de reproducirse y de tener cuidado de la prole. Pero hay esta gran diferencia entre el hombre y la bestia: que ésta, no teniendo otro guía que el sentido, se acomoda a sólo aquello que se le pone delante, con muy  corto  sentimiento  de lo pasado y de lo futuro.  Mas el hombre, que participa de las luces de la razón, por la cual conoce las causas de las cosas y sus consecuencias, por la cual conoce las causas de las cosas y sus consecuencias, no se le ocultan sus progresos ni antecedentes, compara los semejantes  y une a las cosas presentes las futuras; registra fácilmente todo el curso de la vida, y previene lo necesario para pasarla.

012.-La misma naturaleza, por medio de la luz de la razón, concilia unos hombres con otros, así para el habla recíproca como para la vida sociable, y engendra principalmente un amor especial para con los hijos, obligándonos a desear que haya unión y sociedad entre los hombres y a poder ser participantes de la misma sociedad, y también a que por esto procuremos apercibirnos de lo necesario para el sustento y porte, no sólo de nosotros, , sino también de nuestras mujeres, nuestros hijos y de todos aquellos a quienes amamos y debemos proteger: solicitud que eleva los ánimos y los habilita más para la administración de los negocios.

013.- Especialmente, es propia del hombre la investigación de la verdad, y así, cuando nos hallamos libres de los cuidados y negocios precisos, deseamos ver, oir  y aprender alguna cosa, y juzgamos  que contribuye muchísimo para vivir dichosos el conocimiento de lo más oculto y admirable; de donde se colige que lo verdadero, sencillo y sincero es lo más conforme a la naturaleza del hombre. A este amor de inquirir la verdad va unido cierto deseo de independencia {*}, de modo que a nadie se sujeta voluntariamente un ánimo bien formado por naturaleza, sino a quien le instruye, le enseña, o le manda con justos y legítimos derechos por su utilidad: de lo cual resulta la grandeza del ánimo y el desprecio de los acontecimientos humanos. {**}

{*}: en estas palabras se señala la fortaleza, que también proviene de la razón.

{**}: Por lo regular, Cicerón une siempre la grandeza de ánimo con el desprecio de los acontecimientos humanos, que es la señal primera y principal de un ánimo fuerte.

014.- No es tampoco pequeño efecto de la naturaleza, y de la razón, que sólo el hombre entre todos los animales sea capaz de conocer el orden, el decoro y aquella regla y medida que debe guardarse en las palabras y en las obras. Así, aun de aquellos mismos objetos que se perciven por la vista, él sólo conoce la hermosura, proporción y conformidad de sus partes; y traslada esta imagen desde los ojos al alma, por la naturaleza y la razón, concibe mucho mejor con cuanto decoro, constancia y orden hemos de dirigir nuestras obras e intenciones; y nos enseña a precavernos de lo indecoroso e inconstante, y contra todo desorden en nuestras obras y opiniones. De lo cual resulta y se compone la honestidad {*} que buscamos; la cual, aunque no sea algunas veces la cosa más alabada, no obstante, es siempre virtud (cuya estima es siempre independiente de la opinión común), y a la que tenemos por digna de alabanza por su naturaleza, aunque ninguno la alabe.

{*} Del cuidado de la sociedad, de la recta investigación de la verdad, del deseo racional de sobresalir, del orden y moderación en todos los dichos y hechos: esto es, de la justicia, prudencia, fortaleza y templanza resulta la honestidad, y de ésta, la obligación.

 

 

Capítulo V:

Cuatro principios de la honestidad: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

015.- Ya tienes delante, hijo mío Marco, la imagen, y por decirlo así, el semblante de la virtud, que si pudiera verse con los ojos, enamoraría a todos maravillosamente por sí misma, como dice Platón.  Mas todo lo que es honesto ha de proceder de alguna de estas cuatro virtudes. Porque ó  consiste en la investigación y conocimiento de la verdad, o en la conservación de la sociedad humana, –en dar a cada uno lo que es suyo y en la fidelidad de los contratos– ó en la grandeza y firmeza de un ánimo excelso e invencible, o en el orden y medida de todo cuanto se dice y hace — en lo que se comprende la moderación y la templanza.

Estas cuatro partes, aunque están unidas y enlazadas entre sí {*} con mutua dependencia, sin embargo, cada una de ellas produce ciertas clases de obligaciones particulares.

Por ejemplo, de la primera parte, es decir, de la prudencia y la sabiduría, nace la indagación y descubrimiento de la verdad, y tal es el oficio propio de esta virtud.

{*}: Es opinión común de todos los filósofos que las virtudes tienen entre sí tal enlace, que no se puede poseer una, si no se poseen todas;[…].

016.- Porque el hombre que con más claridad percibe la pura e ingenua verdad de cada objeto, el que penetra y explica con más agudeza y prontitud las razones, es el que se reputa por el más sabio y prudente. Por lo cual, el objeto de esta virtud y la materia, digámoslo así, que ha de tratar y en la que ejercitarse, es la verdad {**}.

 {**} La prudencia consiste en el conocimiento de las cosas; la justicia, fortaleza y templanza en la acción. Porque la prudencia mira al conocimiento de la verdad, la justicia a la conservación de la sociedad, la fortaleza a la grandeza de ánimo en el obrar y la templanza al orden, moderación y constancia de todo cuanto se trata en la vida.

 

017.- Las otras tres partes tienen por objeto las necesidades de buscar y conservar aquellas cosas en que consiste el arreglo de todas nuestras operaciones: como mantener la unión y sociedad entre los hombres; el que resplandezca la grandeza y excelencia del ánimo, así en aumentar las facultades y adquirir provechos para sí y para los suyos, como principalmente en despreciarlos; y al orden,  a la moderación y constancia, y otras semejantes, pertenecen aquellos actos exteriores, que no son sólo de pura especulación, sino que juntamente requieren alguna práctica.  De forma que, guardando este orden y regla en la conducta de nuestra vida, conservaremos la honestidad y el decoro.

———DE LA SABIDURÍA————

Capítulo VI:
El deseo de saber es natural al hombre: dos defectos que en él se han de precaver.

