“El fraudulento juicio de Nurenberg y sus consecuencias políticas hoy”

EUROPA89 tiene el honor de reproducir de FILOSOFIA CRÍTICA el siguiente post:
Que el sistema oligárquico está “podrido” en sus mismos fundamentos y que, cuando estallan casos de corrupción, no se trata de “hechos aislados” sino de la esencia profunda del dispositivo de poder surgido en 1945 es algo que venimos afirmando desde hace muchos años. Cada día que pasa se confirma empero esta pretensión, calificada, en su momento, de dudosa, cuando no de delirante. No es ya raro escuchar a algún locutor o columnista reconocer, muy a su pesar, que la putrefacción hogaño ya innegable tiene carácter “sistémico”. Pero pocos de estos profesionales del comentario fácil se atreven a analizar a fondo las causas del problema y, sobre todo, a extraer las oportunas consecuencias.

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/05/metastasis-del-pujolismo-1.html

El artículo se refiería a Cataluña, pero vale para el resto del país en unos términos no muy distintos a los catalanes. Podríamos sacar a colación escritos del año 2006, cuando esperábamos que Ciutadans se convirtiera, como poco, en un partido asambleario, algo a lo que opusieron con uñas y dientes quienes aspiraban a dirigir el cotarro bajo el paraguas de los doce apóstoles fundadores y singularmente del oligarca local catalán Francesc de Carreras. Ahora Albert Rivera se pavonea dando lecciones de democracia al resto de los partidos, mas convendría examinar aquí cuál es el “democrático” origen de la cúpula dirigente de Ciutadans: no muy distinto que el de CiU. La metodología oligárquica catalana, de “arriba a abajo”, gestionada en este caso por Francesc de Carreras, también se aplicó a Ciutadans en su abyecta gestación, a despecho de que el pallaso Boadella se dedicara a realizar graciosas muecas y simpáticos saltitos alrededor de la mesa para legitimar aquel hediondo contubernio de amiguetes. Cataluña, la familia. Pero también Madrid. Siempre lo mismo. ¿Por qué debe ser necesariamente así? Esta es la pregunta que cabe hacerse, pero hay que tener el valor, repito, de beberse la verdad hasta las heces, harto incómodas para los “operadores mediáticos” encargados exactamente de lo contrario.

Yo no conozco excepciones institucionales (o muy pocas) y mi único honor en política ha sido el de saber irme cuando he tenido claro que me encontraba otra vez ante una repetición del guión oligárquico. En Ciutadans recibí incluso amenazas de agresión física por haber sido secretario general de Plataforma per Catalunya; denuncié esas amenazas a los órganos competentes de la asociación, que nada hicieron para que se respetara la democracia en el interior de su propio invento (a pesar de que se llenaban la boca cada día con la milagrosa palabreja y arrojábansela a la cara a los perversos “nazionalistas” día sí y día también). Luego el mentiroso Francesc de Carreras sostuvo ante los periodistas que dichos órganos me habían expulsado, cuando consta mi baja voluntaria por e-mail a principios de junio de 2006 y el acuse de recibo de Ciutadans, con rituales lamentaciones sobre la pérdida. En cambio, es cierto que expulsaron a otras personas “de izquierdas” por el simple hecho de reclamar un método asambleario en la construcción del partido político, como fue el caso de la coordinadora local de Terrassa. El espectáculo mediático de Ciutadans años después (¿por qué se fue Antonio Robles y antes todo el “ala izquierda” del partido?) es de sobra conocido, pero Albert Rivera parece haber perdido la memoria. Quizá ha llegado la hora de las hemerotecas; que los “testimonios” le recuerden a Rivera cuál fue su procedencia (PP) y modo de acceder al poder que disfruta -con las mismas prebendas que cualquier otro diputado- como máximo dirigente de Ciutadans. Desde luego, no puede apelar Ciutadans a un modelo alternativo de funcionamiento que le distinga del resto de los partidos (pongo la mano en el fuego por esta afirmación). Si los partidos actuales son lo que son, digamos mierda, Ciutadans no puede ofrecer algo mucho mejor a tenor de lo que consta en el expediente; el único mérito de Ciutadans será el de no haber tenido el tiempo ni la oportunidad, por ahora, de venderse al poder económico, pero todo se andará. Nos consta que Cañas está ansioso de dinero. Babea por la pasta, casi da vergüenza con qué descaro expresa sus lúbricos y vulgarísimos deseos de promoción económica.

