“El sangriento origen del capitalismo como sistema económico”

Solo para espíritus fáusticos, esos que no saben “disfrutar” a la manera de las termitas y las hormigas, de un fin de semana caluroso.

Todo  este asunto es crucial a los efectos de comprender un poco más el devenir de este país. La decadencia de España es un hecho penoso y largamente consumado. Nación que pasó de una condición de Potencia Mundial incontestable a su actual nulificación estratégica, desgarro y sometimiento absoluto a los Poderes Usureros Internacionales. 

Hay factores debidamente ocultados y/o tergiversados que no solo intentan, y con gran éxito, culpabilizar exclusivamente a los defectos de los españoles, de sus recurrentes desdichas, sino que presentan, también con gran éxito, a los auténticos verdugos, agentes y promotores de las debacles, como víctimas. España se ha ganado la ruina a pulso, no es sano subestimar la propia desidia e ineptitud, pero tampoco es justo ocultar y tergiversar el rol capital de quienes han contribuido, y contribuyen, desde las entrañas de la misma España, con su ruina y su dependencia.

Entre la expulsión judía de 1492, la Leyenda Negra de España, y la invención del Holocausto Nazi, hay un estrechísimo vínculo. Hay un único modus operandi: la Mentira, los mismos beneficiarios: el capitalismo usurero judeo-protestante, el mismo efecto: el control psicológico de los culpabilizados inter-generacionalmente, y los mismos cómplices: los historiadores, intelectuales y periodistas a sueldo o complacientes con el Poder Fáctico.

Ya dentro del tema en cuestión, Werner Sombart, un gran estudioso de la historia del capitalismo, define a Cristóbal Colón como un Geschäftsführer, un gerente de empresa o principal agente comercial del judaísmo español. Investigaciones mucho más recientes confirman a plenitud esa afirmación de Sombart. Con el “descubrimiento” de América queda todo ese enorme espacio geográfico abierto a la rapiña occidental. Rapiña realizada las más de las veces por las empresas Delictivas en manos de los marranos (o falsos conversos) americanos. Cualquier estudio elemental de los Archivos de Indias y de la Inquisición lleva esta conclusión.

Además serán esas empresas delictivas las que conformarán el capital inicial sin el cual el despegue del capitalismo europeo y, luego, del “mercado mundial”, vía Amsterdam, primero, y Londres después, hubiese sido imposible. El origen del capitalismo como sistema económico originado en el “dinero barato” (por la mano de obra esclava) americano sigue una trayectoria geográfica europeo-americana y africana perfectamente diseñable en el mapa. 
Ese desarrollo básico era el siguiente:
 
Partida en masa de falsos conversos y sefardíes españoles y portugueses de Europa rumbo a América. Ver: Martin Gilbert, Atlas of Jewish history.
 
Instalación de esclavos negros africanos en América a través de “empresas” controladas por criptojudíos americanos (la “nación portuguesa”), gran parte de ellos provenientes de las colonias africanas de Portugal. Ver: Okon Edet Uya, Historia de la esclavitud negra en las Américas y el Caribe.
 
El reembolso de los beneficios, a través de un contrabando de capitales o -en términos contemporáneos- “evasión de divisas”, directamente a los sefardíes de Amsterdam (de allí proviene el “Siglo de Oro” holandés y el origen financiero del sistema capitalista). Esta fase de la operación dejaba de ser meramente inmoral para convertirse en francamente ilegal, ya que todo ese ciclo económico se realizaba lógicamente fuera de las normas comerciales establecidas por la monarquía española. 
 
Contra esos empresarios criptojudíos estaba específicamente orientada la Inquisición en América. En ese sentido muy exacto y preciso recomiendo la lectura de las actas del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias. Los criptojudíos en América eran miembros de la “clase dirigente”, aristócratas y/o encomenderos. Del negocio de la esclavitud negra, que era un monopolio de los criptojudíos portugueses, en América y de la explotación salvaje de los indígenas americanos (no olvidemos que los esclavos negros venían como mano de obra de reemplazo) nace el capitalismo europeo, del que España se mantuvo al margen. España ha sido siempre boicoteada desde dentro.

Las ocasionales e imprudentes indiscreciones de algunos judíos bien documentados sirven como “confesión de parte”, dice un estudio de la escuela fundamentalista Jabad-Luvabitch de Argentina:
La ganancia de todos los habitantes que se dedicaban al comercio en el Río de la Plata no surgió del comercio dentro del Imperio Español, sino dentro del sistema antimonopólico de los judíos portugueses… Por lo tanto, además de ser los primeros judíos (en América), los portugueses, fueron el factor de impulso inicial de la Revolución Industrial (en Europa). Los capitales que ya se habían reciclado varias veces entre Amsterdam y Potosí ahora se trasladaban a Londres, y así Inglaterra desplazaba a Holanda en el dominio económico-político de Europa Occidental. La diáspora hebreo-portuguesa fue una consecuencia directa de la expulsión de los judíos de España en 1492, y esos judíos portugueses expulsados fueron en parte los directos artífices de la futura Revolución Industrial“.

No se puede ser más claro: de la explotación de negros africanos arrancados de las colonias portuguesas de África por parte de empresarios criptojudíos de la llamada “nación portuguesa” (en realidad sefardíes españoles que se instalan en Portugal entre 1492 y 1497, autodefinidos como la “nación portuguesa” de la diáspora), junto con otros “negocios” paralelos entre los que estaban la explotación de mano de obra indígena en un trabajo de semi esclavitud en las minas de oro y plata, se originaba una importante masa financiera que era contrabandeada hacia la colonia sefardita de Amsterdam. Se inicia así un ciclo económico que culminó en la Revolución Industrial. 