018.- La naturaleza y esencia de lo honesto se divide en cuatro principios, de los cuales, el primero consiste en el conocimiento de la verdad {*}, y es el más natural al hombre. Porque a todos nos arrebata, y nos dejamos llevar   todos del deseo del saber, en el cual tenemos por honroso sobresalir; y, al contrario, tropezar, no saber, errar y ser engañados, lo tenemos por vergonzoso y malo. Pero en esta curiosidad tan natural y noble se han de evitar dos escollos: uno el tener lo incierto por averiguado y asentir a ello temerariamente; vicio que, para evitarlo, el que lo desee (aunque todos deben tener este deseo), es necesario que gaste tiempo y cuidado en considerar las cosas.

{*}: Esta primera parte [la prudencia] no sólo abraza la ciencia de desear unas cosas y huir de otras, que es lo que propiamente se llama prudencia, sino que comprende todo el conocimiento de la verdad […].

019.- El otro defecto (o escollo) es que muchos emplean demasiado estudio y trabajo en cosas difíciles, de mucha obscuridad y de poca importancia. […].

 —-DE LA JUSTICIA–

 

Capítulo VII:

Extensión de la justicia; dos obligaciones de esta virtud; dos especies de injusticia, y sus causas.

020.-De las otras tres virtudes, es de uso más general la que mantiene unida la sociedad ó comunidad de los hombres y de la vida. Ésta tiene dos partes: la justicia, en que brilla el mayor esplendor de  esta  virtud,  y que da nombre a los hombres de bien; y la beneficencia, que es inseparable de ella, a la que podemos  llamar también largueza o liberalidad. La primera obligación de la justicia es no hacer mal a nadie, sin que seamos provocados con alguna injuria; y la segunda obligación ordena usar de los bienes comunes como comunes y de los privados como propios de los nuestros en particular.

021.- Pero no hay cosa particular por naturaleza, sino por antiguo establecimiento, como los que en otro tiempo entraron en tierras sin dueño; o por conquistas, como los que se apoderaron de ellas por la guerra; o por leyes, pactos, condiciones o suertes. […].

022- Mas, por cuanto no hemos nacido para nosotros únicamente (según dijo muy bien Platón) {*}, sino que una parte de nuestro nacimiento debemos a nuestra patria, otra a nuestros padres y otra a los amigos; y según asientan los estoicos, todo cuanto produce la tierra[a fue criado para los hombres, de forma que puedan servirse de provecho a sí y a los demás […].

{*}: Pertenece al oficio, y como a la tercera parte de la justicia el mirar por la utilidad común, por la natural unión que el hombre tiene con el hombre.

023.-  El fundamento de la justicia es la fidelidad; esto es, la firmeza y veracidad en las promesas y contratos y su pura observancia: y es muy verosimil que “fidelidad” derive de “fiat“, porque fidelidad consiste en hacer lo que se ha prometido. [Nota: Cf. Rep., 4, 7. La palabra fides procede de una raíz indoeuropea, bheidh-bhidh –ligar–, “lo que liga a uno”].

 

DOS CLASES DE INJUSTICIA

023.- -En cuanto a la injusticia, ésta es de dos géneros {**}, uno de los que hacen la injuria y otro de los que pudiendo no la estorban del que la recibe. Porque el que acomete a otro injustamente, incitado por su ira y enojo, ese parece que se arma contra la vida del prójimo; pero al que no le defiende o le estorba la injuria pudiendo, es tan delincuente {***} como si desamparara a sus padres, a sus amigos o a su patria.

{**}: Hay, pues,   dos géneros de injusticia; porque no sólo obra injustamente el que injuria a otro, sino también el que, pudiendo, no defiende al que es injuriado, según los dos oficios de la justicia: no hacer mal a nadie y servir a la sociedad.

{***}: Porque se trata del prójimo, y así, tanto el que daña como el que no defiende, es injusto.

024.- Sucede también que las injurias hechas con entera deliberación de ofender a otro, tienen muchas veces su principio en el miedo; cuando el que piensa en hacer el daño teme que si no le hace ha de resultar otro contra él. Y tienen también por fin la mayor parte de los que cometen la injuria, el poseer aquellos bienes que codician con ansia: del cual vicio se puede decir que la verdadera causa es la avaricia.

 

Capítulo VIII: 

La avaricia y la ambición son dos causas muy comunes de la injusticia.

025.- Apetecen los hombres las riquezas, no solamente para satisfacer las necesidades de la vida, sino también para gozar de los deleites; aunque en los hombres de mayor espíritu se dirige ese deseo de riquezas a poder mucho y a hacer beneficios. […]. No es que sea de vituperar quien aumente su hacienda  por honestas artes, sin perjuicio de otro; pero es necesario huir siempre de la injusticia.

026.- 027.-

Capítulo IX:  INJUSTICIA Y NEGLIGENCIA

La ambición de honra y del dinero es causa de la omisión de las obligaciones.

028.-  Son varios los motivos  por los que muchos hombres faltan a la defensa de otros y se olvidan de su obligación; ya por no granjearse enemistades, ya por huir del trabajo, ya por no meterse en gastos, por indolencia, por pereza  y flojedad. Otros se dedican a sus estudios y ocupaciones de tal manera que abandonan a quienes deberían amparar y proteger. Y así se ha de poner atención en aquella opinión que Platón  [en el libro VII de POLITEIA] reprende en algunos filósofos que pretenden justificar en su averiguación de la verdad, el menospreciar y tener en nada todas aquellas cosas que los demás hombres apetecen con muchas ansias, y por las que suelen reñir y disputar entre sí con  gravísimas  competencias. […].

029.- Hay también algunos hombres que, por aplicación a conservar sus haciendas ó por un espíritu de insociabilidad, se están solos, dicen, dentro de sus casas, por no hacer cosa que resulte en agravio de nadie. Los cuales no caen en un extremo de la injusticia, pero caen en el otro; porque abandonan la sociedad humana cuando no emplean en su servicio ni su trabajo, ni su cuidado,ni sus facultades. [es decir, ni preocupaciones, ni obras, ni dinero.]

030.-

Capítulo X:

La justicia de nuestra  acción depende muchas veces de las circunstancias. Casos en que está uno dispensado  de cumplir la palabra o promesa.