En estos momentos da más miedo Ciutadans que el PP, el PSOE o CiU. Todo el mundo sabe ya lo que son esos partidos “quemados” y desacreditados, pero Ciutadans todavía cuenta con la capacidad de “ilusionar” (=engañar) a la gente haciéndole creer que ellos van a cambiar las cosas, cuando sólo pretenden “echar” a los que hay ahora, cuyo hedor echa para atrás, para ponerse en su lugar y continuar pasteleando, esta vez en beneficio propio. Y es que el problema no es de personas, ni de partidos, ni de leyes; quien esto pretenda (“vótame, yo soy honesto”) miente y sólo aspira a aprovecharse de sus conciudadanos para pescar el río revuelto de la crisis institucional.

Las raíces de la corrupción, la falsa democracia y del fraude son, en efecto, más hondas, tan hondas que hay que remontarse a la farsa jurídica de Nüremberg, donde se pervirtieron todos los principios del derecho para criminalizar a los vencidos hasta convertirlos en demonios expulsados de la humanidad (los “fascistas”) y encubrir a la par las cósmicas atrocidades de los vencedores. Habría que invertir la frase y decir que “de aquellos lodos vienen estos polvos”, si no fuera porque la corrupción es sólo la primera capa de la cebolla y las transgresiones de la casta política no se limitan a la financiación ilegal, las cuentas en Suiza, los extras de dinero negro y escándalos económicos similares. Pasando por la tortura impune recurrente practicada en comisarías y cárceles de países “democráticos”, de las que a nosotros -somos ex funcionarios de prisiones- nos queda todavía mucho que decir, la casta política oligárquica es la beneficiaria y encubridora de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que ha perpetrado o consentido antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, hasta la mismísima actualidad. Ya están preparando los oligarcas la próxima atrocidad en Siria e Irán, la carnicería “humanitaria” tarda incluso demasiado y parece que sólo el hecho de ser conocida de antemano está inhibiendo a los asesinos antifascistas.

A pesar de los nauseabundos avisos de youtube, la grabación adjunta quédase muy corta comparada con la realidad de los crímenes cometidos por la oligarquía filosionista y sus aliados totalitarios comunistas. No debe así extrañar el triste presente de la picaresca política española: si han sido capaces de ensordecer hechos de tales dimensiones, montajes como el 11-S o el 11-M son perfectamente posibles, y la corrupción deviene cosa de niños para nuestros “demócratas” se secta y logia. Desde la Nakba (la limpieza étnica de Palestina) a los genocidios de Vietnam o Iraq, la oligarquía no ha dejado de hacer todo lo que le ha dado la gana con las mentes de sus súbditos, distorsionando la información, pisoteando cualquier cientificidad y veracidad, sin que exista ninguna disidencia seria (inmediatamente descalificada como “fascista”) capaz de plantar cara a los poderes reales que mueven los hilos del sistema. ¿Cómo no van a llevarse los politicastros testaferros de la banca unos simples sobres con dinero de los que nosotros ya tenemos noticias hace largo tiempo, por ejemplo -y es sólo un ejemplo-, por lo que respecta a las cúpulas sindicales? El dispositivo de distorsión y encubirimiento de lo que “no interesa”, con la oportuna complicidad de los medios de comunicación y de los juzgados, es tan enorme que puede usarse “de paso” para fines privados de enriquecimiento. No podía ser de otra manera.

Hasta que los indignados no relacionen fenómenos aparentemente tan lejanos entre sí como el desmantelamiento de la sanidad pública en España, la corrupción institucionalizada, la impunidad de la tortura policial, la guerra de Iraq (un “crimen contra la paz” según la legislación vigente) y el juicio de Nüremberg (y, por ende, el Holocausto), el faraónico dispositivo político contemporáneo de dominación pública puede descansar tranquilo. Cuando los indignados desfilan con una imagen del conseller de interior Felip Puig disfrazado de SS (todo un deshonor, pero para las SS), la oligaquía sabe que los más enormes crímenes, aquellos que podrían hacer tambalear realmente su poder, siguen fuera del radio de acción de la conciencia ciudadana, y que toda insumisión cívica permanece controlada por los especialistas en montar rebeliones-farsa, como es el caso de Stéphane Hessel, de la extrema izquierda “antifascista” o de las propias “centrales sindicales” sistémicas subvencionadas.

