El materialismo filosófico y El mito de la cultura

El materialismo filosófico
El mito de la cultura de Gustavo Bueno

Nicole Holzenthal

Se ofrece la versión en español de la «Einführung» –Introducción– que el lector alemán, suizo, austriaco, o lichtensteiniano encuentra antepuesta a la traducción del ensayo de filosofía de la cultura de Gustavo Bueno. Der Mythos der Kultur, Essay einer materialistischen Kulturphilosophie ha sido publicado por la editorial Peter Lang (Berna, Suiza) en febrero de 2002

El lector tiene en sus manos la primera traducción alemana de un libro del filósofo español Gustavo Bueno (*1924, Santo Domingo de la Calzada, La Rioja). El ensayo publicado por primera vez en 1996, El mito de la cultura. Ensayo de una filosofía materialista de la cultura (que en el momento de la traducción se encuentra en la sexta edición), ha de ser considerado como parte de un complejo sistema filosófico. El Materialismo filosófico, elaborado por Gustavo Bueno y sus colaboradores, abarca todas las áreas de la filosofía, es decir, entra en los más diversos terrenos de la realidad y del saber, entendiendo la Filosofía como un saber de «segundo grado». El presente trabajo es un intento de desglosar la Idea de la Cultura con el instrumental dispuesto por el propio sistema –y eso en forma de un ensayo, que, aunque no se dirija exclusivamente al público especializado, sin embargo, tuvo que servirse de una metodología rígidamente estructurada y dialéctica, por la confusión intrínseca a la Idea de la Cultura y que, por lo tanto, requiere la mayor atención a la hora de ser leído. A pesar de esto, como primera traducción en formato de libro, consideramos que este texto es apropiado para abrir un acceso a dicha filosofía. Porque el libro, en comparación con la restante obra, está escrito en un estilo relativamente sencillo, casi oral, y se caracteriza, además, por considerar especialmente (y de manera crítica) la tradición filosófica alemana, tratándola y enfrentándose con ella –por lo cual seguramente se despertará el interés de críticos de la cultura, de científicos y filósofos de la cultura.

Este ensayo abre un nuevo acceso a la compleja área de una problemática, que se engloba bajo una palabra supuestamente sencilla que está en boca de todo el mundo: cultura.

He aquí (sobre todo, en el capítulo II) una crítica a la filosofía alemana de la Cultura y a sus consecuencias (especialmente, las políticas y sociales), una crítica, que, por una parte, conoce exactamente las posiciones de los filósofos tratados mirándolas con lupa, y que, por otra parte, gracias a la propia posición y terminología (filosófico-materialista), tiene la ventaja de no caer en los sobreentendidos a los que tienden hoy en día muchos germano-hablantes a la hora de considerar su propia tradición sobre este asunto. Con la ayuda de un sistema filosófico sólido, en este ensayo se despieza un tema muy tratado y se vuelve a recomponer.

La Filosofía de la Cultura es, sin duda, de origen alemán –aunque haya sido recogida, llevada a otros términos, criticada y reelaborada por pensadores de muchas otras naciones. ¿Qué novedades puede ahora aportar el libro de filosofía de la cultura de un filósofo español? Gustavo Bueno no juzga indistintamente a las diferentes filosofías de la cultura, sino que expone con criterios congruentes los aspectos ontológicos, gnoseológicos y prácticos e investiga, con ello, los fundamentos materiales y formales de la «cultura» –considerando la cultura tanto como «concepto» (objeto de las ciencias de la cultura) como también como «Idea» (objeto de las Filosofías de la Cultura).

Al contrario que su compatriota, mucho más conocido en Alemania, José Ortega y Gasset, que se mantuvo muy fiel a determinadas tradiciones alemanas sobre el tema y que consideró su tarea introducir éstas como la Filosofía alemana en España tras sus estancias en Alemania{1}, Gustavo Bueno, sin embargo, conoce la entera tradición filosófica española y reconoce el valor de algunas de estas filosofías; donde es preciso, estos filósofos españoles aparecen en el texto, al lado de otros de muchos países –lo que, desgraciadamente, no siempre es habitual entre autores españoles (parece que por razones de prestigio).