031.- Hay casos y circunstancias en lo que lo que parece digno de un hombre calificado, a quien llamamos hombre de bien, varía totalmente y se muda en lo contrario: de suerte que viene a ser justo no cumplir lo prometido, no devolver un depósito y el no guardar y desentenderse de otras cosas que la buena fe y la sinceridad requieren. Porque es necesario referirse en todo a aquellos fundamentos de la justicia […]: lo primero que no se haga daño a nadie, y lo segundo que se sirva a la común utilidad.  A medida que varían las circunstancias, varían también las obligaciones y no siempre son las mismas.

032.- Porque puede darse alguna promesa o convención, cuyo cumplimiento no sea útil a quien la hizo, o a quien fue prometida. Si no hubiera cumplido Neptuno, como cuenta la fábula, la promesa que hizo a Teseo, no quedara éste privado de su hijo Hipólito {*}. Porque de las tres súplicas, fue la tercera pedirle, dejándose llevar por la ira, la muerte de su hijo Hipólito, que otorgada le costó tan triste llanto. Y así, tampoco deben llevarse a efecto aquellas promesas de que no ha de resultar provecho alguno a quien se ofrecieron, ni las que acarreen más perjuicio al que las prometió que utilidad a quien se hicieron; antes es contrario a la misma obligación el no anteponer la mayor a la menor. Por ejemplo: si quedase uno en defender a otro en un pleito el día de su vista, y entretanto sobreviniese una enfermedad grave a un hijo suyo, no faltaría a la obligación   en  no  hacer  la defensa: al contrario faltaría el litigante si se quejase de que ha desamparado. Mas por lo que toca a las promesas que se han hecho involuntariamente, por miedo, por fuerza, o por engaño, fácilmente se comprende que no incluyen obligación alguna: unas las anula el derecho pretorio y otras las leyes.

{*} Tres cosas había pedido Teseo a Neptuno: que le fuese concedido matar al Minotauro; que se le franquease la entrada de los Infiernos y que pereciese su Hijo Hipólito.   Esta   tercera   petición  la  hizo  con imprudencia, por lo cual no se le debía haber otorgado.

033.- Provienen también algunas injusticias de las cavilaciones y de la astuta y maliciosa interpretación de las leyes. De modo que se usa ya como proverbio vulgar aquel dicho   el sumo rigor del derecho viene a ser suma injusticia. […].

 

 

 

Capítulo XI:

El castigo y la guerra tienen sus normas.

034.-  Hay también algunas obligaciones que guardar con respecto a aquéllos de quienes hemos recibido alguna injuria. Porque el castigo y la venganza han de tener sus términos. Y aun no sé si bastará que el que ha hecho la ofensa se arrepienta de ella, así para que él no vuelva a cometer semejante delito, como para que se contengan los demás. Deben guardarse  en  la república  con  suma  exactitud  los derechos de la  guerra {*}. Porque habiendo dos maneras de contender, una por la disputa y otra por la violencia, de las cuales la primera es propia de los hombres y la segunda de las fieras, se ha de recurrir a la segunda, cuando no se pueda usar de la primera.

{*}: Porque en la guerra se suelen pasar fácilmente los límites de la moderación.

035.- Y así, se han de emprender las guerras es el deseo de vivir en paz segura: mas alcanzada la victoria, hay que respetar las vidas  de los que no se portaron como crueles y bárbaros en la guerra, como hicieron nuestros antepasados con los volscos, tusculanos, ecuos, sabinos y hérnicos, que hasta derechos de ciudadanos les concedieron; pero a Cartago y a Numancia las arrasaron enteramente. […].

036.- 037.-

 

Capítulo XII:

 

Moderación de los  romanos  para con el enemigo. Reglas de la guerra que se hace por la gloria.

 

[037.- – Además, yo  advierto  también  que al que propiamente se debía llamar enemigo de guerra, “perduellis”, le llamaban hostis [forastero], al que ahora decimos peregrinus. Mas ya se ha hecho odioso con el tiempo este nombre, porque olvidada la primera significación de forastero, ha tomado el de “enemigo en armas”.]

 

037.–   Además, yo advierto también que al que propiamente se debía llamar enemigo,{*} le llamaban extranjero, mitigando con palabra tan benigna lo odioso de la acción. Porque entre nuestros antepasados equivalía la palabra hostis a lo que entre nosotros suena la voz peregrinus.

{*}   Al “enemigo de guerra”, es decir “perduellis”, le llamaban hostis, es decir, forastero ó extranjero, y que nosotros decimos peregrinus. Mas ya se ha hecho odioso con el tiempo este nombre, porque olvidada la primera significación de forastero ha quedado sólo para el que toma las armas contra nosotros.[o sea, el   “enemigo en armas”].

 

038.- 

 

 Capítulo XIII:

 

Están obligados los particulares a cumplir las promesas a los enemigos. Justicia que se debe a los esclavos: injusticia paliada, detestable.

 

039.-También  se  deben  cumplir aquellos pactos que personas particulares firmaron con el enemigo, obligados por alguna necesidad. Como sucedió a Regulo en tiempo de la primera guerra púnica, que habiendo caído en poder de los cartagineses, y siendo enviado a Roma con la pretensión de un cange, juramentado que volvería, sostuvo en primer lugar en el Senado que no era conveniente a la república volver al cartaginés los cautivos; y además, intentando detenerle en la ciudad con ruegos sus amigos y parientes, prefirió volver a un suplicio cierto que faltar a la palabra dada al enemigo. […].

040.- […]. Pero el mayor ejemplo de justicia se dio por nuestros antepasados para con el enemigo, cuando un desertor de Pirro prometió al Senado que daría un veneno al rey. El Senado y Cayo Fabricio entregaron el desertor a Pirro. De modo que, ni aun de un enemigo poderoso, y que declaraba de propio dictamen de guerra, aprobaron la muerte con un delito.

041.- Mas, baste lo dicho acerca de las obligaciones de la guerra. Acordémonos que también hay justicia que guardar con aquellos que son inferiores a nosotros. El estado más bajo entre los hombres es el de los siervos {*}, acerca de los cuales enseñan bien los que dicen que deben ser tratados como mercenarios, a quienes es regular que se haga trabajar; pero ha de pagárseles también a proporción. […].

Capítulo XIV: LA LIBERALIDAD Y LA BENEFICIENCIA

Precauciones que pide la liberalidad.

