Filosofía de la Vivencia final humana ó mortal.

1.- Con nuestra entrada en la vida tras nacer de nuestra madre biológica, nuestra vida empieza el cuenta-atrás, es decir, empezamos a “morir” que es lo mismo que decir empezamos a vivir. En este sentido vivir y morir es el mismo proceso, pues el primer paso lleva finalmente al segundo paso. Nuestro ego contempla o percibe la existencia del Ser durante un tiempo limitado. Es así que podemos decir que “Morimos desde que nacemos”.

El olvido de la muerte es un tema moderno, actual. Es curioso que hablar de la muerte es incluso tomado como algo de ‘mal gusto’, es un tema que no se debe nombrar, cuando precisamente es asunto que llegará seguro pues forma parte de nuestra vida de tiempo limitado.
La gente se enfrenta a la idea de la muerte sólo en el momento en que  la ve cerca. En el resto del tiempo de su vida la ignora, ni siquiera se la plantea o se acuerda de ella.
Por ello, nuestra actitud NS ante el final de nuestra vida personal, ante el cese de nuestra presencia física en el mundo, es perder todo miedo, reparo ó temor ante la muerte propia. La muerte debe abordarse desde la juventud, para evitar esa ‘sorpresa’ cuando se la ve cerca, esa ‘falta de preparación’ cuando la vida te la pone delante.
Hoy en día, la mayoría de la gente se prepara o estudia para ejercer una profesión, se instruye sobre muchas cuestiones incluso de las que nunca necesitará, pero nunca recibe información  ni enseñanzas para saber afrontar y aceptar un final de etapa terrena que es inevitable y que llamamos “muerte”. Ahora bien lo que tiene principio tiene final… pero no sabemos si ese final de etapa es principio de algo nuevo ó  es sencillamente volver al estado previo al nacimiento.
Como hombres que formamos parte de la  Naturaleza, asumimos sus leyes, su realidad, esto es básico del pensamiento NS, y dentro de las leyes de la Naturaleza la muerte es esencial, natural, incluso deseable: es impensable un mundo en el que no hubiera muerte porque no habría tampoco renovación, nueva vida, cambio. Vivir físicamente, en la Tierra, eternamente no sólo es imposible sino que además ni siquiera es deseable. (¿No envejeceríamos? Y aun suponiendo una juventud perpetua…deberían dejar de nacer nuevas generaciones de hombres…pues el territorio del Planeta es limitado… Seria una vida sin sentido, impensable… es decir, una vida eterna en la Tierra sería desear lo que ya se nos promete para “el más allá de la muerte”).

2.-Religiones ante la muerte
La Muerte no es alegre ni siquiera para la mayoría de la humanidad que cree en la existencia de en ‘otra vida’ en algún lugar ó estado desconocido a ciencia cierta .
Aquella famosa poesía de Santa Teresa ‘Tan alta vida espero que muero porque no muero’ es sólo una idea para santos y místicos, pero en la realidad la inmensa mayoría de la gente no tiene ningún deseo de morirse.
La razón es doble: en primer lugar muchos “creyentes” en la “otra vida”   tienen una ‘cierta duda’ sobre esa ‘otra vida’, es decir, que no las ‘tienen todas consigo’.
Pero además la muerte no es sólo el momento final sino el entorno de ese momento final: la decadencia física, la enfermedad, la agonía y el dolor de perder a los amados, la angustia de dejar hijos y problemas pendientes de resolver, la tristeza de no poder ya ayudar a los que te necesitan o te podrán necesitar, el no poder ya contemplar hechos o temas que van a suceder y te gustaría haber podido presenciar o apreciar …
Por otro lado cualquier actuación que se haga pensando en la ‘otra vida’ es algo contrario al Estilo honorable. No se debe condicionar la vida actual a una promesa de otra vida o una idea de recompensa futura ni nada de ese tipo, si lo hacemos así sólo actuamos por egoísmo futuro. Y si actuamos en la vida terrenal en base a una recompensa que no existe habríamos vivido engañados. La vida actual debe ir dirigida por nuestro Honor, por la voluntad de hacer lo que debemos, por nuestro propio sentido del Honor. Es decir que debemos actuar correctamente tanto si hay como si no hay premio y castigo.

