la gran guerra y la pequeña guerra

131) Identit@ryas VII

*“Hoy se habla mucho de ‘revolución permanente’. De 1937 a 1945 existió en Alemania una traición permanente y el pueblo alemán necesitó una fuerza casi sobrenatural para resistir a tantas naciones coligadas, servidas en el interior por una domesticidad tan variada.

La derrota militar alemana, es decir, la capitulación sin condiciones, sólo pudo obtenerse nueve meses después del atentado del 20 de julio, punto culminante de una traición que duraba desde hacía siete años. Pero esta capitulación sin condiciones fue también la de Europa: esto es lo que no quieren admitir, y que aparece con mayor evidencia cada día.” Skorzeny (La guerra desconocida, p. 126 –edición española Acervo 1976)

“Cuando Beck escribió al mariscal von Manstein al final de 1942 para explicarle que ‘la guerra estaba perdida’, el mariscal respondió: ‘Una guerra no está nunca perdida en tanto que uno mismo no la considere como perdida.’” Skorzeny (idem, p. 127)

*Fundamento, causa, origen, inicio, ‘arkhe’… ser. Verdad. Arraigo, morada, lugar, hogar… Camino

*La desnacionalización de los pueblos blancos

*Mística étnica. Mística arya. Espiritualidad arya

*Cultivo del ser. Cuidado (sorge) del ser

*El combate por el ser. La Reconquista del ser

*Amor a lo propio. Amor a los ancestros, a los Padres. Amor a la raza. Amor a las palabras de tu pueblo. Amor a la patria fundada por los antepasados. Amor, amor, amor…

*Esto de W. Darré: “Como arya (como germano, dijo Darré), actúa de manera que tus compañeros de raza (‘volksgenossen’) puedan verte como un modelo”.

*Ser dueños de nuestro futuro. Hoy por hoy nuestro futuro está en manos de otros (no está en nuestras manos, no depende de nosotros).

*Podrás dejar de ser cristiano, musulmán, demócrata o comunista. Pero nunca dejaras de ser un arya; nunca dejaras de ser lo que eres. El ser arya, el arya eterno.

*Integrar la historia de tu pueblo, que es tu propia historia. Lo acontecido a tu pueblo forma parte de tu experiencia, de tu vida, de tu ser. Las marcas, los hitos, los hechos… Seres milenarios.

*El espacio, el reino de lo alto; el espacio sagrado.

*Asumo y comparto el nazismo de Heidegger. Su nacionalismo étnico; su aryanismo. Prevalece Europa, Occidente, la aryanidad.

*El ser, la verdad; la autenticidad, lo propio.

*Enseres –las propiedades: lo propio.

*El ser nace, podríamos decir: surge, brota. Se revela. Se da.

El ser transforma a los entes en donde tiene lugar. Otorga sentido y destino. El ser no es, en ningún caso, ni singular, ni universal. Hablo de comunidades humanas; de comunidades étnicas, más específicamente. Cada pueblo tiene su propio ser; su identidad propia.

El ser es histórico, pues. Es una marca, un hito, una señal en el devenir de los pueblos. Su verdadero inicio. Su revelación. Su nacimiento. Su venir a la luz.

Divinos son los momentos en los que un pueblo cobra conciencia de su ser, de su identidad, de su singularidad; los momentos de su inicio. Tal revelación.

Son quizás los poetas, los cantores de las glorias comunes, los principales artífices de esta toma de conciencia, de esta epifanía –tanto más sublime cuanto más colectiva.

Las señas de identidad. Todos y cada uno de los miembros de la comunidad se reconocen en tales gestas, en tales historias. Se comparten los ancestros, los paradigmas, los modelos. He aquí el origen del orgullo patrio (de los Padres). He aquí también el origen del culto debido a los antepasados. Lo imperecedero mismo, de un pueblo, su cielo, vale decir, tiene aquí su lugar natal.

La conciencia colectiva; la memoria de los pueblos. La acrópolis; la ciudadela, el espacio de lo alto. Lo que no se debe rendir jamás. So pena de perder algo más que la propia vida; so pena de perder el propio ser. La muerte del ser es lo peor que le puede suceder a un pueblo, pues esto significa a la postre su desaparición, su completa extinción.  Su ser arrojado a la muerte y al olvido.

Pueblos olvidados, sin memoria. Pueblos que han sido pero que ya no son, y de los cuales no quedan más que vagos, fantasmales residuos. Nadie los cuida, nadie los cultiva, apenas nadie los rememora a no ser como objetos del pasado –como objetos muertos, sin actualidad, sin vida.

