Los héroes del pueblo

Los héroes del pueblo

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Crispo Salustio
Kant era hijo de un guarnicionero, Kepler hijo de un mercenario, Newton hijo de un campesino, Heidegger hijo de un sacristán, Shakespeare hijo de un comerciante, Nietzsche hijo de un pastor luterano, Agustina de Aragón, ama de casa… Areté significa “excelencia” y asociar la excelencia solo a un determinado estamento o clase social es un error. Una aristocracia que hace vida aparte es al mismo tiempo una injusticia y la destrucción de la comunidad. Los aristócratas actuales viven de los méritos de un antepasado, no de los suyos propios. Pero los méritos del padre no aseguran los méritos del hijo. Y los méritos del padre surgieron en la comunidad y por la comunidad, surgieron del pueblo. Hay un texto de La guerra de Yugurta, de Salustio, que no tiene desperdicio. La situación era la siguiente. La asamblea de la plebe entregó a Mario el mando del ejército de Numidia. Esto suponía la destitución del anterior jefe, el aristócrata Metelo. Mario, un plebeyo, defiende su jefatura atacando a la aristocracia:
“Considerad, pues, qué vale más, si los hechos o las palabras: ellos desprecian mi falta de ascendientes, yo su cobardía [……] Me envidian el cargo: envidien, pues, también mi esfuerzo, mi desinterés, los riesgos que he corrido, ya que mediante todo ello he conseguido aquél. Pero esos hombres corrompidos por su soberbia pasan la vida como si despreciaran los honores que vosotros concedéis, y luego los piden como si hubieran vivido decorosamente. Se engañan de cierto al pretender juntamente lo más opuesto: el placer de la molicie y los premios de la fortaleza. Aún más: cuando hablan ante vosotros o en el Senado, dedican la mayor parte de sus discursos a ensalzar a sus ascendientes: piensan que se hacen más ilustres recordando sus hazañas; y es todo lo contrario: porque cuanto más esclarecida fue la vida de aquellos, tanto más ignominiosa es su propia falta de corazón. [……] No puedo ostentar como garantía imágenes ni triunfos, ni consulados de mis ascendientes; puedo presentar, en cambio, si hace falta, unas lanzas, una enseña, unas placas y otras recompensas de guerra, a más de las cicatrices que me dejaron las heridas recibidas frente al enemigo. Éstas son mis imágenes, esta es mi nobleza, no dejada en herencia, como a ellos la suya, sino buscada por mí mismo con innumerables trabajos y peligros.
Mis discursos no están hechos con arte, y me importa poco. El mérito se muestra suficientemente por sí mismo: ellos son los que tienen necesidad de artificio para encubrir con palabras sus torpes hechos. Tampoco he aprendido las letras griegas: poco gusto tenía de aprenderlas, pues a sus propios maestros de nada habían servido para alcanzar la virtud. En cambio, he sido instruido en todas aquellas cosas que son, sin comparación, las de más provecho para la patria: herir al enemigo, hacer guardias, no temer nada sino la deshonra, sufrir igualmente el frío y el calor, dormir sobre el suelo, conllevar a un mismo tiempo la necesidad y el trabajo. Con estas enseñanzas exhortaré a mis soldados: no los tendré en estrechez mientras yo me trato con regalo, ni haré mi gloria con su fatiga. Este es el mando provechoso, el propio de ciudadanos; porque vivir en la molicie uno mismo y tener forzado al ejército con castigo es ser amo y no general. Con tales normas de conducta se hicieron vuestros mayores famosos, a sí mismo y a la república. La nobleza, apoyándose en estas glorias, cuando ella misma es de tan diferentes costumbres, nos desprecia a nosotros, los émulos de aquellos, y reclama de vosotros los honores todos, no en razón de merecimiento, sino como cosa que se les debe. Por lo demás, andan bien descaminados esos hombres tan llenos de arrogancia: sus mayores les dejaron todo lo que pudieron dejarles, las riquezas, las imágenes, el recuerdo glorioso de sí mismos; el valor ni se lo dejaron, ni podían dejárselo, porque es lo único que no se da ni se recibe de regalo. Dicen que soy mezquino y de rudas costumbres, porque no sé preparar bien un banquete, porque no tengo histrión alguno y no he pagado más dinero por mi cocinero que por mi capataz de labranza. Con gusto lo confieso, quirites; porque aprendí de mi padre y de otros varones respetables que las delicadezas les están bien a las mujeres, y  a los hombres el esfuerzo; que a todas las personas de pro les conviene tener más gloria que riquezas; que las armas, y no el ajuar, es lo que da honra. Así pues, sigan ellos haciendo lo que les agrada, lo que tienen en tanta afición: dense al amor y a la bebida; pasen la vejez donde pasaron la juventud: en los banquetes, cautivos de su estómago y de la parte más vergonzosa de su cuerpo, déjennos a nosotros el sudor, el polvo y otras cosas semejantes.”
         ¿Quieres estar en la jerarquía? Muéstrame tus heridas. ¿Quieres pensar? Muéstrame tu esfuerzo. ¿Quieres volver a las cosas como son? Muéstrame el dolor de la lucha. La areté está ligada a acciones personales. Es incomprensible que a lo largo de la historia se haya asociado a duques indolentes, a reyes subnormales y a personajes por el estilo. El principio de la areté reza: los mejores arriba. De lo cual se deriva que los peores abajo, vengan de donde vengan. Lope de Vega también denuncia esto en sus obras: se encuentra más nobleza en la gente llana que en muchos de los nobles. Los nobles violan a las hijas de los campesinos y estos responden con la auténtica areté (El alcalde de ZalameaEl villano en su rincón…).
Se dirá que esto ya no ocurre, que está superado y que en la actualidad los mejores están arriba. Echemos un vistazo para comprobarlo.
La carencia de inteligencia política es evidente. Ministros que no han sido capaces de pasar segundo de derecho, responsables de finanzas capaces de robarle a su madre. Los puestos de responsabilidad se entregan muchas veces por filiación política, no por capacidad. Por otra parte, los votos no aseguran la areté: la suma de intereses particulares no es la excelencia. No se cumple el principio.
En el ámbito de las universidades, ocurre lo mismo. Hay facultades enteras que son cotos del PSOE, del PP y del Opus Dei. Y cuando no es la facultad entera, es alguno de sus departamentos.Nuestros cerebros están en USA y nuestros puestos son de las facultades para los afiliados del partido. No se cumple el principio.
En el ámbito de las empresas también ocurre, pero menos. La familia del jefe y sus amigos tienen un puesto asegurado. Con lo cual las cosas no van a marchar tan bien como deberían. No se cumple el principio.
La vida es lucha y superación. El espíritu de esta lucha está bien reflejado en la épica castellana y la épica castellana está bien reflejada en el verso de Manuel Machado “Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga”. La areté no es para los que sientan en sillones, ni para los que se encierran en torres de cristal, ni para los que se creen que la poseen porque están en un puesto importante.
No unos políticos que medran, sino unas inteligencias que buscan verdades. No unos aristócratas en sus poltronas, sino un pueblo que lucha. Esa es la auténtica areté.
Todo Fluye
Eugenio Gil
lunes, 5 de agosto de 2013
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FUENTE:
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