Según nuestra cosmovisión, independientemente de si tenemos ó no religión, la muerte en sí no debemos considerarla como  una ley natural, como tal deseada y aceptada, aunque sin embargo nos siguen afectando  los problemas del entorno de la muerte.
El problema de la muerte en sí misma es un drama sólo para quien ha vivido exclusivamente para el placer y la felicidad, para satisfacer deseos. La desesperación del hedonista es morirse pues no podrá seguir disfrutado de sus deseos. Lo pasado ya no existe y no tiene futuro.
Para quien la  vida es sólo ‘vivir’, la muerte puede darle miedo. Con  el respeto a las leyes naturales como norma de vida ó la firme creencia en la supervivencia tras la muerte, ese miedo podría, quizás atenuarse.
Sin duda el miedo a la muerte es es  una de las razones importantes para el apego de muchas personas a la religión en el momento de la muerte; una vez más buscan su eterno ‘satisfacer deseos’, el último deseo: ‘no morir’ para siempre gracias a una creencia de ‘otra vida’.

La Muerte como base filosófica
La Muerte es el único acontecimiento seguro de la vida, pues la vida es un “don” que para vivirlo hay que gastarlo…hasta morir.
Pero además la Muerte nos da una Verdad absoluta, digamos que el hombre está abocado a la Muerte, esa es una Verdad universal aceptada, y de ella podemos sacar la base de una crítica total a las utopías y las mentiras. Un hombre que es consciente de la Muerte, de su temporalidad  en la Historia, debe comprender que sólo su contribución a la Verdad, a lo permanente, a lo que no acaba con su Muerte, es algo digno de hacer.
Todo otro objetivo es perenne, ocasional, el tiempo lo borra, sólo la Verdad es eterna, aquello que es sólido por ser cierto.
La filosofía de la Muerte lleva a no temer combatir la mentira y lo ruin, aun a costa de cualquier problema, porque la vida sin un objetivo que pueda trascender a la muerte es un soplo ínfimo en la eternidad. [El F es un ideal por que la Vida merece ser vivida y por el que  la pena morir. C.C.]
De ello salen aquellas frases del fascismo: Una vida sólo tiene sentido para quemarla por un ideal superior. Que es simplemente reconocer la Verdad de lo temporal y buscar aquello que haga de tu vida un trascender lo mortal. La lucha por la Verdad, el apoyo a algo que supere tu propio yo (ese yo que es mortal).
En ese sentido el NS es una empresa cosmogónica, una batalla entre las fuerzas caóticas y las trascendentes, no sólo un tema político y menos aún  partidista.
Es en este sentido que la lucha es eterna, no importan los altibajos temporales, es un combate de siempre entre la mentira y lo bajo contra la Verdad y lo elevado.
En una lucha que históricamente, en lenguaje popular y político  tiene un nombre en cada época: Para nosotros, se llama Nacionalsocialismo.

Por ello cuando me dicen que estoy malgastando la vida en una lucha actual que es inútil, que no va a lograr éxito, que no tiene posibilidad alguna, me doy cuenta de que se está hablando en el lenguaje del que no ha entendido su papel en la vida, quien cree que ‘su vida es satisfacer deseos’ y no trascender a la Muerte, usar la vida en algo que no sea ‘mortal’, la Verdad, o sea algo que debe ser superior al ‘yo’.

El entorno de la Muerte
Como hemos ya avanzado el gran problema es que todos, sean de las ideas que sean, tienen sin embargo un punto común: el miedo o preocupación por el entorno que lleva a la muerte.
Primero el dolor y la preocupación por los seres queridos o personas dependientes que dejas. Este es sin duda el primer gran problema de la muerte. Si alguna persona depende de tu ayuda o tu cariño o apoyo o compañía, es sin duda esta la principal causa de angustia ante la muerte.
Y desgraciadamente también es la única para la que no hay solución, ni psicológica ni material. Sólo queda haber hecho lo posible antes para el tema de la dependencia material. Para este tema sólo una enseñanza previa, un asumir desde el inicio la realidad de la vida frente a las utopías buenistas y ‘progresistas’ permite estar preparado para esta separación.

Otro tema que puede ser problema, o no serlo, según la ‘suerte’ que se tenga, es la dignidad en la forma de morir.
No es sólo el dolor físico ó psicológico, que ya de por sí es un gravísimo problema, sino las limitaciones y las situaciones en que los elementos que te llevan a la muerte te obligan a pasar.
Los médicos te pueden hacer un ano contra-natura, alimentación exterior por tubo, quimioterapias que te dejan fatal y mil perrerías que te salvan la vida un tiempo pero te la hacen realmente dramática. Eso sin contar con invalidaciones graves de movimiento, dolores difíciles de solucionar, respiración angustiosa, en fin, toda una enorme serie de posibilidades de amagarte los últimos días, semanas o meses, aun sabiendo que la muerte es inevitable.