No sólo por su gran tirada [y muchas ediciones] y por las ricas discusiones que causó en España (sea mencionado, por ejemplo, el libro publicado en 1999 por el «fenomenólogo» Javier San Martín, Teoría de la cultura{2}), vale la pena leer, recibir y criticar el libro El mito de la cultura. Este trabajo también se presta a ser una contribución de primer orden, crítico (incluso polémico) al actual debate –que se ha mostrado muy vital durante la reciente polémica acerca de la «Leitkultur». Gustavo Bueno aprovecha aquí sus conocimientos amplios, pero a la vez profundos, sus capacidades de análisis crítico y de síntesis para acercarse a este tema y para analizar los conceptos y las categorías científicas que están en sus fundamentos y las Ideas filosóficas que surgen de allí. Este ensayo de Filosofía de la Cultura ha de ser visto en un contexto más amplio, que se intentará dibujar en esta Introducción en rasgos muy generales. En otra publicación más adelante, la traductora intentará elaborar más los puntos aquí mencionados, poniendo la Filosofía de la Cultura de Gustavo Bueno en el contexto constituido por los demás planteamientos de filosofía de la Cultura (españoles y «medioeuropeos»), llevando a cabo una discusión crítica.

Intento de una breve descripción del materialismo filosófico

El profesor de filosofía José Ferrater Mora (1912-1991) escribió en suDiccionario filosófico sobre Gustavo Bueno y su sistema filosófico:

Bueno critica diversas doctrinas –mecanicismo; subjetivismo, empiriocriticismo, idealismo; monismo neutral– como manifestaciones de formalismo. La idea de materia es, en último término, una idea crítica y es la manifestación de la actividad filosófica, la cual es a la vez teórica y práctica.{3}

El belga François Aubral, en Philosophes,{4} caracterizó la filosofía de Gustavo Bueno de la siguiente manera:

Gustavo Bueno (1924): Filósofo español, ha enseñado en Salamanca y en Oviedo, de cuya universidad es catedrático. En estos momentos, su posición es como la de un islote avanzado en el generalmente monótono universo del pensamiento español…{5} Las características de Bueno serían su afán por defender la filosofía académica, su decidida orientación marxista y su pretensión predominante, sistemática y al mismo tiempo polémica. ¿Qué es la etnología? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué es el saber humano y cuáles sus barreras? En nuestra civilización funcionan mitos, instituciones, formaciones culturales. Medir, situar, aclarar, «triturar» esos hechos, conservar su neutralidad científica sin caer en ideología utilizable, ofrecer datos para otros análisis: he aquí su tarea. Una tarea crítica que va acompañada de una rigurosa elaboración de modelos gnoseológicos del funcionamiento de las ciencias, como es, por ejemplo, el del «cierre categorial». Pensador controvertido, no siempre bien comprendido, es uno de los más originales y profundos del actual paisaje español.

El ahora «catedrático emérito honorífico» de la Universidad de Oviedo (Asturias), Gustavo Bueno Martínez, trabaja en y con un sistema filosófico, al que él –y sus colaboradores, como él suele subrayar– le dieron el nombre de «Materialismo filosófico». Tratemos primero las partes constituyentes de esta denominación:

  1. Materialismoaquí no sólo toma como modelo o punto de discrepancia al Materialismo histórico o materialismos posteriores –en especial, el materialismo dialéctico (Diamat) de la Unión Sovietica, cuyo «monismo» critica Bueno muy fuertemente y al cual enfrenta un «pluralismo» material. Pero a la vez Bueno rechaza lo que negaron los anteriores materialismos: el «Espíritu» como «causa agens» o «forma separada activa».{6}