042.- Vamos a tratar ahora, según nos hemos propuesto, de la liberalidad y beneficencia, que es la virtud más conforme a la naturaleza del hombre; pero es menester practicarla con muchas precauciones. Porque, en primer lugar, ha de mirarse bien que la liberalidad no sea perjudicial a los mismos a los que pensamos hacer beneficio, y aún a los demás. Lo segundo, que no exceda las facultades del que da, y además que a cada uno se dé según lo que merezca: que  es  el  fundamento de la justicia, adonde debe todo encaminarse.  Porque los que hacen beneficios absolutamente perjudiciales a aquellos mismos a quienes quieren dar a entender que sirven, no deben ser tenidos por liberales y bienhechores, sino por perniciosos lisonjeros. Y los que defraudaren a unos por ser generosos con otros, pecan contra la justicia lo mismo que si convirtieran en suyos los bienes ajenos.

043.-

044.- La otra precaución era que la liberalidad no exceda a las facultades. Porque los que quieren ser más francos de lo que permite su hacienda, pecan principalmente contra los derechos de la sangre, distribuyendo entre los extraños los bienes que debieran suministrar y dejar a sus parientes. Y suele muchas veces ir envuelto en este género de liberalidad el deseo de quitar y usurpar injustamente a otros, por tener más que dar. […].

045.- La tercera regla de estas precauciones es la elección del que merece más. Luego deben tenerse en consideración las costumbres de aquel a quien se hace el beneficio, la voluntad que nos tiene, el vínculo de sociedad en que estamos con él y los servicios que en nuestro provecho haya practicado de antemano. […].

Capítulo XV:

A quién se ha de hacer el bien principalmente: agradecimiento indispensable; reglas del agradecimiento y de la liberalidad.

046.- Mas, por cuanto vivimos, no entre hombres perfectos y del todo sabios, sino entre aquellos que son bien felices si tienen algunas semejanzas de virtudes, soy de parecer que no se desatienda a ninguno en quien tales muestras de virtud se hallaren, y que debemos dedicarnos principalmente a hacer bien a aquellos que están dotados de las virtudes más suaves: como la modestia, la templanza y la misma justicia, de que tanto hemos hablado.  Porque el ánimo fuerte y grande en un hombre no perfecto ni sabio, regularmente participa algo de temerario; mas las otras virtudes dichas son las propias y características del hombre de bien. Esto por lo que toca a las costumbres.

047.- En cuanto a la benevolencia con que cada uno nos ama, la primera obligación nuestra es que hagamos más bien a aquel que más amor nos tiene.  Mas este amor no le hemos de juzgar, como los niños, por un efecto acalorado de cariño, sino por la estabilidad y constancia.  Si hubieren precedido oficios de amistad, de modo que no se trate de hacer beneficios, sino de recompensarles, se ha de doblar entonces los deseos, porque no hay obligación más precisa que la de la correspondencia.

048.-

049.- Por lo que toca a los beneficios recibidos, es menester grande respeto y consideración. No hay duda en que el mayor merece más recompensa; pero en esto se ha de ponderar atentamente el ánimo, el deseo y el amor con que se hizo, género de personas, dejándose llevar de un ímpetu temerario y como viento repentino.  Éstos no deben parecer tan grandes como los que han procedido con juicio, solidez y constancia. Mas así en conferirlos como en corresponder a ellos, es lo principal de la obligación, aunque las demás circunstancias sean iguales, socorrer principalmente al que tiene mayor necesidad. En lo cual, los más obran muy al revés, haciendo mayores servicios a aquel de quien más esperan, aunque no los haya menester.

 

Capítulo XVI:

UNIÓN DE LOS HOMBRES EN GENERAL

Principios de la sociedad y primera obligación de ella.

050.- La sociedad y unión de los hombres será perfectamente guardada, si aplicásemos principalmente nuestra generosidad a aquellos con quienes más estrechamente estamos unidos. Pero se ha de tomar más en su origen la doctrina de los principios fundamentales de la vida sociable. […].

051.- 052.-

Capítulo XVII:

GRADOS DIVERSOS DE LA UNIÓN ENTRE LOS HOMBRES

 

Cuatro vínculos de sociedad: el más fuerte es el de la patria.

 

053.-Son muchos los grados de la sociedad humana. Porque descendiendo de aquella infinita y universal, la más inmediata es la de una misma nación, la de una misma tierra, la de una misma lengua, por la cual se unen estrechamente unos hombres con otros. Pero todavía es más estrecha la de una misma ciudad, porque son muchas las cosas que tienen comunes los ciudadanos, como la plaza, los templos, los paseos, los caminos, leyes, votos, privilegios y, además, los tratos, amistades y muchos negocios y contratos particulares. Aun es más de adentro la de los parientes, que reduce a un estrecho punto la sociedad universal de todos los hombres.

054.-Porque, como es propio de todos los animales el deseo de multiplicarse, la primera sociedad está en el matrimonio; la segunda, en los hijos, de que se forma una casa y un todo común, y éste es el principio de las ciudades, y como seminario de la república; síguense  después los hermanos, sus hijos y los hijos de éstos, que  no cabiendo ya en una casa, se extienden y reparten en otras, a manera de colonias.  Después, los casamientos y entronques con otras familias: de donde resultan otros muchos parientes, cuya propagación y descendencia es causa y origen de las repúblicas.

 

055.- El vínculo de la sangre es uno de los que más estrechan la unión y benevolencia de unos hombres con otros, a lo cual contribuye mucho tener en su familia los mismos monumentos, la misma religión {*} y las mismas sepulturas.

Mas, entre todas las sociedades, ninguna es más sólida y estimable que las que componen los hombres de bien, parecidos en costumbres, con la unión de la amistad. Porque la virtud (esto lo repetiré muchas veces), aun cuando la vemos en otro, nos mueve y nos hace amar a aquel en quien nos parece se halla.

{*}: Además de los sacrificios comunes de la ciudad, cada familia tenía los suyos propios, los cuales celebraban todos los dependientes de ella.