Es cierto que hoy ya la medicina contra el dolor está muy avanzada pero hay demasiados casos en que no es suficiente en absoluto. Siempre queda el recurso del coma profundo pero no siempre están dispuestos los médicos a llegar a ello y tampoco es una gran solución digna quedar en esa situación de vida vegetativa de forma indefinida, o al menos largo tiempo.
Añadamos a ello las estancias en hospitales para los casos ya terminales, donde el ambiente y el trato no es el que uno querría para sus últimos días o semanas. No ya por el trato humano de los trabajadores sanitarios sino por el ambiente general.  Pocas son las personas que mueren en casa hoy en día. En los hospitales se nota la ausencia del ambiente familiar, del estar en casa
Todo ello hace que el trance de la muerte sea más bien un tema que no gusta recordar ni abordar en vida. No por el hecho de morir sino por ese entorno a la muerte.
Sin duda este tema podría solucionarse relativamente fácilmente en algunos casos con la eutanasia voluntaria, pero desgraciadamente no es posible hoy en día hacerlo de forma segura y razonable. Arrojarse al vacío desde un quinto piso no es solución (como otras muchas formas de suicidio) si el resultado en quedar paraplégico  y con dolores enormes.
El suicidio jamás debe hacerse por temas egoístas sino que es sólo aceptable en condiciones muy concretas:
– Cuando el estado material del cuerpo impide una vida digna a la persona, sin remedio.
– Cuando en estados de guerra o conflicto caer en manos enemigas puede ser un problema grave para el propio pueblo o la propia dignidad.
Desgraciadamente cuando se pierde la capacidad mental no hay posibilidad de suicidio, aunque éste estaría justificado totalmente.
Así pues en la vida debemos asumir y almacenar un VALOR, un coraje, una valentía ante el destino.

Morir tras la obra hecha
Una de las únicas ventajas de haber nacido en esta época lamentable, decadente, asquerosa, actual es que al morir no dejamos atrás nada por ver realmente importante.
Morir cuando esperábamos un arte o un hecho bello y digno sería una lástima… hoy morir es más fácil, no hay nada elevado que esperar de esta sociedad. Morirse un mes antes de que Beethoven mostrase su novena sinfonía hubiera sido un fastidio.
No es pues por este tema por el que nos hemos de preocupar. Pero en cambio sí que es una preocupación el dejar alguna obra nuestra importante a medio hacer.
Por supuesto siempre se deja de hacer algo al morir, pero si eso que se deja inconcluso es parte importante de tu destino, de tu objetivo vital (eso suponiendo que tengas un objetivo realmente importante, que no sea una vulgaridad más de una vida tras el deseo y el placer), es sin duda un tema que se debe meditar previamente.
No se puede dejar lo esencial para ‘cuando ya no pueda hacer otra cosa’, porque entonces no podrás hacerlo… es preciso tener claro que hay que trabajar intensamente en aquello que se desea hacer antes de morir, no esperando a ‘los años finales’.
Hay la idea de ‘tener derecho’ a muchos años y a tener tiempo… y no es así. Nuestra sociedad nos ha hecho creer que tenemos derechos a muchas cosas, es el eterno protestar, es la idea de que ‘vulneran mis derechos’… no hay derecho a la salud ni la vida, no hay protesta que valga ante el destino de cada uno en el momento de morir.

Uno de los textos sobre la sabiduría de los hindúes son los ‘Los Ashramas’, o trabajo sobre los 4 estadios o etapas de una vida, de ellos podemos aprender la sabiduría primogénita aria:
1- Brahmacharya o etapa de estudiante:
El niño es enviado junto a un gurú o maestro que le enseña los Vedas y los textos sagrados.
Debe mendigar y compartirlo con el gurú. Debe impregnarse del sentido ético y conocer una vida de nobleza. Debe aprender un trabajo.
2- La etapa de jefe de familia.
Casarse y trabajar según la casta, alimentar a la familia y cuidarla, disfrutar de la vida matrimonial y tener hijos. Ayudar a los padres ancianos. Es la etapa más larga.
3- La etapa de vida retirada. Ya los hijos son mayores, debe dejarles todos los negocios a ellos y retirarse a meditar, pensar y comprender la vida. El matrimonio llevará una vida sencilla de contemplación.
4- Sólo algunas personas llegan a esta etapa final, al morir sus conyuges. Viven como un asceta, renuncian a todo con el único  objetivo de liberarse de todo y meditar.