*¿Qué sucede con los pueblos aryas? Nuestros ser se esfuma, se extingue, se difumina, pierde contorno y realidad. Se desdibuja cada día.

Pobre ser nuestro. Semi abandonado. Descuidado, inculto, seco.

Algunos, los enemigos de nuestro ser, lo degradan y censuran en cada oportunidad. Aprovechándose de su debilidad, de su lamentable estado, lo critican, lo difaman, lo mancillan; lo injurian, lo maltratan. Y desde nuestras filas se les deja hacer. Apenas nadie sale en su defensa. Estos pueblos míos carentes de dignidad, de orgullo, de honra… de coraje.

Nuestros Padres pasan hambre y sed. Allá se encuentran indefensos, desprotegidos, solos. Ningún fuego, ninguna palabra los invoca y convoca. Es, sin duda, nuestra hora más oscura.

La soledad de los Padres es también nuestra propia soledad. El descuido del ser es también nuestro propio descuido.

Esta incuria, esta negligencia, este olvido. Perderemos el ser si todo continúa como hasta ahora. Nos perderemos a nosotros mismos. Desapareceremos.

*A veces siento la alegría de ser, la alegría, tal vez, del mismo ser. Es una experiencia misteriosa. Desbordante. Sublime. Inefable.

Como me gustaría que mis connacionales pasaran por esta experiencia. Un fervor, un clamor, un entusiasmo colectivo. Un reconocimiento; una anagnórisis colectiva.

Hoy por hoy, al espejo nuestro se le fue el azogue. No nos reconocemos, no nos identificamos, no nos vemos, no nos encontramos. Perdidos, sin norte, errantes. El lugar nuestro, vacío. Nadie concurre. El lugar de los Padres. El lugar del inicio. Nuestro espacio reservado.

*Poetas y videntes, sí, maestros de la verdad (Homero, Hesíodo… Virgilio). Pero antes fue la acción; las gestas, las epopeyas. El período épico, heroico. Los tiempos de fundación. El establecimiento de la morada, del hogar. Las luchas insólitas; los monstruos derrotados, vencidos, aniquilados. Las pruebas.

Los verdaderos hacedores, creadores, constructores, instauradores de un pueblo son sus hombres y mujeres de acción; sus héroes y heroínas. Seres de leyenda. Poetas y filósofos vendrán después. Lo primero es la acción.

Los diversos pueblos aryas (védicos, griegos, romanos, germanos, celtas, eslavos, baltos…). Sus diversos inicios. Sus videntes, sus poetas.

Dyaus/Zeus. El dios que acompaña a los aryas desde el principio, desde sus comienzos.  Nuestro cielo protector.

*Las historias de los pueblos no son comparables entre sí. Las culturas de los pueblos no son comparables entre sí. Las lenguas, el genio… el ser de los pueblos. Únicos, singulares, incomparables. Irrepetibles.

Cuidado con las intromisiones de un pueblo sobre otro. Con las falsificaciones, con las mixtificaciones. Con las comparaciones indeseables. Con los juicios que un pueblo realiza sobre otro.

Los pueblos no son comparables entre sí.

*Volver a su ser. Recuperar el ser. Reconquistar el ser.

Los pueblos, a veces, pierden, extravían, descuidan, olvidan su propio ser. Los pueblos pueden también ser privados de su ser –por imposición de un ser ajeno, por ejemplo; del ser de otro pueblo.

Anamnesis. Recuperar la memoria. Cobrar conciencia. Volver en sí. Despertar.

Deshacerse, desprenderse de todo lo extraño, de todo lo ajeno. Un proceso de purificación.

La vía mística, misteriosa. La revelación del propio ser. Del ser al que se pertenece. Del ser que nos pertenece. Del ser singular y propio.

*

Saludos, y hasta la próxima

Manu

PUBLICADO POR MANU RODRÍGUEZ EN 18:50

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FUENTE:

 

http://www.larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2015/08/131-identitryas-vii.html

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NOTA DE EUROPA89:

Puede considerarse la Gran Guerra, la batalla eterna entre las fuerzas del Bien y del Mal; por ejemplo la Guerra de 1914 a 1945,

pero paralelamente existe la Pequeña Guerra, que cada hombre

lleva a cabo en su vida personal y en su alma. En esta lucha interior,

la batalla no se pierde si uno no se rinde aunque muera en el combate. Es más, la vida es lucha..hasta el final de la vida terrenal.

La vida eterna es sólo la prolongación de la vida de quienes supieron

vencer o morir combatiendo.

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