056.- Y aunque todas las virtudes tienen cierto atractivo, que nos hace amar a los que creemos adornados de ellas, principalmente causan este efecto la justicia y la generosidad. No hay cosa más amable y atractiva que la semejanza de costumbres de los buenos; porque en los que están dotados de unos mismos deseos e inclinaciones, se ve que cada uno se deleita tanto con el amigo como consigo mismo; y sucede aquello que Pitágoras tiene por el colmo de la amistad, que se haga una sola persona de muchas. También es grande la unión que resulta de los recíprocos oficios, que siendo muchos y correspondidos, unen a aquellos entre quienes pasan con una amistad muy firme y verdadera.

057.-Pero recorramos con los ojos del ánimo y de la razón todas las diferentes sociedades, y hallaremos, que la más estrecha, la que con más amor nos une, es la que tenemos los hombres con la república. Muy amados son los padres, los hijos, los parientes y los amigos; pero todos estos amores los contiene y abraza en sí el amor de la patria, por la cual, ¿qué hombre de bien dudará exponer su vida, si con esto la puede ser de provecho? Tanto  más  abominable  es la crueldad de aquellos que la han tiranizado con todo género de maldades, y que se han  ocupado  y aun ahora se ocupan en arruinarla enteramente.

058.- Mas llegando a términos de comparar qué obligaciones nos deben merecer más atención, las primeras son las de la patria y de nuestros padres, a quienes estamos obligados con especiales beneficios; luego las de los hijos y de toda la casa, que cifra únicamente en nosotros sus esperanzas, y no puede tener otro amparo alguno; después las de los parientes bien avenidos, con quienes por lo regular es común nuestra fortuna y estado. A estos de que hablamos, debemos dar los auxilios necesarios para pasar la vida. Pero la unión de la vida y el trato frecuente, los consejos, conversaciones, avisos, consuelos y algunas veces también las reprensiones, donde más cabida y ejercicio  tienen  es en la  amistad, siendo más dulce y suave la que concilia la semejanza y conformidad de las costumbres..

 

Capítulo XVIII:

Reglas que se han de observar en los servicios que se hacen a los padres y a los amigos.

059.- Mas, en la práctica de todas estas obligaciones, se ha de considerar atentamente cuál es la mayor necesidad, y lo que con nuestra ayuda y sin ella puede o no cada uno conseguir. Así se conocerá la diferencia de grados entre la amistad y parentesco, y las demás circunstancias. […].

060.-

061.-Observemos ahora que habiendo señalado al   principio   cuatro partes de la honestidad, de donde dimanan todas las acciones virtuosas y todas las obligaciones, parecen las más ilustres aquellas que proceden de la grandeza y heroísmo del ánimo, que desprecia los acontecimientos humanos. […].

—————————–DE LA FORTALEZA———————————–

Capítulo XIX:

 LA FORTALEZA DEBE APOYARSE EN LA JUSTICIA

 

Esplendor de la fortaleza. Virtudes que la han de acompañar: defectos a que suele estar sujeta.

 062.- Mas, si esta grandeza de ánimo, que se muestra en los trabajos y peligros, no está acompañada de la justicia, y si se interesa por asuntos particulares, en lugar de emplearse en servicio del bien común, no es virtud sino vicio; pues no sólo no es propio esto de la virtud, sino de la ferocidad y barbarie, que se despoja de todos los sentimientos de humanidad. Y así definen exactamente los estoicos a la fortaleza, cuando dicen que es una virtud que combate por la justicia. Por lo cual ninguno que ha adquirido reputación de hombre fuerte consigue semejante gloria con engaños y malicias, por cuanto nada puede haber honesto en faltando la justicia.

063.- A este propósito dijo muy bien Platón, que así como a la ciencia, que  no  está  acompañada de justicia le cuadra mejor el nombre de astucia que el de sabiduría, del mismo modo el ánimo, que se expone al peligro, si se mueve por sus propios intereses y no por el bien común, merece más bien el nombre de atrevido que de esforzado.  Y así a los hombres magnánimos los queremos también buenos, sencillos, amigos de la verdad, nada engañosos, ni falsos: que son las principales cualidades de la justicia.

064.-

065.-

 

Capítulo XX: 

LA MAGNANIMIDAD

Señales de la verdadera grandeza del alma: es incompatible con el deleite, con la avaricia y con la ambición.

066.- En dos cosas se experimenta especialmente el ánimo grande y esforzado: la primera en el desprecio de los bienes externos, cuando llega el hombre a estar persuadido de que nada debe admirar, apetecer ni buscar, sino lo que sea honesto y honroso, y que es indigno de su carácter rendirse ni a otro hombre ni a perturbación alguna de ánimo, ni a la fortuna; la segunda es que animado de estos sentimientos que he dicho, emprenda siempre cosas grandes, pero muy útiles y empeñadas, llenas de trabajos y dificultades, pasando por todos los peligros de la vida y de cuanto a ella pertenece.

067.- De estas dos cosas, el esplendor {*} y generosidad, y aun las utilidades, está en la segunda. Pero la causa que hace a los hombres grandes está en la primera: porque en ella resplandece aquel grado de magnanimidad que eleva los ánimos y los hace despreciar los acontecimientos humanos. Esto se demuestra por otras dos señales, si solamente se tiene por bueno lo que es honesto, y así se vive libre de toda pasión y perturbación de ánimo. Porque el estimar en poco muchas cosas que a otros parecen grandes e ilustres, despreciándolas con razones firmes y sólidas, se ha de considerar obra de un corazón magnánimo y generoso; y el aguantar y sufrir con entereza otras que parecen duras, que ocurren muchas y varias en la vida y fortuna de los hombres, de modo que en nada se aparte de  su  natural  estado ni desdiga de la dignidad de hombre prudente, se ha de juzgar por fortaleza de ánimo y gran constancia.

068.- Mas no es conforme a razón   que  el que no se rinde  al miedo no pueda resistir a los deseos, y el que muestra un pecho invencible a los trabajos, sea vencido torpemente por los deleites. [ Es razonable pensar que quien vence al miedo puede resistir los deseos, y el que muestra un pecho invencible a los trabajos no es vencido torpemente por los deleites]. Y así se ha de evitar esto y huir de la codicia del dinero, pues no hay cosa que más indique la bajeza y abatimiento del ánimo que el amor a las riquezas; nada más honesto y magnánimo que despreciarlas, si no las tenemos, y si las tenemos, emplearlas en ser liberales y bienhechores. Se ha de evitar también la ambición de gloria—como dije arriba–, porque quita la libertad, la cual debe ser el mayor empeño de los hombres fuertes y magnánimos. Tampoco se han de desear los mandos, antes por mejor decir, no se deben aceptar algunas veces, y otras se deben renunciar generosamente.