Como se ve dejan para el final de la vida aquello que ya es sólo meditación y ascetismo, los deseos y los hechos se deben haber hecho ya antes.
Hoy mucha gente cree que ‘harán su vida’ cuando sean mayores, se retiren ó jubilen … y el Sistema político global apoya esta idea de sólo ‘trabajar como centro de la vida útil’ y dejar para el retiro el lograr temas más humanos y esenciales.
Hay que procurar no seguir esa idea,  y tratar de realizar los temas esenciales  en la vida útil razonable, y  no para cuando las enfermedades o la debilidad de la vejez te ‘lo permitan’.

La ocultación de la Muerte
Hoy se oculta la muerte porque no es agradable, ni original ni divertida ni remediable. Nadie ya medita sobre la muerte en TV, en tantos foros y debates.
Se quiere enseñar a los niños a ser homosexuales o a masturbarse, se obliga a los niños a saber que los ‘nazis’ son muy malos, se promueve en gran parte en los jóvenes todo tipo de conocimientos técnicos que luego no usarán,  pero nunca se les habla de la muerte.
Y para colmo se les induce por el cine, TV y medios que todos tenemos ‘derechos’, poco menos se creen con derecho a ser felices o culpar a álguien de cualquier cosa que vaya mal (al Estado, al Ayuntamiento o a los malvados anti-demócratas), se les explicará que en ese papelito llamado Constitución se les garantiza el derecho a todas las maravillas, pero nunca se les dice que no tienen derecho a tener una buena salud. Se creen que la vida media es de 80 años pero no se les recuerda que pueden morir al día siguiente.

Es curioso pero la mayoría de personas no están preparados para asumir la muerte ni tan siquiera para asumir el accidente traumático o la enfermedad. Cuando hay un accidente acuden como moscas los psicólogos para tratar de ‘ayudar’ a los que nunca se han planteado que sus familiares pudieran morir o tener graves consecuencias de salud.
Y es que la muerte es algo contrario al pensamiento único, es anti-progresista, es anti-optimista, es parte de la Naturaleza, si, de esa Naturaleza que es enemiga del humanismo utopista actual.
Así que la condenan a ‘lo que es de mal gusto tratar’, algo que en todo caso se piensa cuando ya se es mayor pero sin exteriorizar el problema, no vayamos a desmoralizar a los buenos trabajadores de su faena.
No hay programas sobre la muerte, cómo se muere, qué se plantea y como abordarlo. Es el silencio de ‘lo maldito’.

Resumen ó colofón moral:
Nosotros, desde una cosmovisión NS:
1- Asumimos la muerte como algo Natural, incluso deseable puesto que es la base de la renovación del mundo natural.

2- Creamos o no en otra vida, asumimos que debemos prepararnos para morir en base a su entorno, no sólo al hecho en sí mismo. Entrénate en acumular Valor y preparación para ese entorno de dolor y separación.

3- No dejemos para los 70 años el meditar sobre esa realidad. Meditar sobre los últimos momentos de nuestra vida terrenal e incluso sobre una presunta no existencia personal no es nada malo ni pesimista ni amarga nada; es algo natural pensar en ese final vital  que es inevitable y afecta mucho a los planes de cada uno.

4- Por otro lado el egoísmo implantado por el tipo de sociedad hoy dominante en el mundo (la “democracia”)  induce a creer que la única cosa es hacer algo para uno mismo y su familia. No se promueve la idea de vivir para servir a la Comunidad/ a nuestro projimo,  en un sentido profundo, y así la vida es sólo un gasto inútil de egoísmo personal.
No vale la pena vivir sólo para los placeres del mundo, si es que esos placeres se logran.
Asumamos pues una tarea en la vida que sea algo superior al mero egoísmo familiar o personal.

5- Si hemos cumplido con nuestro deber, si hemos sido honorable y digno, para nosotros, los que creemos en  una filosofia verdadera,  la muerte en sí misma no tiene importancia. Prepremonos para afrontar su entorno, lo que conlleva la muerte.

Sin duda se podrían decir más cosas, pero con este este texto sólo se pretende que no ignoremos la muerte, que no aceptemos la visión cobarde y autoengañosa  de ocultarla. Que tengamos el valor de mirarla de frente pues es inevitable.

Ramón Bau

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