Materialismo es aquí utilizado en el sentido de una concepción de materia muy elaborado filosóficamente, en contraposición aristolélico-escolástica a la forma. En vez de la muy extendida manera de entender «materialista» de parte de la filosofía mundana como lo objetivo-material, corpóreo (o inclusive financiero), Gustavo Bueno distingue entre tres géneros de materialidad (ontología específica) y una Idea de la Materia general (ontología general). Esta ontología filosófico-materialista se elaboró, sobre todo, en los Ensayos materialistas.{7} Para los lectores de habla alemana este enfoque se puso a disposición en el artículo «Materie», publicado en la Europäische Enzyklopädie zu Philosophie und Wissenschaften (editada por Hans Jörg Sandkühler, Felix Meiner, Hamburgo 1990, tomo III, págs. 281-308): El primer género de materialidad (M1) embarca muy gruesamente la de los fenómenos físicos, la segunda (M2) los psíquicos y sociales y la tercera (M3), la de los fenómenos lógicos o teológicos. Desde los tres géneros, el Materialismo filosófico intenta reinterpretar las Ideas del «Mundo», del «Alma» y de «Dios» que aparecieron en la Edad Media, en Christian Wolff y finalmente, a su modo, en Kant. Aunque esas Ideas metafísicas se convierten ahora en «géneros» de una Idea: la Idea de la Materia (Mi). Al contrario de los «Reiche» de Georg Simmel y los «Welten» de Karl Popper, que están pensados «sustancialmente» y por lo tanto forman entidades «metafísicas», que se tratan como si fueran separables, en Bueno los «géneros de la materialidad» no se conciben como áreas cerradas del Ser. Aunque seandisociables, son, sin embargo, inseparables. La Idea de la Materia (Mi), que –conforme con la división en los dos ámbitos dichos de la ontología por Wolff– pertenece a la «ontología general», correspondería en la metafísica clásica (no materialista) más o menos a la Idea del «Ser». Esa idea general de la Materia en Bueno, a la verdad, no debe considerarse ni como entidad (porque si no, estaría «sustancializada» y recaería en la «Metafísica»), ni tampoco como lo común entre todos los contenidos de los diferentes géneros; ella es más bien el punto final de aquel proceso llamado «regressus», que históricamente parte de las realidades (M1, M2, M3) –es una idea filosófica.

  1. El materialismo de Bueno esfilosóficoen cuanto que, frente a otros planteamientos filosóficos, materialistas o de otra índole –sobre todo los de índole por él llamada «espiritualista»– se enfrenta y se confronta con ellos dialécticamente y se destaca de ellos. El Materialismo filosófico recoge estos planteamientos, se define a partir de ellos deslindándose de ellos. Mientras toma posición frente a otras filosofías o, donde fuese posible, toma una clara posición propia, el materialismo filosófico es fundamentalmente dialéctico. En algunos casos incluso tiende a entrar en polémica con otros –una tendencia que el mismo filosofo Gustavo Bueno y sus conocedores tienen muy presente. En el área de las Ideas filosóficas un anhelo de armonía sin conflicto ninguno no es realizable, incluso está fuera de lugar. Hacer filosofía implica tomar una posición y disputar con los demás.

El materialismo filosófico de Gustavo Bueno se distingue por constituir un sistema filosófico (frente a las tendencias a-sistemáticas y de rechazo a cualquier tipo de sistema como tal) que analiza Ideas, conceptos y categorías en cuanto a sus relaciones («Symploké» de las Ideas), en cuanto a sus delimitaciones extensionales (demarcación, distinción) y en cuanto a sus delimitaciones intencionales (circunscripción).

El Materialismo filosófico atribuye una gran importancia a ambas perspectivas teóricas, tanto a la ontología como la gnoseología.

Uno de los puntos más centrales de la ontología de la materia de Bueno es la defensa del pluralismo; más concretamente, su rechazo del monismo. Entonces «material» equivaldría en gran medida a «plural». El pensamiento establecido por Platón –para Bueno una de las ideas más importantes de Platón– de que las Ideas estén conectadas entre sí en una «Symploké», un tejido de ideas bajo el lema: «No todo está conectado con todo, sino algunas cosas o ideas con determinadas otras», se ha convertido en uno de los pilares capitales del materialismo filosófico. La Symploké se contrapone, históricamente considerada, por una parte al enunciado de Pitágoras de «Todo está en relación con todo» y, por otra parte, al de Demócrito de que «Nada está en relación con nada.» Sin embargo, Bueno considera a Demócrito como uno de los primeros grandes «materialistas», el segundo sería Platón. Pero el materialismo de Demócrito era grosero, corporeísta: La materia se restringía en Demócrito a, como lo llamaría Bueno, el primer género de la materia, M1: la materia corpóreo-física –aunque sus partículas, los átomos, fueran muy pequeñas. Negando la relación entre ellos Demócrito sólo permite una relación externa: Externamente las cosas se conectan.