069.- Nuestro principal cuidado ha de ser vivir libres siempre de todas las pasiones, deseos, inquietudes, tristeza, ira y alegría demasiada, para poder conservar la serenidad y tranquilidad de espíritu, la cual produce juntamente constancia y dignidad. Pero ha habido y hay muchos que, buscando este sosiego y tranquilidad, se han apartado de los negocios públicos y se han entregado al sosiego y retiro. Entre éstos, algunos filósofos de gran mérito y muchos hombres de autoridad y de costumbres severas, no pudiendo sufrir la relajación de sus pueblos y de los ciudadanos poderosos, y otros han pasado su vida en los campos, gustosos y divertidos con su hacienda.

070.-

Capítulo XXI:

La vida retirada excluye la ambición: quiénes han de tener los cargos del gobierno; qué prendas les han de adornar; qué defectos han de evitar.

070.– 071.- 072.- 073.-

Capítulo XXII:

 LAS GESTAS DE LA GUERRA Y LAS OBRAS DE LA PAZ

Las acciones de cabeza y consejo son más útiles que las de la guerra, aunque no de tanto esplendor.

074.- Mas, por cuanto la mayor parte de los hombres juzgan más gloriosos los hechos militares que los políticos, hemos de desvanecer esta opinión; porque muchas veces ha hecho tomar las  armas  el  solo  deseo  de  gloria,  a lo que comúnmente están expuestos los genios y espíritus superiores; y más cuando sus talentos son propios para la milicia y tienen fuego de soldados. Pero si queremos juzgar a la luz de la verdad, hallaremos muchas empresas del gobierno civil y político mayores y más ilustres que las del gobierno militar; […].

075.- 076.- 077.- 078.-

Capítulo XXIII:

Cualidades que forman un grande hombre: prudencia, justicia y fortaleza.

079.- Aquella virtud que buscamos en la magnanimidad, resulta de las fuerzas del ánimo, no de las del cuerpo. Pero también   se ha de ejercitar el cuerpo y acostumbrarle a que se sujete al consejo y obedezca a la razón en la ejecución de las cosas y en la tolerancia del trabajo. Mas esta virtud de que hablamos depende toda del ánimo, de sus sentimientos y del juicio: en lo que no son menos útiles los que gobiernan en paz la república, que los que dirigen la guerra. […].

080.- […]. Ha de emprenderse la guerra de modo que no lleve otro fin propuesto que la paz. Por último, es obligación del ánimo constante y fuerte no perturbarse en los casos adversos, ni de caer de su estado, digámoslo así, por alucinarse, sino estar siempre sobre sí y no apartarse de la razón.

081.- Mas, aunque estas son propiedades de ánimos grandes, es también propio de  mucho  entendimiento el prevenir con el pensamiento lo venidero, y tener formado juicio de lo que por una y otra parte puede acontecer, y lo que se ha de hacer en cualquier acontecimiento; de forma que nada nos sorprenda y nos veamos a decir: Nunca tal pensara. Lo cual cabe únicamente en un ánimo grande y sublime, que sólo se fía y se funda en la razón y prudencia. Pero salir al campo temerariamente y venir a las manos con el enemigo {*}, esto toca en inhumanidad y se acerca más a la ferocidad de las bestias: aunque, cuando lo pida la ocasión, se ha de mostrar también el valor del brazo, y anteponer la muerte a la esclavitud y a la deshonra.

{*}:

http://etimologias.dechile.net/?enemigo

La palabra “inimicus” (in-amicus)   en latín significa “no amigo” y se refería a las enemistades personales y privadas, siendo, entre los romanos, la voz hostis  la que designaba a los pueblos o ejércitos hostiles y también a la persona declarada enemigo público. (De hostis, derivan hostil, hostilizar, hostilidades y hueste).

Capítulo XXIV:

Regla de la humanidad: prudencia al exponerse al peligro: sacrificar a la patria la propia gloria y reputación.

 

082.- Cuando se ha de arruinar una  ciudad  y entregar al saqueo los soldados, se ha de considerar atentamente que no se ensangriente la crueldad por falta de maduro consejo. La obligación del hombre fuerte y magnánimo en tal caso es que, bien pensadas las cosas, sean castigados sólo los delincuentes, conservar el pueblo y mantener la justicia y rectitud en todo acontecimiento. […].

083.- Nunca hemos de hacer por donde nos tengan por tímidos y cobardes huyendo de los peligros; mas, también debemos ser cautos en no exponernos a ellos sin motivo, que es la mayor necedad. […].

084.- Mas, ha habido muchos hombres que, estando prontos a exponer sus riquezas y a derramar su sangre por la patria, no serían capaces de aventurar ni la más mínima parte de su fama en la mayor urgencia de la república: como Calicrátidas, que habiendo sido general de los lacedemonios en la guerra del Peloponeso y ejecutado en ella singulares hazañas, lo echó todo a perder por no reducirse al parecer de los que le aconsejaban que apartase su flota de las islas Arginusas y no viniese a las manos con los atenienses. A cuyo consejo respondía él que los lacedemonios, si perdían aquella armada, podían levantar otra; pero huir él, no podía sin deshonra suya. Al fin esta pérdida pudo tolerarse.  […].

 

Capítulo XXV:

Reglas que han de observar los que gobiernan y los que administran justicia.

085.- Los que se consagran al gobierno del estado tengan muy presentes siempre estas dos máximas de Platón: la primera, que han de mirar de tal manera por el bien de los ciudadanos, que  refieran  a este fin todas sus acciones, olvidándose de sus propias conveniencias; la segunda, que su cuidado y vigilancia se extienda a todo el cuerpo de la república, no sea que por mostrarse celosos con una parte, desatiendan las demás.  […]. Porque, los que se desvelan por una parte de los ciudadanos y descuidan la otra, introducen el mayor perjuicio en el gobierno, que es la sedición y discordia: de donde nace que tomen unos el partido del pueblo, otros el   de la nobleza y muy pocos el del común.

