el Sermón de la Montaña y el himno de “La Internacional”

Comparación del himno del Partido Comunista con el Sermón de la Montaña

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revolucion-rusa

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” Mateo 5, 3

“¡Arriba los pobres del mundo! / ¡En pie los esclavos sin pan!” (La Internacional, versión anarquista )

“¡Arriba parias de la tierra! / ¡En pie famélica legión!” (La Internacional, versión comunista )

“Nosotros mismos realicemos / el esfuerzo redentor”( La Internacional, versión comunista )

“Agrupémonos todos / en la lucha final / El género humano / es la Internacional” (Estribillo de La Internacional)

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La primera línea/estrofa de la Internacional en la versión anarquista es una copia directa de Mateo 5 y, en la versión comunista, una reivindicación de la misma idea. Hay aquí al menos tres temas implícitos: el sujeto al que se dirige el discurso, la tendencia universalista y la salvación. El sujeto son los humildes. Bien claro lo deja San Pablo en Corintos 1, 1 , 27-28, Dios ha elegido a las clases bajas para destruir a las altas. Y añade en términos ontológicos que Dios elige lo que no es para tapar lo que es. El sujeto que interesa al cristianismo y al comunismo es una parte muy específica de la comunidad: los débiles y la clase baja, no la comunidad misma.

En este tipo de planteamientos, la comunidad de un pueblo concreto es secundaria e incluso negativa en cuanto que se opone a los intereses generales de la humanidad

( se oponelo nacional frente a lo internacional).

Los pobres, los explotados, los débiles significa todos los pobres, todos los explotados, todos los débiles. El universalismo es evidente. Tanto el cristianismo como el comunismo piensan en términos universalistas. Por algo el título del himno es “La Internacional”. El estribillo “El género humano es la internacional” dice esto mismo.

Lo universal es el imperio (un mismo poder y una misma moral para todos), lo particular es el Dasein y la comunidad popular. Para el cristianismo, el destino de todos los pueblos es el imperio de Dios en el mundo. La Ciudad de Dios de San Agustín apunta a esta idea.

En la unidad de destino en lo universal, está implícito que la comunidad popular tiene que supeditarse al imperio. El cristianismo solo puede admitir la comunidad popular de manera accidental. Una postura como la de las polis griegas es incompatible con el universalismo cristiano o comunista. La verdadera patria del cristiano, del comunista, del socialista y del ilustrado es la humanidad.

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” Juan 23, 34

“Os mando que os améis los unos a los otros” Juan 15, 17

Las normas del amor al prójimo y poner la otra mejilla no llevan a la comunidad, llevan a la humanidad. Supongamos que tenemos delante a un asesino o a un violador de niños. Según el cristianismo, debemos amarlo e incluso perdonarlo. Esto es antinatural. Supongamos ahora a un cristiano en una guerra contra unos enemigos. La norma oficial es “mátalo, pero no lo odies”. Suena a chiste. Las incoherencias son evidentes. Hay obligación de amar a todo el mundo. El amor está por encima de las clases.

El concepto marxista de clase se acerca al cristianismo en unos aspectos y se aleja en otros. Se aleja en el sentido de que hay solidaridad dentro de una clase, pero no entre las clases. Se acerca en el sentido de que el concepto de clase es trans-nacional, las clases superan la frontera de las naciones. Y se vuelve a acercar en el otro aspecto de que el hombre es el dueño y señor de la tierra (Génesis).

El Reino de los cielos y la salvación son dos elementos centrales del cristianismo. El mundo sin clases y la redención otros dos elemento centrales del comunismo. Subyace en ambos el hilo conductor mesiánico. La solución que da el cristianismo a la opresión es un cielo en otro mundo. La solución que da el comunismo es un cielo en este mundo. Ángeles de otro mundo o de este mundo. Utopías de otro mundo o de este mundo, en cualquier caso, salvación del mismo colectivo en un cielo cómodo parecido.

Todo esto es evasión para evitar la auténtica naturaleza del existente humano. No somos ángeles, somos seres históricos, finitos y mortales. Y viviríamos mucho mejor si nos dejaran ser como somos.

El comunismo de los primeros cristianos está atestiguado en Hechos 2, 42-43: “Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común. Vendían bienes y posesiones y los repartían según la necesidad de cada uno”. Puede pensarse que aquello ya pasó y que es una interpretación falsa. Pero la cosa no es tan fácil. El amor universal del cristianismo lleva a distribuir la riqueza de una manera pacífica y oculta por el velo teológico. La perfección espiritual es dar todo por los demás. Eso está claro en Marcos 10, 21: “Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos”. Esta caridad no deja de ser un cierto tipo de comunismo.

Alain de Benoist dijo una vez que los cristianos eran los bolcheviques de la antigüedad. Yo añado que lo siguen siendo también en nuestro tiempo, pero de una manera más escondida. Ante el amor universal, pienso que es mucho más natural y más razonable la norma clásica precristiana: amor al amigo y odio al enemigo.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los humildes, porque ellos recibirán la tierra por heredad”

Mateo, 5, 4-5

“El mundo va a cambiar de base

Los nada de hoy todo han de tener”

(La Internacional, versión comunista)

A veces, se dice que el cristianismo no se mete en política. Pero no es eso lo que se lee en Mateo 5, 5: “Bienaventurados los humildes, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Aquí ya no se habla del Reino de Dios, sino de la tierra. La utopía cristiana coincide totalmente en este punto con la comunista: “Los nada de hoy todo han de tener”. En ambos casos, se lleva a cabo una inversión social en toda regla. Los fuertes pasarán a estar abajo y los débiles, arriba. El problema que vemos aquí es que no se realiza una verdadera transformación del ser con la vista puesta en el bien común, sino un cambio de poder. Heidegger señala varias veces, y con razón, que las inversiones ponen la misma cosa bocaarriba o bocaabajo, pero que no son una transformación de la cosa por dentro. Lo que necesitamos es una transformación de la cosa misma, no un cambio de posición. El comunismo y el cristianismo no son verdaderas revoluciones, son olvido del ser. La verdadera revolución es el regreso al inicio.

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Todo fluye

Eugenio Gil

Publicado por Eugenio Gil en 2:04

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Etiquetas: comunidad popular, cristianismo

FUENTE:

http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2015/02/comparacion-del-himno-del-partido.html

 

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