¿Se agudiza la decadencia de Occidente?

El día 17 de marzo de 2014,  Ortiz de Zárate, publicó en tradicióndigital el siguente artículo:

 

La Civilización Occidental se muere. Una reflexión a raíz de la crisis de Ucrania-Crimea.

No ha mucho tiempo, mantuve una correspondencia muy interesante con un diplomático de cierta categoría sobre la necesidad de que los EE.UU. intervinieran de una manera más decisiva a favor del actual gobierno de Ucrania plantándole cara a los rusos. Él era partidario, como parece ser que lo son la mayoría de los europeos, de que los EE. UU. “pararan el ansia expansionista del presidente ruso Putin, antes de que la situación se fuera de las manos y tuviéramos un nuevo Hitler con el que tratar”. Yo le expuse mis reticencias al respecto, por varias razones de tipo interno y externo a los EE.UU. En el aspecto externo, le apuntaba a este diplomático que los EE.UU. siempre se han apoderado de lo que han querido cuando lo han visto conveniente para los intereses americanos. Pensemos, por ejemplo, en Cuba y Las Filipinas, que nos las arrebataron para así contar con sendas bases; una cerca del continente americano y otra cara al Japón y a China. O podemos remontarnos más lejos, cuando el general Andrew Jackson, futuro séptimo presidente de los EE.UU., exterminó a los indios, derrotó a los ingleses y echó a los españoles de La Florida para que ésta entrara a formar parte de los Estados Unidos. Por no mencionar el tremendo territorio que le arrebataron a México y que hoy en día constituye la parte Sudoeste de la Nación Americana.

Pero el argumento de más peso para mí en favor de la no intervención americana es el interno. Le dije a este diplomático amigo mío que si yo fuera americano me preocuparía más del auténtico “genocidio” de inocentes americanos a manos de otros americanos. Yo me pregunto, ¿Qué se les ha perdido a los americanos en Ucrania, que está a miles de kilómetros de Norteamérica, cuando en su mismo país más de 53 millones de niños americanos han sido asesinados, o abortados, que es peor, desde que en 1973 se legalizara el aborto? Estamos hablando de una cantidad de asesinatos premeditados superior a los habitantes de Canadá o de la misma España.

Más aún, si consultamos el World Population Prospects 2012 que la ONU acaba de hacer público, y que analiza las expectativas de población mundial, podremos constatar lo siguiente:
•Cada mes, de aquí al año 2050, casi 50.000 rusos dejarán de existir, debido al aborto y a la baja tasa de natalidad en ese país. Es decir, que para el año 2050 Rusia habrá perdido 22 millones de habitantes, cayendo su población por debajo de los 121 millones. Y esta estimación es muy optimista.
•En ese mismo periodo de tiempo, las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central –Kazakhstan, Kyrgyzstan, Uzbekistan, Tajikistan y Turkmenistan incrementarán su población total en 22 millones.
•Bielorrusia y Ucrania juntas perderán en ese periodo de tiempo 11 millones de población, una cifra comparable a la que ambos perdieron durante la dictadura Bolchevique.
•Lituania, Letonia y Estonia perderán un millón del total de los 6.3 millones de habitantes que ahora en conjunto tienen las tres repúblicas bálticas.
•Polonia perderá 4 millones de habitantes.

Entonces uno puede preguntarse con toda razón: ¿No sería mejor que esos países se preocuparan de atajar esa sangría de población que nadie causa más que sus gobiernos inficionados de la ideología europea liberal y atea? ¿Por qué han de comprometerse los EE.UU. en su defensa contra un posible expansionismo ruso cuando esos mismos países han decidido suicidarse poco a poco? Si todos los países arriba mencionados, a los que hay que añadir Rumanía y Bulgaria, van a perder en conjunto 50 millones de habitantes para mediados del presente siglo y otros 50 para finales de la centuria, ¿por qué contemplar una posible injerencia de los EE.UU. en aquella zona con un inminente peligro de guerra con Rusia?

Por otra parte, la experiencia muestra que cuando las causas de la guerra no son nobles, los resultados son monstruosos. Pensemos en la Primera Guerra Mundial. Dos potencias se disputan el mundo. Por una parte Inglaterra, que no quiere perder su imperio, ni verlo disminuir; por otra Alemania, que ya unida busca un lugar de honor entre las naciones más poderosas (Inglaterra y Francia) y cuya producción industrial empieza a igualar, si no a superar, a la del coloso inglés. Resultado: millones y millones de muertos y un Armisticio tan anti-alemán que dejará el terreno preparado para la Segunda. La Gran Guerra que acabaría con todas las guerras no hizo más que abonar el terreno para que naciera la catástrofe más espantosa de toda la Humanidad, hasta ahora: la Segunda Guerra Mundial.

En marzo de 1939, Gran Bretaña le da garantías a Polonia de que declararía la guerra a Alemania si ésta invadiera Polonia. Envalentonada, Polonia se niega a negociar con Hitler la devolución del llamado Corredor de Danzing para que Alemania, partida tras la Primera Guerra, pudiera volver a ser una. Alemania invade Polonia e Inglaterra le declara la guerra a Alemania. Resultado para Polonia: al final de la II Guerra Mundial, millones de polacos perecieron; Polonia vivirá una de las peores tiranías durante cuarenta años a manos de los sátrapas comunistas polacos y los comisarios rusos. Por no entrar en cómo media Europa quedó en poder de Stalin, el tirano más sanguinario que ha conocido la Historia después de Mao.

Con todo y con eso, el siglo XXI puede ser testigo de una pérdida de población en Europa que exceda las sufridas a consecuencia de ambas guerras mundiales, y comparable a la mortandad causada por la Peste Negra durante el siglo XIV.

El hombre occidental, europeo, es una especie en vías de extinción. Desde 1914, todos los grandes imperios –británico, francés, alemán, ruso—han desaparecido. Lo mismo ha ocurrido con sus ejércitos y flotas. Europa se ve invadida y repoblada por africanos, asiáticos, gente de oriente medio, hindúes. Y lo mismo le está ocurriendo a los EE.UU. Dentro de poco tiempo, la mayoría de los antepasados de los americanos serán no de raza europea, sino sudamericanos, asiáticos, hindúes o africanos.

Si, la civilización occidental se muere. Y es que Dios castiga, y no con palos.

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FUENTE:

http://tradiciondigital.es/2014/03/17/la-civilizacion-occidental-se-muere-una-reflexion-a-raiz-de-la-crisis-de-ucrania-crimea/

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