¿Qué hacer, pues? Nosotros también hemos propuesto el único camino que consideramos viable en estos momentos para España, a saber, una regeneración democrática integral que debe comenzar por la abdicación de la cúpula simbólica del Estado, el rey, y proseguir con la dimisión del gobierno, la disolución de las Cortes, la convocatoria de un referendum monarquía-república y de una asamblea constituyente, la apertura de causa criminal genérica contra los políticos corruptos, lo que implica la formación de un tribunal con poderes especiales para encarcelar a todos los traidores a la nación (=políticos profesionales documentalmente acreditados por cargo, sueldo, privilegios y corruptelas), que como tales deben ser identificados y juzgados, sin menoscabo de las responsabilidades que les correspondan en los delitos de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad todavía impunes, que comparten, por acción u omisión, con el resto del estamento político occidental (el delito de genocidio es universalmente perseguible y no prescrible).

Este movimiento nacional y democrático no podrá, empero, sobrevivir más de una semana al ataque de los “mercados” (y de las fuerzas armadas de la OTAN) si no se extiende de forma inmediata a Europa y reclama la fulminante democratización de las instituciones comunitarias, así como un nuevo Juicio de Nüremberg que siente las bases de una democracia genuina en nuestro continente. Sólo cuando los pilares básicos del ideario democrático, a saber, los Derechos Humanos, se apliquen a todos aquellos que los vulneren, y esto se haga con absoluta imparcialidad y sin consideraciones previas respecto del signo político del victimario o de la víctima, podrá occidente superar el completo desmoronamiento moral e institucional que está abocando a su extinción como civilización. Porque, por hablar de un caso concreto, hoy muy olvidado pero omnipresente entre bambalinas, ¿puede creer alguien realmente que las actuales políticas demográficas y de inmigración -promovidas por la oligarquía con fines no sólo económicos, sino de aculturación y “mestizaje”- no afectan a nuestra pura y simple capacidad de supervivencia en tanto que pueblo?

Queda abierta una última posibilidad: si la democracia liberal y los derechos humanos no son respetados por aquellos que han utilizado tales doctrinas como armas para justificar genocidios y perseguir a sus opositores “fascistas”, entonces entendemos que el aparato formal democrático como tal, junto con dichas doctrinas, debe y merece ser demolido. Obsérvese que hasta aquí hemos razonado tomándonos en serio unos principios y valores que el estamento político liberal dice defender, aunque los pisotee una y otra vez con obsceno desparpajo. Pronto llegará sin embargo el momento de dar el paso postrero hacia la coherencia, al que los propios criminales oligárquicos nos empujan: el reconocimiento de que la democracia liberal y las cartas de derechos humanos como tales son mentiras e incluso instrumentos necesarios del delito. Esta será nuestra conclusión final a menos que el sistema reaccione en sus propios términos, que nosotros hemos pretendido respetar (en vano, por cierto).

Estamos transitando rápidamente de una Democracia Liberal Oligárquica a una Oligarquía Totalitaria Transnacional. Y lo que salga de aquí ya nada tendrá que ver con “Europa” tal como nos la contaban en la tele, sino más bien con la novela de Orwell sobre un hemisferio occidental rebautizado como Oceanía. Los ciudadanos y los trabajadores seremos los primeros perjudicados -lo estamos siendo ya y !de qué modo!- por todo lo que va a suceder en la década entrante a menos que un movimiento nacional democrático plante cara a la fatalidad de la inercia oligárquica y tuerza pacíficamente la voluntad de los criminales que nos gobiernan. Evidentemente, no nos hacemos ilusiones sobre el destino de las señaladas propuestas. Nuestro deber era, sin embargo, plantearlas aquí a pesar de que casi nadie escuchará nuestro grito en el desierto.

Jaume Farrerons
30 de diciembre de 2012

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