Contrariamente, Platón estableció un materialismo pluralista: las Ideas (M3) existen en plural y por la Symploké están en relación entre sí, además existen la Materia M2 y M1, en fundamento de las cuales aquellas Ideas se edifican. Pues, si sólo hubiera materia corpórea, que mantuviera exclusivamente relaciones exteriores, pensar sería imposible.

Para un entendimiento del materialismo filosófico, como se ha dicho, es importante la contraposición de lo que Bueno llama enfoques «espiritualistas», refiriéndose a la Filosofía del Espíritu. Toda filosofía materialista rechazaría la existencia de tales contenidos «espirituales» que se hayan «sustancializado» en entidades exentas –una tal «sustancialización» representa un mero experimento mental o una idea límite– que en la mayoría de las veces se formó al independizarse una metáfora. Como ejemplo, se podrían citar la «Conciencia universal» o el «Espíritu absoluto» o (interesante para nuestro caso) una idea de la Cultura, gracias a la cual la Cultura se entiende como un organismo autónomo que funcionase («viviese»), más allá de todos sujetos operatorios y en abstracción de todas las sociedades y estados.

Hasta ahora hemos dirigido la mirada a los aspectos ontológicos. Veamos ahora los aspectos que Gustavo Bueno mismo llama «gnoseológicos», para después cerrar con aspectos que abran una dimensión práctica.

Mirando desde la perspectiva gnoseológica, la Filosofía es, sobre todo, un saber «de segundo grado». Por lo tanto, no es una ciencia –y no necesita serlo para cumplir sus funciones críticas: La relación íntima y constante de la Filosofía con las ciencias, desde su constitución hasta hoy (relación histórica) consiste en el empleo del mismo instrumental metodológico: la razón crítica (relación metodológica) discurriendo también la misma área de la experiencia cognitiva del ser humano (relación sistemática). «De primer grado» son, sin embargo las ciencias particulares en cuanto que tratan cada una un recinto cerrado teniendo que dejar fuera (por el «cierre categorial» de cada una de estas ciencias particulares) las ideas que trascienden las categorías y los conceptos. De las ideas (y de lo transcendental a cada recinto cerrado) se ocupa la Filosofía. Además, ésta es dialéctica (es decir, no dualista ni metafísica), y académica (en contraposición dialéctica con las formas mundanas de la filosofía) –en la tradición desde Platón los filósofos son como los «artistas de la razón» operando con la sistemática que originalmente viene de la geometría. (Filosofías mundanas, al contrario, son filosofías difusas, espontáneas y disueltas en las conciencias de todos los seres humanos, según el lema: «Todos los hombres son filósofos.»)

La Filosofía en sentido estricto, a fin de cuentas, es «totalizadora» (al contrario de la filosofía débil, que quiere ser parcial), y es tanto «teórica» como «práctica» (estructural y dialécticamente).

La dimensión práctica de la filosofía en este sentido se hace muy patente en una cita del prólogo a El sentido de la vida (1996) sobre la función actual de la Filosofía. Allí escribe Bueno con un tono un poco irónico:

Es ahora cuando la «filosofía abstracta» se hace imprescindible, aunque no sea más que como disciplina catártica capaz de mitigar el cúmulo creciente de necedades y tautologías que habrán de ser proferidas por quienes se ven oblicgados a tratar espontáneamente con «ideas abstractas» tales como «ciencia», «cultura», «religión», «libertad», «Dios» o «sentido de la vida». Sabemos que la gran mayoría de la sociedad no está en condiciones de practicar el análisis abstracto de la realidad. Pero también creemos saber que sin la acción de una minoría dispersa (¿un 1%?, un ¿0,5%?) capaz de enfrentarse a estas ideas con la disciplina característica de la teoría filosófica abstracta la sociedad, en su conjunto, falta de toda crítica interna, descendería hacia los niveles más bajos de infantilismo en el plano público.{8}

El mito de la cultura de Gustavo Bueno

El mito de la cultura de Gustavo Bueno

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