086.-

087.- […]. Mas, también enseña el mismo Platón que se juzgue por enemigos [hostis] de la patria a los que toman las armas contra ella; pero no a los que   pretenden  que prevalezca su dictamen en las materias de gobierno. […].

088.- 089.-

Capitulo XXVI:

MODOS DE COMPORTARSE EN LAS PROSPERIDADES

Ecuanimidad y modestia, dos prendas muy necesarias en los puestos elevados.

 090.-En las prosperidades, cuando la fortuna lisonjea nuestros deseos, hemos de huir mucho de la soberbia, encono y arrogancia, porque es prueba de flaqueza de ánimo de saber moderarse, así en lo favorable como en lo adverso, y es muy laudable la igualdad en toda la vida, y un mismo carácter siempre, un mismo semblante, como tenemos el ejemplo en Sócrates y en Cayo Lelio. […].

 

091.-

092.- MAGNANIMIDAD EN LA VIDA PRIVADA

 

————————DE LA TEMPLANZA—————————

 

Capitulo XXVII:

 Utilidades de la templanza. Decoro inseparable de la honestidad.

093.-Síguese que tratemos ahora de la cuarta y última parte de la honestidad, en que se reconoce la vergüenza, y todo el lustre y ornato, por decirlo así, de la vida: que es la  templanza, la modestia, la sujeción de las pasiones y la moderación de todas las cosas. Aquí se contiene lo que […] en latín podemos decir decorum.

094.-  Este decoro es de tal naturaleza, que no puede separarse de la honestidad; porque todo lo que es decente, es también honesto, y todo lo que es honesto, es igualmente decoroso. […]. Del mismo modo, todo lo que es justo es decoroso y al contrario lo injusto, como vicio, es indecoroso. Lo mismo puede decirse de la fortaleza: las acciones que demuestran ánimo varonil y grande,  parecen  y  son  dignas  del decoro y del hombre; las que no le demuestran, son malas, y por lo mismo, indecorosas.

095.- Y así, este decoro, de que hablo, pertenece a todas las partes de la honestidad, y de una manera tan clara y perceptible, que para conocerle no es necesario una muy aguda penetración, sino que está a la vista.  Porque  en todas las virtudes hay cierto decoro, que se puede distinguir más bien con el pensamiento que separarle real y verdaderamente. Al modo que la hermosura y buena disposición del cuerpo es inseparable de la buena salud, asimismo el decoro de que hablamos se confunde con la virtud, y sólo se distingue con el entendimiento. […].

096.-

Capitulo XXVIII:

Decoro, del cual nace la gracia, el placer y la hermosura.

097.-   098.- 099.- 100.- 101.-

Capitulo XXIX:

DEL DECORO EN GENERAL

Subordinación de los apetitos a la razón. De los juegos y chanzas.

101.– En todas nuestras acciones hemos de evitar la precipitación y pereza, no haciendo cosa alguna de que no se pueda dar una razón digna de ser atendida; porque casi consiste en esto toda la fuerza de la obligación.

102.- Para esto es menester que los apetitos obedezcan a la razón, que ni se adelanten a ella ni  la  abandonen por debilidad o pereza, y que estén siempre sosegados y libres de toda perturbación de ánimo. […].

103.- 104.-

Capitulo XXX:

Dignidad del hombre: obligaciones que prescribe: diversidad de caracteres.

105.- Para distinguir bien en cualquier acontecimiento lo que pide la obligación, conviene tener siempre delante cuánto se aventaja la naturaleza del hombre a la de los demás animales. Estos nada conocen sino el deleite, y a él les conduce impetuosamente su instinto; pero el entendimiento del hombre se alimenta de lo que piensa y aprende, está siempre ocupado en inquirir o hacer algo, y se deleita en ver y oír cosas nuevas: de modo que, aunque haya alguno más inclinado a los deleites, como no sea del todo semejante a los irracionales –porque hay muchos que sólo son hombres en el nombre–, sino que les quede algún sentimiento más noble que del bruto, aunque esté dominado por esta pasión, oculta con disimulo su apetito por su propia vergüenza.

106.-

107.- DEL DECORO EN PARTICULAR

108.- 109.-

Capitulo XXXI:

Conozca y cultive cada uno de sus disposiciones naturales.

110.- El modo más seguro y fácil de guardar el decoro que buscamos, es atenerse cada uno a su propio y natural carácter, fuera de lo malo, y dirigir de tal manera nuestras acciones, que en nada nos empeñemos contra el orden general de la naturaleza; antes guardándole, sigamos nuestro propio natural, midiendo por sus reglas nuestras acciones, aunque otras cosas extrañas nos parezcan más grandes y mejores. […].

111.- 112.- 113.- 114.-

Capitulo XXXII:

Diferencia de los estados (civiles): elección de un modo de vida.

115.- 116.- 117.- 118.-

Capitulo XXXIII:

Pensar bien qué modo de vida se toma y no mudar con facilidad.

119.- 120.- 121.-

Capitulo XXXIV:

Diversidad de obligaciones según los diferentes   estados   y   edades.

122.-[…]. Al mozo, pues, corresponde reverenciar a los ancianos y escoger de ellos los mejores y más acreditados, para que les sirvan de apoyo y consejo en su conducta; porque la impericia de los jóvenes se ha de formar y dirigir por la experiencia y prudencia de los viejos. Principalmente se les ha de apartar muy lejos de las liviandades, y ejercitarles en el trabajo y tolerancia del ánimo y del cuerpo, para que igualmente sean capaces de gobernar con espíritu los negocios políticos y militares. […].

123.-En los viejos, al paso de que han de ser menos los ejercicios del cuerpo, se han de aumentar los del ánimo. Su principal ocupación ha de ser ayudar en gran manera a sus amigos, a los mozos, y en especial a la república en su consejo y prudencia. Mas ningún defecto evitará el viejo con más cuidado que la desidia y flojedad. […].

124.- 125.-

Capitulo XXXV:

En qué consiste el decoro: reglas de la vergüenza dictadas por la naturaleza.

126.- 127.- 128.- 129.-

Capitulo XXXVI:

DE LA BELLEZA

Dos especies de hermosura: observaciones referentes a todo el porte exterior.