La Inquisición en América tenía por objetivo principal combatir esas actividades ilegales, y no lo que los historiadores judíos contemporáneos llaman la persecución religiosa contra los criptojudíos. El hecho es que en la mayoría de los casos esos “empresarios” eran criptojudíos, y por lo tanto la tarea de policía fiscal realizada por los tribunales inquisitoriales estuvo revestida, como otras tantas veces en la historia, a lo largo y lo ancho del mundo, de una ideología religiosa. Sólo basta leer las actas del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias (actual Colombia), que fue uno de los grandes centros esclavistas americanos, para confirmar con toda precisión las tareas de policía fiscal de esos Tribunales. 
 
La importancia de los judíos en América -a excepción de los EUA, que merece un análisis particularizado- cobra ribetes a la vez espectaculares y sombríos en un país como la Argentina, donde sobre una importante corriente marrana convertida en clase dirigente desde mediados del siglo XIX, se ubica, posteriormente, una de las más grandes inmigraciones judías askenazis (fines del siglo XIX, mediados del XX).
 
Existe un retorno, que se puede percibir con toda claridad, a la vieja tesis de Américo Castro, por la cual la “expulsión” de los judíos fue el resultado no tanto de una decisión de la Corona y de la Inquisición, cuanto de un conflicto de intereses entre cristianos nuevos -rápidamente instalados en los espacios de poder económico y político de los cristianos viejos- y los “judíos viejos” establecidos.
 
Por su razón de ser, es notorio que el Judaísmo, allí donde se encuentre, siempre llega a un punto de no retorno, hoy ese drama se vive a nivel global y puede terminar como el rosario de la aurora, pero en el caso Español, alcanzó su punto de clímax en 1492, año en el que fue necesaria dado el desmesurado poder financiero y la influencia de la colectividad judía española, una solución drástica. Solución convenida finalmente entre las viejas castas de cristianos nuevos y los judíos no convertidos. 
 
Es evidente que la expulsión de España, aunque muy tergiversada, fue vivida por el judaísmo de toda la diáspora como una verdadera catástrofe. Era tan fuerte el arraigo de los judíos en España, su deseo de convertirla en Estado judío que el sentimiento de tragedia -en la judería mundial- perdura hasta el día de hoy. 
 
Hoy tenemos los suficientes conocimientos sobre el comportamiento de los judíos, a la luz de las acciones criminales del Estado de Israel -y de casi todas las ramas contemporáneas de la diáspora-, para entender hasta qué punto la construcción de un Estado judío en España hubiese sido una calamidad para los no judíos españoles. Hubiese sido una premonición de la actual tragedia palestina. Es evidente que la actitud del judaísmo respecto de España está preñada de resentimiento, hasta el punto de lograr que el jefe del Estado español reiterara el pedido de perdón (ya adelantado en la Gran Sinagoga de Madrid, en 1992) en Nueva York, ante el lobby judío más poderoso del mundo. 
 
Se utiliza una metodología ya experimentada, exitosamente, con la Alemania de posguerra: producir un enorme y profundo sentimiento de culpa en la totalidad de la sociedad (en este caso, española), con proyecciones temporalmente infinitas. Lograr la “culpa” de Alemania fue algo absolutamente necesario para poder construir y legitimar al Estado de Israel. Siempre tiene que haber un crimen más terrible que los propios crímenes cotidianos del Estado judío. 

Lograr que la “culpa” de España se convierta en algo aceptado por la sociedad española tiene asimismo un claro objetivo político: convertir al Estado español en un sólido Alcázar del “occidentalismo” y del “europeísmo” al estilo Maastricht. Ello es absolutamente vital para el racismo expansionista del Estado judío. Contribuye de manera significativa al mantenimiento de una Europa intrascendente, eterna segundona de Washington y cómplice consciente del nacional-judaísmo.
 
La ecuación que plantean los estrategas judíos en la actualidad es que la expulsión de la tierra prometida sustituta -Sefarad- es el antecedente inexorable del “Holocausto”. Ambas coyunturas históricas deben ser aceptadas o rechazadas sin pretender aislar una de la otra. En el primer caso estaríamos legitimando la existencia del Estado de Israel, afirmando: el sufrimiento actual de árabes y palestinos es necesario –o justificable, que es lo mismo- dado el enorme sufrimiento anterior del pueblo judío (elementos base: expulsión española + “Holocausto” alemán). 

En el segundo caso fracturaríamos la estructura de justificación que actúa de cobertura a una de las acciones “civilizatorias” jamás implementadas por Imperio alguno en la Historia. Los actos de la alianza Israel-Estados Unidos no tienen otra justificación que la naturaleza económica del globalismo y la voluntad de poder del judaísmo, sistemáticamente reiterada a lo largo de la historia. Ambas realidades tienen el denominador común de la exclusión: la exclusión económica del globalismo enlaza armónicamente con la exclusión racial del judaísmo. 

Ha sido esa voluntad de poder fundamentada en la exclusión racial lo que ha generado todas las versiones históricas y nacionales del fenómeno que los judíos definen como “antisemitismo”. En la gran mayoría de los casos todas las formas conocidas de “antisemitismo” no fueron sino reacciones defensivas ante la avasallante búsqueda de poder del judaísmo, que se ve a sí mismo como raza o clase superior, es decir, como “pueblo elegido”. 
 
En estas horas tristes, hoy más que nunca, con España literalmente lamiendo el polvo de los Prestamistas Internacionales, espero que estos datos sirvan de algo a quienes se hayan tomado la molestia de leerlos. Las buenas semillas siempre terminan por germinar.

C.d.S.G.

FUENTE:

http://ulpilex.es/veritas/autores/el-sangriento-origen-del-capitalismo-como-sistema-economico/#more

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