130.- Pues como haya dos géneros de hermosura, en uno de los cuales sobresale la gracia y en otro la dignidad, debemos considerar la primera como propio de la mujer y la segunda del hombre. Y así el varón debe apartar de sí todo adorno indigno del hombre y evitar cualquier defecto semejante en el gesto y movimientos del cuerpo; pues aún en la palestra hay a veces movimientos afectados que enfadan, y también ofenden en los farsantes o histriones los gestos importunos y afectados y tanto en el gesto como en los movimientos sólo resulta agradable todo lo que es sencillo y natural. La dignidad del rostro se conserva con el buen color, y éste con los ejercicios del cuerpo. También se ha de procurar la limpieza no demasiada, exquisita y afectada, sino cuanto manifieste que se evita todo descuido grosero e inculto o inurbano. Lo mismo se ha de observar en el vestido {* en los ejercicios en el Campo de Marte, Hor, Od, 1,8}, en el cual, como en todo lo demás, es muy recomendable la  justa medianía.

131.- También en el andar es menester precaución, de modo que ni vayamos con tanta lentitud como los que llevan en las procesiones las estatuas de los dioses, ni tan de prisa, que nos apresuremos demasiado; con lo cual falta el aliento y se demuda y altera todo el rostro;  cosa que manifiesta bastante que  falta  gravedad de espíritu. Pero mucho más se ha de procurar que los movimientos del ánimo correspondan con la naturaleza; lo cual conseguiremos estando prevenidos para no caer en perturbaciones ni flaquezas;  y atentos con todo el ánimo a la conservación del decoro.

132.-  Los movimientos del ánimo son de dos maneras: unos del entendimiento y otros del apetito. El entendimiento se ocupa en la investigación de la verdad; el apetito impele a obrar. Es, pues, necesario tener el pensamiento ocupado en las ideas mejores y a la voluntad sujeta en todo a la razón.

 

Capitulo XXXVII: 

 …DEL DECORO EN EL DISCURSO

Reglas sobre la pronunciación, así en el discurso público como en la conversación.

132.–  Hay,  además,  en el lenguaje que el discurso es de mucha consideración, dos maneras o funciones diferentes, una que pertenece a la oratoria y otra a la conversación familiar. La oratoria se emplea  principalmente  en los debates judiciales, en las asambleas populares, en el Senado; la conversación, en las reuniones, conferencias, encuentros de amigos, en los convites. De los discursos públicos y oratoria dan preceptos los retóricos; de las conversaciones no, aunque estoy por decir  que  acerca de ellas se podrían dar preceptos. […]. Por más que, existiendo preceptos sobre la elocuencia, palabras y sentencias, los preceptos de los retóricos  muy bien pudieran acomodarse a la conversación familiar.

133.- 134.- 135.-

Capitulo XXXVIII:

Reglas para las reprensiones y para la conversación.

136.- 137.-

Capitulo XXXIX: DEL DECORO EN LA VIVIENDA 

Cuál ha de ser la casa de un sujeto   de consideración.

138.- 139.- 140.- 141.-

Capitulo XL:

 DEL ORDEN DE LAS ACCIONES SEGÚN LAS CIRCUNSTANCIAS

 

¿Qué es el orden? Cuánto mudan las circunstancias la naturaleza de las acciones.

142.- Ya es tiempo de que tratemos del orden de las cosas y de la oportunidad del tiempo, en cuyo conocimiento se aquello que los  griegos llaman eutaxia; no lo que entendemos nosotros por modo, en que va incluida la moderación, sino esa virtud consiste en la observación del orden. […].

143.-  144.-  145.-

Capitulo XLI:

Se han de evitar incluso las menores faltas, arreglar su exterior, tomar consejo en las cosas dudosas y respetar la virtud, dondequiera que se halle.

146.- 147.- 148.-

149.-[…]. Por último, estamos obligados a honrar y reverenciar a aquellos sujetos cuya vida se ha empleado siempre en negocios graves y honestos, que son amantes de la patria, que la han servido o la sirven actualmente, y a las personas que tienen algún oficio o cargo público; debemos hacer mucha estimación de la vejez, obedecer a los magistrados, distinguir al ciudadano del extranjero, y en éste hacer diferencia de si vive como un sujeto particular o como público, y, en una palabra, por no discurrir menudamente de cada uno, estamos obligados a reverenciar, observar y mantener las leyes generales de la sociedad humana.

Capitulo XLII:

 MEDIOS DIGNOS E INDIGNOS DE GANANCIAS

Dos géneros de ganancias: uno honrado y otro mecánico.

150.- […]. En primer lugar, condenamos todo oficio odioso, como es el de los cobradores y usureros. También es bajo y servil el de los jornaleros y de todos aquellos a quienes se compra, no sus artes, sino su trabajo; porque en éstos su propio salario es título de servidumbre. Asímismo se ha de tener por oficio bajo el comercio de los que compran a otros para volver a vender; pues no pueden tener algún lucro sin mentir mucho, y no hay vicio más feo que la mentira. […].

151.- […]. Mas aquellas artes que suponen mayores talentos, y que producen también bastantes utilidades, como la arquitectura, la medicina y todo conocimiento de cosas honestas, son de honor y dan  estimación   a  aquéllos   a quienes corresponden por su esfera.  […].   Mas,    son  de  entre todos los oficios por donde se adquiere alguna cosa, el más abundante, más delicioso y propio de un hombre de bien, es la agricultura […].

—-COMPARACIÓN DE DOS COSAS HONESTAS—

Capitulo XLIII: 

Epílogo de todo lo dicho: comparación de las obligaciones y cuáles se han de preferir.

152.-[…] Porque derivándose todo lo honesto de estas cuatro fuentes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, es preciso balancearlas muchas veces para distinguir bien la obligación.

153.- 154.- 155.-

Capitulo XLIV:

El estudio ha de tener por fin el bien de la sociedad.

155.–   156.-   157.-   158.-

————CONCLUSIÓN———-

Capítulo  XLV:

No se ha de anteponer el provecho de la sociedad a las obligaciones del pudor: grados de las obligaciones.

159.-    160.-

161.- {pág. 83}

De estos principios, tratados brevemente, se advierte que, no sólo examinan los hombres si una cosa es honesta o torpe, sino también cuando se ofrecen dos honestas, cuál lo es más […]

&&&&&&&& (pág. 83) &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 

  

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